La llegada del mes de noviembre despierta en los “mosqueros” la imperiosa necesidad de pesca. En esta ocasión, las inestables condiciones climáticas nos guiaron a una aventura a 60 kilómetros de la ciudad de Esquel para relevar el olvidado lago el Martillo.

Jueves, previo al inicio de una nueva temporada de pesca de truchas en el Sur, los celulares están al rojo vivo para confirmar cuantos serán los de cuerpo presentes en la primera partida. Osvaldo aún esta viajando desde Mendoza, pero ya aseguró su presencia “adonde vayan…” Rápidamente dan el sí, Facundo, Carlos, Alejandro y Eduardo. Por lo que, conmigo, el grupo será de seis, lo que augura un truco bravo. Entonces, la primera salida se confirma en menos que canta un gallo. Asado de por medio ese mismo jueves para coordinar el destino de pesca, el equipamiento a llevar y el campamento. El tiempo, al inicio de la temporada, esta muy loco en Esquel y toda la zona. Reloco. Mucho calor y de repente frío, vientos huracanados que superan los 100 km/h, nociva ceniza volcánica revoloteando por todos lados y hasta esa “última nieve de primavera” que se precipitó recientemente y vistió de blanco todas las laderas que rodean la ciudad. Ante semejantes y cambiantes condiciones climáticas y sumado a la altura de las aguas de los diversos sistemas fluviolacustres para ésta época, prevaleció la decisión mayoritaria, que propuso acampar “por acá cerca” contra los que proponían ir “allá lejos”… hasta Río Senguer. Entonces decidimos ir hasta un lugar de pesca que particularmente hacia muchos años no visitaba y al que algunos de mis acompañantes ni siquiera conocían y que se encuentra distante a unos 60 km. de Esquel: lago El Martillo. Este espejo de agua, como muchos otros en la cordillera patagónica, no figura en el Reglamento de Pesca, habida cuenta que se encuentra totalmente en un campo privado y probablemente también por el riesgo y la dificultad que representa llegar sin contratiempos a sus orillas, sobre todo en esta fecha.
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Este espejo lacustre, de unas 40 hectáreas aproximadamente, cuando lo conocí hace varios años, tenía muy buenas marrones y mejores arco iris. En ese entonces funcionaba como un coto de pesca autorizado, (también estaba habilitado este campo como un coto de caza mayor, habida cuenta de la presencia significativa de ciervos colorados) regenteado por el propietario del campo, el amigo Lucio, con quien ya habíamos coordinado viajaría con nosotros, siendo ésta la única manera de poder transitar por el campo, abrir las tranqueras con llave y acceder a las aguas de El Martillo. Aún así, la empresa no sería nada fácil, ya que habría que cruzar el arroyo Fontana, que para esta fecha al bajar con bastante agua le faltan poquitas materias para recibirse de río y luego transitar unos 10 km. por una huella que haría las delicias de una expedición 4 x 4. La Toyota no tiene mayores problemas, pero sería una prueba de agua, nunca mejor empleada esta expresión, para la Ecosport de Osvaldo que, aunque 4x4, es algo petisa para la profundidad a vadear.
A las siete de la mañana y con un tiempo bueno y menos viento del anunciado, partimos en caravana en busca de las primeras truchas de la temporada. A las ocho de la mañana la Toyota y el trailer con el bote ya habíamos cruzado el Fontana, que trae bastante mas agua de la supuesta. Osvaldo, del otro lado, conecta la 4x4 de la Eco y encara nomás, como zorrino al tren…La fuerza de la corriente la zarandea un poco y el agua llega casi al capó, pero cruza sin mayores contratiempos…La petisa había recibido su bautismo de agua y salió airosa…Ahora habría que encarar esos 10 km. tortuosos de huella de tierra suelta, subidas y mas subidas, y mallines a través de ese paisaje atroz, incomprensible, sobrecogedor…en blanco y negro…(leer aparte).
