Después de un par de años de conocerse por intermedio del foro de la página Pescanautas, y luego de muchas jornadas de pescar juntos, finalmente pudieron combinar vacaciones conjuntas dos grandes amigos: Bruno y Leonel. Las mismas consistieron en una semana de pesca en distintos lugares del litoral, visitando a los personajes más reconocidos de la pesca del dorado para que los guiaran en sus respectivas localidades antes de la veda. Aquí, las Crónicas de Goya.

Como el último lugar que les tocaba fue Goya, pasaron a saludar su amigo y excelente guía Enrique Javier. Como no podía esperarse menos de él, los invitó con medio día de pesca ya que se estaba dando un pique excepcional de dorados grandes, cosa que no es común en estos días.
-“Tienen que salir, aunque sea medio día”- aseveró. Por supuesto que no se resistieron demasiado.
Atravesaron el riacho Goya y, mientras presenciaron un amanecer impecable, se les congelaban los dedos mientras enhebraban el multi por los pasahilos. A modo de reencuentro, estaban siendo guiados por Mario Savoy (Javier tenía compromisos previos) que, curiosamente, fue el guía que sacó a pescar a Leo en su primera experiencia con los peces del norte, hace ya 17 años. Fue la salida más fructífera de su vida, con una tarde inolvidable de más de 50 piezas de medida y un par de monstruitos colados; y junto a su amigo de toda la vida, Hernán.
Savoy es una persona llamativa -además de por sus casi 2 metros de estatura- por su bonhomía y tranquilidad. Con cuarenta años de río, se puede decir que este hombre atento y cordial “algo” entiende del comportamiento de los peces.
La primera parada correspondió a la desembocadura del arroyo Guarapo. Manteniendo la lancha con golpes de motor, Mario dio órdenes de tirar con señuelos que profundicen rápido haciéndolos rebotar contra la barranca para que bajen paralelos a ésta. Media vuelta de manija para Leo, y el primero de la jornada saltó bien prendido de un Reef Runner (antecesor plástico al Rapala Deep Tail Dancer). Una vez más trataron de evitar guiarse por el primer pique instantáneo y pensar en un día pleno de capturas, pero no se pudo.
“La que nos espera”- dijo Bruno a Leo mientras forcejeaba con un chiquitín que no alcanzaba el par de kilos, aunque se defendía como una fiera. Fotos y al agua.
Nos dispusimos a castear nuevamente, cuando Mario sugirió que no perdiéramos mas el tiempo.
Cruzamos el río evitando bancos y troncos que afloraban peligrosamente y nos anclamos aguas arriba de una corredera sobre la margen contraria. Con una barranca alta y una saliente abrupta de tosca a una veintena de metros por delante, empezamos a lanzar. El agua, en ese punto, se aceleraba como un rio salteño. Recuperar el señuelo exigía la caña al máximo y hubo que apretar los frenos de los reeles para que no patinaran ante tal esfuerzo. Mario nos vio tocando la estrella y nos sugirió vehementemente que cuidáramos la regulación porque los piques en ese lugar podrían corresponder a peces importantes…y eran muy violentos.
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Por suerte le hicimos caso. Después de un par de intentos con los mismos señuelos que habíamos usado en el lugar anterior, cambiamos por otros de acción menos vibratoria y profunda. El esfuerzo necesario para recuperarlos excedía la potencia de nuestros equipos (que no eran nada pequeños). Leo se eligió un Storm Wildeye Minnow de 14 cm. que dormía tranquilo hacía rato en el fondo de la caja. Se trata de un enorme minnow de flotabilidad neutra (suspending) que profundiza cerca de un metro y no satura la caña ante una tracción desmedida. Bruno opto por su querido y castigado Super Shad Rap 14, una muy bien lograda imitación en balsa de un forrajero regordete (como un sábalo o una boga), de acción ágil y realista.
En un gesto poco generoso, Bruno tiró primero pegado a la barranca y comenzó a recuperar el señuelo muy lentamente con la puntera pegada a la costa, tratando de imitar a un mojarrón asustado (que siempre nadan lo mas cerca que pueden de las costas verticales). Leo casteó casi perpendicular a la correntada para que la deriva del señuelo lo atraiga hacia la punta de tosca. Nunca lo logró.
Varios metros antes, un torpedo a propulsión nuclear se lo llevó puesto con dirección análoga a la corriente. Mario, instantáneamente, intentó desenredar el grampín de unas raíces de un árbol desbarrancado mientras Leo gritaba desesperado que se quedaba sin reserva de multi. Sus intentos por detener la llevada resultaron en yemas de pulgares “pulidas a espejo” sin resultado alguno. Bruno miraba estupidizado como el diámetro del carretel lleno de multi disminuía rápidamente y el hilo centrifugaba el agua que contenía en gotitas tan chiquitas que parecían vapor.
