Pesca con Mosca de truchas marrones en el
Largo Largo de Esquel
Inicio de una
nueva temporada de pesca recreativa. Jueves
a la noche bien tarde, del otro lado de la
línea telefónica, mi amigo Carlos
Daher me dice sin anestesia: “ te llamo
porque el primer día soleado que venga
quiero sacar unas marrones lindas, entre dos
y cuatro kilos. Pero tiene que ser medio rapidito.
Tengo dos o tres horas de tiempo nada más.
No tengo mi bote en condiciones así
que vamos en el tuyo; además necesito
que me cantes la justa sobre la mosca que
pesca…” Ante tamaña solicitud
le respondo: “¿y no querés
también una negra que te abanique?”
Entonces, con
los parámetros referidos y sutilmente
solicitados, ahí nomás organizamos
la primera visita al Lago Largo (mal llamado
Laguna Larga, pero así conocida por
todo el mundo truchero de la región),
siempre y cuando el mal tiempo que reinaba
en la cordillera diera paso al día
solicitado.

El Largo tiene
acaso las mejores marrones de Esquel, no sólo
por el hecho de ser bonitas, marrones bien
marrones (aunque empezaron a salir esas truchas
blancuzcas, paliduchas, producto de siembras
no muy lejanas), sino también porque
son truchas “pesadas”, cabreras, decididas,
combativas y muy, muy astutas…sobre todo las
que habitan en inmediaciones del “quemado”
(maraña de troncos, algunos en pie,
de antiguo bosque de ñires que nunca
sufrió un incendio y sí una
“comprensible” inundación) y que encuentran
en estos palos y troncos hundidos un aliado
incondicional a la hora de intentar liberarse
de la posible captura. Pero también
tienen las truchas otros aliados para este
“metié” como lo es ese mar de plantas
acuáticas sumergidas (producto de la
eutrofización que se acrecienta en
este lago) que además de proporcionarles
abrigo, les proporciona abundante comida traducida
en numerosos insectos, anfípodos y
crustáceos que habitan en el lago Largo.

Este espejo lacustre
de por sí, tiene muy pocos lugares
para vadear y si a esto le sumamos que para
el inicio de temporada tiene sus aguas altas,
(aunque no tanto como en otras temporadas,
dado la sequía que también afecta
a la cordillera) igual obliga si o si a pescar
desde un belly, una balsa o un bote. Y como
mi amigo Carlos lo había solicitado
tan sutilmente, en esta oportunidad llevamos
mi bote de aluminio, versátil, práctico
y liviano, cosa que siempre nos posibilita
bajarlo del trailer, en cualquier tipo de
orilla, haya o no sitio para ello.
Ese día
de semana, el sol brillaba intensamente y
hacía calor. Y ahí nomás
nos tomamos el buque al Largo. Así
que luego de la serpenteante trepada y trepando
800 metros desde el lago Futalaufquén,
luego de recorrer los 57 km. que nos separan
de Esquel, llegamos a eso de las cuatro de
la tarde a la orilla del Largo. Tal como lo
sospechábamos, pese a la sequía,
había bastante agua. La huella que
por unos metros bordea el lago, nos conduzco
hasta un pequeño claro, metros más
allá del muro de la represa construida
justo donde desagota y se afina el lago, tanto,
que se transforma en un corto río.
Allí pusimos
la cola del trailer y rápidamente…
bote al agua. Crecido, no tanto; pero cuando
baja hay que tener mucho cuidado al navegar
esta parte, porque hay muchos troncos hundidos.
Algunos son visibles, otros es fácil
“comérselos”. Luego de
atravesar el juncal (que en esta época
esta bajo agua) ya se puede navegar sin contratiempos
pero siempre atento ya que en ciertas partes,
el Largo tiene grandes rocas hundidas.
Ese día
las condiciones para pescar eran muy buenas:
agua bien fría es sinónimo de
marrones activas, con un poco de viento y
cielo algo nubladón pero caluroso y
agradable, aunque después desaparecieron
las nubes y el lago se planchó (yo
lo prefiero totalmente nublado y con suave
brisa…pero bueno, no se puede pedir
todo en esta vida)
Como siempre,
llevé mi cañita #5 de seis tramos,
linea Quick Descendent de Cortland de 175
grains y até, de entrada, un streamer
que la noche anterior “diseñamos”
con mi pequeña hija y que en su honor,
denominé Milady Valentina.
