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Fontinalis
verdaderas sobre el cierre de temporada
El
pronóstico de la Fuerza Aérea, no
resultaba para nada favorable: fuertes vientos,
lluvias y nevadas en la cordillera. Pero nada,
ni siquiera las inclemencias del tiempo, postergaría
la visita, una vez más, al lago Engaño,
en el Oeste del Chubut. Carlos
Daher, quien debutaría en esto de dormir
bajo un trapo y el inefable Osvaldo Williams serían
quienes me acompañarían en esta
oportunidad, a intentar la captura de esas grandes
y pintorescas fontinalis que se encuentran en
ese lago.
Esta
visita, coincidiría con el cierre de temporada
para esta variedad de trucha, por lo tanto partimos
de Esquel con todos los bártulos, ignorando
la persistente lluvia que se abatía sobre
la ciudad y obviamente, aquel “pronóstico
reservado” de la Fuerza Aérea. Casi
tres horas y media para recorrer los 156 km. que
separan a Esquel del Engaño, sin parar.
La
ruta hasta Corcovado está muy buena, pero
a partir de allí, mejor guardar la dentadura
postiza. Ni que decir de los últimos 10
km. antes de llegar al lago, donde sin anestesia
la ruta se transforma en huella y a veces ni eso.
Hay que andar a paso de enano, pisando rocas muy
grandes y cuidando el vehículo, por eso
no resulta inusual que se demore más de
una hora en hacer este horripilante tramo. Por
cierto, nada de polvo en el camino. Es que la
lluvia, que nos acompañó gran parte
del trayecto, había formado largos lagunones
que, en algunos casos y por precaución
nos obligo a poner la doble tracción de
la SW4, sobre todo en el terreno arcilloso antes
de llegar al lago. Pero finalmente, pusimos pie
en la playita de arena, a orillas del Engaño.

Lo
primero que comprobamos fue que el pronostico
consultado no le erró. Una ventisca helada,
acompañada con algo de escarchilla y la
nieve “ahí nomás” nos
tendió la mano en señal de bienvenida
a esa agreste zona. Pero como siempre me digo:
“Esto es lo que a uno lo hace sentir vivo”.
Ese contacto íntimo con la naturaleza en
su estado más puro, que te atrapa, te subyuga,
te fascina…aún en esas condiciones.
"Patagonia pura" no es lo mismo que
"pura Patagonia". Y este lugar es exactamente
esto último.
Llegamos
con tiempo y luz suficiente como para armar la
carpa de Osvaldo. No hay muchos lugares para acampar,
debimos buscar el más reparado y rápido
a las tareas ya distribuidas. Mientras los amigos
estudiaban el plano para armar la carpa estructural,
yo, motosierra en mano me fui a hacer leña
del bosque quemado.
En una hora tenía mi trabajo concluido
y aún mis amigos no se ponían de
acuerdo en la forma de armar la carpa. Finalmente,
luego de tres horas, la estructural con dos dormitorios
y un comedor amplio quedó en pie y bien
estaqueada.
Pensar
que a mi vieja canadiense Pancho 5 la armo en
cinco minutos, pero el clima adverso obligaba
a tomar ciertos recaudos, sobre todo a la hora
de dormir abrigados y de contar con un comedor,
que nos protegiera de la helada lluvia y de la
probable nieve. Instalado el generador para la
luz, hecho el fogón de piedras y dejando
todo ordenado para el regreso, que sería
con escasa luz natural, dimos inicio al armado
de los equipos de pesca y mientras mis amigos
se encargaron de tirar el bote al agua yo cumplía
con la “ceremonia” de ponerme los
weaders, ya que, pese al fuerte viento había
elegido pescar desde el belly-boat.
Y como estaba el lago para navegar: horrible.
Y para pescar: peor. Un viento muy fuerte helado
y arrachado lo cruzaba de Oeste a Este formando
un oleaje más que respetable. Pero ya de
estas tengo varias, me dije, y tomadas las precauciones
de seguridad del caso, decidimos encararlo igual.
Mientras me vestía, pensaba: “Genial,
está ideal para pescar desde el belly.
