El Gutiérrez nos regaló una
excepcional variada
Los rumores en
el foro de la pesca en el Gutiérrez
cada vez se hacían más numerosos.
Ver los posteos como los de Marcelo Tursi
(El Rayo), y los comentarios de Sebas en la
semana, me hicieron tomar la decisión
de hacer un viaje a esa zona.
El miércoles en el Club Liniers Norte,
sede de Amigos Pescanautas.com.ar, nos pusimos
de acuerdo con Diego De La Torre (Nopus) y
en pocos minutos armamos la salida: la idea
era ir para Gutiérrez y la boca del
Uruguay por agua y tratar de tener un día
memorable similar a los relatados por otros
amigos pescadores.
 |
|
Equipos
Utilizados

DORADO:
Cañas:
Daiwa
Triforce,
Shimano Clarus
y Conolon
Classic 1901,
en acciones
entre 8-20
lb.
Reeles:
Shimano
Coriolis y
Bantam Curado.
BOGA:
Cañas:
Angler
2102 y Spinner
Bait de Lexus
y Gibsons
Silver 2.40.
Reeles:
Abu
García
Cardinal 102,
Gibsons Essential
3000 y Marine
Spots Brisa
3000.
Pasta
"mágica":
un
salamín
cortado en
rodajas y
luego pasado
por la licuadora
con media
taza de aceite
de girasol.
500
grs. de gluten
(se compra
en las dietéticas)
200 grs. de
polenta y
200 grs. de
harina 000.
2 cucharadas
de sal y 2
de azucar.
Mezclar los
polvos y agregar
el salamín
licuado. Agregar
agua hasta
que tenga
consistencia
de masilla.
Seguir amasando
hasta que
quede +/o
menos uniforme.
Si se disgrega
seguir agregando
agua.
|
|
|
|
|
Los
preparativos del viaje
Al comentarle
a mi esposa Laura de esta nueva salida, me
dio una mano y comenzó a preparar las
viandas, repelente, espirales, etc. Por otro
lado Diego se ocuparía de que no nos
falten hielo, carnada y ganas de pasarla bien.
La idea era salir viernes y sábado,
así que no queríamos que nada
quede librado al azar; por las dudas preparamos
más víveres por cualquier tipo
de imprevisto llegado el caso de no poder
regresar el día sábado a la
noche.
Viajando por un sueño
Bien temprano
nos encontramos en la Shell del acceso a Tigre.
Diego, sin dormir en toda la noche para poder
dejar preparado todo su trabajo, estaba eufórico
por ir en busca de los dorados y otras especies.
Por mi parte, tenía el pálpito
de que no solo iban a ser unas excelentes
jornadas de pesca sino también un par
de días de descanso, rodeados del hermoso
delta que tenemos.
Fue así
que la Gringa zarpo de la guardería
a las 6.15 hs de la mañana, tomando
el camino más corto: Lujan, Vinculación,
Urion, canal Honda, Paraná de las Palmas
hasta la boca falsa, los palos de Martín
García y seguir subiendo hasta llegar
a la boca del Gutiérrez. El viento
soplaba del muy suave ENE, así que
nos permitía disfrutar de una navegación
tranquila a 23 nudos, siendo esta la velocidad
optima de la embarcación.
En dos horas
y diez minutos la Gringa entraba en la boca
del Gutiérrez y el Río Uruguay
luego de un recorrido de casi 90 km. Durante
el viaje, mate de por medio, nos cruzamos
con dos barcos pesqueros: los viejos amarillos
ya conocidos por muchos de nosotros.

La
pesca
Arrancamos gareteando
desde unos 600 mt adentro de la boca y en
dirección a la zona donde pudimos ver
saltos de dorados. Las cañas estaban
armadas: dos de ellas con plomitos. Una con
uno de 10 gramos y la otra con 20 gramos.
Otras dos cañas sin plomo ni lastre
de ningún tipo y dos cañas más
con las que hacíamos spinning con cucharitas
y señuelos de media profundidad. Al
pasar el rato y sin tener noticias de dorados
ni de nada que se le parezca a un pez y viendo
que la actividad había cesado por completo,
tomamos la decisión de cambiar de lugar.
Remontamos el Gutiérrez unos 2.000
m desde la boca; ya el viento se estaba poniendo
cada vez más fuerte lo que nos estaba
empezando a dificultar la pesca al garete.

Llegado cerca
del mediodía aún sin piques
en ninguna de las cañas, empezamos
a buscar algún lindo arroyo para comer
algo y probar con bogas y taruchas, o para
sacar algún bagre amarillo para tener
carnada variada. Nosotros teníamos
morenas y anguila, y para las bogas salamín
y una pasta mágica (diría casi
milagrosa) que Diego preparo en su casa.

