El miércoles
18 de Agosto por la mañana llegó
a mi oficina José Zapata. Después
de saludarnos me dijo... “cuando quieras
salir a pescar, mi lancha y yo estamos a tu
disposición, es más, estoy buscando
desesperadamente con quien salir a pescar
mañana jueves” Ante esta propuesta
no pude mas que decir “quiero y paso”,
porque me seducía la idea de salir
a pescar con José, con quien no había
compartido nunca una salida. Además
sabía que José conocía
como a su propia vida la zona del Guazú
y todo lo que tiene que ver con este pesquero,
pero el día jueves era imposible salir
a pescar por razones laborales. Nos despedimos
entonces dejando la propuesta en pie.
Sólo
pasaron cuarenta y ocho horas y llamé
a José para preguntar como le había
ido el jueves con la pesca. Me contestó
que no pudo salir por el mal tiempo, a lo
que seguidamente le pregunté ¿...y
mañana sábado, que tal si salimos?
¡Bárbaro! me contestó,
pero quedamos en hablar por el mal tiempo
que reinaba en esta semana. El sábado
también se hizo imposible salir por
el clima, aunque a la tarde comenzó
a cambiar y en firme combinamos para salir
el domingo directamente rumbo al pesquero
elegido.
Así fue
que José nos pasó a buscar.
Componían la partida mi hijo Emanuel
(cachorro), Sergio Lombao (El Coló),
él y yo. Tomando por ruta 12 nuestra
primer parada fue como de costumbre La Estación
del Pescador de Tono Ciliberti donde nos aprovisionamos
de las mojarras necesarias, tras algunas “gastadas”
que José cruzó con un empleado
del Tono, seguimos viaje por ruta 12 hasta
cruzar el segundo puente sobre el Paraná
Guazú y de ahí hasta el Recreo
Los Pinos donde José tiene en guarda
su embarcación, una lancha Caribbean
con un motor Envirude de 170 HP. Salimos al
Paraná Guazú y entramos al Club
de la Isla donde cargamos el combustible necesario
en la estación de servicio RHASA que
se encuentra allí.
Emprendimos entonces
el viaje siendo las 8:30 hs. por el Paraná
Guazú, el Paraná Bravo, El Alférez
Nelson Page, para tomar el Rió Sauce
y salir al río de la Plata justo enfrente
de la isla Juncal, donde empezamos a armar
nuestros equipos con la adrenalina que esto
implica y con las esperanzas puestas como
siempre en que este pueda ser el mejor día
de pesca de nuestras vidas. A todo esto el
día se presentaba fresco pero casi
sin viento y nos encontrábamos apenas
acompañados por dos embarcaciones sobre
la costa Argentina. Comenzamos a garetear
y el primero en cantar flor como es de costumbre
fue Nico el Cachorro, “tengo uno viejo,
pero no es peje, me parece que es una sardina”,
tal cual lo anunció el cachorro, una
sardina. Tras el pique de Nico, el primero
en clavar un pejerrey fue Lombao, al que siguió
José con un pejerrey realmente de muy
buen porte y muy vigoroso que rondó
los 35 centímetros. Mientras seguíamos
garetendo nos encontramos con varios trasmallos
colocados por pescadores comerciales.

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Los piques fueron
sucesivos, uno tras otro, entremezclándose
las sardinas con los pejerreyes que cada vez
eran más grandes y vigorosos.
Estábamos
pescando con nuestras brazoladas a una profundidad
de 35 a 40 cm. de profundidad.
Durante un tiempo, se cortó el pique
y decidimos cruzar a probar en la costa Argentina
sobre el juncal, en esta cancha comenzamos
a garetear y José con los remos trataba
de gobernar la embarcación, ya que
al levantarse un poco de viento nos llevaba
encima del juncal. En este lugar los portes
de los pejerreyes que se dieron fueron de
menor tamaño que los del lado Uruguayo
y la actividad, muy mezclada con sardinas
de buen tamaño. Decidimos después
de unas cuantas gareteadas y pruebas en esta
zona retornar al lado Uruguayo, cruzamos el
río y nuevamente sobre la isla Juncal
comenzamos a derivar.
Dejé
por un instante mi caña apoyada para
poder tomar algunas imágenes de José,
Sergio y Nico pescando. En ese momento José
me avisó de un pique, dejé en
forma urgente mi cámara sobre el asiento
de la lancha y empuñe mi caña,
pero al mirar al agua no se veía ninguna
boya ni siquiera el puntero, para asegurarme,
cañé y comencé a recoger
la línea, no mucho demoré en
ver aparecer mis boyas una a una y todas enredadas
entre sí.
En la brazolada
del medio se debatía un “matungo”
que después de una importante lucha
pude levantar a bordo, sin contar con un copo,
pero a todo esto José el gritó
“acá viene el hermanito”
y comenzó a trabajar con su caña
arqueada al máximo, José no
podía levantar una pieza que a simple
vista era más grande que la que minutos
antes había capturado yo, después
de unos minutos logramos izarlo a bordo, y
nos dedicamos a medir y pesar las piezas,
José había capturado un ejemplar
de 47 cm y un kilo de peso, mi captura acusó
43 cm y 900 gramos de peso, realmente estábamos
felices con estas capturas, tras las cuales
se dieron otras que rondaron entre los 35
y 40 cm.
En resumen en
esta jornada la cantidad de piezas fue de
50 pejrreyes y unas 30 sardinas las que llamaron
mucho la atención por sus portes.
La tarde caía
y comenzaba a refrescar. Ya era las 17:45
hs. y decidimos regresar. El viaje como siempre
comenzó con un sin fin de anécdotas
de salidas anteriores coreadas por el ruido
del motor de nuestra embarcación. Guardamos
el recuerdo imborrable de esta nueva salida
que como todas, fue única e irrepetible.
*
Corresponsal de Pescanautas en Campana.