Promediando
la temporada, y apoyados en la gran cantidad
de relevamientos
realizados a diario por amigos Pescanautas,
podemos afirmar que el pejerrey se
encuentra ya disperso en todo el estuario
del Río de la Plata, con tamaños
sorprendentes
para cualquier pescador. Por lejos, el mejor
momento para disfrutarlos.
Si
queremos navegar mucho, encontraremos espectaculares
pesqueros en los bancos que rodean a los barcos
hundidos: Cientofante y Serrano, Ministro
Di Tomasso y frente a la Barra San Juan; sí
preferimos una derrota cercana a las guarderías
de San Fernando y Tigre podemos optar por
los bancos E y NE de la Depresión del
palo 4, el arbolito y las inmediaciones del
Supremo Entrerriano.
En esta nota trataré de compartir algunos
secretitos, consejos y vivencias recogidos
en mi última excursión con el
guía Simón
Hamparsomian.

Preparando
la salida
Gran parte del
éxito de una jornada de pesca se basa
en el “trabajo” previo. Si bien
revisar los equipos, líneas y anzuelos
es importante, también lo es, fijarse
claramente un objetivo: ¿Queremos
hacer una pesca cuantitativa o priorizaremos
obtener grandes matungos? De esta decisión
dependerá el grosor de la madre del
aparejo, las brazoladas y los anzuelos a elegir.
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Equipos
Utilizados
Conocimos
el prototipo
del nuevo
bolso de pesca
para pejerrey
de la línea
Depredador
que la firma
Parson S.A.
está
por lanzar
al mercado.
A diferencia
del modelo
anterior,
éste
se destaca
por su gran
capacidad,
apto para
guardar prolijamente
los reeles,
cajas ordenadoras,
etc. Posee
amplios bolsillos
laterales
donde podemos
alojar varias
líneas
armadas. También
tiene bolsillos
exteriores
con cierre.

Caña
Lexus Soft
4.20 m con
reel rotativo
Abu García
4600 C3 y
multifilamento
Sufix Matrix
Pro 0.18 mm.
Caña
Lexus Ares
4.20 m con
acción
de punta y
micro-reel
Mitchell cargado
con 100 m
de multifilamento
Clímax
del 0.16.
Caña
Banax Supreme
41A serie
98 4.20 m
y micro-reel
Daiwa 500
t Spinmatic
cargado con
multifilamento
Climax Select
0.18 mm.
Las
líneas
empleadas
fueron las
tradicionales
de tres boyas
y un puntero
zanahoria
grande verde
limón
con dos brazoladas:
una corta
y un alargue
con boyita
tramposa (ver
nota “Llamadores
de Pejerreyes”).
Para la madre
usamos nylon
Sufix Ultra
Knot 0.385
mm con poca
memoria, para
las brazoladas
optamos por
el nylon Sufix
Zippy de 12
libras.
Estos
artículos
los podés
encontrar
en:
www.dolphinpesca.com
www.pezcalandia.com.ar
www.multi-cosas.com.ar
www.elgrantiburon.com.ar |
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Otros factores
a tener en cuenta en las vísperas de
la salida son: los vientos y las mareas.
Fuertes
vientos del cuadrante SSE harán que
el cardumen de pejerreyes se establezca cerca
de la costa bonaerense, en la boca falsa del
Palmas o en los playones de Punta Morán.
Vientos
del cuadrante ONO harán disminuir el
nivel del río “empujando a los
peces a aguas más profundas.
Por
suerte disponemos de diferentes sitios web (ver
secciones Pronósticos
y/o Mareas
y Avisos) donde podemos consultar al instante
el estado de los vientos y las mareas, y anticiparnos
en varios días al clima que nos acompañará
en nuestra soñada jornada de pesca.
Y
vamos por los grandes…
En
dos excursiones anteriores compartidas con Simón,
habíamos realizado excelentes pescas en
cantidad pero no así en calidad. Nos debíamos
la pesca de los matungos.
Fijada la fecha, 27 de junio, comenzamos a “trabajar”:
reforzamos los aparejos con madre del 0.40, brazoladas
del 0.33 y anzuelos 2/0 bien afilados.
Consultando el pronóstico, sabíamos
que disfrutaríamos de una jornada con vientos
leves del ENE ideales para navegar hacia cualquier
pesquero.
Evitemos
la ansiedad
Inmersos
en una densa niebla abordamos con Eduardo la embarcación
“Zona Delta” de nuestro amigo. Mientras
él con sumo cuidado amarinaba el trucker
para una larga travesía, nosotros no veíamos
el momento de arrojar los aparejos al agua. La
ansiedad crecía..... ¿Sería
este nuestro día?
Al llegar a la boca del Lujan, la niebla dio un
paso al costado para dejarnos navegar con buena
visibilidad y cubrir las dos horas del derrotero,
sin sobresaltos.
Simón no le quitaba la vista a la ecosonda
y comentó: “vamos a seguir hasta
que marque 4.5 metros de profundidad”;
y agregó: “en esta época,
los grandes pejerreyes buscan un poco más
de profundidad en contraposición con el
final de la temporada, cuando prefieren recostarse
sobre bancos de arena y conchillas para su posterior
desove”

