Los fuertes vientos
del cuadrante oeste habían postergado
una salida muy especial quince días
atrás.
Los pronósticos
coincidían en que el lunes 18 de junio
sería un día excelente principalmente
para la pesca; mucho frío, pero vientos
leves del sur. Junto
a mis amigos Adrián y Gonzalo soñábamos
con vivir una jornada única: volver
a pescar los tres juntos como hacía
tiempo no se daba, tratar de llenar de escamas
al Kio Kio III pero fundamentalmente acompañar
a los nuevos pescanautas en una salida compartida.
Mientras elucubraba
sobre el sector de pesca a relevar, el sábado
por la noche recibí el llamado de Gabriel
Verde, comentándome muy entusiasmado
la pesca que acababan de realizar con Martín
y Marcelo en la zona de la Barra del Globo.
Traté de tener la cabeza fría,
Adrián insistía con navegar
en busca de la “meca” distante
25 millas de nuestro embarcadero.

Finalmente privó
la cordura, los 40 HP de mi trucker cabinado
son un limitación muy grande como para
aventurarnos en una navegación tan
larga y en río abierto. A pesar de
contar con GPS, ecosonda, radio y todos los
demás elementos de seguridad, opté
por la prudencia, buscar pejes tal vez no
tan grandes pero, al resguardo de cualquier
vicisitud.
Aprovechando
el saludo por el día del padre, le
comenté mi inquietud al guía
Simón Hamparsomián, que como
no podía ser de otra manera me brindó
su parecer, la información de pesca
en zonas cercanas y se ofreció a apoyar
nuestra mini caravana del día siguiente.
El lunes amaneció muy frío,
los anuncios meteorológicos no se equivocaron.
Abordamos el Kio Kio III timoneado por Gonza
y varias embarcaciones pescanautas se fueron
sumando tras la estela de la Zona Delta: la
Carla de los Chamorro, Nereida de Sergio Soto
y su papá, L’Cherc de Marcos,
Carlos y Gabriel, la Agrari de Pablo, la Marchu
de Cristian con Daniel y Tony, la Sampi de
Rubén y la Exodus de Lucas.
Una vez cruzado
el canal Mitre, algunos optaron por poner
proa al barco hundido Vizcaino 17 y otros
buscamos los playones ubicados al este de
la Depresión del Palo 4.
Con cuidado
y prolijidad fuimos armando los equipos, arrojamos
el ancla de capa, verificando la velocidad
lenta del garete, colocamos la ceba filtrada
en el excelente dispositivo armado por Rafael
y nos preparamos para disfrutar de todo lo
que envuelve una jornada de pesca con amigos.
No pasaron ni
dos minutos, y Gonza obtuvo el primer pejerrey
de medida, luego Adrián y yo obteníamos
ejemplares, al principio pequeños y
medianos , para luego dar con los más
grandecitos. Las brazoladas eran de 15 a 30
cm de largo y los anzuelos encarnados con
una o dos mojarras vivas y filete.
Gonzalo que estrenaba
equipo, comprobó sus bondades al pelear
e izar un ejemplar de 49 cm a la postre el
más grande de la jornada.
La continuidad
del pique fue llamativa, pejerreyes de todos
los tamaños no dejaban garetear las
líneas, comían con voracidad.
Nos dimos el gusto de obtener varios dobletes.
En las otras
embarcaciones los resultados eran similares.
Federico Chamorro rompió el molde al
lograr un ejemplar de más de 52 cm
Pasado el mediodía,
el viento que había arrancado del sur,
viró al este, perdiendo lentamente
intensidad. Adrián propuso alargar
las brazoladas a 50 cm para tentar a los más
grandes y seguir adosándole al encarne
filete de magrú macerado.
Si bien mejoró
el tamaño de los ejemplares no pudimos
evitar los pejerreyes menores que atacaban
sin miramientos a cualquier profundidad.
A las 16 horas,
con las nubes tapando la caída del
sol, amarinamos la embarcación y otra
vez en caravana emprendimos el regreso.
Setenta pejerreyes con la mitad entre 35 y
49 cm hablan de una pesca satisfactoria y
más si tenemos en cuenta que navegamos
50 minutos desde las guarderías de
San Fernando.
Nuevos y viejos
pescanautas, con el espíritu que siempre
pregonamos, me regalaron otro día de
felicidad plena.
Equipos
utilizados: