Sin lugar a dudas
esta temporada ha sido de las más difíciles
para los amantes de la pesca de tarariras
en spinning. Debimos visitar, explorar y averiguar
mucho en pos de encontrar lagunas cercanas
que reúnan la calidad de pesca necesaria
para disfrutar de una jornada exitosa.
Los vaivenes climáticos, días
inestables, noches muy frías en nuestros
campos (la media del mes de Enero en Bragado
por las noches no superó los 10°
C) y la falta de agua en los espejos, atentaron
contra nuestra querida modalidad.

Pero como nos
consideramos pescadores deportivos, cuando
las condiciones no son favorables debemos
agudizar nuestras técnicas de pesca
y apelar a todos los conocimientos sobre la
especie para hacerlas picar y concretar sus
capturas.
Gracias a la
información recibida por parte de los
amigos del foro de spinning de Pescanautas,
decidimos visitar la Laguna de Ramón.
El viernes 22 de febrero nos dirigimos con
mi amigo Fernando de la Cruz al prometedor
espejo de agua ubicado en la localidad de
Bragado, distante unos 200 km. de la Capital
Federal. Partimos desde la zona norte del
Gran Buenos Aires aproximadamente a las 06:00
horas. A las 09:00, tras un placentero viaje
entre mates y muchas anécdotas, llegamos
a la estación de servicio en la entrada
de Bragado donde nos esperaba nuestro guía.
Junto al encargado del campo cubrimos los
15 km. que nos separaban de la laguna. Es
importante destacar que los últimos
8 km. son de tierra y se tornan intransitables
los días de lluvia.

Nos recibió
una laguna baja en nivel de agua, debido a
la sequía que durante meses azota la
zona; pero alertados de la situación
aceptamos igual el desafió de pescarla.

Comenzamos el
día inflando el bote de Ferchu, un
“Sevylor” modelo “Fish Ranger 280” el cual
utilizamos de apoyo para llevar los equipos
y fundamentalmente para llegar a lugares donde,
sin él, sería imposible acceder.

Vadeamos las
primeras abras, arrojando los engaños
cerca de los juncales en unos 50 cm. de profundidad.
Empleamos toda la gama de señuelos
de superficie: Plop, Yiters y Shot de Del,
Skitter Pop de Rapala; los piques no se hicieron
esperar. Vigorosas hoplias se lanzaban a nuestros
engaños con gran vitalidad y nos mantuvieron
entretenidos por un par de horas.

Para resaltar:
el rendimiento del Yiter Flex de Del, amarillo
flúo y naranja. Arrojándolo
paralelo a la vegetación, una vez que
tocaba el agua, lo acomodaba con dos giros
de la manivela del reel y luego, imprimiéndole
la velocidad de recuperación adecuada,
me regaló infinidad de ataques y capturas.
En menor medida, Ferchu con un Subwart de
Storm logró emocionarse con las típicas
acrobacias de las tarariras.

Llegado el mediodía
realizamos un parate para reponer energías.
Bajo un árbol, compartimos ricos sandwiches,
bebidas frescas y discutimos la estrategia
para el resto de la jornada.
Regresamos a
la laguna a eso de las 15:30 horas. Nos dispusimos
a atravesar una pared de juncos que crecen
paralelos a la costa. Arrastrando el bote
a través de la vegetación, entramos
al lugar soñado por cualquier pescador
de taruchas: la laguna nos ofrecía
ante nuestros ojos abras de agua cristalina,
donde un colchón de elodeas completaba
un campo especial para concretar nuestras
capturas.

Entre la superficie
y la “selva” sumergida, había
un “gap” de 15 cm de agua libre
para poder accionar con comodidad nuestros
engaños (por un momento su fisonomía
me recordó a la Laguna Kakel Huincul).
Una vez allí,
sobre el bote (entrar sin el Fish Ranger hubiese
significado inundar completamente los waders
y pasar un pésimo momento) lanzamos
nuestros señuelos y los ataque se produjeron
sin cesar, un frenesí de piques nos
acompañaron durante tres horas. Los
peces, de coloración verde amarillenta,
clásica de los ejemplares que habitan
estos medios, tomaban en superficie. Una vez
concretada la clavada, ganaban el fondo con
fuerza y suma velocidad, protegiéndose
en la vegetación. Sin una caña
de acción rígida y un buen multifilamento
se hacía complejo izarlas a bordo para
luego desprenderlas del engaño.
Notamos que las
tarariras atacaban preferentemente artificiales
con combinaciones de colores (naranja /amarillo
y rojos) con y sin rattling, obviando los
demás colores ofrecidos. Un Plop naranja
de Del y el Chub Bug grande amarillo y con
flash-abou de Storm, se llevaron todos los
laureles.
Si bien la laguna
está infestada de tarariras de kilo
a kilo y medio de peso, hay que “trabajarla”.
Acaecidos cuatro o cinco ataques, el señuelo
perdía atracción y debíamos
cambiarlo.
Fue así
que al terminar la jornada decidí probar
un Mini-globe de NG amarillo y naranja que
jamás había tenido en cuenta...
Pero para mi sorpresa, cada tiro venia seguido
de un ataque y su posterior captura. El artificial
peinaba las puntas de las elodeas y las voraces
tarariras salían de sus escondites
para destruirlo. Mientras el sol se escondía
rápidamente, una tormenta giraba a
nuestro alrededor sin desatarse, como si esperara
que disfrutemos de las últimas luces.
El final del día nos encontró
con más de 40 ataques y una veintena
de capturas (devueltas absolutamente todas
a su medio). Sin lugar a dudas, una salida
muy exitosa. Evidentemente, y contra todas
las hipótesis y pronósticos
de mortandad de la especie, llegamos a la
conclusión que los peces están
y seguramente la temporada se extenderá
hasta el mes de abril, para el deleite de
todos los pescadores. Retornamos a nuestros
hogares comentando las vivencias de un día
inolvidable y que deseamos se repita muy pronto
antes que finalice la temporada.
Aproveche el
dato. ¡Vaya! ¡Inténtelo!
…y pesque a conciencia. Sus hijos y nietos
se lo agradecerán.
Reservas: Llamando
a los teléfonos (02342) 422334 ó
(02342) 15 462290 Preguntar por el Sr. Ramón.
Aclaramos que por jornada sólo pueden
pescar 12 aficionados.
Un
abrazo.
Esteban