Nuestras cañas
acusaron constantes piques de bogas, muy peleadoras
y de pesos entre rondaron del un kilo a dos.
Mientras almorzábamos,
una de las cañas acuso una corrida
estrepitosa. Atiné rápidamente
a agarrar la caña para realizar la
clavada pero el dorado me ganó. Pegó
un salto y como diciendo: “…estén
atentos”, se fue. La frustración
se empezó a notar en nuestras caras,
así que dejamos de comer y comenzamos
a atender las cañas. Fue en ese momento
que empezó el pique.
Sobre una de
las boyas vemos un lomo surcando el agua pero
esta vez Diego, caña en mano, esperó
el momento justo y clavó el dorado
que saltó en el arroyo a 20 mts. de
la lancha con una acrobacia espectacular.
Disfrutando de su presa, la acercó
con gran maestría mientras en mi mano
tenia otra caña y el boga grip para
ayudarlo. En el momento en que le paso el
boga grip, siento un tirón seco en
mi caña y le digo: “toma, agarralo
vos que tengo pique”. Clavo otro más
chico y lo empiezo a arrimar mientras Diego
izaba por la borda de la Gringa su ejemplar.
Le saca el anzuelo para devolverlo, al tiempo
que yo levanto mi doradito. Otro pique en
otra caña se nos escapa. No lo podíamos
creer: estábamos en el momento de pura
acción, ese momento que todo pescador
quiere tener en una salida de pesca…
y se nos estaba dando a nosotros dos. Luego
de perder dos piques y haber levantado 3 doraditos
lindos se tranquilizo la pesca por un rato.
 |
|
Fue así
que seguimos sacando amarillitos para carnada
y bogas con la pasta que bautizamos “el
chicle mágico”. Una boya plop
nos hace prestar más atención,
así que espero la llevada y…
se hunde. Clavo esperando el salto pero nada,
algo tenia que tiraba suave para abajo. Empiezo
a arrimar hasta que aparecen los bigotes,
sí, era un bagre sapo feo y grandote.
Fue así que empezó a caer la
tarde y nosotros muy entretenidos con nuestra
pesca charlábamos de buscar un lugar
para hacer noche y pescar un rato ya que hasta
esa hora taruchas no teníamos ninguna.
Empezamos a levantar las cañas y otra
sorpresa: Diego clava un doradito más.
Nuevamente la acción estaba con nosotros,
por cvonsiguiente le dimos una horita más
al lugar ya que no teníamos ningún
apuro. Eso fue lo correcto ya que a los diez
minutos saco otro culminando la tarde con
5 doraditos (más los piques errados
y fallidos)

La noche se presento
muy oscura; se veía a lo lejos que
no nos íbamos a salvar de tener un
rato de agua: estaba caluroso y pesado. Nos
metimos debajo de la copa de un sauce para
pasar la noche y tener reparo. Prendimos los
espirales, nos pusimos el repelente para los
mosquitos que ya estaban fastidiando y un
farol con aceite de citronella que aparte
de darnos luz cumplía con su objetivo
que era de tener a los insectos alejados.
Un par de cañas
al agua reposaban en la popa ya que estábamos
en un arroyo con muchos troncos y encima con
pocas ganas de movernos. Una luz de led que
duro toda la noche dándonos la suficiente
luz como para poder ver, una picada, una copa
de vino… y a esperar.
De repente una
caña acusa pique y otro bagre sapo.
“¡Que grandes y feos son estos
bichos en esa zona!”. Diego tiene un
tironcito en su caña y mete la primera
de las taruchas en la Gringa. A la media hora,
otro pique muy cerca de la embarcación;
clavo y sí, está. Oimos el ruido
del salto y el pez se mete entre el trucker
y la costa. Reflector en mano tratamos de
desenganchar la línea, pero fue inútil,
se corto. Al rato otro pique nos agarró
medio dormidos por el cansancio que teníamos,
pero logro clavar y la subo a la embarcación.
En ese momento
la lluvia empieza a caer así que llenos
de satisfacción nos metimos en la cabina
a dormir un rato hasta que parase el chubasco.
Ese rato se nos hizo largo ya que abrimos
los ojos a las nueve de la mañana.
No se imaginan lo lindo que es después
de un día como el que tuvimos, acostarnos
bien estirados y dormir profundamente mientras
el sonido de las gotas de la lluvia golpeando
la capota nos cantaba la canción de
cuna.
Amaneció
con sol pero muy ventoso. Probamos otra vez
la boca del Gutiérrez pero sin resultados,
entonces decidomos volver al arroyito para
pinchar algún otro doradito. Allí
sí que no nos equivocamos: dos doraditos
más que pudimos levantar el sábado
por la mañana. Por otro lado, el chicle
mágico no dejó de hacer estragos
con las boguitas. Empezamos a preparar las
cosas para emprender el regreso y Diego tiene
un pique en la caña de boga. Con mucho
cuidado empieza a acercar la presa que resulta
ser ¡una tortuga!, que sin daño
alguno fue liberada.
Nos fuimos del Gutiérrez con esa sensación
extraña donde se mezclan la tristeza
del regreso y la alegría de haber concretado
nuestro objetivo: cumplir una vez más
ese lindo sueño dorado. Un abrazo y
hasta la próxima pesca.
Fabián
Kasparian (FAFA)