Aprovechando una sus salidas en busca de las flechas de plata, Mauricio Oñate nos transporta en este relato a vivir sensaciones y emociones que brinda esta apasionante pesca.
Preparándonos para zarpar
Mientras el sol aún se desperezaba en su cama del Este, mi lancha y yo hacíamos lo propio en la marina. Algo del brillo de la mañana se colaba por entre unas nubes grises, bajas y frías y le ponía más blanco al blanco de la Marsopa; un casco con forma de ala de gaviota (una V en el centro y dos V pequeñas a ambas bandas, entre ellas, dos túneles de aire, hacen que esta embarcación sea muy estable tanto en navegación como para el momento de la pesca)
Mis tripulantes fueron llegando uno a uno. Poner en marcha y calentar el motor, indicarles a donde pueden sentarse, poner a buen resguardo los elementos de pesca y las mochilas personales, a la vez que sintonizar el VHF y setear la Eco son parte de la rutina de chequeo antes salir Luján abajo.
Cargamos combustible y tomamos unos cafés, con ganas de engañar un poco al frío que insiste en probar colarse por alguna manga, por el cuello de una campera, por los agujeritos de los cordones de las botas... en fin... no deja de ser un frío perseverante que acabará, como buen polizón, por navegar con nosotros durante toda nuestra singladura.
Allá vamos
Cuando dejamos por estribor “las escaleras de San Isidro”, el agua se trepaba, casi hasta el escalón más alto. Nuestra proa comenzaba a caer a babor hasta que finalmente tuvimos “la Catedral” a nuestra popa e imaginé una línea que la unía a la Torre Anchorena – construida en 1927, es una torre de piedra de 75 metros de altura, al pie de la cual se encuentra la tumba de Aron Anchorena, fallecido en 1965 y quién concretó el sueño de cruzar el Río de la Plata en globo, junto a Jorge Newbery en 1907, a bordo del globo “pampero”.- Esta vez lo cruzaríamos nosotros, a bordo de nuestra lancha, jugando con la espuma de las olas y el reflejo, de lo que las nubes nos dejan, del sol en el agua... de a ratos sobre la amura de estribor, de a ratos sobre la amura de babor.
Nuestro día de pesca
Con la Torre a proa, Martín García a babor y 5 pies debajo del casco, primero el ancla de capa, luego la ceba a gotear, un balde de mojarras a proa, el otro a popa, comenzaba el rito de los preparativos para nuestra pesca de ese día.
Nuestro primer garete nos llevaba sobre un banco de arena y arcilla. El viento del Este, iría ayudando a que en un par de horas recorriéramos un veril que nos llevaría hasta los 10 pies.
En líneas generales me agrada pescar los veriles, sobre todo a partir de fines de Julio, que es cuando los pejerreyes, usualmente comienzan a pasar más tiempo arriba de los bancos, alimentándose de caracolitos y pequeños mejillones sin despreciar, por supuesto, alguna sardina o cualquier otro tipo de alimento que contribuya a la preparación física para su desove.
Una a una, las líneas se van desenrollando de su tablita. Los colores de las boyas, están en relación directa con la vista. Como exquisitos diseñadores, cada pescador va vistiendo y adornando sus anzuelos. Alguno con dos mojarras, una subida por la brazolada, otro con una sola, grande y una sola pasada por el lomo de modo que tenga más movimiento. Otros anzuelos se sienten distintos, llevan colgada una prolija “cinta de filet” que los presenta como muy elegantes. Como sea, allí van las tres boyas y su “bigotera”, a jugar con el agua, con la espuma cuando hay olas y con las percepciones de los pescadores cuando los piques tardan y se nos “vuelve un toque sutil de un peje pícaro y desconfiado cada desacomode de cualquiera de nuestras boyas”. Y allí nos quedamos, los más pacientes, dejando “salir” más nylon y los menos pacientes, “clavando” por las dudas.
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Durante la mañana, sobre todo cuando comenzamos a pescar sobre el banco, los pejerreyes estaban comiendo rápido. Como un rayo tomaban la carnada, tragaban y salían disparados hacia alguno de los laterales. Traerlos sin apura significa disfrutar la pesca, ayudar a que en el trayecto consuman energía y muchas veces evitar que se desprendan del anzuelo justo al costado de la lancha, sobre todo si vienen con el anzuelo bien de la boca.
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A media mañana, los piques comenzaron a espaciarse. Las líneas navegaban hasta un poco más allá del límite visual y entonces la sensibilidad, en las manos y la intuición del pescador, cobraría mucha mayor relevancia. De golpe, el nylon comienza a “correr” más rápido entre los dedos......, cuando el pique no es constante, suele tomarnos de sorpresa; es que el agua que corre, muchas veces también se lleva, aunque más no sea por un rato, nuestras preocupaciones y nuestras tristezas, ayudándonos a hacer espacio para las nuevas cosas agradables que tiene nuestra vida..... o “la mancha de color” que dibujan las boyas se mezcla con agua explotando, mientras la puntera de la caña comienza a dibujar un arco. Bajar el pick up o retener la tanza, el cañazo firme, con el brazo apuntando al cielo, el nylon que se proyecta, en este caso hacia la izquierda del pescador, el freno regulado que de vez en cuando deja que el carretel “patine” y el pez gane unos metros en disparada. “Vienen las tres boyas abajo”, comenta uno de los compañeros de pesca. “Copo, Copo”, pide el otro compañero, mientras que quien tiene la caña, está disfrutando en silencio, esa mezcla de adrenalina y maravilla. ¿Qué será lo que se nos juega a cada uno en ese momento que repetimos una y otra vez en nuestras vidas de pescadores y que sin embargo es siempre distinto?. A veces me evoca sensaciones parecidas a cuando de chico iba a esos cines en donde daban 2 ó 3 películas y entre una y otra, una vez, en uno de los sorteos, me gané una pelota de goma. Qué felicidad sentí aquel día, que alegría.... Alguna vez leí que una de las diferencias entre los chicos y los adultos, es el precio de los juguetes.....