Viento fuerte y cruzado, neviscando y agua helada…bueno,
con lago planchado pesca cualquiera, a fin de
cuenta no se puede pedir todo en esta vida..”
Menos mal que tomé la precaución
de traer el weader de neoprene de 5 mm de espesor,
frío no sentiría, a menos que una
ola me pasara por encima.
Llegamos
a la cabecera Oeste, donde, entre los juncos,
desemboca un hilo de agua. Del bote, pasé
al belly en una maniobra no recomendable ni apta
para cardíacos y allí comenzamos
a castear, con viento de frente. Los tres con
línea de hundimiento. Desde hace mucho
tiempo, para mi vieja y querida vara de cinco
tramos 5-6 utilizo para estos casos una línea
de 175 grains de Scientific Anglers: la Wet Tip
Express (que en realidad viene diseñada
para pescar en agua salada) pero que hace rato
la adopté para pescar en este tipo de aguas.
La línea ya está algo deteriorada
producto del baqueteo, pero además de ganar
profundidad rápidamente, me deja castear
esos grandes streamers lastrados que “oyen”
las fontinalis.
El
viento y el oleaje muy fuertes me obligaron a
patalear permanentemente. Mis amigos que me preguntaban
si estaba loco por haber elegido pescar desde
el belly en estas condiciones, ahora entendían
el porqué. Con la embarcación anclada,
las olas entraban limpitas dentro del bote y además
resultaba imposible pararse para castear medianamente
bien. Mientras que el belly, danzaba al compás
de las olas. Subía y bajaba pero sin mojarme.
Esto lo comprobaríamos al retornar, donde
curiosamente, quien estuvo más en contacto
directo con el agua (yo) estaba seco, y quienes
supuestamente no estaban en ese contacto con las
aguas, estaban azules, empapados y castañeando
los dientes Ya en el campamento y al calor del
fogón, mientras recuperaban los colores,
miré a mis amigos y les dije suavecito:”
Je..son años”..
La
pesca estuvo buena, si tenemos en cuenta el escaso
tiempo hombre-agua-pesca y las condiciones climáticas.
Pude capturar un macho cercano a los 4 kilos que
dio duro combate antes de arrimarlo al belly.
A su vientre le faltaba un colorido más
llamativo, lo cual también significaba
que todavía le faltaba un poco para estar
maduro, para alcanzar su madurez sexual. De todas
maneras, su visión, su esplendor, representaba
una verdadera sinfonía de colores. Como
diría mi hijo Facundo, otro que bien conoce
las “mañas” de estas fontinalis,
“tienen los colores de las lengas para esta
fecha”

Durante
la noche la temperatura descendió bajo
cero. Paró un poco el viento y cayó
una helada de aquellas. Menos mal que no dejamos
nada mojado a la intemperie –sobre todo
weaders, caña, chalecos, etc- porque abría
que haber esperado hasta que se descongelaran.
“El agua caliente!!!. Yo quiero el agua
caliente!!” gritaba el Dr. Daher mientras
se lavaba la cara con agua a punto de congelamiento.
En realidad tocar el agua era un suplicio, pero
que le vamos hacer. Aquí no existen los
peces voladores, el que quiera fontinalis que
se moje. Y no quedaba otra que buscar las truchas
allá en el fondo, donde habitan, entre
las plantas acuáticas…en el agua
helada. Brrrrrr.
El desayuno bien caliente y reparador nos devolvió
el alma al cuerpo y sería momento de encararle
nuevamente al Engaño. Osvaldo –el
chef del grupo- decidió quedarse a cocinar,
entonces Carlos y yo pescaríamos desde
el bote. Estábamos por partir cuando se
nos arrima un cuatriciclo. Era el guardapesca
que venía hacer su trabajo. Le mostramos
nuestros permisos, nos registra, conversamos un
poco y a navegar nuevamente. El lago no estaba
tan picado como el día anterior y además
ocurrió algo muy curioso: cercano a mediodía
comenzó a disminuir la intensidad del viento
a tal punto que de repente, en un abrir y cerrar
de ojos, el Engaño se planchó y
se mantuvo así por un par de horas.

