Para
todo pescador deportivo de alma, cualquier
destino es bueno para probar suerte.
Gracias a un estudio previo minucioso, conseguí
arrancarle los secretos a un lago donde
habitan Tucuarés (o Sargentos) con
equipo de flyfishing, algo muy poco difundido
en la zona.
El éxito logrado, se disfruta el doble.
Panamá
como destino de pesca
A diferencia del resto de América que
transcurre de norte a sur, Panamá lo
hace de este a oeste, lindando al norte con
el mar Caribe, y al sur con el Pacífico.
Ambos, con una riquísima variedad de
especies aptas para todos los tipos de pesca
habido y por haber. No sólo se puede
disfrutar de una riquísima pesca en
el mar. En Panamá se puede pescar desde
truchas en los ríos de altura cercanos
a la frontera con Costa Rica hasta Róbalos
y Tucunarés (localmente llamados Sargentos)
en el Lago Gatún. Este último
es el segundo lago artificial más grande
del mundo, el cual fue construido para el
funcionamiento del Canal de Panamá
y se nutre de las aguas del Río Chagres.
De belleza natural impresionante, rodeado
de selva tropical y con una fauna y flora
impactante, es el lago que navegan los barcos
para cruzar del Caribe al Pacífico
y viceversa.
Tal como he comentado oportunamente, hace
cuatro meses la empresa en la que trabajo
me trasladó junto con mi familia a
trabajar a Panamá. Más allá
de la importante oportunidad profesional que
esto implicó, tengo que reconocer que
un gran incentivo para aceptar el traslado
fue descubrir que Panamá es un paraíso
de la pesca deportiva en todas sus modalidades.
La
primera experiencia
Luego de no poder pescar por cuatro meses
(con serios síntomas de abstinencia
pesquera) y no haber comenzado a disfrutar
las bondades en este aspecto de Panamá,
opté por hacer el primer intento en
el lago Gatún. Dicha decisión
se basó en el alegre descubrimiento
de que los tan afamados SARGENTOS Panameños
que se podían pescar a sólo
30 minutos de mi casa, no eran ni más
ni menos que los famosos Tucunarés
o Peacock Bass.
Con
información local nula respecto a la
pesca del Sargento con mosca, y sólo
con una espectacular nota de Marcelo Morales
de pesca con mosca de Tucunarés en
el Amazonas (en el magazine de la AAPM), decidí
hacer el primer intento con esta modalidad,
la manera que a mí más me apasiona.
Un día antes del día D me comuniqué
con Nelson, un guía que tiene su base
en la bajada de lanchas de Gamboa y acordé
los detalles para el día siguiente.
Gamboa es un poblado sobre la costa del río
Chagres a unos 500 mts de la desembocadura
de este río en el lago Gatún
y a sólo 30 km de la ciudad de Panamá.
En esta localidad hay un importante y muy
recomendable hotel, un puerto de soporte para
remolcadores del canal y las oficinas de dragado
del mismo.

Las moscas
Luego del leer el magazine y ver algunas moscas
para el Bass, decidí optar por no atar
nuevos patrones y llevar mis moscas para dorado
y tarariras. Además incluí un
patrón que había atado para
el mar, hace ya bastante tiempo, siguiendo
un modelo de Adrian Tito Fontana en su nota
sobre pesca de caballas en Mar Chiquita (La
famosa “Titus
Scomber Special” modificada, pero
con cabeza de epoxy)
El
equipo
Según leí, el equipo a utilizar
debía ser uno robusto, 8# / 9#, para
resistir la primer corrida del pez y frenar
su intento de llegar a las zonas de ramas
y troncos que abundan a escasa profundidad
en el lago. Para los pesos promedio de 1 ó
2 Kg. una caña #6 sería suficiente;
pero si se diera uno de los grandes que llegan
hasta los 8 Kg. sería una rotura segura.
Las líneas elegidas fueron una Cortland
444 WF #9 de flote y un shooting Orvis # 9
con su respectivo running. Realmente lamenté
no contar con líneas para clima tropical
ya que luego de un rato de castear (especialmente
la WF) parecía que intentaba castear
un chicle.
El leader sería un simple trozo de
nylon monofilamento (Raiglon en este caso)
de unos 50 cm de largo.

La
técnica a utilizar
Por lo que me había instruido, la técnica
a utilizar debía ser recogiendo con
tirones cortos y largos pero sobre todo muy
rápidos para despertar el instinto
cazador de los Sargentos. La estrategia sería
lanzar a las zonas cercanas a la costa donde
cazan camarones y mojarras y buscar las afloraciones
de troncos y ramas, las zonas preferidas de
esta especie (y también de los enganches)

…Y
llegó el día de pescar
Al igual que las noches previas a salidas
de pesca con mi padre cuando era chico, pasé
la noche mirando la hora a cada rato esperando
ansioso las 5 de la mañana. La pesca
del Sargento se debe hacer preferentemente
muy temprano a la mañana para aprovechar
su hora preferida de caza.
A las 4.30 ya estaba en pie. Los relámpagos
anunciaban una mañana lluviosa, pero
sinceramente no me importaba.
A
las seis estaba en camino y en menos de 30
minutos estaba entrando a la selva en la zona
de Gamboa. El guía me estaba esperando
con su nave lista para zarpar (nave de dudosa
capacidad de flote que cada 10 minutos obligaba
al guía a achicar con un jarrito)
Zarpamos con una leve lluvia y recorrimos
con estas condiciones los primeros 500 mts
del río Chagres hasta la desembocadura
del lago Gatún.

