Gareteando playones, veriles y pozones
Cielo límpido,
una suave y fresca brisa, el despertar de
las aves y el sol que se levantaba para observar
como la Jimena se deslizaba por los
canales y arroyos del Delta. Sin dudas, disfrutar
de esta navegación acompañando
al capitán Sergio Simone y
al periodista Alejandro “el diablo”
Botazzi es un regalo invalorable.

Cruzando el
Paraná de las Palmas, en el canal Sueco
nos esperaban los amigos de la Bronco,
Leonardo Cano y Diego de la Torre y de
la Twister, Gustavo Arduino y su
esposa María, quien debutaba
en este tipo de travesías piscatorias.
En caravana dejamos
los bajos del Temor, navegamos el arroyo Diablo,
la boca del Paraná Miní y pusimos
proa a la desembocadura del Barquita. La idea
inicial era garetear los playones de arena
dura existentes en la zona.
A las 7.30 horas
todas las cañas buscaban la presa:
EL DORADO.
En la primera pasada nomás, Leo obtiene
un pequeño doradillo, que no llegaba
al kilo de peso, pero sirvió para calentarle
las manos. Repentinamente la chicharra del
reel de Leo gritó: “¡pique!
¡pique!”. Clavó certeramente
con su caña Temple de 2.50 m y a lo
lejos el salto del dorado, el nylon del 0.30
se exigió al máximo, el pez
en pos de lograr su libertad nadaba zigzagueando,
enredando todas las líneas en la Bronco.
Luego de unos minutos pudo subir el hermoso
ejemplar de más de 3 kilos de peso
que prefirió un generoso filet de bagre
amarillo bien presentado en un anzuelo 7/0
con líder y sin plomo.
La resultante
de la dirección del viento y la corriente,
guiaba nuestra deriva del NO al SE atravesando
así los Pozos del Barca.
Al abandonar
los playones, los cebos golpeaban la pared
del veril invitando a los dorados a atacarlos,
luego caían en las profundidades del
río donde agazapados esperaban los
patíes.
Fue en los Pozones
donde Ale y Sergio dieron con las primeras
capturas, dos ejemplares entre los 2 y 4 kilos
que tomaron las morenas con avidez.
Retornamos al
punto inicial de partida, pasamos sin alegrías
por los playones y veriles, pero en los pozos:
mi reel acusa un pique, una larga llevada;
esperé con paciencia que el pez ingiriera
la pequeña anguila colgada de un anzuelo
Eagle Claw 4/0, una corrida más y la
clavada. La lucha se desató, como suele
ocurrir con esta especie, a metros de la embarcación
y cerca de la superficie, se lo sentía
pesado y por las corridas supusimos que se
trataba de un lindo ejemplar. Un
hermoso patí de 6 kilogramos fue izado,
fotografiado y liberado en la Jimena.
El sofocante
calor del mediodía nos indicó
el derrotero hacia la sombra deseada. Un paradisíaco
arroyo en la isla Oyarvide fue nuestro refugio.
Almuerzo matizado con bogas y tarariras.
Con el sol más
bajo, salimos en busca de nuestro principal
objetivo, EL DORADO, pero la suerte no nos
acompañó. Aquel Pirayú
logrado en la mañana fue el único
trofeo. Sin embargo los patíes siguieron
respondiendo y al finalizar la jornada otras
3 capturas en la Jimena compensaron en parte
nuestro esfuerzo.
Navegamos de
regreso con la paz del atardecer, el sol se
perdía reflejándose en un río
calmo y la felicidad brotando del alma por
una jornada compartida con amigos.
Quiero dedicarle
esta nota a mis amigos Sergio y Alejandro.
Ellos fueron los primeros en abrirme las puertas
de un grupo de pescanautas al que siempre
le voy a estar agradecido.
IMPORTANTE:
Peligro en los playones del Barquita
Mientras garetábamos
por los playones del Barquita, la Jimena
se frenó de repente, pareció
como subirse a algo, giró unos 90 grados,
sentíamos que el fondo del casco “luchaba”
por desprenderse del obstáculo . Vimos
como una “torre de hierro” con
un sombrerito naranja (como si fuera la parte
superior de una boya).
De haber embestido
estos hierros en plena navegación,
difícilmente podríamos haber
realizado este relevamiento.
La ubicación
aproximada de este peligro aislado es: