Pesca de hoplias
lazardae en el Delta
Con
la llegada de la primavera, los pescadores deportivos
esperamos que comience a activarse la tararira,
una de las especies de agua dulce más combativas,
de apasionante lucha y espléndidas acrobacias
al intentar zafar del engaño.
Pez por naturaleza cazador; su alimento consiste
en: ranas, peces más pequeños, crías
de aves que nadan despreocupadas en su terruño.
Todo lo que se mueva en su territorio las excita
y provoca su ataque, sea un ave, un pez o un artificial.
Se lanza sobre la presa con una velocidad inusitada
y muy difícilmente una tararira adulta
fracase en su intento, ya que pasa la mayor parte
del día al acecho casi inmóvil a
la espera de su oportunidad.
Hay
dos especies de tararira: la más conocida
por todos es la científicamente llamada
“hoplias malabaricus” vulgarmente
denominada tarucha común o negra. Su lomo
es oscuro y su panza amarillenta, sus colores
pueden cambiar dependiendo del medio acuático
en que se encuentra. La localizamos en lagunas,
arroyos del Delta, zanjones y donde nadie pueda
creer que habite, ella está allí,
no necesita de correntada, ni emigra para procrearse
es sumamente territorial, no tiene enemigos naturales
salvo disputas entre ellas por ubicuidad y comida.
Pero el tema no es hablar de lo que más
se conoce, sino de dar información respecto
a su prima: la “hoplias lazardae”
o tararira azul , originaria de los ríos
Uruguayos como el rió Yi, el río
Negro, el río Queguay y demás afluentes
de ésta cuenca, hay zonas puntuales de
nuestro Delta donde podemos pescarlas. A diferencia
de las malabáricus, que no superan los
cinco kilogramos de peso, las lazardae pueden
alcanzar los diez.
Si bien es un pez de características similares
a la malabáricus, sus costumbres cambian
un poco. Hay que buscarlas en arroyos donde el
agua corra, no esté estancada o quieta,
dar con correderas como donde tentamos a los dorados.
Muchas veces sus capturas se logran en el centro
del lecho y no como su prima en las costas entre
juncos. Los arroyos más rendidores son
los que poseen profundidades entre los dos y tres
metros. Es importante destacar que se alimentan
generalmente de noche.
El viernes 29 de diciembre decidimos salir con
Jorge De Carlo “boedopesca”, Maxi
“Kingmax” y quien suscribe, a dar
con las “AZULES”. La consigna era:
si lográbamos alguna captura, no íbamos
a matar, sólo fotos y devolución,
para preservar los pocos ejemplares que acechan
en nuestras aguas.

La tarde calurosa, 34ºC y el viento calmo
auguraban una noche de aquellas para la pesca.
Navegamos el Canal Arias, el De La Serna viramos
en el Miní para tomar el Canal Arana hasta
el Barca Grande, luego el río Correntoso
y entramos en el arroyo Borches, lo recorrimos
durante 25 minutos. Es un arroyo amplio y de buena
profundidad (3 metros de promedio) en su embocadura,
al ir ingresando se angosta y los sondajes varían.
Con precaución fuimos ganando terreno,
pasamos por la boca del Medina, el Vico (su boca
estaba totalmente tapada por camalotes) y continuamos
buscando un lugar propicio de acuerdo a las características
antes mencionadas. Debimos levantar el motor y
desenredar camalotes en la pata para seguir.....tras
numerosas vicisitudes encontramos el lugar deseado.
Armamos
los equipos, tratando de hacer el menor ruido
posible para no alterar el ambiente.
Comenzó Jorge con una boya Plop, lo siguió
Maxi con el mismo aparejo tratando de perturbar
a las tarariras, sabemos que son muy curiosas
y esos ruidos las incitan a investigar y activarse.
Mientras tanto yo trozaba las anguilas que habíamos
llevado, conviene comprar las más grandes.
Cambiamos por líneas de fondo con plomos
pasantes de 20 gramos y encarnamos con los trozos
de anguila. Media hora de espera y la primer captura,
una común de unos dos kilitos la cual,
copo de por medio, fue devuelta al agua.
Observo
con atención y veo que la caña de
Maxi marca un toque tras otro, Maxi me dice “está,
está ahí mordisqueando la carnada”,
le respondo “movésela despacio
a ver si se decide y lleva”. Y así
fue, de pronto la llevada franca, traba el reel,
espera que tense y clava.... ”La tengo,
la tengo” exclamó!. “No
pierdas el contacto con ella, sino te gana”,
inesperadamente nos regaló un salto mostrándonos
su vientre blanco en la oscuridad. "¡BINGO,
es una azul!" La trajo con sumo cuidado
hasta la borda de la embarcación, la izamos
con el copo, una fotito bien merecida y devuelta
al río.