Que no es otra
cosa que una Matuka con bead head de cobre,
mucho lastre en el centro, chenille naranja
flúor o común, y seis hackles
(tres por lado) de un saddle rojizo, con los
colores vivos hacia fuera. El ribbing dorado
lo obtuvimos de una de esas esponjas de acero
que “encontramos” en la cocina…
No bien pasamos
los juncos, en el primer cast, que fue derechito
a una parte baja al lado de un promontorio
de piedra, se prendió un macho joven
de marrón de un par de kilos. Sintiéndose
tocado enfiló en dirección a
los troncos hundidos, pero el excelente freno
del Batenkill 5/6 funcionó a la perfección.
Luego intentó enredarse en los juncos
y antes que se diera cuenta, ya estaba arriba
del bote. Foto, beso y al agua. “Esto
comienza lindo, dice Carlos”. Yo le
respondo agrandado. “…y…
me diste sólo un par de horas, nada
más…jeje”.
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Lentamente vamos
bordeando la margen derecha del lago, casteando
hacia las partes bajas, lo cual nos obliga
a recoger rápidamente para no dejar
clavada la mosca y adornar algún tronco
hundido. La idea es que las marrones están
cazando alevinos y juveniles y que éstos
se mueven al amparo de la “seguridad”
que les brindan las orillas, con troncos,
juncos o ese mar de plantas acuáticas.
Rápidamente comprobamos que no estábamos
errados en esta apreciación. Un par
de buenas marrones muy combativas entran en
la sesión fotográfica antes
de ser liberadas. Carlos clava un machito
joven y paliducho, probablemente de las últimas
siembras…pero también saca una
marrón muy peleadora y muy bonita,
a la cual pareciera que la época del
desove no le ha hecho mella. También
entra en el recuerdo fotográfico y
en la alegre y efusiva despedida.

Un suave viento
comienza a soplar, el fresco comienza a hacerse
sentir entonces decidimos buscar reparo en
la pronunciada bahía del Oeste. No
bien salimos de la influencia ventosa, entramos
en aguas de calma chicha. Este lugar me trae
mucha nostalgia y agradables recuerdos de
aquellas grandes marrones de antaño.
Y es que además, aquí, en abril
de 1983 capturé la única Fontinalis
de la que se tenga registro como habitante
de este lago hasta ese entonces. Luego, en
estas aguas, hubo una siembra de estas truchas,
pero no prosperó, vaya uno a saber
porqué, dado que los Salvelinus son
las que sufren menos los rigores de la reproducción
y la tasa de mortalidad es muy baja.
Otras buenas
marrones del Lago posaron desnudas para el
álbum de los recuerdos. Ese paisaje
con esplendorosa sinfonía de colores
brillantes que nos acompañaba, se fue
opacando en sintonía con el escondite
del sol, tras las imponentes montañas
nevadas. Al desaparecer “el ponchito
de los pobres” la invisible pero sentida
sensación térmica nos dio también
la sensación que ya era hora de retornar
a casa. Atrás habían quedado
poco más de cuatro horas de pesca y
unas cuantas marrones para el baúl
de los recuerdos con escamas. De regreso,
navegando muy despacito y disfrutando de ese
encantador momento que nos regalaba el paisaje
ya sin sombras le pregunté a Carlos:
¿Satisfecho? Este, sin sacar la vista
de unas cumbres nevadas me respondió:
“Maso….nos faltó la negra
que nos abanique…”.
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Una
"larga"
historia,
que lamentablemente
se repite...
Lago
Largo. Este
espejo lacustre
tiene una
historia muy
particular…y
lamentable.
Hace varias
décadas,
el Largo tenía
playas fantásticas,
de arena volcánica
y grandes
manchones
de césped
natural, salpicado
con plantaciones
de frutillas
silvestres
que hacían
la delicia
de un día
de pic-nic,
a la orilla
de sus aguas.
