Un siseo repentino presagió
el estallido de un trueno ensordecedor que
sacudió la vivienda. Luego, la voz
de Paco surgió entre los últimos
ecos del estruendo que se apagaban lentamente.
Dale Alí, está
bien que creas que en tu botella había
un genio, pero creer que se escapó
y que ahora anda suelto por ahí asustando
a la gente......me parece exagerado.
Te entiendo Paco.- indicó
Alí –Si yo fuera occidental
también lo dudaría.- agregó
después.
Lo que pasa es que estás
sugestionado con la pérdida de tu
talismán, pero pronto lo vas a encontrar
en el lugar menos pensado. Acordate que
la botella está herméticamente
cerrada y al menos que se rompa, seguirá
flotando por ahí.- intervino Luisito.
- Estoy de acuerdo.
Aparte si el tiempo no embroma, tenemos
dos días para ayudarte a encontrarla.-
manifesté para tranquilizar al Turco.
Si, tiene razón
el Tano. Tenemos la Yarará, el bote,
la chata y la canoa. Podemos organizar una
expedición con las cuatro - intervino
Paco, pero lo interrumpió José
que hasta ese momento casi no había
intervenido:
- Paco , está
bien organizar una exploración para
encontrar la botella, pero me parece que
nos olvidamos que Alí dijo que “vio”
al genio. ¿Por qué no lo dejamos
hablar y después pensamos lo que
hacemos?
Todos coincidimos en
silencio y buscamos al Turco, que en ese
momento estaba parado con la mirada fija
en el reloj de la pared, el de arriba de
la salamandra. Faltaba un cuarto para las
tres de la tarde. Al darse cuenta que todos
estábamos pendientes de el advirtió:
- Dentro de quince minutos
estará afuera y podrán verlo
con sus propios ojos.
Un escalofrío
intenso recorrió mi espalda al escuchar
las palabras proféticas de Alí.
Los muchachos se movieron nerviosos cada
uno en su sitio, paseando su vista entre
el reloj y la amplia ventana. El primero
en hablar fue Paco que no podía disimular
su perturbación.
- ¡Vamos Turco,
no nos vas a decir que el genio tiene un
reloj también! - dijo excitado.
Alí meditó
por un momento su respuesta. Al fin habló
con voz calma y pausada, como haciendo tiempo.
-Amigos míos,
se que les cuesta creer lo que les digo.
Su educación occidental les enseñó
a creer sólo en lo material, en lo
que ven con sus ojos y no con el alma. Mi
vida es más espiritual y está
colmada de las intervenciones de Alá.
Hizo una pausa y agregó – Por
eso les pido unos minutos más para
verlo y después podrán ayudarme
a resolver este misterio. Creo que no es
casualidad que hoy ustedes estén
acá conmigo.
- ¿Por qué
no es casualidad nuestra presencia hoy aquí?-
propuse aún nervioso.
Alí se dirigió
a su dormitorio. Yo necesitaba ir al baño.
Al cabo de unos instantes volvió
con el Corán en la mano y dijo con
tono lacónico. – ¡Porque
todos los caminos están escritos
aquí mismo por Alá!- sentenció
levantando el libro sobre su cabeza.
Está bien Alí,
te creemos pero contanos más del
genio ¿Cómo es? ¿Qué
hiciste cuando lo viste? ¿Te habló?-
preguntó impaciente Luis.
Dejando el libro sagrado
en la mesa Alí manifestó con
calma. – Como ya les dije antes, apareció
el jueves por la mañana en el sendero
del fondo de la casa, el que conduce a las
trampas que hay del otro lado de la isla.
Hoy, cuando ustedes llegaron, justamente
venía de perseguirlo. Aparece antes
del mediodía y después a esta
hora.
-¿Pero no hace
nada?- preguntó nuevamente Luis.
–No nada, sólo se queda mirando.-
contestó Alí.
Para entonces mi contención
no aguantó más. Me levanté
de la silla y cuando entré al cuarto
de baño percibí la voz de
Alí que decía: - Ya es la
hora.- Cerré la puerta tras de mí
tratando de alejarme de esta situación
estremecedora. No llegué a pararme
delante del inodoro cuando me paralicé.
Por la pequeña ventana del cuarto
se escuchó un lamento aterrador que
provenía desde afuera de la casa.
Todos los horrores de la humanidad no podían
compararse con este aullido pavoroso que
desgarró hasta la última fibra
de mi alma. Salí rápido del
cuarto para reunirme con mis amigos y enfrentar
juntos lo que se venía. Pero al llegar
a la cocina ya no había nadie. Estaba
solo.
