Ir a la página principalContáctese con nosotrosForo de DiscusiónSalas de Chat PescanautasFirmar el libro de visitasAñadir a FavoritosHacer Pescanautas su página de inicio
  - - Buenos Aires, Argentina.
Quiénes somos
Publicite en Pescanautas
Cursos y Seminarios de pesca y náutica
Notas y relevamientos de pesca
Notas de náutica
Notas de ictiología
Pesca con Mosca
Equipos y elementos de pesca
Pronósticos meteorológicos
Mareas y Avisos a los navegantes
Cuentos de pesca
Galería de fotos
Clasificados

1 1 1 1
Entre truenos y relámpagos, un rayo cortó el agua -- Lic. Fernando de la Cruz

Con mi amigo Pablo Rizzo teníamos un asunto pendiente, ir a pasar la noche en el delta juntos, sin muestras familias, en busca de las grandes tarariras. Decidimos que el viernes 28 de diciembre sería un inocente día para tentar a las Hoplias malabáricus, que hasta el momento nos venían siendo bastante esquivas.

Llegamos a la guardería a eso de las 17 horas, con toda la vianda, el agua, el tinto y todo tipo de carnadas.

El termómetro marcaba 33 grados, la sensación térmica por lo menos 36, ya habíamos decidido que la primer parada era para un chapuzón mientras armábamos los equipos. Nos dirigimos hacia el río San Antonio, entramos por el arroyo Santa Mónica donde tenía datos de buenas pescas de taruchas.

Ubicamos el pozo del final, y tiramos con toda la artillería, pero no obtuvimos respuestas, solo un bagre lagunero, capturado por Pablo, nos hizo buscar otro sector con mas actividad. Antes de salir giro la cabeza hacia el sur y veo que una impresionante nube avanzaba sobre nosotros, lo que nos acotó los lugares para pernoctar.

Pablo sostenía que en el arroyo Surubí, en el primer tramo cercano al canal Honda había taruchas y de las azules, la nube nos venía siguiendo, las sombras de la noche oscurecían el río, por lo cual decidí verificar la sospecha de Pablo y anclamos el KIO KIO III cerca de un barco fondeado y semi abandonado, 400 metros antes de las curvas serpenteantes de uno de los arroyos mas pintorescos de nuestro delta cercano.

Mientras yo armaba dos cañas de fondo encarnadas con morenas, Pablo tiraba una para taruchas también de fondo y otra para ver si capturaba alguna carpa o boga.
El agua parecía un estanque, nada de viento , muchos mosquitos y el ambiente que se ponía mas y mas pesado, anunciando que la tormenta era inminente.

El primer pique fue de Pablo que obtuvo un lindo bagre amarillo al que fileteó como un experto. Mientras esperábamos otro pique nos dispusimos a comer los sandwiches y a destapar el tinto, tarea que se me vio frustrada, una de mis cañas se arqueaba y la chicharra comenzó a sonar, clavé ansioso y mal, y después de unos segundos de linda lucha el pez zafó, la morena estaba como chupada, muestra clara que no era una tarucha, al rato otra vez , el mismo pique, ahora me tomé mi tiempo , la lucha se prolongó un par se minutos, pero otra vez ganó el pez y la morena ya parecía trasparente, por lo que la cambié por filete de bagre y me dispuse a descorchar finalmente el tinto.

La actividad de los refucilos contrastaba con la cantidad de piques, varios minutos de espera y tengo un pique mas violento, clavo y una palometa del tamaño de un plato se había tragado el anzuelo 4/0 de mi línea.

El viento comenzó a soplar y la corriente cambió de sentido, al igual que la marea, lo que deseábamos a esa altura era un pique aunque mas no sea uno. Fue al rato que observamos que la puntera de la caña de spinning cargado con multifilamento comenzó a cabecear, esperé y deje comer, al ratito una fuerte llevada y clavé con ganas, el pez salió como un rayo en direcciones cambiantes y quitaba y quitaba hilo, lo pude frenar primero frente a los juncales y cuando cruzó el rió en dirección a los troncos semi sumergidos pego un salto y pudimos ver que era una tarucha grande, acá nos atrapó la ansiedad y el miedo a perderla, a mi pues jamás había tenido una lucha tan mano a mano con una tararira de ese porte y para Pablo pues es amante de las empanadas gallegas de tarucha. La fui arrimando sin aflojar, Pablo agarró el copo, sacó medio cuerpo afuera del barco y lo sumergió esperando la llegada del pez, al verlo, todavía bajo el agua en un artístico movimiento logró introducirlo en el copo mientras la tarucha con contorsiones violentas le lavaba la cara una y otra vez hasta que la izó a la embarcación. ¡Que taruchón!, medio retacón pero muy cilíndrica acusó 4 kilos en la balancita.

Las primeras gotas nos trajeron de nuevo a la realidad, preparamos la nave para la tormenta teniendo mucho cuidado con los rayos que caían por todos lados, para esto pusimos todas las cañas en forma horizontal y no levantamos la antena del VHF.

Luego movimos la embarcación, y esto que sirva de consejo, buscamos una zona libre de árboles y embicamos el barco con la proa al sudeste, la idea es la siguiente, al estar tan baja el agua, el miedo era que se desate una sudestada mientras dormíamos, y de no fondear así, corríamos el riesgo de terminar en tierra firma y que si el río bajaba de repente sería imposible regresar a su cauce natural.

La lluvia fue tremenda, desde ya que la pesca se cortó por completo y casi no pudimos dormir, pero cada tanto salíamos a controlar nuestra posición y observábamos la gran captura. Con mi amigo Pablo compartimos otra salida juntos, el pique, la comida las bromas, el vino, las fotos, pero aún no probé la empanada gallega...

 
Notas Relacionadas

     
Dirección: Prof. Víctor De Víctor - Fernando de la Cruz - Gustavo Arduino - © 2004 Pescanautas.com.ar