El Curado 101 chillaba como una sirena de ambulancia y la G-Loomis GLX Crankbait Series anunciaba con pequeños crujidos que, de seguir curvada en ese arco, iba a retornar a garantía de fábrica en varios tramos. Finalmente, se vio el fondo dorado del carretel y la salida se detuvo con un tirón seco: el pez estaba sostenido por el nudo inicial. Aunque de la sensación que esta tensa situación duró varios minutos, todo se desenvolvió en menos de treinta segundos.
El multi reventó en un latigazo seco que no se nos va a borrar nunca de la memoria: la historia mitológica del pez que peló el carretel y se escapó se cumplía ante nuestros ojos. En medio minuto, un pez corrió sin parar, saltar, cabecear o cambiar de velocidad por la increíble distancia de 120 metros, cortando el hilo y escapando antes de que Mario alcance a liberar el fondeo y salgamos corriendo a buscarlo. La cara de Leo en ese momento es indescriptible en palabras, pero aquí va un intento: imaginen a un adolescente que, una hora después de tramitar su registro de conducir se gana una Ferrari en un sorteo y se la roban frente a sus ojos a los 5 minutos. ¿Se dan una idea?...
Con los ojos inyectados de sangre y sacudiéndome del antebrazo como a una varilla de sauce, gritaba: “me peló, me vació el reel! ¿Vieron eso…?!!!” en un tono que se hubiese podido sentir desde Esquina.
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Una vez superado el síncope, agarró el rollo de multi de repuesto de la caja y llenó el reel de nuevo, mientras nos reíamos como hienas en el piso de la lancha. Mario miraba atónito mientras se replanteaba a que clase de desequilibrados mentales acababa de sacar a pescar. A todo esto, el señuelo de Bruno seguía trabajando a un par de metros de la lancha. Cuando quiso retomar la recuperación, una rama sumergida dijo presente. “Chau” –pensó que se quedaría a vivir ahí. Tiró con alma y vida y finalmente el señuelo se soltó y afloró a la superficie. Instantáneamente, una cabezota amarilla lo secuestró y se lo llevó para abajo a velocidad supersónica. Clavó como para explotar todo, pero por suerte hoy en día la industria de la pesca ha logrado productos de extraordinaria resistencia. Nuevamente, el pez salió disparado corriente abajo, pero esta vez Mario logró liberar la lancha. Si bien no era ni el nieto del dorado que le había picado a Leo, se trataba de un pez hermoso de unos 4 kilos y medio. Se peleó la vida y por suerte vino prendido solamente del triple de atrás y no se lastimó demasiado.

Continuamos cambiando de lugar y otra vez buscamos uno con corredera sobre la costa. Leo eligió probar con un Shiner King 90 de Marina Sports en color naranja y amarillo. Realmente este señuelo hizo una diferencia notable; era increíble verlos cazar sobre el engaño. Las capturas eran una tras otra y los portes eran impresionantes. En este sitio capturamos doce dorados con pesos entre 5 y 8 kilos. Al menos 8 fueron al para el Shiner, que luego de varias dentelladas dijo basta y hoy cuelga de recuerdo en el llavero de Leo.
No duden en intentar pescar en baitcast: esta modalidad seguramente los sorprenderá gratamente.
Consejos muy importantes para esta pesca:
Cambiar por anzuelos triples de buena calidad, pues los que vienen de fabrica con los señuelos no suelen ser fuertes, y un dorado de mas de 3 kilos seguro rompe ó aplasta un anzuelo de mala calidad. Se recomienda usar triples Daiichis N°1 y Splits 50-60#; también pueden ser triples VMC Nº 2 Saltwater 2X strong ó ST-66.
Un guía experimentado es fundamental y esto se nota aún más en esta modalidad, pues debe saber ubicarse perfectamente en el río para que los pescadores lancen cómodos y estén a distancia de tiro al sitio exacto donde acecha el dorado. Para mantener la embarcación en posición de pesca el uso del motor eléctrico es primordial.
Los equipos:
Cañas de 10-20 lbs, marca G-Loomis y Bass Pro. Reeles Shimano curado cargados con multifilamento Power pro de 40 lbs.
Los servicios:
Enrique Javier: 03777/421258 - cel. 03777/15603731 - javierfly2004@yahoo.com.ar
“Pesquen y devuelvan; el río y sus hijos se lo agradecerán…"