Visitando el reino
de las tarariras
A
fines del verano pasado hablando con Ferchu en
la Estancia La Sofía, habíamos acordado
que en esta temporada taruchera trataríamos
de relevar nuevos ámbitos, por lo menos
para nosotros. Empujados por los comentarios recabados,
el sábado 6 de enero partimos hacia la
laguna Santo Tomas: Ferchu, Marcelo “El
mago Bill”, Anita y yo.
Viajamos
por la ruta 5 hacia Bragado y entre mate y mate,
intercambiamos impresiones y expectativas. El
clima no era favorable: temperaturas bajas (entre
16 y 23ºC), ventoso y nublado. Sin duda eran
motivos para desalentarnos, pero a favor teníamos,
las ganas de Ferchu de estrenar su caña
nueva y la emoción propia de la primera
pesca del año.
Llegando a Bragado tomamos la ruta 46 hacia Junín,
pisando fuerte el acelerador, los 25 kilómetros
faltantes hasta el cartel “Warnes 14 Km”,
parecían interminables. Allí giramos
a la izquierda por el camino de tierra, el mismo
que nos lleva a las lagunas Dos Aguas y Aguas
Claras, continuamos siempre doblando a la izquierda,
según nos indicaron, mirando cada rincón
del camino como si fuera la entrada a la tierra
prometida; y en nuestro corazón de fanáticos
de esta pesca, esperábamos que lo sea.
Por
fin llegamos a la esperada tranquera, nos dirigimos
hacia la casa, rodeada de un parque arbolado,
muy prolijo y agradable.

Nos
recibió el encargado de la laguna Daniel
Niño, quién rápidamente nos
mostró el lugar haciéndonos sentir
muy cómodos. Combinamos el horario del
asado, y ansiosos armamos nuestras artes. La idea
general era trabajar con equipos muy livianos,
Anita y yo con cañas Okuma Celilo de 2
a 6 libras en 5,6 pies de largo, Bill la misma
pero en 6,6 y Ferchu con su Berkley de 3 a 8 libras
en 1, 65 metros, complementados reeles Abu García
501 con nylon o multifilamento Climax, según
preferencias.
Seleccionamos
los señuelos mirando el cielo nublado y
sintiendo el viento, Escudriñamos las cajas,
eligiendo modelos y colores, como quien mira las
cartas buscando el comodín que le asegure
el triunfo. Solo había señuelos…..
Caminamos
los ciento cincuenta metros que nos separaban
de la primera laguna. Fue ahí donde tomamos
conciencia del nivel de la laguna, en el terraplén,
que era un paso de ganado, el agua nos llegaba
a la cintura.
Entre
los espesos juncales se distinguía un claro
a la derecha, entramos por un borde, donde nos
permitió el agua y realizamos los primeros
lances. Después de algunos toques fallidos
Anita saco la primera, chiquita y peleadora. Luego
decidimos movernos, pasando el paso del ganado,
detrás de la loma se abrían dos
lagunitas nutridas de juncales. Avanzamos por
la lengua de tierra que las separaba sin poder
entrar a vadear, ya que la profundidad nos impedía
superar la primera línea de vegetación.

Finalmente
localizamos un sector con pequeñas abras
junto a la costa, donde fuimos tirando contra
los juncos y obteniendo dos o tres tarariras en
cada rincón.
En
un lugar pudimos pasar entre los juncales para
probar en un abra más grande, allí
nos posicionamos, con Anita y Ferchu. Bill fue
a investigar nuevas canchas.
Disfrutábamos
al buscar el pique con tiros largos, hasta ese
momento habíamos trabajado en espacios
reducidos, siempre a flote o sub-superficie, porque
la vegetación subacuatica era bastante
alta.
Las
taruchas salían desde abajo para atacar
los señuelos, dando pelea desde lejos,
agigantando las sensaciones por lo livianos de
los equipos. Algunos piques se perdían,
liberándose de los engaños cerca
nuestro, pero esto no mermaba la emoción.
Esta
tranquilidad fue alterada por el grito de Bill
: "tengo un monstruo", presurosos nos
dirigimos al claro donde él estaba para
ver el espectáculo de los últimos
saltos y cabezazos de una tararira realmente grande,
más de 2.5 kg, la sorpresa que todos habíamos
ido a buscar.

Seguimos
actuando en esa zona, la seguidilla de piques
fue abruptamente interrumpida al mirar el reloj
y constatar que el asado ya estaría listo.
Después
de almorzar y descansar un poco, Daniel se ofreció
guiarnos y mostrarnos como llegar a otros pesqueros.
Mientras avanzábamos, el ojo atento de
Daniel nos marcaba los “bulos” de
las hoplias espantadas por nuestro caminar. Al
subir una pequeña cuesta pudimos disfrutar
de un paisaje maravilloso mezclándose lomadas
y lagunas, claros y juncales, un ámbito
prodigo de lugares para desatar nuestra pasión.

Comenzamos a probar en un abra grande, donde obtuvimos
repuesta de buenos ejemplares. Nos fuimos separando
para ir intentando en cada “mini pesquero”
y en todos tuvimos piques y capturas.
Hacia
el final de la tarde decidimos volver al sector
relevado a la mañana. A poco de avanzar
descubrimos un abra grande donde las capturas
se fueron sucediendo una tras otra sin parar,
un broche de oro para una jornada inolvidable.
Los relámpagos en el horizonte nos iluminaban
el camino de regreso al casco de la estancia.
La hora de partir había llegado.

Nos
fuimos felices no sólo por la pesca realizada,
sino por haber conocido un lugar espléndido,
con una gran variedad de ámbitos y situaciones
que ponen a prueba las técnicas y conocimientos
del pescador. Desandando el camino a nuestros
hogares, miramos hacia atrás pensando en
la próxima visita...
Roberto
“Jack” Strobino
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