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Comer alguna cosa como para entrar en calor, fue lo que marcó el comienzo de la otra mitad del día de pesca. A bordo y mientras se pesca, por suerte no existe en reloj de la ciudad. Solo miro la hora por la tarde, cuando intuyo que nos estamos acercando al momento de volver, ya que desandar la ruta que navegamos para venir hasta este lugar, solo por una cuestión de seguridad, me gusta hacerlo aún con luz de día.
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Por la tarde, el agua se había puesto mansa, los piques sobre el banco se habían espaciado bastante y debido a que igual, para regresar teníamos que hacer rumbo oeste, decidimos buscar el pique en aguas con un poco más de profundidad.
Con la proa hacia Buenos Aires, volvimos a adornar la cintura del río con un listón de espuma blanca a nuestra popa.
Ahora estábamos en con 16 pies de agua debajo del casco – 1 pie = 30 Centímetros -. Las brazoladas continuaban entre los 10 y los 35 centímetros. El viento, que había estado jugando a las escondidas por un par de horas, ahora decía: Vengo del sudeste... ¡¡¡ piedra libre para la espuma por encima de las olas!!!!....
De vuelta
Ya se escuchaba por el VHF que los que ese día también habían estado pescando, comenzaban su singladura de regreso a puerto.
Nosotros estiramos un ratito más el tiempo – estábamos más cerca y la mística de la pesca, a veces nos permite jugar con estas cosas, que ocurrencias!!!... 0estirar el tiempo..... - mientras los pejerreyes volvían a comer, acompañando el movimiento del río.
A las 16,30, las líneas con sus boyas volvieron al descanso del bolso de pesca. Con el sudeste “metiendo agua” en el Río de la Plata, pusimos proa derecho a la boca del Río Luján. La marejada por la banda de babor y a barrenar por sobre “las humedades de los bancos imposibles” cuando el nivel está normal.
Una vez en la marina y antes que todos nosotros, se bajó apurado el frío. Sin hacer ruido se escondió entre la sombra de la escalera y el tablestacado hasta que el sol dejó de verse. Recién allí volvió a salir y, mientras terminábamos de limpiar el fruto de nuestra pesca, se puso a jugar, corriendo por todas partes, con lo oscuro de la noche.
Nos vemos en el encuentro del Pejerrey del Plata
Mauricio Oñate
Equipos utilizados

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Cañas: 4 y 4,25 mts.
Reeles: Frontales, cargados con nylon del 0,28 y del 0,30
Líneas: Tres boyas con bigotera – la bigotera es una cuarta boya con una o dos salidas para anzuelos adicionales que se coloca al final de la línea. Usualmente, el 80 % de los piques se dan en esta boyita –
Brazoladas: Entre 10 y 30 cm.
Carnada: Mojarra viva, mojarra salada y filet de dientudo en aceite. En este caso en particular, lo que más rindió fue la mojarra viva. |
Condiciones meteorológicas del día:
Por la mañana sopló viento del este de 15 kilómetros
Al mediodía el viento era casi nulo
Por la tarde sopló viento del Sudeste de 20 Kilómetros y en aumento al momento de ingresar a la boca del río Luján.
La temperatura mínima de ese día fue de 2 grados con una máxima de 10 grados.
El cielo estuvo casi todo el día nublado
DELTA AVENTURA de Mauricio Oñate
La empresa Delta Aventura, de Mauricio Oñate, ofrece opciones flexibles tanto para realizar excursiones de pesca, salidas de turismo aventura, campamentos en islas, paseos, avisteje de aves, apoyo para actividades de canotaje y servicios de traslado y apoyo a pescadores en kayak fishing. Servicios de traslado y apoyo, incluyendo armado de campamento y asado, para travesías en canoa. Almuerzos y/o cenas en hosterías, servicios de pesca puerta a puerta.
Si lo que necesita es armar salidas con grupos numerosos, también dispone de embarcaciones seguras y confortables para realizar este tipo de eventos
El esta salida , Mauricio navegó a bordo de la “Excel”, lancha de 6,30 m. de eslora, 2,15 mts. de manga y 1 m. de puntal. Está armada con consola de mando central que permite un cómodo y seguro tránsito por toda la embarcación.
Su casco está íntegramente inyectado en poliuretano expandido de alta densidad. Tiene un calado de 0,22 m. en su sección media, butacas giratorias, heladera, amplios lugares de guarda y está propulsada por un motor de 90 Hp. de última generación.
El diseño del casco, del tipo trimarán, la hace muy cómoda para el desplazamiento a bordo, no escora y es muy segura para la navegación. Lancha ideal para actividades en el Delta y Río de la Plata. Con ella se accede rápidamente y sin inconvenientes de calado a lagunas, bañados y pequeños arroyos que suelen ser muy buenos lugares para “la pesca de verano”, a la vez que posibilita navegación segura y pesca sin sobresaltos en el Río de la Plata, en donde realiza “la pesca de invierno”.
Para consulta y reservas: delta_aventura@fibertel.com.ar
Teléfomo celular: 15-4-496-6844
www.delta-aventura.com.ar |
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