Fue
el momento de mayor pique. Carlos clavó
una hembra muy grande, foto, beso y al agua. Yo
hice otro tanto con cinco fontinalis muy lindas,
grandes, verdaderos poemas a la trucha, que dudo
mucho se puedan capturar en otro confín
de la tierra.
Hace
varios años, cuando era guía de
pesca, traje a este mismo lago a tres Franceses
fanáticos de las fontinalis, que quedaron
sorprendidos por la calidad de la mal llamada
en nuestro país “trucha de arroyo”.
Es que allá, en Francia –me comentaban-
a las fontinalis les dicen “samuan de fontaine”
(salmon de fuente) precisamente porque son truchitas
de 200-300 gramos que se encuentran en algunas
fuentes. Y ellos, que había recorrido el
mundo tras esta variedad de trucha, me aseguraban
que difícilmente en otro lugar se pudieran
capturar fontinalis similares. Y la razón
les asiste. Hace más de 25 años
que temporada tras temporada siempre le hago una
visita al Engaño. Llueva, truene o caiga
cualquier cosa de punta. Y hace unos 12-13 años
tuve oportunidad de clavar un Salvelinus que estaba
arriba de los cinco kilos. Nada mal, si tenemos
en cuenta que el record mundial, apenas supera
los seis.
El último día de pesca, en realidad
no fue tal. Es que el viento huracanado, que levantaba
columnas de agua no nos dejó ni asomar
la nariz al lago y dijimos “soldado que
huye a tiempo sirve para otra guerra”, mejor
levantar campamento y despacito emprender el retorno
a Esquel.
Atrás había quedado una temporada
más para el Engaño, esas fantásticas
fontinalis y un par de días para incorporar
al álbum de los recuerdos íntimo
y más fotitos para poner en la mesita de
luz o colgar en la puerta de la heladera. Atrás
había quedado fontinalis del Engaño.
Que una vez más no habían sido un
engaño, sino Fontinalis verdaderas….
Lo
que cuenta la leyenda....
El
lago engaño forma parte de un conjunto
de espejos lacustres, que se encuentran casi todos
arriba de los 1.000 metros sobre el nivel del
mar. Son aguas frías y a excepción
del lago Guacho –que tiene arco iris- en
el resto solo habita el salvelinus fontinalis.
Estos lagos son: Lago Guacho, Lago Engaño,
Lago Falso Engaño, Lago Berta, Lago Macho
de la Berta (estos dos últimos ahora con
nombres más “paquetes” ya que
en los reglamentos de pesca figuran como Berta
Inferior y Berta Superior (???) Y, finalmente,
lago Los Niños.
Cuenta la leyenda que años A. había
una mujer muy bonita y querendona que se llamaba
Berta, quien vivía con su hombre, más
conocido en los bolichongos como el “Macho
de la Berta”. Pero hete aquí que
este buen hombre y bien macho por cierto no estaba
exento a que le pusieran la fatídica cornamenta,
así descubrió que su mujer, la Berta,
lo había sometido a un Engaño amoroso,
que luego de mucho tiempo de dimes y diretes se
vino a dar cuenta que ese engaño que tanto
lo había hecho sufrir, en realidad no había
sido tal, es decir, había sido un Falso
Engaño. Así, con el correr del tiempo,
tuvieron varios Niños, pero uno de ellos
se crió Guacho…..y vivieron felices
y comieron perdices. La historia me la contó
hace muchos años, en esas rondas interminables
de fogón, allá en el viejo galpón
del Llao-Llao junto al río Corcovado, entre
mate y tetra brik, un viejo pícaro poblador
de la zona, pero siempre tuve la presunción
que la historia era más producto de su
imaginación que de la realidad. Por lo
que esta leyenda si no es real, tan solo por la
picardía fabulera de aquel viejo, merece
serlo. Personalmente, creo que el nombre de Engaño,
más bien está vinculado al par de
islas de piedras hundidas que tiene el lago, casi
a flor de agua, que el que no las conoce deja
la pata del motor y algo más….Y no
son pocos los que le adjudican esa denominación
al Engaño, porque han estado casi una semana
intentando agarrar una trucha y ni siquiera las
vieron. Por eso hay que ser permeable a cualquier
otra historia que se adjudique la curiosa denominación
de este conjunto de lagos de frías aguas.