Brindamos
por el éxito obtenido y nuevamente líneas
al agua, el objetivo estaba cumplido pero...
Con
el cielo estrellado y los relámpagos iluminándonos
desde el horizonte nos dispusimos a compartir
una picadita acompañada de un buen tinto.
El vibrar de una caña nos acerca un mensaje
del fondo del arroyo: “¡Atención,
yo también quiero comer!" Dos
o tres toques más y tomé la caña,
el carrete comenzó a girar, el devanador
a desplazarse, llevaba franca típica de
las azules, cuando me preparo para trabar deja
de correr. “La pucha me demore mucho,
soltó” y cuando estoy por dejar
de nuevo la caña siento que toca nuevamente,
la incentivo y vuelve a correr firme levanto mi
caña en lo más alto, trabo el reel
y bajo esperando que tense. Clavo con firmeza
y la respuesta del otro lado no se hizo esperar.
La caña se arqueaba terriblemente a pesar
de la rigidez de la vara, Maxi me comenta: “ojo
es un monstruo”
La trato de arrimar y al igual que la anterior,
acrobacia de por medio, dejó ver su panza
blanca, "¡otra azul vamos todavía!"
Por momentos pensé que la perdía,
aunque trataba de tener el nylon siempre tenso,
nadaba hacia mi y el contacto se perdía.
Jorge y Maxi levantaron sus aparejos para no entorpecer
mi captura, logro acercarla a la lancha, Maxi
alumbró con el reflector el agua y vimos
su enorme boca y su cabeza azulada, intentamos
infructuosamente ubicarla en el copo, ya vencida
logramos subirla a bordo.
Los
tres estábamos contentísimos de
haber logrado capturarla, foto va foto viene,
exclamaba uno: “Que flor de bicho”,
el otro; “Que pedazo de tarucha, es
un monstruo de verdad”.

Cumpliendo lo hablado en el viaje, premiamos su
lucha y hacernos pasar momentos que sólo
el pescador deportivo conoce, cargados de adrenalina,
regresándola a su ambiente natural.
Después de todo el revuelo ocasionado por
la captura, miramos el cielo, estaba totalmente
cubierto y los relámpagos se notaban más
cerca. Las ráfagas de viento del sector
Este avisaban una tormenta inminente. Colocamos
el cerramiento al momento que caían las
primeras gotas. Las ramas de los árboles
crujían al compás de viento. Felices
conciliamos el sueño.
Las primeras luces del amanecer nos despertaron,
todavía llovía. Entre mates y comentarios
iniciamos el regreso con la alegría del
deber cumplido, habíamos logrado lo que
queríamos: dar con “LOS GRANDES
LOMOS AZULES”
Equipos
y consejos
- Reeles:
Penn 310 GTI, Abu García 6500 cargados
con nylon del 0.50.
- Líneas:
plomo pasante de 20 gramos enhebrado en el
nylon del reel, líder de acero de 80
libras de 40 cm de largo rematado con un anzuelo
Mustad 8/0 pata larga.
- Carnada:
trozos de anguila de 10 cm de largo, pasada
una sola vez por el anzuelo con el cuidado
de dejar libre la punta del mismo.
- Arroyos
donde habitan: Borches, Ceibito,
río Ceibo, Camacho, Arroyo La Carpincha,
antes de la desembocadura con el Río
Uruguay
Amigos,
espero haber contribuido con mi granito de arena
a la actividad, sólo les pido por el bien
de la especie, de nuestros pescadores y nuestros
hijos, pesquemos con devolución para conservar
los pocos ejemplares que viven en nuestro Delta.
Hasta
la próxima y éxitos en sus salidas
Oscar "MARTINPEZ"
Paganini |