Al
arribar al lago se largó un aguacero
(como lo llaman acá a los chaparrones)
que nos acompañó los 20 minutos
que nos mantuvimos en cauce principal. Al
desviarnos hacia la zona de pesca la lluvia
fue amainando hasta llegar al lugar indicado
(a unos 3.000 metros del cauce principal)
en donde no sólo no llovía sino
que había una cómoda resolana
que nos acompañó toda la mañana.
Maravillas del trópico.
Finalmente
llegamos a la zona de pesca. Aquí el
agua estaba totalmente cristalina y me permitía
ver con facilidad el fondo. A esta altura
el guía apagó el motor y comenzó
a llevarme muy lentamente a remo, manteniéndose
paralelo a la costa a unos 15 / 20 mts para
que castee sobre ésta. El ambiente
es simplemente impresionante: los sonidos
de la selva se nos vienen encima; monos, pájaros
y vaya a saber unos que más. A nuestro
alrededor explota el agua sin que lleguemos
a ver nada. Cada vez que preguntaba si era
un Sargento, el guía me decía,
tortuga…., cuando yo decía tortuga,
nop, Sargento. Al final, con cada chasquido
del agua opté por mirarlo con cara
de pregunta esperando la respuesta adecuada.

Cabe destacar que la pesca con mosca no es
muy popular por estos lares. Por lo que el
guía realmente no confiaba mucho en
las posibilidades de mis adefesios emplumados.
“Por si acaso” llevó unas
sardinas, y me recomendó varias veces
que intentara con el equipo de spinning, mucho
más conocido por acá.
Ahora si era la hora de la verdad… no
les voy a decir que no me tentó agarrar
el equipo de spinning, poner una mojarra e
ir por lo seguro para sacarme la ansiedad
pesquera. Pero al final el gusto por el desafío
mosquero pudo más y con mi línea
de flote y un popper, con algunas batallas
en su haber con las taruchas de La Paz, hice
mi primer cast.

Primer
lance, recojo los más rápido
que puedo y a unos 5 metros de la lancha pum!!!!
Sube el primer Sargento como un rayo de entre
las algas y ramas del fondo, toma la mosca
con furia y huye hacia el fondo. El guía
simplemente no podía dar crédito
de lo que veía (créanme que
yo menos) “Aguántelo, aguántelo,
que no llegue a las ramas decía. Es
grandecito!!!!” Se entusiasmaba. De
manual, el pez buscó con fuerza alcanzar
unas ramas que había a un lado de lancha,
luego se mandó debajo de esta y finalmente
hizo sus últimos esfuerzos con unas
corridas menos potentes. Esa sería
la pieza más grande de la jornada con
casi dos kilos de peso.

La
técnica de clavada debe ser manteniendo
la punta de la caña bien baja y aguantando
la embestida del pez con nuestra mano. Realmente
es un pez muy bruto en su primera corrida,
y los de mayor porte no tendrán ningún
problema en pasar nuestras cañas al
arcón de los recuerdos.
Continué pescando una hora más
con poppers, y obtuve tres piezas. Probé
con distintos tipos, pero el único
que dio resultado fue el primero que utilicé,
los otros lograron algunas subidas pero simplemente
a unos centímetros giraban y volvían
a su refugio en las profundidades. Para esta
altura, tal como les conté antes, mi
línea había cambiado totalmente
su consistencia y se hacía muy engorroso
castear.
Por
lo tanto era la hora de cambiar el arsenal
y pasar al shooting y a los grandes streamers
de dorado. Para decidir los colores pregunté
cuales eran los colores de señuelos
más efectivos y me decidí por
el blanco y rojo.
La ventaja de los streamers es que se pueden
recoger a mucho más velocidad y esto
sin duda les encanta a los Sargentos. Resultado,
en las dos horas siguientes obtuve siete piezas
más.
La mosca más efectiva fue la de Tito
Fontana para el mar. Con esta obtuve cuatro
piezas y muchas subidas de curiosos que se
asomaban a ver qué era eso que corría
por sus aguas.
La medida promedio de las piezas rondó
el kilo, y al final contabilicé 12
hermosos sargentos. A las 11.30 emprendimos
el regreso con el brazo cansado por la falta
de práctica y con la alegría
de haber encontrado un paraíso de la
pesca.

Resumiéndoles un poco la cosa, me he
encontrado con una pesca realmente apasionante.
El Sargento es un pez hermoso y combativo;
se lo pesca en un ambiente impresionante de
aguas cristalinas y a sólo 30 minutos
de la ciudad. Se lo puede pescar en todas
las modalidades y realmente representa un
desafío para el pescador deportivo
ya que es un pez que no se deja engañar
dos veces. Finalmente, siendo que la población
de Sargentos en el lago es enorme, si llegamos
a los lugares adecuados tendremos una gran
oportunidad de divertirnos a lo grande y con
un poco de suerte tal vez logremos una gran
pieza que exigirá todas nuestras dotes
de pescador.
La próxima salida será realizada
con la modalidad de spinning tal como le prometí
a mi hijo de seis años que aún
no me perdona que no lo haya llevado a esta
primera experiencia en el lago.
Datos
útiles:
Alojamiento: Hotel Gamboa (www.gamboaresort.com)
Servicios: La tarifa del servicio (lancha
y guía) es de U$S 75 por 4 horas de
pesca para tres personas, y para aquellos
que desean hacer pesca con carnada, venden
sardinas a U$S 1 la docena (vale destacar
que lo que aquí llaman sardina nada
tiene que ver con la nuestra, sino que es
una mojarra prácticamente igual a la
que usamos para el pejerrey)