Todo esto,
sin mencionar
las marrones
de hasta 10
kilos que,
casi siempre,
se pescaban
a trolling
en aquel entonces…
(en el año
75 ví
embalsamada
una de 9 kilos
que era un
verdadero
poema marrón).
Hasta que
un buen día,
ese marco
bellísimo
quedo bajo
agua eternamente.
Es que en
el desemboque
del lago (antes
de la caída
abrupta hacia
el lago Futalaufquén,
en el Parque
“Los
Alerces”)
se construyó
un muro para
subir el nivel
de agua del
lago y hacer
una pequeña
represa. Aguas
abajo, se
erigió
la Usina que
es desde donde
se genera
la energía
eléctrica
con la que
se abastece
el Parque
Nacional mencionado.
Es decir,
en aras del
progreso,
se sepultó
en un santiamén
lo que la
naturaleza
tardo millones
de años
en moldear.
Hoy puede
verse como
la eutroficación
producida
por esta represa,
ha favorecido
el crecimiento
de plantas
acuáticas
que cada vez
más,
compiten por
el oxigeno
con el resto
de los habitantes
acuáticos
del Largo.
Luego, muy
cerca de aquí,
la gran represa
de Futaleufú
sepultó
también
miles de hectáreas
de bosque
nativo…y
también
sepultó
el bellísimo
río
Uno donde
vivían
aquellos fantásticos
y grandísimos
salmones encerrados
que nunca
más
aparecieron.
Pero además,
aguas abajo
del gran muro,
domó
al río
Futaleufú,
disminuyó
la calidad
original de
sus aguas
y le confirió
un cauce artificial
que se regula
de acuerdo
a las necesidades
de generación…..y
tal parece,
la próxima
represa a
construirse,
que tiene
nombre de
mujer (La
Elena) –y
con la cual
gran parte
de la tropa
política
está
más
que embelesada-
será
en aguas del
río
Corcovado,
donde no hay
que tener
muchas luces
para deducir
que, otra
vez, se producirán
trastornos
ecológicos
de grueso
calibre. Pero
esto no es
todo. También
se construirá
otra represa
en la zona
de Lago Puelo…¡y
dale que va,
nomás!
Después,
esa misma
tropa política
a la que se
le suman los
pseudo-conservacionistas
de siempre,
se desgarran
las vestiduras
hablando de
naturaleza,
medio ambiente
y protección
a los recursos
naturales…
¡¡Es
tan gruesa
la capa del
barniz de
la hipocresía!!.
Estamos a
punto de iniciar
la Tercera
Guerra Mundial
por el tema
de la contaminación
que producirán
las papeleras
en Uruguay
(realmente
resulta admirable
el esfuerzo
y el tesón
que ponen,
sin claudicar,
nuestros connacionales
de aquella
región,
para evitar
esto. Siempre
es mejor prevenir
que curar)
Sin embargo,
en el contexto
nacional que
debería
tener todo
país
que se precie
de serio para
estas cuestiones
tan importantes
como lo son
la protección
a los recursos
naturales,
vemos la paja
en el ojo
ajeno, pero
no la viga
en el propio.
¿Porqué
digo esto?
Porque las
represas han
sido y serán
las causantes
del extermino
de poblaciones
enteras de
truchas y
salmones migratorios.
No hace mucho
un allegado
a Hidroeléctrica
Futaleufú
me dió
la razón,
cuando confirmó
que la gran
masa boscosa
en descomposición,
sepultada
ya hace años
en el enorme
lago artificial
Amutui Quimei
(belleza desaparecida),
es la que
sustrae oxigeno
del agua profunda
y libera esos
gases nocivos
que son la
causante del
elevado ph
(acidez del
agua) que
se registra
en aquellas
aguas. Esta
acidez desmesurada,
sin duda,
es el principal
motivo que
conspira despiadadamente
para el normal
desarrollo
de la vida
acuática
del referido
embalse y
probablemente
la causa de
la desaparición
total de los
salmones encerrados
que había
allí.
Y aguas abajo,
también
las represas
son nefastas.
No sólo
por la destrucción
del hábitat
acuático,
que se produce
por las necesidades
de generación
de energía,
sino tambien
porque modifica
en forma permanente
el cauce del
río.
