Pescando
en el paraíso
Desde hacía
unos años rondaba en mi cabeza la idea
de ir a ver que había en Los Roques.
Sabía que hay playas paradisíacas
con aguas trasparentes donde habita un pez
llamado “Bonefish”, “Macabi”
o “pez ratón”.

Con estas dos
“excusas” (playa y pesca), decidí
en octubre empezar a programar el viaje. Charlas
de por medio con Ariel Ferreyra me motivaron
aún más y sin dudarlo e ilusionado
por fotos y videos, le di para adelante.
Finalmente en Marzo viajé a Caracas
y después de un par de días,
tomé el avión, un Cesna 402
con 7 plazas, a Los Roques. Como fui el último
en subir, no pude elegir lugar y me tocó
hacer de copiloto. Nunca había volado
en este tipo de aviones así que me
divertí y disfruté muchísimo.
Los Roques es
un archipiélago emergente en el mar
Caribe a 168 km del continente venezolano.
Su increíble belleza e importancia
ecológica, lo transformaron en Parque
Nacional en 1972. Tiene aproximádamente
50 islas o cayos. Casi todas con playas de
arena blanca salpicadas por corales. Fue maravilloso
ver el archipiélago desde el aire.
Claramente se puede apreciar por los colores,
donde finaliza el mar con 20 metros de profundidad
y comienza el archipiélago.
Tras esta breve
introducción, voy a relatar lo que
más nos interesa... la pesca. Sin rodeos
fui en búsqueda del guía que
me habían recomendado. Entre saludos
y alguna anécdota combinamos para pescar
dos días. Le aclare que no practicaba
Fly cast, pero sí spinning... “Mejor”,
me dijo . . . . “¡Vas a sacar
más cantidad de bonefish!”
Con todo eso, mi cabeza estaba que explotaba.
A bordo de una
versátil embarcación fuimos
a intentar la pesca en lugares profundos (3
metros). El guía divisó un pequeño
cardumen y fondeó la embarcación.
La “chofa” nadaba en un círculo
de 5 metros de diámetro que para los
novatos no era sencillo apreciarla.
Utilicé
mi propio equipo: caña Lexus Shad 2,10
m, (6/12 Lbs.) con acción media y un
reel Shimano 4000 (frontal) cargado con 150
metros de nylon del 0.30 mm, las moscas fueron
provistas por “Cayito” (guía).
Para facilitar el lanzamiento, enhebré
un plomito de 10 gr con una extensión
(leader) de 2 mertos donde estaba atada la
mosca.

Primer tiro,
pique, clavo hacia abajo y levanto la caña.
Hasta ahí todo bien, pero fue tanta
la cantidad de nylon que sacaba la presa,
que me asusté y no tuve mejor idea
que frenar la estrella del reel. Automáticamente
cortó.
Debí escuchar
los retos del guía y luego volví
a lanzar. ¡Ahora si! Clavé y
levanté la caña. La primera
corrida es la mejor ya que el pez no está
cansado. Me quitó unos 30 o 40 m de
línea. En esos momentos, sólo
había que esperar que termine de correr.
Mi mirada estaba puesta solamente en el reel
y la caña.
El tiempo que
se tarda en izarlo es de de 5 a 10 minutos,
dependiendo de la envergadura del pez. Increíble.
“Si, ya lo veo” pero bueno, todavía
no estaba lo suficientemente cansado y volvió
a sacar más y más nylon. Ahora
si, otra vez se dejo ver pero en esta oportunidad
ya venia de costado, entonces el guía
me dijo “ya se entregó”.
Alegría inmensa, fotos y devolución
del contendiente a su medio.

Obtuvimos unos
5 o 6 ejemplares y Cayito me consultó
“¿Vamos a pescar todo el día
en este lugar?” Yo estaba más que satisfecho,
capturé el último y navegamos
hacia otra zona completamente diferente. Era
una laguna entre manglares con el agua mucho
más oscura. Me sentía desconcertado.
Lo unico que se veia eran pelícanos
y un fondo fangoso generado por los mismos
manglares. Acá no iba el plomo ya que
la profundidad no superaba el metro.