Pocos
minutos después, el motor se silenció.
Con frenesí, comencé a armar mi
equipo, pero Simón me detuvo mientras buscaba
el ancla de capa y la ceba: “Fer, tenemos
todo el día por delante, no seas ansioso”.
Conocedor de la importancia de un buen garete
y la dosificación de la ceba, el guía
se tomó su tiempo.
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Un
buen garete se logra cuando las boyas se alejan
lentamente de la embarcación y en forma
perpendicular a la misma. La tarea no es sencilla
ya que debemos disponer de dos anclas de capa
(cuando hay mucho viento o la embarcación
presenta una importante obra muerta) o una,
ubicada adecuadamente, si los vientos son
leves. Si empleamos dos anclas de capa, colocamos
una por proa y otra por popa y cambiando el
largo de sus cabos y variando el diámetro
del sector circular del ancla.
Terminada la tarea, Simón observó
el GPS y comento: “¿qué
tal?, derivamos a menos de un kilómetro
por hora”
-
El
tema de la ceba: para esto abrió una
bolsa de mojarras, que arrojó al balde,
vertió media botella de ceba con un
poco de agua en ella y con la punta de un
anzuelo realizó pequeños orificios
para finalmente apoyarla en el agua atándola
con un cabito a la cornamusa. Es importante
aclarar que la técnica de cebado es
determinante, mucho aceite en el agua le quitará
oxígeno y los peces evitarán
la zona. Por el contrario, muy poca ceba generará
interrupciones en la calle en la que pretendemos
pescar.
A
pescar
Armamos
los equipos. Con Simón optamos por cañas
convencionales de 4.20 m pero Eduardo nos sorprendió
con una caña de mosca #8 de 3.30 m confeccionada
para la pesca de la flechas de plata.

Tomé una mojarra viva y la enhebré
en el anzuelo. La mirada penetrante del guía
lo decía todo: “¿no era
que habíamos venido por los matungos?”
Fue entonces cuando Simón dispuso sobre
el asiento lateral de la Zona Delta un increíble
surtido de carnadas: filetes de dientudo fresco,
coloreado de rojo, filetes de sábalo con
y sin aceite de pescado, lombrices coloradas y
mojarrones salados.
Ante semejante panorama, no dudé en probar
con todas y en cantidades abundantes: dos mojarras
subidas a la brazolada, dos más en el anzuelo
y un remate con filete coloreado.
Y ahora si… que las líneas busquen
sus presas.

Unos
poco minutos bastaron para comprobar la multitudinaria
presencia de pejerreyes. La claridad del agua
permitía visualizar sus bulos a metros
de la embarcación. Varias capturas de portes
chicos a medianos nos invitaron a cambiar de sector.
Nos dirigimos al centro de la zona conocida como
“los barcos hundidos” (pescamos en
el triángulo imaginario delimitado por
los cascos hundidos del Sofía, Doña
Carmen y Triena).

Líneas
al agua y Eduardo clava con certeza logrando un
ejemplar de casi 40 cm. Mientras le quitaba el
anzuelo, Simón grita: “¡copo!,
¡copo!” Un hermoso ejemplar venía
prendido del labio en el alargue de “la
simonera”. Tras varias corridas laterales,
los 51 cm de pejerrey fueron izados a bordo.
Nuestro
guía, luego de las fotos de rigor, tomó
dos latas de caballa, las ubicó en un aro
de metal y tras algunas perforaciones las introdujo
en el río, atando el aro a la borda. La
intención fue atraer el cardumen de los
grandes… ¡y vaya si lo hizo!
Al
rato sentí una brusca y corta salida del
multifilamento de mi reel rotativo; esperé
la llevada franca y clavé. Otro cincuentón
que se vio atraído por la boya zanahoria
amarilla de importantes dimensiones.
Obtuvimos
dos matungos más y de nuevo los medianitos
dominaron la escena.
Aprovechamos para compartir el almuerzo y otra
vez a cambiar de sector.
Veinte
minutos de navegación hacia el norte y
a probar suerte....
Si bien el pique era sostenido, los matungos no
daban señales de vida. El sol emprendía
su retirada. La jornada se nos iba pero, al unísono,
la caña de Simón y la mía,
marcan pique. “¡Copo!” gritó
Simón, “¡Copo!”
pedí yo. Fueron dos hermosos ejemplares
cercanos al kilo de peso que pusieron el broche
de oro que la salida merecía.
Las
aguas casi quietas y el sol que nos regalaba sus
últimos rayos fueron un marco ideal para
la reflexión y el regocijo. Al frente la
ciudad cada vez más cerca, atrás
el horizonte y en mi corazón el recuerdo
de un amigo que desde el cielo palpitó
esta jornada con nosotros.

Esta
nota va dedicada a la memoria de Aníbal
“Kissme” Invernón
y a toda su familia y amigos.
Hasta
la próxima
Ferchu
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