El dióxido
de sulfuro
y el óxido
de nitrógeno
emanado de
la quema de
combustible
fósiles
en las centrales
eléctricas,
desechos mineros
arrojados
al agua, desechos
madereros
que siguen
el mismo curso,
sólo
por citar
acaso los
más
nocivos, son
los causantes
de una aguda
acidificación
que hace estragos
en el desarrollo
de toda vida
acuática…
Entonces,
bien vale
aquí
hacerse la
pregunta del
millón:
si uno mata
una trucha
en estos lugares
tan “celosamente
protegidos”
por reglamentos
cada vez más
restrictivos
e incomprensibles
(y por lo
tanto más
fáciles
de transgredir)
le caen encima
las Siete
Plagas de
Egipto y si
se pudiera
le harían
probar el
filo de la
guillotina,
o la aspereza
de una gruesa
soga en el
cuello….pero,
¿cual
es el castigo
que recibe
quien construye
estas barreras
de cemento,
que causa
el exterminio
de poblaciones
ictícolas?
Y sino que
alguien me
explique adonde
fueron a parar
los espectaculares
salmones encerrados
del río
Uno, allá
en el extremo
del lago Situación,
después
que estos
dos ambientes
desaparecieron
sepultados
bajo 60 metros
de agua. Ya
algún
día
hablaremos
en profundidad
y con conocimiento
de causa de
cómo
el árbol
tapa al bosque.
Es decir de
cómo
nos vamos
en cosas chicas,
discutiendo
si el anzuelo
debe ser simple
o no, si este
debe o no
tener rebarba
o absurdas
reglamentaciones
para proteger
y conservar
UNA trucha
y no tenemos
en cuenta
estas causas
de exterminio
casi total
de cientos
de miles de
ellas….Mientras
tanto, como
decía
más
arriba…¡¡¡
DALE QUE VA,
NOMAS!!!!
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Matukas:
gracias Sr. Maori
La Matuka es
acaso la mosca más utilizada en la
Isla del Norte de Nueva Zelanda, de donde
es originaria. Pero también es una
excelente mosca para pescar en cualquier ambiente
de pesca truchero en nuestro país.
Según Jack Dennis, probablemente la
primera Matuka fue atada por un Maori, un
aborigen Zelandés descendiente de la
Polinesia, que intentaba imitar un kokopu,
una especie de pececito que habitaba en el
lago Rotorua de aquel país. Pero lo
cierto es que esta mosca, apareció
por primera vez en las páginas de un
catálogo de Hardy, la prestigiosa casa
Inglesa, en el año 1925. Por su acción,
atado, y fundamentalmente por lo que se intenta
representar, esta dentro de la categoría
de los streamers (o estrimer, como lo escriben
los españoles) y Bucktails. Algunos
pescadores la miman como mosca estrella, a
tal punto que si tuvieran que elegir un único
señuelo entre todos los streamers conocidos,
sin duda eligirían una Matuka.




Reconociendo
sus bondades en ciertos ambientes de pesca,
no es una mosca que yo utilice frecuentemente,
pero en el lago Largo es uno de aquellos ambientes
donde realmente es muy efectiva. Sobre todo
al inicio de la temporada, donde pululan los
juveniles de corta edad o se registra la presencia
de otras especies de peces, es la mosca por
excelencia a utilizar. Su accionar, ya sea
en aguas de río o lago, está
estrechamente vinculado a dos cosas: cantidad
de plumas y forma de trabajarla. El número
de hackles (plumas de gallina o gallo) con
la que uno la ate modifica su accionar (y
su visión para las truchas). Tengo
Matukas con siete hackles –tres por
lado y una de collar- lastradas hasta la manija,
para aguas rápidas. Otras con cinco
hackles para aguas no tan rápidas y
otras con tres hackles, traslúcidas,
para aguas quietas. Los que saben recomiendan
que el largo de la cola no sobrepase al largo
de la pata del anzuelo, para darle buena apariencia
a la mosca, para que la cola no se meta bajo
la pata del anzuelo y para que el pez muerda
donde debe pincharse y no la cola de la mosca.