Lo dejamos a Lucio en su casa de campo y al otro día lo pasaríamos a buscar. Allí comprobamos que el fuego no quemó su casa porque Dios Es Grande. Nada más que por eso. Ya no quedan tranqueras con llaves para llegar hasta El Martillo. Primero pasamos por la cabecera Sur del Lago Largo y luego de hacer los mil metros por la huella que separan a este lago de aquel, finalmente llegamos a nuestro destino. El altímetro dice que estamos a 1.000 metros sobre el nivel del mar. Es decir que en poco mas de 10 km. hemos trepado algo así como 400 metros. Con razón la temperatura cambia abruptamente. La primera imagen del pequeño lago es la de un ambiente muy crecido, planchado debido a la protección de las montañas y la de una trucha comiendo arriba, a escasos centímetros de la orilla. Es decir, la primera imagen, sino fuera por el bosque quemado, sería fantástica y no dolería tanto….
Acampamos entre la división del blanco y negro y la de la gama de verdes que quedó. Los tallos de los grandes pinos ennegrecidos contrastan grotescamente con el colorido del campamento. Obvio, la primera carpa que pone el tono naranja en el paisaje es mi vieja y querida Pancho 5 de Cacique (33 años y con tela para rato!!!), luego la roja tipo iglú de Facundo y luego el comedor. El Levefort de aluminio naval con motor de 4 tiempos, rápidamente adorna la orilla de El Martillo y en un santiamén, equipos, bellys, y todo la parafernalia campamentera le dan mas colorido al doloroso y fantástico paisaje.
Lucio nos había dicho que vio muchas truchas muertas en el lago. El atribuía este hecho a la ceniza volcánica – que por esta franja se precipitó abundantemente y que por cierto, es bastante molesta para acampar- pero es muy probable que dicha mortandad se haya debido a la elevada temperatura de las aguas que debió soportar este laguito en el momento del pavoroso incendio, que abarcando de un extremo al otro del lago, el lecho se ha de haber asemejado a una gigantesca olla puesta al fuego. Así que con todos estos elementos, la ansiedad porque las moscas navegaran de una buena vez y la curiosidad por saber que tanto había mermado la población truchera muy pronto fue develada. De entrada nomás, Facundo y Eduardo, desde los belly, pierden una marrón cada uno. Osvaldo, Carlos y yo, intentaremos desde el bote y navegamos hasta unas gigantescas piedras hundidas en el otro extremo, lugar mas que propicio para encontrar buenas marrones. Osvaldo pone su engendro con antenas naranjas al que hemos bautizado “La Parabólica” y la que ya ha dado acabadas muestras de su efectividad. Y es con este engendro que clava una marrón a la que nunca le vimos la trucha..pero por su forma de pelar, sin duda era grande. El pez peleó en el fondo, se resistió a pasar a la condición de pescado y le ganó en buena ley. Como se levanta viento, decidimos retornar al campamento ya que el disco esta preparado para recibir esos ricos muslos de pollo con arroz….que estaban espectaculares!!!
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La sobremesa se extiende más de la cuenta desempolvando las anécdotas ya vividas y saboreando las que van a venir. Es que la pesca en campamento no es solo ir tras las truchas, acaso tan importante como esto sea el poder disfrutar de una buena comida, de las mil anécdotas, de la compañía de amigos, de la charla, del Carcassone de 750 cm3; de un buen cigarrillo, una siesta dentro de la carpa a la sombra del pinar que se salvó….es tiempo para uno mismo y para todos. Tiempo para el interior…que no es poco. Vaya si no lo es !!!!
Cuando el reloj marca las 6 de la tarde hora del Oeste, nuevamente a ponerse los waders y patear El Martillo. Casi de inmediato, en la bahía de los juncos, por el handy, Eduardo nos hace saber que acarició un arco iris grandote y cabrero pero que no lo pudo subir al belly para la foto. Le comento a Carlos que algo pasa….encima de que no hay muchas truchas, las cuatro que tomaron…se fueron!!!

La noche trajo consigo otra vez los cuentos y las anécdotas a orillas del fogón. Y también trajo los exquisitos matambres al huevo, cocinados a la parrilla por Osvaldo, envueltos en papel de aluminio. Como la cocción lleva una hora de cada lado, es tiempo para el truco. No hay reyes. El desafió es los de la Toyota (Facu, Alejando y yo) contra los de la Eco (Osvaldo, Carlos y Eduardo). El partido, entre cantos, firuletes, dichos y relaciones, se lleva las dos horas como nada. La noche estaba estrellada y fresca…casi fría. Muy feo para dormir afuera….eso es lo que casi les pasó a los de la Eco…Fue paliza y media!!! El corajudo Eduardo cantó “quiero vale 4” con un reynaldo de copas…lástima que Alejandro tenía el pinchudo!!! (después confesaría que tenía hambre…..)
