Transcurría
el mes de enero y vi una imagen, un lugar
ambicioso, futuro, lleno de vida. Hacia ese
lugar deseaba ir.
Muchas cosas
se hermanaban para poder planificar el camino
a transitar: encontrar en pocos días
la PAZ necesaria, la llegada de mi hijo Martín,
al cual amo con todo mi alma, con su amigo
Nico de Bahía Blanca, Melisa con su
total placer al navegar en la proa de su embarcación
y Ana y yo que tan merecido tenemos el permitirnos
disfrutar estos momentos.
Hubiese sido
imposible hacer realidad este sueño
sin la ayuda de un ser muy especial que tiene
un rincón en mi corazón, mi
amigo Ferchu. En cuanto le comenté
el destino elegido simplemente me dijo: "dejame
a mi, yo te lo armo...". A los pocos
días con una excelencia sin igual entregó
en mis manos 2 carpetas y un diskette con
toda la información necesaria. La carpeta
uno: CARMELO con toda su derrota y lugares
a visitar, en la carpeta dos Nueva Palmira
y alrededores, hospedajes del lado argentino
y trámites de rigor.
Así fue
que con todo el apoyo de mi amigo, los temores
ocasionados por el desconocimiento se fueron
disipando y la fecha de la partida se acercaba.
El Martes 10
de febrero la Melisa Belen partía hacia
su primer punto: “La Soberana”,
mi segundo hogar, en busca de algunos elementos.
Casi sin detener sus 90 hp. remontó
el arroyo Antequera para rápidamente
encontrarse con un Paraná de las Palmas
planchado en extrema serenidad.
Un Capitancito
en paz nos mostraba bogas felices saltando,
con alguna tarucha atrevida jugando a la cacería.
Un aguaje, bajo, pudiendo ver la dura tarea
de estos hombres cortadores y acopiadores
de Juncos, y un Chaná solitario, con
su hermosa vegetación y diversidad
de tonalidades. Mientras la estela quedaba
atrás nos daba placer sentirnos parte
de un todo.
Un Miní
colorido, ya conocido en una pesca nocturna,
nos daba la bienvenida con un sol imponente
y nos incitaba a realizar una mojadura de
anzuelos, pero con Martín postergamos
nuestro deseo para liberarlo por la noche
en algún sitio que nos depararía
el conocimiento de una gran persona.
Con transitar
desolado, agreste, garzas, martín pescadores
y azaleas nos esperaban en un Naranjo en flor.
En el hospedaje
“El Sol” una familia cordial nos
extendía sus manos para descender y
nos marcaban el camino a las habitaciones
ya reservadas. Gracias Omar y Patricia. Luego
de ver el Quincho y la tranquilidad preparamos
una parrillada para cenar, fotos de rigor
y ahora si, con los informes carentes de egoísmo
de Omar, a las 12 de la noche partimos solamente
con la luz de las balizas hacia el río
Ceibo para recorrer mil metros y comenzar
a sentir LA VIDA en movimiento.
Era mi primera
nocturna con Martín un cielo majestuoso
sin quedar un solo espacio vacío de
estrellas, Hoplias en actividad, ranas croando
y estrellas fugaces que ponían en marcha
lágrimas que agradecí rápidamente
a mi Dios por la posibilidad de estar tan
permeable al sentimiento. Fue una noche especial,
independientemente que las taruchas no querían
comer, y a medida que una luna llena ascendía,
más se aquietaban, solo una de tres
kilos subió a bordo pero la esencia
estuvo en el transitar y no en el resultado.
Regresamos a las 3 horas para descansar, por
la mañana Carmelo nos esperaba.
Luego del desayuno
en el recreo, nos dirigimos por el Guazú
para realizar el rol correspondiente y al
solicitarnos la Libreta de matrimonio, no
tenida en cuanta por nosotros, no pudimos
realizarlo. No podíamos ingresar en
Uruguay sin rol o ingresar y atenerse a las
consecuencias. A pesar de las caruchas de
Melisa y Martín, con una calma indescriptible,
apliqué el plan B: buscar una playa
desierta de arena blanca rumbo a Palmira.
El cruce del
río es espectacular, todo boyado y
el GPS de maravilla, los way points de Ferchu
como siempre inmaculados.
Después
de navegar el canal Camacho, isla Juncal,
Juncalito, la ecosonda marcaba piedras en
el cauce y baja profundidad. Fondeamos al
borde del canal, toldilla puesta, previa zambullida
y a comer y beber.
Las cañas
en el agua esperando alguna corrida que brillo
por su ausencia, pero una vez mas la emoción
sin igual de estar con lo mas preciado, mi
familia y en el lugar soñado.
A las 18 horas
emprendimos el regreso. Felices del día
vivido y de la travesía cumplida.
Nos quedaba solo
algo pendiente: las capturas. El sábado
decidimos tomarnos revancha desde temprano,
Martín, Nico y yo estábamos
dispuestos a recorrer todo el Plata hasta
lograrlo.
Bajos, Aguaje,
Chaná, Baldosas, hasta que mi instinto
dijo: “depresión” cueste
lo que cueste. Un río alto me permitió
cortar camino desde el Baldosas al palo 2
y desde allí al norte de la “depre”.
Probé
el garete y me sacaba río afuera, entonces
busqué el centro del pozón y
largamos. A los 10 minutos llegaron las emociones
fuertes. Corridas desenfrenadas comenzaron
a sonar en forma sinfónica y al unísono.
Los tres reeles no daban abasto en su devanado,
mi caña empuñada con firmeza
pudo clavar y traer un “patuco”
de gran porte que disfrutamos sin igual.
Un poco de calma
en la tarde hasta que Martín trajo
otro hasta la borda y con una guiñada
de ojo el pececito soltó y la adrenalina
e impotencia se sintieron desde una ciudad
lejana: mi Buenos Aires, testigo de nuestra
felicidad en el inmenso Rio.
Deseo decirles
que todo lo hasta aquí narrado no hubiera
sido posible ni siquiera soñarlo, de
no haberlos encontrado. Fue un PLACER conocerlos,
sentirlos parte, conocer sus familias, tomar
conocimientos, enseñarme a pescar y
aprender, sentirme AMIGO y sentirlos profundamente
amigos.
GRACIAS PESCANAUTAS,
GRACIAS POR COMPARTIR® pensar que todo
comenzó con un SUEÑO !!!. CON
CARIÑO, Adrián2.