Casi nunca respeto esta premisa. Ex profeso
le hago la cola un poco más larga con
lo cual obtengo mayor acción, principalmente
en aguas quietas. Ahora bien, siempre he sostenido
que uno puede atar la mosca más bonita,
la más brillante, la más perfecta,
la mejor. Pero sino sabe darle vida, sino
sabe “trabajarla” adecuadamente,
las posibilidades de atrapar una trucha se
reducen considerablemente pudiendo llegar
a cero. La Matuka, en aguas quietas, no es
una mosca soft, “suelta”, despeinada,
de fácil acción. Entonces esa
acción, esa vida, se logra con un recoger
rápido e intermitente haciendo trabajar
la punta de la caña permanenemente.
Y más rápido aún si uno
visualiza que la trucha viene persiguiendo
la mosca. No se olviden que se trata de un
pececito que huye despavorido de las fauces
de un grandote que se lo quiere comer, por
lo tanto no incurran en el error que comete
la mayoría de los pescadores (novatos
y no tanto) ante una situación como
la descripta, que es frenar el recoger, hacerlo
más lento, para que la marrón
le dé alcance a la mosca….Lo
más probable es que la trucha se dé
cuenta de la triquiñuela, saque la
cabeza del agua y le diga suavecito, con bronca
y junando: “¡que naboleti!”
y se vaya nadando despaciosamente….

Los
peces que comen las truchas
Cuando atamos
una Matuka o cualquier otro streamer, en la
mayoría de los casos, tratamos de imitar
un juvenil de pececito. Y aunque le ponemos
plumas pelos y materiales reflectivos de mil
tipos, que rara vez coinciden con la coloración
real de los juveniles que habitan junto a
las truchas, estos señuelos resultan
ser muy eficaces a la hora de pescar. Ahora,
si en nada o poco se asemejan a los naturales,
¿Porque habrá atacado la trucha
a un anzuelo disfrazado con semejante carnaval?
¿Porque tenía apetito? ¿Porque
la trucha se puso cabrera? ¿O por invasión
de territorio? ¡Vaya uno a saber a ciencia
cierta! Como dice mi amigo Richard, “cuando
hable la primera trucha, seguro que nos enteramos…”
Todos los salmónidos
son caníbales. Se comen entre sí
y principalmente a aquellos congéneres
(o no) que les cuesta menos energía
alcanzar. Además de alevinos y juveniles
de las distintas variedades de truchas y salmones,
de percas y de pejerreyes (estos últimos
son los que más les cuesta alcanzar,
al ser mucho más veloces que las truchas)
hay otras especies de peces que no por menos
conocidas, dejan de ser importantes en la
dieta de las truchas patagónicas y
también a la hora de “vestir”
los anzuelos. Estas son: el Bagre de los Torrentes,
pececito que tiene manchas oscuras atigradas
en el lomo y el vientre de color marrón
pálido. Se lo reconoce por sus tres
pares de bigotes y sus ojos pequeños
(acaso una Woolly Bugger con tres pares de
patas de goma?). Luego está el Bagre
Aterciopelado, de muy bonitos colores, donde
se destaca el morado grisáceo tirando
a lila, con manchas redondas negras y panza
gris claro. En el maxilar posee una barbilla
corta comprimida al cuerpo. Luego tenemos
el conocido Puyén. Cuando son juveniles
son casi transparentes, pasando esa etapa
son plateados con manchas negras y es fácil
confundirlos con juveniles de trucha, aunque
se lo puede diferenciar porque la aleta dorsal
está llegando a la cola o aleta caudal.
Luego tenemos el Puyén Grande. Tiene
un color oscuro en el lomo, negro oliváceo
y laterales cubiertos con manchas vermiculares
(parecidos a las que tienen las fontinalis
en el lomo) de color dorado mezclado con una
tonalidad verde. Y finalmente tenemos a las
Peladillas. De estas hay dos variedades. Una
totalmente plateada y la otra plateada con
barras oscuras transversales a lo largo de
los flancos (también denominada Zebra)
que los asemeja bastante a los juveniles de
trucha. Bueno, ya tiene una idea por qué
las truchas atacan a los streamers y tal vez
–¿por qué no?- ¿Por
qué prefieren la diferencia de coloridos?
Si le quedan dudas, cuando hable con alguna
trucha me lo cuenta….
Hasta la próxima vivencia
Néstor