Con la idea de
dar con las grandes bogas de “los malecones”
planeamos la salida junto a tres compañeros
de trabajo, Diego, Ricardo y Sandro.
Mientras preparaba
la caja de pesca, me preguntaba: ¿Qué
es un malecón?
Según
el diccionario es un muro construido como
protección contra las aguas, un rompeolas
o muelle. En el caso de los malecones de acceso
al puerto de La Plata estos están formados
por dos rompeolas de unos 7 km. que forman
el canal de acceso al puerto, cada uno está
construido por tres hileras de palos y piedras.
No solo sirven como rompeolas, sino también
para evitar que la arena y el barro obstruyan
el canal.
Averiguamos por
las propuestas de los guías de la zona
y la elección recayó en Daniel
Favrot, con quien ya habíamos realizado
una salida al bagre de mar y a la corvina.
Daniel como guía es muy particular,
hace que uno sienta que es un pescador más
y no un guía, se esmera por trasmitir
sus conocimientos y mostrar y demostrar como
se debe hacer la pesca según la ocasión.
Salimos de Buenos
Aires casi con puntualidad pescadora, a las
7 de la mañana. A las 8,15 horas estábamos
en el lugar donde embarcaríamos, una
guardería sobre el canal Génova
en la cuidad de Berisso. Los saludos de rigor
y abordamos un trucker de algo más
de 6 mts. de eslora equipado con un motor
de 60 hp.
Navegamos por
el canal Génova, luego tomamos el río
Santiago, (éste con el canal delimitan
la isla Paulino) y en las cuatro bocas (le
llaman así al cruce del río
Santiago y el canal de acceso al puerto) tomamos
por el canal rumbo a los malecones (rumbo
este). A no más de 2 km. del puesto
de Prefectura, cruzamos los malecones hacia
el sur, ya que el río estaba en plena
bajante.
Para realizar
la pesca, la embarcación se amarra
de proa en algún palo de los malecones
y se ancla de proa, con lo cual queda de modo
perpendicular.
Atención:
tanto el cruce de los malecones -más
aún con marea alta que los deja ver
muy poco- como al amarre de la embarcación,
pueden ser peligrosos si no se conoce la zona
y la maniobra.
Me llamó
la atención que todos lo navegantes,
también los pescadores, informan a
la Prefectura destacamento Monte Santiago,
acerca de la navegación a realizar,
derrotero, tripulación, datos de la
nave y hora estimada de regreso.
La pesca comenzó
con el río en bajante sobre los malecones
de estribor (sur). Los lances se realizaron
muy cerca de la embarcación, no más
de siete u ocho metros, la carnada debe caer
sobre las piedras, es allí donde come
la boga. La línea que mejor rindió
fue la de dos anzuelos y plomo corredizo sobre
un esmerillón con mosquetón.
El anzuelo de abajo encarnado con salame y
el de arriba con lombriz, que sería
la carnada más rendidora. Se puede
realizar esta pesca con equipos muy livianos
lo que magnifica la pelea.
El pique es por
demás sutil, es más, a veces
solo se siente que el nylon apenas se afloja.
Acá se notó la pericia del guía
que le tenia el pulso al pique y ¡como!.
Para el mediodía
el viento aumentó bastante, como anunciaba
el pronóstico, sumado a que la bajante
estaba finalizando, la pesca se hizo imposible,
la marejada nos tiraba sobre los palos, con
lo cual debimos cambiarnos a los malecones
de babor (norte). En este sector la pesca
fue prácticamente nula, solo un ejemplar
destacable, a pesar de haber intentado en
diferentes puntos. Con lo cual a las 15.30
hs. estábamos regresando.
Hubo intentos
en otras modalidades y para otras especies
pero sin ninguna respuesta, probamos en spinning
con diferentes señuelos buscando obtener
dorados o chafalotes y también con
carnada, pero no obtuvimos ni un toque.
Capturamos 17
bogas de entre 2,5 kg. y 3,3 kg. la más
grande, de las que dejamos 12 arriba de la
embarcación. En mi caso solo capturé
dos de las grandes, indudablemente no era
mi día, parecía solo un observador
de los demás compañeros de jornada,
pero lo tomé con el mejor humor.
Resumiendo la
pesca fue más que interesante por ser
bogas de tan buen porte y utilizando equipos
livianos. Una jornada con amigos, muy divertida
y un guía, Daniel, del cual tenemos
mucho por aprender
Hasta la
próxima, ReyPeje.