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Tarariras en spinning en la laguna Santo Tomás -- Roberto Strobino


Visitando el reino de las tarariras

A fines del verano pasado hablando con Ferchu en la Estancia La Sofía, habíamos acordado que en esta temporada taruchera trataríamos de relevar nuevos ámbitos, por lo menos para nosotros. Empujados por los comentarios recabados, el sábado 6 de enero partimos hacia la laguna Santo Tomas: Ferchu, Marcelo “El mago Bill”, Anita y yo.

Viajamos por la ruta 5 hacia Bragado y entre mate y mate, intercambiamos impresiones y expectativas. El clima no era favorable: temperaturas bajas (entre 16 y 23ºC), ventoso y nublado. Sin duda eran motivos para desalentarnos, pero a favor teníamos, las ganas de Ferchu de estrenar su caña nueva y la emoción propia de la primera pesca del año.

Llegando a Bragado tomamos la ruta 46 hacia Junín, pisando fuerte el acelerador, los 25 kilómetros faltantes hasta el cartel “Warnes 14 Km”, parecían interminables. Allí giramos a la izquierda por el camino de tierra, el mismo que nos lleva a las lagunas Dos Aguas y Aguas Claras, continuamos siempre doblando a la izquierda, según nos indicaron, mirando cada rincón del camino como si fuera la entrada a la tierra prometida; y en nuestro corazón de fanáticos de esta pesca, esperábamos que lo sea.

Por fin llegamos a la esperada tranquera, nos dirigimos hacia la casa, rodeada de un parque arbolado, muy prolijo y agradable.

Nos recibió el encargado de la laguna Daniel Niño, quién rápidamente nos mostró el lugar haciéndonos sentir muy cómodos. Combinamos el horario del asado, y ansiosos armamos nuestras artes. La idea general era trabajar con equipos muy livianos, Anita y yo con cañas Okuma Celilo de 2 a 6 libras en 5,6 pies de largo, Bill la misma pero en 6,6 y Ferchu con su Berkley de 3 a 8 libras en 1, 65 metros, complementados reeles Abu García 501 con nylon o multifilamento Climax, según preferencias.

Seleccionamos los señuelos mirando el cielo nublado y sintiendo el viento, Escudriñamos las cajas, eligiendo modelos y colores, como quien mira las cartas buscando el comodín que le asegure el triunfo. Solo había señuelos…..

Caminamos los ciento cincuenta metros que nos separaban de la primera laguna. Fue ahí donde tomamos conciencia del nivel de la laguna, en el terraplén, que era un paso de ganado, el agua nos llegaba a la cintura.

Entre los espesos juncales se distinguía un claro a la derecha, entramos por un borde, donde nos permitió el agua y realizamos los primeros lances. Después de algunos toques fallidos Anita saco la primera, chiquita y peleadora. Luego decidimos movernos, pasando el paso del ganado, detrás de la loma se abrían dos lagunitas nutridas de juncales. Avanzamos por la lengua de tierra que las separaba sin poder entrar a vadear, ya que la profundidad nos impedía superar la primera línea de vegetación.

Finalmente localizamos un sector con pequeñas abras junto a la costa, donde fuimos tirando contra los juncos y obteniendo dos o tres tarariras en cada rincón.

En un lugar pudimos pasar entre los juncales para probar en un abra más grande, allí nos posicionamos, con Anita y Ferchu. Bill fue a investigar nuevas canchas.

Disfrutábamos al buscar el pique con tiros largos, hasta ese momento habíamos trabajado en espacios reducidos, siempre a flote o sub-superficie, porque la vegetación subacuatica era bastante alta.

Las taruchas salían desde abajo para atacar los señuelos, dando pelea desde lejos, agigantando las sensaciones por lo livianos de los equipos. Algunos piques se perdían, liberándose de los engaños cerca nuestro, pero esto no mermaba la emoción.

Esta tranquilidad fue alterada por el grito de Bill : "tengo un monstruo", presurosos nos dirigimos al claro donde él estaba para ver el espectáculo de los últimos saltos y cabezazos de una tararira realmente grande, más de 2.5 kg, la sorpresa que todos habíamos ido a buscar.

Seguimos actuando en esa zona, la seguidilla de piques fue abruptamente interrumpida al mirar el reloj y constatar que el asado ya estaría listo.

Después de almorzar y descansar un poco, Daniel se ofreció guiarnos y mostrarnos como llegar a otros pesqueros. Mientras avanzábamos, el ojo atento de Daniel nos marcaba los “bulos” de las hoplias espantadas por nuestro caminar. Al subir una pequeña cuesta pudimos disfrutar de un paisaje maravilloso mezclándose lomadas y lagunas, claros y juncales, un ámbito prodigo de lugares para desatar nuestra pasión.

Comenzamos a probar en un abra grande, donde obtuvimos repuesta de buenos ejemplares. Nos fuimos separando para ir intentando en cada “mini pesquero” y en todos tuvimos piques y capturas.

Hacia el final de la tarde decidimos volver al sector relevado a la mañana. A poco de avanzar descubrimos un abra grande donde las capturas se fueron sucediendo una tras otra sin parar, un broche de oro para una jornada inolvidable.
Los relámpagos en el horizonte nos iluminaban el camino de regreso al casco de la estancia. La hora de partir había llegado.

Nos fuimos felices no sólo por la pesca realizada, sino por haber conocido un lugar espléndido, con una gran variedad de ámbitos y situaciones que ponen a prueba las técnicas y conocimientos del pescador. Desandando el camino a nuestros hogares, miramos hacia atrás pensando en la próxima visita...

  • Datos útiles: El arancel de ingreso por pescador es de $30. Se aceptan reservas para 20 pescadores por día llamando al 02342-422554 / 02342-15-404235.

Roberto “Jack” Strobino

 
 
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