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Siguiendo a las bogas -- Fernando de la Cruz


“¡Levantate Ferchu, el día está espectacular!”. “Te paso a buscar en una hora”. Estas fueron las primeras frases que escuché el domingo 5 de septiembre. El pronóstico, nada alentador, se equivocó y pudimos organizar a las corridas la salida pactada.
Después de varios meses, el motor de la “Jimena” volvió a rugir sin fallas. A las 10.30 horas junto a Sergio Simone (el capitán) y Norberto Scarpelli navegamos hacia nuestro objetivo: los Bajos del Temor.
El fuerte viento del sector sudeste contrastaba con el escaso nivel del río. Tras recorrer el Canal del Sueco, ya en el palo 1 del cruce de los Bajos, nos sorprendimos con un escenario muy diferente al que solemos navegar: islotes con ramas que apenas asomaban por sobre la superficie, grandes bancos de arena y barro a flor de agua. Un fenómeno que nunca habíamos visto antes.

 

La doble bajante nos regalaba una ventaja, seguro las bogas nadarían por los cauces de agua profundos, alejadas de los juncos. Buscamos entonces un lugar reparado de los vientos y arrojamos los aparejos al centro del “aguaje”.
Usamos líneas tradicionales para bogas, un plomo pasante entre dos brazoladas con anzuelos chicos (recomiendo el Mustad Nº 4 de la serie 92553) encarnados con daditos pequeños de corazón y salamín.
Los “bulos” cerca de la lancha mostraban una actividad más que interesante y enseguida tuvimos respuestas. Norberto fue el primero en clavar un hermoso ejemplar que superó los 2 kilogramos de peso y luego todos logramos capturas.

 

El viento rotó al este, el agua comenzó a crecer con rapidez. El pique se cortó por completo.
¿Dónde buscarlas ahora?. Cruzamos los bajos por los palos y probamos en la boca de los arroyos, siempre en aguas calmas y adentrándonos en ellos, pero no percibimos toque alguno. Fue entonces que optamos por un lugar caro a mis sentimientos, el arroyo “de los peces inflables”, un tributario del aguaje del Durazno que lo vincula con los Bajos.

Le tenía fe a las taruchas, con filet de boga y moviendo la caña con suaves tironcitos conseguí atraer a una que no tomó bien la carnada y tras una breve lucha escapó cerca de la borda de la embarcación. Norberto apostó a la pesca de flote y otra vez dio cátedra, capturó bogas, tarariras y bagres amarillos, sin duda conoce esta técnica a la perfección.

Matizamos la jornada charlando con los amigos del Zona Delta y con Riky y Quique, quienes daban cuenta de un cordero con buen vino mientras sus varas descansaban erectas sin inmutarse en sus posacañas.
Un dato para destacar: cuando el frío dominaba en la tarde, el sensor de temperatura de la ecosonda marcaba 19 grados, ideal para que las especies de verano abandonen el letargo.

Minutos antes de emprender la vuelta Leonardo Cano “Reypeje” y Rafael Mateos “Rafa” se acercaron a nuestra posición y al mostrarnos su pesca, observamos atónitos unos espléndidos ejemplares de tararira que tomaron mojarras saladas.

 

Disfrutamos de otra hermosa jornada, la temporada recién comienza y nos promete emociones a granel.

Los sectores precisos donde realizamos los intentos de pesca se encuentran detallados en las notas de náutica: “Sin temor a los bajos” y “Recorriendo el delta en familia”.

Para destacar:

Como corresponde, la colaboración de los Pescanautas estuvo otra vez presente en nuestro delta. Al salir de la guardería Neptuno, sobre el Río Luján y a metros del paredón, un pequeño velero con una familia a bordo se encontraba a la deriva. Una bolsa, que parecía “soldada” a la hélice, impedía el funcionamiento de un Yumpa de bajo caballaje. Sergio se acercó, amarró la “Jimena” a la popa del velerito y con un cuchillo, entre olas y más olas, logró liberar la hélice tras varios minutos de dura lucha.

Quiero agradecerle a Sergio su invitación para integrar parte de la tripulación de la “Jimena” y a los dos el afecto y cariño que me brindan.

Saludos afectuosos, Ferchu.
 
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