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Como
todos los años, cuando guardamos los equipos
de pejerrey, comienza un periodo de transición
en la pesca del estuario rioplatense. Las especies
de verano tardan en activarse, las de invierno
se están retirando, las tarariras esperan
aguas más cálidas para salir de
su letargo...
¿Entonces,
qué hacemos los pescadores deportivos entrada
la primavera?
Algunos optan por ir a las lagunas, otros prefieren
un pequeño descanso luego de semanales
incursiones en nuestro río persiguiendo
las flechas de plata y otros como yo y mi amigo
de pesca LEPI, alistamos los equipos para ir en
pos de los bagres de mar. Especie científicamente
conocido con el nombre de TACHYSURUS BARBUS, que
los pescadores llamamos vulgarmente mimoso, mochuelo
o “mugriento”.
Los
mimosos comienzan su peregrinar hacia el estuario
a fines de septiembre, principios de octubre buscando
“su lugar” para el desove, permaneciendo
ahí hasta concluir su ciclo, generalmente
a fines de diciembre o comienzos de enero. En
esos meses, los fanáticos del bagre de
mar tratan de lograr sus capturas.
Los primeros intentos los hacen en la zona de
Magdalena, la Balandra y Berisso, para luego,
en la segunda quincena de octubre capturar los
mimosos en el canal Buenos Aires frente al muelle
de Martín García, boyas de la boca
del río Correntoso, boca y pozones del
Paraná Guazú hasta llegar al complejo
Zarate Brazo Largo. Hay registros de capturas
logradas en San Pedro y en la cuenca del Río
Uruguay.
Es
común escuchar el dicho: “el
ceibo está en flor el bagre llegó”
y difícilmente falla. Les comento mi experiencia:
La primera semana de octubre fui a buscarlos,
el ceibo no había florecido y las respuestas
fueron nulas. Ansiosos por capturar los primeros
bagres volvimos a intentarlo la semana siguiente,
logrando seis capturas…. El ceibo ya estaba
en flor….
Durante
los meses de octubre y noviembre realizamos varias
excursiones al bagre, algunas exitosas y otras
no tanto, pero siempre una idea nos subyugaba:
¿y si lo buscamos de noche?
Elegimos
un fin de semana propicio y un lugar donde estimábamos
por la época que tendríamos éxito.
Partimos llenos de ilusión pero el clima
no nos acompañó, el viento fuerte
del sector sur nos impidió anclar el plomo...
otra vez será!

La
semana siguiente fuimos por la revancha. Emprendimos
la navegación a las 17.30hs, cargamos combustible
en el A.C.A, tomamos el canal Arias luego el canal
de La Serna, Paraná Mini, canal Arana,
cruzamos el Barca y pusimos proa al Correntoso.
El
pronóstico anunciaba una jornada inestable
pero con vientos calmos. La lluvia no molesta,
pero todos somos concientes que el viento juega
un papel determinante en nuestro río, más
aún, sabiendo que íbamos a anclar
cerca del canal principal.
Llegamos
a la boya del Km 122 y comenzamos a buscar la
profundidad deseada. En las inmediaciones hay
un pozo ubicado a 100 m del canal con una profundidad
similar a la del lecho del canal (43 pies). La
ventaja de tentar al bagre en ese pozón
es que la corriente es menor que en el canal principal
permitiendo pescar con plomos más livianos
y así disfrutar más la pesca. Además
si el río se encuentra en bajante la línea
no junta tanto sedimento (basura) permitiéndole
al pez tomar el cebo.
Ubicado
el pozo iniciamos la maniobra de fondeo.
Para fondear tomamos los recaudos necesarios:
en el cabo del ancla atamos un bidón de
20 litros y con otro cabo atamos a éste
la embarcación. Las razones de esta forma
de anclar son dos:
- Si teníamos que irnos de improviso sólo
teníamos que soltar el cabo y luego volver
por el ancla.
- En caso de capturar alguna pieza de gran porte
soltarnos para ir al garete tratando de izar la
captura.

Ya
estaba oscureciendo cuando lanzamos los aparejos.
La pequeña tormenta se veía hacia
el sur con sus nubes amenazando nuestra jornada
mientras los sábalos lomeaban en derredor
de la lancha, como anunciando actividad.
Pasaban
los minutos e inquietos esperábamos algún
movimiento en nuestras varas, de pronto la caña
de LEPI tiene un toque muy sutil la toma en la
mano y nuevamente siente tres toques seguidos,
para luego clavar con éxito. La caña
se planto de una manera asombrosa como diciendo:
¿Con quién crees que estas tratando?
El pique había sido muy suave, pero al
clavarlo la lucha fue ardua, Lepi, tras regular
la estrella en tres oportunidades logro vencer
al mimoso y lo subimos a la embarcación.
¡No lo podíamos creer!,
acuso en la balanza 12.600 kg un verdadero peso
pesado de la especie.

Después
de las fotos, felicitaciones, brindis y comentarios,
seguimos con la pesca, los piques se daban bastante
seguidos, con mayor asiduidad que cuando pescamos
de día. Luego de haber capturado tres o
cuatro más de entre 2.500 kg y 3.000 kg,
otra caña acusa un toque parecido al primero,
esperamos los famosos tres toques seguidos y palo….Del
fondo del pozón la respuesta no se hizo
esperar, la caña se arqueó, los
vigorosos cabezazos anunciaban la presencia de
otro mimoso y de los grandes, regulamos la estrella
teniendo en cuenta que ese reel disponía
de multifilamento del 0.18. Después de
varios minutos pudimos izarlo, pesó en
la balanza 8.500 kg.
El amanecer nos sorprendió con 17 capturas
logradas y con dos capturas de excepción.
El viento comenzó a ganar en intensidad
y conformes con la faena, levantamos anclas y
nos retirarnos. Habíamos logrado el objetivo,
encontramos la respuesta a nuestra inquietud:
De noche encontramos los grandes mimosos.
Equipos utilizados:
-
Carnadas: calamar, calamaretis y anchoita.
Cabe
destacar que es muy importante que el plomo fondee
correctamente, caso contrario no tendremos piques
así de simple. Un buen método para
controlarlo es: cuando tenemos la línea
en el fondo, tirar la caña hacia atrás,
destrabar el carretel y dejar que caiga el plomo
nuevamente. Deberíamos sentir como el plomo
toca el fondo, de no ser así agregar más
plomo.
Sobre
el pique:
Generalmente,
el bagre de mar debería marcar su pique
con bruscos cabezazos para luego efectuar la corrida
y con sólo levantar la caña firme
se lograría la captura.
Últimamente no es así, toca muy
suave una o dos veces, si uno le mueve la línea,
vuelve a tocar dos o tres veces seguidas y ese
es el momento de la clavada, sino se va.
Hace algunos años uno dejaba la caña
en el posacañas y se clavaban solos, creo
que al haber más cantidad cuando veía
la carnada la tomaba franco por la competencia
entre ellos, hoy al haber menos come más
tranquilo, esta es mi modesta opinión.
Amigos, espero haber sido de utilidad compartiendo
mis
experiencias y que sirvan para ayudar en el éxito
en sus salidas.
Oscar
Paganini
(Martinpez)
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