Bien temprano, después de cargar
todo en "la Turca" ( mi camioneta
Chevrolet 77), salimos rumbo a Gualeguay,
distante a 160 Km de Campana. En esta salida
me acompañaron mi dos hijos Emanuel
y Mauro, Gustavo Lalli ( TATO) que siendo
muy joven es un pescador deportivo que sabe,
siendo su mayor pasión la pesca del
pejerrey, y Federico Calle, un joven pescador
novato en cuanto a las salidas fuera de
Campana.
Tomamos entonces por la ruta 12 hasta el
peaje del complejo Zárate - Brazo
Largo, cruzamos el puente y continuamos
por la misma ruta hasta Ceibas donde se
abre a la derecha. Por un puente se pasa
sobre lo que comienza a ser la ruta 14.
Disfrutando a pleno toda la vegetación
y la fauna que ofrece este trayecto, ya
en Gualeguay, nos dirigimos a la casa de
Mario Taborda quien es nuestro guía
y referente amigo en esa ciudad. Mario nos
esperaba con su embarcación preparada
sobre el trailer. La misma tiene capacidad
para 8 personas y un motor de 70 HP. Calentamos
el agua para el mate y pasamos todos los
elementos a la lancha de nuestro guía.
Otra gran belleza nos esperaba. El poder
contemplar toda esa vegetación reafirma
que Entre Ríos tiene todos los verdes.
En cuanto a la fauna, durante viaje pudimos
ver carpinchos, ciervos, zorros grises,
cigüeñas, patos, palomas y una
variedad tan grande de animales en su estado
salvaje natural que asombra. Por fin llegamos
a nuestro destino a las 10.30 y desembarcamos
en una costa con playa de arena blanca.
Armamos entonces nuestro campamento bajo
unos sauces. Hasta aquí habíamos
viajado sin sol, con el día completamente
nublado, cosa que nos favoreció porque
en esa zona, y a esa hora, se puede esperar
una temperatura de 45 grados a la sombra.
Preparamos los equipos y comenzamos a probar
realizando lanzamientos desde la costa.
Allí, el río Gualeguay tiene
unos 70 metros de ancho. El agua estaba
por lo menos un metro arriba de su cauce
normal y corría muchísimo,
ya de por sí estando en su cauce
normal es un río muy correntoso.
Mauro preparó un equipo muy liviano
una caña de fibra con un reel Waterdog
Titanio con monofilamento de 0.25 mm. un
plomo de 20 grs, un solo chicote de unos
40 o 50 centímetros y en el extremo
un anzuelo de pata larga cargado al máximo
con lombríz buscando bagres o patíes
y desoyendo mi consejo de utilizar un equipo
mas grande. Tato y yo preparamos nuestras
varas Samurai con reeles rotativos Okuma
y Abu García un líder de acero,
plomos corredizos y anzuelos encarnados
con cascarudo y anguila, buscando al surubí
y a las grandes tarariras. Emanuel y Federico
prepararon equipos medianos con reeles frontales,
líderes de acero, plomos corredizos
y anzuelos encarnados con anguilas y filet
de sardinas que habíamos sacado en
el mar la semana anterior. Mario, que nos
acompañó con su hijo Mariano,
y Mauricio, guía de caza y pesca
amigo inseparable de Mario, prepararon sus
equipos similares a los nuestros. A la mañana
Mauro "prendió" un patí
de 3 Kg y tuvo dos piques con corridas que
terminaron cortando su tanza. Así
nos sorprendió el mediodía
habiendo tenido en el resto de nuestras
cañas nada más que grandes
mordiscones quedando las carnadas mutiladas
y nosotros sin poder "prender"
nada. Dejando nuestras cañas a la
vista y con frenos y estrellas reguladas,
nos dispusimos a almorzar bajo los sauces.
Ahora sí el sol quemaba.
Después de almorzar Mario me sugirió
intentar en una corredera que estaba justo
enfrente. Dispusimos entonces nuestros equipos
de pesca en la embarcación y cruzamos.
Allí Mauricio "prendió"
la primer pieza que después de pelear
unos minutos se rindió. Resultó
ser una tararira de mas de 4 Kg. Decidí
cambiar de carnada y coloqué en mi
anzuelo un filet de borriqueta que a estas
horas ya tenia un aroma especial. La respuesta
no se hizo esperar con un pique violento,
cañé, y comencé a trabajar
la pieza que sacó muchísima
tanza del reel ganando el fondo. Cuando
pude levantarla nuevamente y faltando poco
para sacarla corrió nuevamente y
soltó la carnada. Mauro, Emanuel
y Federico habían desembarcado y
probaban a unos cincuenta metros "de
costa", Mauro tuvo dos piques con corridas
río arriba con cortes incluídos.
Entonces decidió cambiar el equipo
por una caña de igual largo pero
con mayor acción y el reel rotativo
por uno frontal con nailon de 0.40 mm.
Minutos después me tocó el
turno de tener un pique y aprovecharlo.
Se trataba de tarariras. Ninguno de nosotros,
ni siquiera nuestros guías, habíamos
visto nunca un ejemplar semejante Calculamos
tranquilamente entre 6 y 7 Kg., fue entonces
cuando decidimos estudiar el tema. La conclusión
a la que llegamos fue que las tarariras
no estaban comiendo bien, por eso perdimos
tantas, no comían confiadamente sinó
que se "prendían" de las
colas o cabezas de las anguilas y al llegar
a la orilla soltaban la carnada. Probamos
cortando las anguilas en pedacitos de diez
centímetros y encarnamos pasando
los trocitos por el cuero del lomo, pero
dejando la lanceta del anzuelo y la curva
libres. A partir de ese momento comenzó
nuestra pesca. Así llegó la
noche y teníamos ocho piezas que
promediaban los 4 kg. Regresamos al campamento
y la noche del sábado estaba muy
cerrada con refucilos y amenazas de una
gran tormenta. Decidimos cenar y acostarnos
para levantarnos temprano y regresar a aquel
lugar a buscarlas nuevamente ni bien saliera
el sol. A las 4.30 del domingo Mario avisó
que un temporal se estaba avecinando, pero
alrededor de las 7 de la mañana todo
calmó y cruzamos a realizar nuestros
últimos intentos con el resultado
de cuatro capturas en el término
de 2 horas.
Ya era media mañana y el clima continuaba
amenazante. Con doce capturas de muy buenos
ejemplares de tararira, el haber disfrutado
de los piques, saltos y corridas y de toda
aquella jornada ya era suficiente para mí.
Aunque mis acompañantes no pensaban
lo mismo, emprendimos el regreso a la ciudad,
desembarcamos, y a las 12.15 emprendimos
nuestro regreso a Campana, con la compañía
de una copiosa lluvia. Durante el viaje
comentábamos con Tato la gran cantidad
de piezas que se nos fueron, y coincidimos
en que simplemente las taruchas no estaban
comiendo bien, no estaban voraces y que
tal vez en ese lugar tendrían mucha
comida al alcance de su boca. No obstante
este detalle, aquel rincón de Gualeguay
a partir de esta aventura es para nosotros
EL PARAÍSO DE LAS TARARIRAS.