Incluso las más risueñas o inverosímiles.
Fontinalis,
cómo pescarlas en El Engaño
Lo
primero que hay que establecer, que para la época
del cierre para esta variedad de trucha (casi
fin de marzo), la fontinalis hace rato dejo de
comer, preparándose para el apareamiento.
Entonces su pesca se circunscribe a provocarlas
constantemente. Hay que obligarlas a tomar la
mosca de una sola manera: irritándolas.
Claro, escrito así, parece sencillo. Bastaría
con arrojarle un moscón grandote y colorido
o algo que produzca vibraciones para que se pongan
cabronas. Pero la cuestión es un poco más
compleja. Cuando llegamos al lugar de pesca elegido
(que debe hacerse tranquilo, con sigilo, evitando
el disturbio y los ruidos fuertes –no horse,
(no como caballos) como dicen los yanquis- es
común que algunas fontinalis suban a la
superficie, como si estuvieran tomando moscas
secas. Esto ha hecho confundir a más de
uno que se ha inclinado por esta variante de pesca,
obviamente sin resultado positivo. Tantos años
de visitarlas (y estudiarlas) me a permitido descubrir
algunas cuestiones vinculadas al comportamiento
de los Salvelinus.

En
realidad y aunque cueste creerlo, las truchas,
estas fontinalis no están comiendo, sino
que… suben a jugar, lo que también
puede interpretarse como un acto de provocación
hacia el visitante. Es una subida muy rápida,
un golpeteo veloz con la cola sobre la superficie
y al fondo nuevamente. Si uno está atento
a este juego y puede colocar la mosca justo e
inmediato donde subió la trucha, es posible
tener un pique instantáneo, apenas hundida
la mosca, pero sino se produce, no se deje influenciar
por lo que parece. Las fontinalis en esta época
no toman en superficie. No se olvide que hace
rato dejaron de comer….
El comportamiento de estos Salvelinus, si uno
los conoce, es predecible. Son truchas muy desconfiadas,
pero también bastante atrevidas y provocadoras.
Por eso no resulta raro verlas subir a un metro
del bote, o al lado del belly. O verlas nadar
junto o por debajo de la embarcación pero
muy atentas al ruido y a los movimientos.
La
técnica de pescarlas bien abajo también
tiene sus bemoles. Lo ideal es pescarlas con anzuelos
keel (invertidos) debido a los enganches en las
plantas acuáticas del fondo. En esto también
hay que estar muy concentrado, ya que el pique
de la fontinalis se registra inmediatamente al
tirar suavemente para desenganchar la mosca de
las plantas acuáticas. A este sistema yo
la llamo la “técnica del enganche”.
Es una pesca muy atractiva y muy divertida, que
exige mucha concentración, porque cuando
se tensa la línea, señal que su
extremo algo tocó, uno tiene que saber
diferenciar si realmente es una planta acuática
o el pique de una fontinalis, que dicho sea de
paso, es muy suave y confuso. Cuando uno logra
el tacto necesario para diferenciar lo uno de
lo otro, el éxito de la pesca está
asegurado.
El
combate será duro y emocionante. Los machos
viejos tiran hacia el fondo y tienen de aliados
a las plantas acuáticas, por lo cual una
cosa es pincharlas y otra pescarlas. No se entregan
ni siquiera arriba del belly o del bote. Las hembras,
ya con ese peso adicional que representa el cargamento
precioso de ovas bien desarrollado, son menos
ágiles y se entregan más fáciles.
Pero son más pesadas que los machos.. Una
vez capturadas son muy resistentes fuera del agua.
Asique no hay que lastimarlas ni maltratarlas
producto del apresuramiento para retornarlas.
Como decía Napoleón “vísteme
despacio, que estoy apurado”. Hay tiempo
para fotos, beso y fiesta de despedida. Colocadas
en el agua, se recuperan rápidamente y
se liberan por sí mismas, en un envión
sorpresivo y contundente.

