En varios seminarios
de pesca, el profesor Víctor De Víctor
enfatizaba lo apasionante de capturar bogas
a flote. Quiero contarles la experiencia compartida
con Norberto Scarpelli y Simón Hamparsomian,
la técnica, aparejos y bajo que condiciones
es posible realizarla.
Un sábado
de noviembre bien tempranito partimos en la
lancha Polaco de mi amigo Norberto junto a
Simón en busca de bogas y doradillos.
El primer intento
lo hicimos en los Bajos del temor. Veinte
minutos sin actividad le bastaron a nuestro
guía para abandonar la zona. Partimos
raudos, con proa a la isla Oyarvide sabiendo
que alguno de sus tantos arroyos colmarían
nuestras expectativas.
La altura de
la marea nos permitió acceder al pesquero
deseado. Amarramos la lancha al reparo del
sol y comenzamos una jornada que difícilmente
pueda olvidar.
Armamos las líneas
clásicas de bogas, corazón,
salamín y chorizo colorado como carnada.
Yo tenía toques pero las bogas no tomaban
con firmeza, Simón me explicaba que
cuando comen mal y se puede, lo mejor es intentarlas
pescar a flote porque el pez siente menos
resistencia aún.
Abruptamente
veo que ellos cambian sus líneas de
fondo por unas de flote, yo al no conocer
la técnica seguí con mi aparejo
de fondo.
Norber me pone
alerta sobre el movimiento en la boya de Simón,
este clava con vehemencia, sostiene la pieza
evitando su viaje obstinado hacia el juncal,
el agua explota ¡Que bogón!.
Los aparejos
utilizados son como el visualizado en las
figuras. Una boya que debe ofrecer poca resistencia
entre dos perlitas y nudos corredizos, un
plomo pasante que haga trabajar a la boya
semiahogada, un pequeño leader de acero
de 5 libras y un anzuelo boguero.
El primer gráfico
muestra como funciona el conjunto, el plomo
debe estar apoyado en el fondo, la boya por
lo tanto va a permanecer en la superficie.
Cuando la boga comienza a comer realiza una
llevada similar a la del pejerrey, al levantar
el plomo del fondo (segundo esquema), la boya
comienza a sumergirse, ese es el instante
preciso para la clavada.
Al mediodía
paramos para degustar una riquísima
paella, obsequio de la gente del “diario oral
del pescador” donde es columnista nuestro
amigo Alejandro “el diablo” Botazzi.
Por la tarde
de nuevo a la actividad, ahora los portes
eran menores. Me dediqué, en vano,
a tratar de capturar alguna pieza. A diferencia
de mis compañeros, erré muchos
piques, lo que habla de lo difícil
que es tomarle la mano a esta modalidad.
Un detalle importante
es que este tipo de pesca se puede realizar
tanto en arroyos como sobre los bancos pero
la condición fundamental es que el
agua casi no corra, esto es, esperar la parada
de agua o encontrar zonas remansadas.
Resumiendo fue
una jornada en la que aprendí mucho
y compartí la salida con dos expertos
en la obtención de Leporinus obtusidens.
Quiero agradecerle
a Norberto su sincera amistad y a ambos todos
los consejos y secretitos que me brindaron
para poder hacer este relato.
Saludos afectuosos,
Ferchu.