Por suerte había
llevado algo que utilicé en el sur
con buenos resultados: una boya de plástico
que se llena de agua y flota. En un extremo
até la madre del reel y del otro coloqué
un chicote de 2 m donde puse la mosca. El
objetivo era que el conjunto trabaje a media
agua para evitar enganches con las algas.
“No
creo que funcione porque cuando cae hace ruido”
comentó Cayito. Pero bueno, tenía
que probarlo. Uno, dos, tres tiros y nada.
“Veo dos Bonefish comiendo cerca del
manglar, tirá y esperá”,
me indicó.
Eso hice, y cuando
él me lo marcó, comencé
a recoger suavemente. De pronto veo una pequeña
estela en el agua detrás de la mosca.
“¡Pará, recogé,
más rápido!” Y en
eso siento el pique en la caña, clavo
y cuando levanto la caña veo la boya
correr hacia un costado velozmente. Luego
corrió y viró al otro costado,
todo esto mientras sacaba más y más
nylon. ¡Que espectáculo!
Creo que fue el pique que más disfruté.
Mientras sucedía todo esto, una sensación
rara invadió mi cuerpo. Con un nudo
en la garganta y tras cansarlo, izarlo, y
devolverlo, me senté en silencio en
la proa sin poder contener la emoción...
Lo único que atiné a decir fue
"gracias"...
Como podrán apreciar, el color del
bonefish es distinto por vivir y alimentarse
dentro del manglar donde toma una tonalidad
oscura al mimetizarse con el medio. Lo que
sí puedo afirmar es que luchó
igual o más que los anteriores.

La pesca del
día siguiente tuvo otros matices. Navegamos
45 minutos para pescar a 50 metros de la costa
debiendo seguir el cardumen que se trasladaba
muy lentamente hacia la derecha y luego hacia
la izquierda. Clavo uno, dos, tres... Yo seguía
como loco pescando y el freno de mi reel ya
pedía descanso. De pronto Cayito me
sugiere no arrojar el engaño por unos
minutos...
-“Epa, ¿qué pasó?”
- “Hay una barracuda dando vueltas”.
El cardumen comenzó
a desplazarse con rapidez y sin separarse.
¡Otro regalo de la naturaleza para mis
ojos! Esperé unos diez minutos y mis
ganas de seguir pescando vencieron la paciencia.
El cardumen
nadaba inquieto, pero la barracuda ya no se
veía más. Entonces tiro, clavo
y lo de siempre... Cuando el pez ya se encontraba
cansado, veo pasar la barracuda por debajo
del bote y encarando decididamente a mi bonefish
que se encontraba a escasos 20 metros.
-“No te asustes, lo único
que podés hacer es esperar...”
Fue lo que hice
y pasó lo que tenia que pasar.. La
corrida fue frenética. Distinta a la
corrida del bonefish. Pensé que dejaba
la caña y el reel en ese pique. Fueron
20 o 30 segundos en los cuales ni siquiera
pude respirar. Repentinamente, dejó
de correr y comencé a recoger a un
ritmo inusitado. “¡Cuidado
que viene atrás!”
Mordió una, dos veces y le perdonó
la vida. Como se distingue en la foto, se
lastimo un poco, pero por suerte vivió,
ya que ataco de arriba y no tocó ningún
órgano vital.
El reloj marcaba
el tiempo de volver, estábamos lejos
y la verdad, entre el calor, la pesca y el
cansancio, sólo pedí el último
intento.. Fuimos a unos manglares pero no
en forma de laguna, sino abierto y con aguas
claras. Cayito silenció el motor y
durante unos minutos contempló el mar
desde la proa. Yo, me prepare cual soldado
esperando la orden de disparo... “Tirá
allá que veo uno grande”...
La verdad, yo no observaba nada más
que el verde esmeralda del agua, pero no dudé
ni un minuto y lancé mi engaño
al sector indicado. La mosca besó el
mar, cobré unos metros de nylon y “¡si!”,
infernal corrida hacia mar abierto, luego
para la derecha, luego hacia el bote,... así
durante 5 o 6 minutos que parecieron una eternidad.
Logré izarlo y acusó casi 2.500
kg. “Hermoso ejemplar!!” Fotos
y al agua. Sabia que era el último,
por eso lo disfruté como tal.

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Bueno amigos,
espero les haya gustado mi relato y mi experiencia.
Lo único que lamenté de toda
esta pesca es no haber podido compartirla
con alguno de ustedes que aman esta actividad
como yo. Por lo menos, a mi me sucede que
cuando vivo emociones en la pesca, si es compartida,
la emoción se duplica.
Un
abrazo a todos.
Cristian