Las
moscas utilizadas en esta salida se muestran
a continuación con sus nombres
de “fantasía”
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Engaño |
Surikata
Rosa |
Surikata
Naranja |
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|
Muerte
a la naranja |
Pantera
Rosa |
Dragonpan |
|
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Dragonpan
Fucsia |
Morin
de Acu |
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Lamentablemente...
La gran mayoría de las fontinalis que habitan
estos espejos lacustres, padecen de ceguera parcial
o total. Este es el efecto que le produce una
colonia de trematode (parásito que se alimenta
de sangre y células de los tejidos de las
truchas y que poseen ventosas para fijarse al
hospedador (como una sanguijuela), que además
invaden el sistema nervioso de los peces) que
ataca directamente el cristalino del ojo de la
trucha, haciéndole perder, en el tiempo,
completamente la visión. Desgraciadamente
es un parásito cuya propagación
a otros espejos lacustres, avifauna mediante,
es común y por ahora inevitable. De allí
que gran parte de la población truchera
cordillerana deba sufrir sus consecuencias. Pese
a ello, el estado físico de los salvelinus
es óptimo. Entonces, con la técnica
del enganche, pueda comprenderse porque atacan
un artificial, si no lo visualizan. Creo que obedece
a las ondas sonoras que produce dicho señuelo,
de allí que resulta efectiva la técnica
de pesca descripta. La mosca al liberarse del
enganche de las plantas acuáticas produce
una onda sonora que la trucha percibe con sus
sensores laterales, se irrita y ataca, sin ver,
a lo que pasa por su lado. Por cierto, el que
no le toma la mano a esta forma de pescar, perderá
muchos piques pensando que son enganches en las
plantas y cuando se avive que es un pique, ya
será demasiado tarde. Pero como lo dije:
exige concentración y resulta emocionante
y divertida. Sobre todo si hablamos de “fontinalis
verdaderas” superiores a los tres kilos….
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Servicios
en la Patagonia |
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No
obstante, la ocasión es propicia para reiterar
lo escrito hace varios años y que ahora
cobra más vigencia que nunca. Hoy en día
el Cuerpo de Guardapescas que actúa en
la cordillera del Chubut, es uno de los más
y mejores dotados de la Patagonia en cuanto a
infraestructura. Camionetas 4 x 4 nuevas, cuatriciclos
equipados, motos y embarcaciones acordes facilitan
la tarea del control y fiscalización de
la pesca recreativa.
Y
podemos dar fe de la presencia de los señores
Guardapescas en cualquiera de los ambientes habilitados
para la pesca de cordillera dentro de la jurisdicción
del Chubut. Y esta acción merece ser digna
de genuino reconocimiento, por cierto. Sin embargo,
creo que a la par de este fantástico equipamiento,
deben hacerse estudios parasicológicos
de cada uno de esos ambientes habilitados, para
determinar fehacientemente el grado de infección
existente, identificar a la especie parasitaria
y establecer métodos eficaces de combate
o control del causante.
Estas
truchas ciegas sin duda que desovan y al hacerlo
están dando origen a una vida que nace,
aparentemente, libre de infecciones parasitarias
y bacterianas y creo que así como el Estado
se ha preocupado por tener un Organismo de control
y lo ha provisto de las herramientas apropiadas
como para que cumpla su cometido eficazmente,
también debería tener su equipo
de profesionales en la materia que estableciera
con rigor científico, lo referido precedentemente.
Probablemente
a las truchas ciegas no se les pueda devolver
la visión, pero entiendo que es función
del Estado –a través de ese equipo
de profesionales- proteger en toda su dimensión
a esa nueva vida que nace libre de infecciones.
No estoy pidiendo nada descabellado. Ya hay antecedentes
–en lago Rosario, por ejemplo- que trabajos
de esta naturaleza se han realizado, entonces
no solo creo que es factible, sino que resulta
imperioso y urgente orientar la proa hacia el
objetivo comentado. No solo por la fontinalis
del Engaño, sino por todas las truchas
que habitan en los distintos espejos lacustres
del Chubut. Sino nos vamos a quedar con que tenemos
más y mejores camionetas, más y
mejores cuatriciclos para hacer controles, pero
cada día que pasa tenemos menos truchas
silvestres sanas….y sin duda que ello sería
un verdadero despropósito.
