Nublado, viento
moderado del sudeste, y el auto listo. Solo
39 kilómetros me separaban de un momento
tan especial como esperado.
Partimos de Mar
del Plata y, viajando por la ruta 11, en media
hora llegamos a Mar Chiquita. Transitamos
la calle principal, dejamos atrás dos
puentes, doblamos a la izquierda, luego una
curva a la derecha, justo donde un tributario
vierte sus aguas dulces en la albufera y unas
cuadras mas adelante divisamos la residencia
“Dos Mares”
¡Por fin!:
ese encuentro anhelado, ese abrazo soñado
lleno de emoción y afecto con mi amigo
Pablito, en su nuevo hogar.
“Te esperaba
con pescado”, me dijo, mientras mostraba
un cajón con una veintena de pescadillas
capturadas a la mañana junto a Adrián
Tito Fontana.
Su casa se encuentra
en un lugar privilegiado, a 30 metros de la
bajada de las embarcaciones a la “laguna”
y a 500 metros de la desembocadura al mar.

Disfrutamos de
un rico almuerzo compartido con nuestras familias.
Cada tanto, una mirada por la ventana con
la ilusión de que cesara el viento
o por lo menos dejara de llover.
A las 17 horas
el cielo dejó pasar unos rayitos de
sol. Pablo preparó unas líneas
para intentar la difícil pesca del
lenguado. Navegamos 3 minutos por la albufera.
Aparejos al agua, y a trabajar.....
Al lenguado se lo tienta en la modalidad “spinning
con carnada”, lo que será tema de otra
nota.
Una hora alcanzó para comprobar que
la pesca de esta especie no estaba firme,
como nos anticipara Pablo. Contemplar la bellísima
puesta de sol mitigó nuestro fracaso....
Dormí tenso, ansioso, me despertaba
y observaba el batirse de una rama que me
indicaba la intensidad del viento.
A las 8 el “Tazmania
II”, semirrígido BIM de 4.50
m de eslora con motor de 40 hp, bajaba por
la rampa. Tito y Emilio “el náufrago”
también fueron de la partida.
La entrada al
mar desde la albufera no es nada fácil,
el derrotero es a través de una canaleta
muy angosta, único paso posible para
evitar las varaduras. Si bien Pablo tiene
marcado el track en el GPS, leyó el
mar. Cuando observó la franja en la
que las olas no rompían, aceleró
el motor y con asombrosa “muñeca”
cambiamos la tranquila laguna por un mar bastante
picado.
Nos dirigimos
a un banco de toscas ubicado a 3500 metros
de la costa, con 13 metros de profundidad.
Los equipos utilizados
fueron los tradicionales para la pesca variada
de mar. Cañas de embarque, de 12 a
30 libras, reeles rotativos, nylon o multifilamento,
líneas con uno o dos anzuelos corvineros
3/0 o 4/0 encarnados con anchoita atada con
hilo elástico. La corriente casi nula
nos dejó colocar plomos livianos.
Unos minutos
de espera y comenzaron los piques de todas
las especies: corvinas pequeñas, gatusos
de lindo porte, brótolas, pez palo
y sorpresas como un lenguado, una palometa
y un hermoso ejemplar de bagre de mar.
Noté como
nunca la diferencia en la sensibilidad para
clavar del guía con respecto a los
demás. También me llamó
la atención como Pablo adivinaba cada
especie que estaba izando.
Las aguas agitadas
y la sudestada de días anteriores,
no nos permitieron los intentos en spinning.
El viento que
era del nor-noreste cobró vigor y decidimos
regresar. Un poco mojados y felices por la
linda variada, entramos sin sobresaltos al
reparo continental para ordenar la embarcación
y tomar algunas fotos
Al día
siguiente las condiciones meteorológicas
mejoraron. Pablo y Emilio pudieron acceder
a bancos lejanos donde dieron con besugos,
corvinas de buen tamaño y un cardumen
de “bacotines” entre los 2 y 4
kilogramos de peso. Es
importante mencionar que en bancos ubicados
a 8 millas de la costa es frecuente la pesca
fina de meros, salmones y pez limón.
Para los amantes de emociones fuertes, esta
es la época de buscar los escualos.
Quiero dedicar
esta nota con todo afecto y cariño
a la familia Rizzo y desearles
en nombre de todos los que hacemos Pescanautas
la suerte que se merecen en este emprendimiento.
Le agradezco a Emilio Esteban Piperno la jornada
compartida y las fotos enviadas.
Para
agendar:
Pablo
Rizzo
Guía de pesca en Mar Chiquita
Tel 15-4-420-9150 - rz_pesca@yahoo.com.ar
Hasta
la próxima y saludos afectuosos, Ferchu.