Los matambres al huevo, humeantes y jugosos, desaparecen rápidamente de la gruesa tabla. Como diría Facu: “Boccato di Cardenale”!!! El truco fue tan feroz que no hubo ánimo para revancha, así que mejor a dormir. Con la luz del generador apagado, ese manto de estrellas tiitilantes parecen mágicos, al alcance de la mano. Están tan cerca…Y tan lejos !!!.
La mañana se despierta conmigo, algo ventosa. Digo conmigo porque siempre soy el primero en dejar la carpa. El resto emite un ruido similar al de una motosierra…y duermen…Encima duermen!!!
Hago el primer fuego, pongo a hervir el agua para el desayuno y a calentar las tortas fritas en la parrilla…ese olorcito agradable que se traslada a las carpas suele ser un buen recurso para levantar a la toldería…pero no hay caso, el viento sopla para el otro lado. Así que no me queda otro remedio que recurrir al Plan B, que consiste en patear las carpas hasta que se levanten, cosa que ocurre de inmediato…después de haber pateado media hora. Abundante desayuno y al agua pato otra vez. Osvaldo decide quedarse a hacer su tradicional asado al palo, los del belly a los belly. Y Carlos y yo nuevamente desde el bote.
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Las conversaciones desde los handy se asemejan a un programa de preguntas y respuestas: “Que pusiste?” “Donde la clavaste?” “ustedes como andan?” “Y ahora que tenés puesto”. Obviamente que no voy ni siquiera a mencionar otras consultas que mas bien serían para la gordita Rampolla. Desde los belly, Alejandro, Eduardo y Facundo tienen sus truchas marrones. Desde el bote, Carlos con una Parabólica, saca un lindo macho de marrón que lo hizo transpirar como testigo falso y que al devolverlo al agua, casi se va el también. Luego saca una hembrita muy colorida. Yo clavo cuatro marrones muy lindas, una tras otra, con una Mabita Special. Foto y despedida rápida. Y pierdo otras tanto con la Matuka Ninja. Son bastante desconfiadas las marrones de acá. Mucha comida acaso??

El viento, a casi las tres de la tarde, es muy fuerte y aún en este laguito protegido castiga bastante, entonces es momento de avisarle por handy a Osvaldo que vaya “poniendo la mesa”. Ese asado al palo como sólo él sabe hacerlo seguro ha de estar suculento. Saboreándolo de antemano convergemos todos juntos al campamento narrando los momentos vividos con las truchas que salieron y con las que no quisieron salir. Pero ahora sería hora de compartir la mesa nuevamente y luego la de desandar lo andado. Retornar a casa luego de las primeras truchas pinchadas y evaluar adonde será la próxima salida de pesca…pero esto, ya sería otra historia…que seguramente merecerá será contada.
Sintetizando, el laguito visitado tiene calidad de pesca pero escasa cantidad de truchas. Sin duda alguna que el intenso calor recibido durante el pavoroso incendio hizo mella en la población truchera, pero ya estamos haciendo gestiones para repoblarlo oportunamente. Por lo expuesto y por las dificultades que hay que atravesar para llegar hasta sus aguas, creo que no justifica su visita, al menos hasta dentro de algunos años. Sin duda que para ese entonces, volveremos con el mismo entusiasmo y las mismas ilusiones.
BLANCO Y NEGRO……
Para quien ama la naturaleza (y para quien no) la visión del bosque quemado, ennegrecido, mudo, tétrico, yermo, es increíblemente dura, atroz, desgarradora y produce una sensación de mezcla entre profunda tristeza y contenida ira e impotencia. Es tan tristemente impactante esa visión en blanco y negro, que realmente duele en el alma…
Un insano, porque solamente alguien así puede ocasionar semejante desastre, se le ocurrió prender fuego un bosque. Porque sí. El incendio comenzó dentro de la jurisdicción del Parque Nacional “Los Alerces” casi en el límite jurisdiccional con el Lago Largo y los vientos predominantes del Oeste rápidamente propagaron la furia del fuego en dirección a Esquel. La atrocidad se extendió a lo largo de 35 km. aproximadamente y llegó hasta las mismas barbas de la ciudad. A su paso, destruyo algo así como 40.000 hectáreas de todo lo que encontró en su camino. Bosques plantados y nativos, galpones, viviendas, animales, corrales, postes de energía, etc. etc.

