Al promediar
el mes de abril, se dispara en los pescadores
una inusitada ansiedad por capturar los primeros
matungos de la temporada. Sabemos que los
pejerreyes prefieren, para ingresar al estuario,
las aguas claras que bañan la costa
uruguaya.
Los Pescanautas
“adelantados” fueron Sergio Simone
y Luis Kurz. A bordo de la Jimena el 17 de
abril realizaron el intento en cercanías
de Punta Martín Chico, el resultado:
solo dos “pejes” grandes y agua
aun turbia con 22 grados de temperatura. Había
que esperar....
¿Pero
cuánto? Qué duda y... ¡que
desesperación por ir!!!
Durante la semana
soplaron vientos del cuadrante S – SE.
Las temperaturas bajas apoyaron la idea de
salir a buscarlos.
A las 7.00 horas
del domingo 25, tres de las cuatro lanchas
del relevamiento nos encontramos en la EG3
de Alber. Adrián Fernández,
Pablo Rizzo y quien escribe en la Melisa Belén
II; Norberto Scarpelli, el “Diablo”
Botazzi y Simón Hamparsomian en la
Polaco y Martín y “el negro”,
amigos de Norberto en otra embarcación.
Con bruma en
la superficie del agua partimos raudos hacia
nuestro destino final: la "bahía"
que se forma entre Martín Chico y Conchillas
sobre la costa uruguaya.
Al llegar a la
“Boca Falsa” nos encontramos con
nuestros amigos Gustavo Arduíno y Diego
de la Torre en la Twister, que por problemas
en el motor debieron desertar de la travesía,
cosa que nos entristeció y que lamentamos
mucho.
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En
el Canal del Infierno divisamos
el infaltable barquito amarillo
depredador de nuestro río,
nos acercamos lo suficiente
como para tomar esta fotografía. |
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Después
de vanos intentos por solucionar el inconveniente
continuamos por el derrotero de los palos
hasta Martín García. Pasamos
al Norte de la isla Timoteo Domínguez,
rodeada por playas de arena blanca y vegetación
de todas las tonalidades.
Tras 20 minutos
de navegación: aparejos al agua y ¡a
pescar!. Nos largamos en un extenso garete
desde el sur de las peligrosas Piedras Carretas
en 2.5 metros de profundidad.
Los equipos empleados
fueron similares a los que usamos en Playa
Honda, líneas de tres boyas con brazoladas
a distintas profundidades con anzuelos 1/0
o 2/0 encarnados con dos o tres mojarras cada
uno.
Las condiciones
del agua no eran las ideales. Si bien estaba
levemente rizada, ni la temperatura ni la
claridad eran las óptimas.
Pablo tuvo el
primer pique, al clavar vimos como se arqueaba
la caña y dudamos, pero no... era un
espectacular pejerrey, el primero que vimos
en la temporada.
Luego fue el turno de Adrián que obtuvo
otro lindo ejemplar, combativo y robusto.
Entremezclados
salían todo tipo de silúridos,
incluso lindas manduvas, apetecidas por los
degustadores de su sabrosa carne. Ya
me estaba poniendo nervioso, cuando sentí
la llevada en el multifilamento, clavé
con violencia y obtuve un ejemplar un poco
flaco de 48 cm, tomó la brazolada adornada
con “tiritas de papel metalizado”
(secretito que aprendí en uno de los
seminarios del “profe” Víctor
De Víctor)
Mientras esperábamos
otra rachita de piques, Pablo, innovador como
es su costumbre, acortó la brazolada
del puntero a 7 cm, esto marcó claras
diferencias en su favor con respecto al número
de piezas cobradas. Pasamos el dato a las
otras embarcaciones y efectivamente el “peje”
estaba comiendo muy arriba.
A pesar que la
pesca no fue cuantitativa obtuvimos por lancha
unos veinte pejerreyes cuya medida osciló
entre 40 y 50 cm, nada mal para ser el comienzo
de una temporada que promete.
La puesta de
sol nos sorprendió navegando hacia
la guardería, sabía que ese
atardecer era único e irrepetible,
por eso lo quiero compartir con todos ustedes.
Algunas
sugerencias: