“¡Levantate
Ferchu, el día está espectacular!”.
“Te paso a buscar en una hora”.
Estas fueron las primeras frases que escuché
el domingo 5 de septiembre. El pronóstico,
nada alentador, se equivocó y pudimos
organizar a las corridas la salida pactada.
Después de varios meses, el motor de
la “Jimena” volvió a rugir
sin fallas. A las 10.30 horas junto a Sergio
Simone (el capitán) y Norberto Scarpelli
navegamos hacia nuestro objetivo: los Bajos
del Temor.
El fuerte viento del sector sudeste contrastaba
con el escaso nivel del río. Tras recorrer
el Canal del Sueco, ya en el palo 1 del cruce
de los Bajos, nos sorprendimos con un escenario
muy diferente al que solemos navegar: islotes
con ramas que apenas asomaban por sobre la
superficie, grandes bancos de arena y barro
a flor de agua. Un fenómeno que nunca
habíamos visto antes.
La doble bajante
nos regalaba una ventaja, seguro las bogas
nadarían por los cauces de agua profundos,
alejadas de los juncos. Buscamos entonces
un lugar reparado de los vientos y arrojamos
los aparejos al centro del “aguaje”.
Usamos líneas tradicionales para bogas,
un plomo pasante entre dos brazoladas con
anzuelos chicos (recomiendo el Mustad Nº
4 de la serie 92553) encarnados con daditos
pequeños de corazón y salamín.
Los “bulos” cerca de la lancha
mostraban una actividad más que interesante
y enseguida tuvimos respuestas. Norberto fue
el primero en clavar un hermoso ejemplar que
superó los 2 kilogramos de peso y luego
todos logramos capturas.
El viento rotó
al este, el agua comenzó a crecer con
rapidez. El pique se cortó por completo.
¿Dónde buscarlas ahora?. Cruzamos
los bajos por los palos y probamos en la boca
de los arroyos, siempre en aguas calmas y
adentrándonos en ellos, pero no percibimos
toque alguno. Fue entonces que optamos por
un lugar caro a mis sentimientos, el arroyo
“de los peces inflables”,
un tributario del aguaje del Durazno que lo
vincula con los Bajos.
Le tenía
fe a las taruchas, con filet de boga y moviendo
la caña con suaves tironcitos conseguí
atraer a una que no tomó bien la carnada
y tras una breve lucha escapó cerca
de la borda de la embarcación. Norberto
apostó a la pesca de flote y otra vez
dio cátedra, capturó bogas,
tarariras y bagres amarillos, sin duda conoce
esta técnica a la perfección.
Matizamos la
jornada charlando con los amigos del Zona
Delta y con Riky y Quique, quienes daban cuenta
de un cordero con buen vino mientras sus varas
descansaban erectas sin inmutarse en sus posacañas.
Un dato para destacar: cuando el frío
dominaba en la tarde, el sensor de temperatura
de la ecosonda marcaba 19 grados, ideal para
que las especies de verano abandonen el letargo.
Minutos antes
de emprender la vuelta Leonardo Cano “Reypeje”
y Rafael Mateos “Rafa” se acercaron
a nuestra posición y al mostrarnos
su pesca, observamos atónitos unos
espléndidos ejemplares de tararira
que tomaron mojarras saladas.
Disfrutamos de
otra hermosa jornada, la temporada recién
comienza y nos promete emociones a granel.
Los sectores
precisos donde realizamos los intentos de
pesca se encuentran detallados en las notas
de náutica: “Sin
temor a los bajos” y “Recorriendo
el delta en familia”.
Para destacar:
Como corresponde,
la colaboración de los Pescanautas
estuvo otra vez presente en nuestro delta.
Al salir de la guardería Neptuno, sobre
el Río Luján y a metros del
paredón, un pequeño velero con
una familia a bordo se encontraba a la deriva.
Una bolsa, que parecía “soldada”
a la hélice, impedía el funcionamiento
de un Yumpa de bajo caballaje. Sergio se acercó,
amarró la “Jimena” a la
popa del velerito y con un cuchillo, entre
olas y más olas, logró liberar
la hélice tras varios minutos de dura
lucha.
Quiero agradecerle
a Sergio su invitación para integrar
parte de la tripulación de la “Jimena”
y a los dos el afecto y cariño que
me brindan.