Tirón
de orejas...
El
Engaño se encuentra en un sitio donde la
única forma de pernoctar es acampando,
ya que, afortunadamente, no existe ninguna infraestructura
hotelera en varios km. a la redonda que posibilite
la presencia masiva de personas. Y solo tiene
tres o cuatro lugares para acampar. A lo largo
de estos años que llevamos visitándolo,
cada vez que arribamos a estos lugares de acampe
sentimos vergüenza ajena.
Hay
basura de todo calibre por todos lados. ¿puede
ser tan mugriento el ser humano? Están
los que directamente dejan la pirámide
de botellas de tinto, como si fuera un templo
a la Difunta Correa. Otros queman todos los desechos,
incluidos latas de todo tipo, ignorando acaso
que la hojalata queda. Y los más imbéciles
cuelgan las bolsitas de nylon, llenas de desechos,
como si el basurero pasara a las seis de la tarde.
Finalmente están aquellos que llevan una
pala y entierran los desechos, rompiendo la gramilla
verde y removiendo la tierra. Un tirón
de orejas para todos ellos. Si los desechos VAN
con uno, los desechos VUELVEN con uno. Es muy
simple. Se utiliza una bolsa grande, de consorcio
y allí se pone TODO tipo de basura. Cuando
finaliza el acampe, se trae esa bolsa y se deposita
en el cesto de basura de la casa, donde seguro
que el basurero la recogerá a las seis
de la tarde.
Si
a todos los que nos gusta el campamento hiciéramos
esto, seguro que absolutamente nadie sentiría
vergüenza ajena. Una vez que uno practica
este sistema de juntar sus propios desechos, ya
después se hace una costumbre. Y el medio
ambiente muy agradecido, claro.
A
mi juicio...
Todos
los ambientes lacustres referidos, como ya lo
expresé, cuentan con presencia única
de Fontinalis. Como estas truchas son la primeras
en desovar, en una medida reclamada, aplicada
y acertada, y como un genuino acto de conservación
y protección al recurso natural, la temporada
de pesca finaliza en estos lugares (casi fin de
marzo) bastante tiempo antes que para el resto
de las variedades de truchas.
El
Lago Ínter, que desagua a través
del río Corcovado tiene también
una significativa presencia de grandes fontinalis
que a partir de mediados de febrero o primeros
días de marzo hacen su ingreso al río
–invadiendo aproximadamente el primeros
15-20 Km desde la naciente- para cumplir con él
más hermoso atributo de la vida: el de
reproducirse. Así, en pozones de aquel
río tales como el del Jabalí, Rosales,
Panizza, Hilario, Joaquin, LLao-LLao, Fisher,
De lino, Guacho, etc.etc, es posible observar
a simple vista grandes cardúmenes de fontinalis
que se preparan para el desove. Sin embargo esa
medida acertada y proteccionista que rige para
los lagos adyacentes al Vinter, no rige para este
río o al menos para este tramo del río
que registra presencia masiva de fontinalis. A
mi juicio la pesca recreativa en el río
Corcovado y siendo coherente con lo normado para
los espejos lacustres de la región donde
se protege a la fontinalis, debería finalizar
el mismo día que en aquellos lagos.
Semana Santa suele ser una romería de pescadores
en el río atraídos por los grandes
arco iris y las buenas fontinalis y cuando el
desove de estas últimas viene adelantado,
es común capturar machos lechosos o hembras
con desprendimiento del saco gonadal, es decir
con expulsión de ovas con solo agarrarlas.
Y más allá que esta medida de hacer
coincidir el cierre del río junto al de
los lagos pueda parecer “antipática
y a contrapelo del movimiento turístico”
resultaría verdaderamente saludable y provechoso
para el recurso que no tan celosamente se procura
proteger.
Un
abrazo
Néstor Brizuela
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