A esto se le sumó la ceniza volcánica proveniente de El Chaitén (sílice, partículas microscópicas de vidrio, muy abrasivas y con propiedades aislante, oxidante y desecante, muy nocivas para las vías respiratorias y los ojos) cubriendo con una no tan fina capa de cenizas volcánicas a las mismas cenizas del fuego. Y transformó esa sinfonía de colores del bosque, ese verde de mil matices, en un opaco blanco y negro. Así como así. Obviamente que cada propietario que se vio afectado por el incendio, lo vivió con desesperación y a su manera. En el caso de nuestro amigo Lucio, el nos contaba que previo al incendio tenía un corral con algunos jabalíes que usualmente se arrimaban a su casa. Alcanzó a soltarlos, pero algunos cayeron ante la furia del fuego. Además, se le quemó un galpón donde guardaba herramientas de todo tipo y motosierras que nunca encontró, ni siquiera los hierros retorcidos, por lo que supone que además de todo este flagelo propuesto por mamá natura (las cenizas volcánicas) y por un insano desnaturalizado (el piromaniaco), también fue victima de robo de parte de inescrupulosos –por llamarlos de alguna manera- que aprovechan este tipo de desgracias, para hacerse de lo ajeno.
Entonces creo que cabe una reflexión. Cuantas hectáreas de bosques nativos y de los otros se queman por años? Miles y miles…Y ya no está María Julia para echarle la culpa. Me pregunto si con tantas miles y miles de hectáreas quemadas (ex profeso o no) al Gobierno Nacional no se le ha ocurrido aún, comprar al menos un avión hidrante canadiense para cada uno de los Parques Nacionales asentados en la región cordillerana, que es donde la geografía escarpada y boscosa presenta la mayor dificultad para combatir este tipo de siniestros.
Cuanto cuesta un avión de estas características, 3, 5, 8 millones de dólares? No lo sé. No tengo ni idea. Pero si tengo una acabada idea de la naturaleza que se “quema” anualmente. Sin duda que alguien del Gobierno Nacional debería sacar la cuenta monetaria cuanto se pierde cada vez que se pierde una joya de la naturaleza que tarda años en moldearse. Los incendios forestales son relativamente fáciles de combatir no bien se inician. Ahí es cuando los aviones hidrantes son eficaces. Estoy convencido que un avión hidrante apostado en el Parque “Los Alerces” hubiera podido acabar rápidamente con este pavoroso incendio o con los anteriores que se produjeron. Pero es muy difícil constatar esta eficacia cuando no se tiene este tipo de aeronaves y menos, cuando no se hace nada para tenerlos. Hace algunos años había un hidroavión asentado en Bariloche que se estrelló y hasta donde yo sé, jamás se repuso. Conversando sobre este tema con un funcionario nacional le pregunté sobre este tema y me respondió mas o menos que la ecuación del gasto (mantenimiento, piloto, entrenamiento, etc) no se justificaba porque nunca existe la certeza que se produzca un incendio. Yo diría todo lo contrario, con pruebas al canto. La respuesta me pareció tan estúpida que es como decir para que voy a tener un seguro de mi vehiculo, si total nunca voy a chocar. Entonces, probablemente la pregunta habría que hacérsela al Gobierno Nacional en otro sentido CUANTAS HECTAREAS MAS NECESITAN SER ARRASADAS POR EL FUEGO, PARA INCLUIR EN EL PRESUPUESTO NACIONAL UN AVION HIDRANTE PARA CADA UNO DE LOS PARQUE DEL SUR??
Aunque sea como pedir peras al Olmo, las personas que tienen responsabilidades de Gobierno (sea Provincial o Nacional) deberían pensar mas en el 2008 que en el 2011. Ni siquiera voy a mencionar el montón de dinero NUESTRO, es decir del Estado Argentino que se gasta en un montón de cosas que terminan con “eces..” en lugar de inversiones genuinas que sirvan efectivamente para combatir este tipo de siniestros. Lamentablemente lamentable. Ojala que alguno de ellos se de cuenta antes del próximo incendio forestal. Antes que se sigan quemando los pulmones de nuestra querida Patagonia. Y del planeta Tierra. Nada mas y nada menos.
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LA MOSCAS UTILIZADAS
Un abrazo.
Néstor.