Dos
relevamientos con interesantes capturas, tanto
en cantidad como en calidad, auguran una temporada
de pesca de tarariras plagada de emociones fuertes
en el Delta del Paraná.

Empezó
el verano
Por
Luis “lala” Kurz
El sábado
1 de Octubre dimos “oficialmente”
por iniciada la temporada de especies de "verano",
en esta ocasión aproveche la invitación
de Edgardo capitán del Somorgujo, un
cómodo traker bien equipado y mejor timoneado,
junto con Juan Carlos alias “el tiburón”
conformamos un alegre trío en busca de
bogas y tarariras.
Ámbitos
El destino, pequeños
arroyos en la segunda sección del delta
que desembocan en el Río de la Plata.
Es importante recorrer y descubrir por nuestros
propios medios los lugares más aptos.
Poner en juego la intuición, el espíritu
aventurero, para meterse en lugares que no se
ven si pasamos planeando a 40 km/hora.
Entramos en varios,
hasta que en uno angosto, encontramos las primeras
respuestas. Un río bajo y en bajante,
nos permitió descender de la embarcación
y caminar la costa, buscando lugares apropiados
para realizar los lances. La ventaja de estos
pequeños arroyos, esta en la tranquilidad
del ámbito, y la transparencia del agua.
Equipos
Empleamos cañas
de spinning, reeles frontales chicos cargados
con monofilamento y multifilamento, boyas plop,
de carnada corazón vacuno y filet de
pejerrey.
Los primeros tímidos
piques se dieron en las cañas con carnada
natural, las tarariras estaban aletargadas y
les costaba atacar. También utilizamos
señuelos de media agua, spiners, pescaditos
y ranas de goma con cuchara. Es mas difícil
hacerlas picar con artificiales, entre los tres
logramos capturar unas 20 entre 1 y 2.5 kilos,
15 salieron con carnada, el resto con señuelos,
todas fueron devueltas a su ámbito. La
técnica empleada fue traccionar muy lentamente
los artificiales ya que a principio de temporada
las tarariras están lentas teniéndole
que dar tiempo a atacar.
En mi opinión
el multifilamento es insustituible para el pejerrey,
no así para esta pesca donde prefiero
el clásico monofilamento del 0,25, la
pelea se realiza a muy corta distancia. El “multi”
al no tener estiramiento, nos obliga a regular
muy bien el freno, la ausencia del “fusible”
sumado a los fuertes cabezazos de las tarariras
nos hacen perder muchas piezas.
En un momento
de la tarde el pique fue tan franco y localizado
en una zona, que de tenerla, me hubiera gustado
probar con caña de mosca. La próxima
salida llevare el equipo, y en el momento de
mayor actividad intentar con un streamer grande.
No tengo referencias de pescas de tarariras
con mosca en Río de la Plata, no así
con el dorado que en algunos ámbitos
es posible tentarlos.
Hasta
la próxima, Luis.
En
los arroyos y zanjas del Delta
Por
Gabriel “Gabilán” Losada
La mañana
aún fría del sábado 8 de
octubre nos encontró en la guardería
listos a disfrutar de otro día de pesca
junto a Rubén Curia y Daniel Alonso a
bordo del confortable Dóberman III. Nuestros
amigos Fabián, Búfalo y Coco también
fueron de la partida.
La idea era tentar
a las bogas y a las tarariras en los arroyos
cercanos al Paraná Miní y la isla
Solís. Por el derrotero de los palos
a Martín García llegamos a la
desembocadura del Miní, buscando alguno
de los tantos arroyos del lugar. El ingreso
no fue fácil ya que había muy
poca agua. Una vez sorteado el banco nos separamos
para pescar. Con el agua aún fría
intentamos la pesca de bogas por una hora, sólo
algunos toques cerca de los juncales, y la captura
de un bagre amarillo que mas tarde se convertiría
en carnada, fue la magra cosecha que nos brindó
ese pesquero.
Decidimos movernos
a un arroyo mas angosto donde intentaríamos
clavar alguna tarucha peleadora como las que
nos tiene acostumbrado nuestro Delta.
Los primeros intentos
los realizamos con boyas Plop, había
que despertarlas y luego de insistir logramos
la primer captura de una Hoplias mediana que
rondaría el kilo y medio de peso. El
sector muy pequeño acusó el impacto
de la pelea y no tuvimos más respuesta
ahí.
Tras una corta
navegación descubrimos otro arroyo prometedor,
tranquilo y con espacio suficiente para que
los tres pescáramos cómodamente
lanzando en distintas direcciones. A falta de
respuestas decidimos desempolvar las mojarreras
para intentar sacar algo de carnada, dejando
una caña de fondo con un pequeño
plomo pasante, y dos con boyas Plop.
Recien con el cambio
de la marea, cuando el río comenzó
a bajar, llegaron los piques continuos en todas
las cañas, obteniendo varias tarariras
chicas, medianas, y dos que superaron holgadamente
los dos kilogramos de peso.
Pasado el mediodía
y con nuestros estómagos rugiendo del
hambre, dejamos la hermosa pesca para reunirnos
con la otra lancha y degustar juntos unas riquísimas
milanesas cocinadas por Rubén, nuestro
anfitrión, que nos dejaron mas cerca
de una siesta que de las cañas. Así
y todo no pude con mi genio y al terminar de
comer bajé a tierra y por consejo de
Fabián, comencé a mover cual mojarrero,
en un zanjón de dos metros de ancho,
una boya Plop que rápidamente tentó
a una gran tarucha que muy enojada no dejaba
que la levante, imagínense: un lugar
con poca agua, un equipo liviano y una tarucha
de casi 3 kilos intentando deshacerse del engaño!!
Son esos
momentos que no se olvidan fácilmente
y todo pescador deportivo disfruta al máximo.
El sol escondiéndose
tras el verde follaje nos marcaba el horario
del regreso. Cansados, pero muy felices de haber
disfrutado de un hermoso día de pesca
entre amigos en nuestro maravilloso Delta, pusimos
proa a la ciudad con la ilusión de volver
pronto.
Un
abrazo, Gabriel.