Un sentimiento de angustia
me invadió por completo. Sabía
que mis compañeros no me abandonarían
a merced del infortunio. En ese instante
pasó como un pantallazo aquella visión
de la Yarará acercándose dificultosamente
hacia mí envuelta en un mar de olas
el día en que sin salvavidas caí
por la borda en medio de una sudestada en
los Pozos. Ellos, arriesgando la embarcación
y sus propias vidas, dieron la vuelta para
rescatarme. Recuerdo también al Turco
sosteniendo con sus manos su narzarlik mientras
Paco y José me aferraban con todas
sus fuerzas. No, no me iban a abandonar
ahora, pensé.
Avancé varios
pasos hacia la puerta principal cuando a
través del ventanal vi que los muchachos
estaban afuera como petrificados: sus ojos
fijos mirando hacia el fondo de la casa.
Me tranquilicé pero desde el interior
no podía ver lo que ellos observaban.
Me armé de valor y decidí
salir.
Apenas lloviznaba cuando
comencé a bajar peldaño por
peldaño. El crujir de la madera era
lo único que escuchaba aparte de
mi corazón. Di la vuelta y me acerqué
a ellos por detrás. Puse la mano
sobre el hombro de Alí que estaba
de rodillas y miré.
¿Cómo
explicar lo que había en el sendero
cuando en toda nuestra infancia los cuentos
nos narraban historias de las mil y una
noches, con genios que parecían nubes
traslúcidas flotando sobre una lámpara
maravillosa? Tal vez un monstruo de ocho
cabezas escupiendo fuego a diestra y siniestra
sería más conveniente para
ilustrar esta historia. Pero no. No era
así. Un hermoso perro blanco se hallaba
erguido sobre sus cuatro patas a menos de
veinte pasos de nosotros. Su largo pelaje
lechoso flotaba con la más leve brisa.
Conservaba en ese momento una postura señorial
y distinguida. En su cabeza grande y poderosa
brillaban dos ojos completamente níveos
que nos observaban meticulosamente. Parecía
que nos estudiaba tanto como nosotros a
él. Su mirada era una rara mezcla
entre soberbia e indulgencia.
Al fin, después
de examinarnos, emitió un breve bufido
y luego un corto aullido. El primero en
reaccionar fue Paco diciendo:
-Acerquémonos
para ver que pasa con este impostor. ¡Avancemos
despacio!- agregó incrédulo.
Parecía que el perro había
comprendido lo que dijo Paco, porque antes
de movernos, comenzó a menear su
larga cola como cualquier can contento.
Acto seguido, giró sobre sus cuartos
traseros y con un breve trote se alejó
por el sendero.
-¡Vamos ¡-
gritó Paco y todos fuimos tras el
animal, pero cuando llegamos al sendero
el perro desapareció en la primera
curva del camino. Al mismo tiempo comenzaba
a llover copiosamente y Alí suplicó:
-Vamos adentro. Ya no
hay nada que hacer aquí.-
-Pero ¿por qué?
insistió Paco – Tenemos que
correr tras él…… ¡vamos!-
-¡No! Ya pasé
por esto y no hay caso. El genio se desvanece
en el aire y comienza a llover como ahora.
¡Amigos, entremos a la casa por favor!-
rogó el Turco.
- ¡Bahh! Ya me
parecía raro a mí. ¡Si,
entremos de una vez por todas antes que
nos pesquemos una pulmonía!- concluyó
Paco mientras caminábamos hacia la
escalera.
Entramos en silencio.
Afuera llovía copiosamente. Paco
comentó exaltado.
- ¿Y, vieron
que no había genio ni que ocho cuartos…?-
-No te precipites Paco-
intervino Alí - ¿Por qué
no crees que ese animal es un genio?-
-Y... ¿Por qué?
¿Por qué va ser? ¿No
viste acaso que era un perro común
y corriente? Lindo, pero de carne y hueso,
¡qué va!.....
-Luis, mirando por la
ventana dijo: - A mi no me pareció
un perro común y corriente. Yo no
creo que alguien de la isla tenga un perro
así. Está bien cuidado y alimentado.
Sería muy raro que ese perro pertenezca
al vecindario. -
-Si. Y además
con tanta lluvia, ¡hay barro por todos
lados!- dije enfáticamente. –Nosotros
salimos dos minutos y tenemos barro hasta
las orejas y él estaba limpio y completamente
seco.- agregué.
-Ustedes se olvidan
de algo- interpuso Alí.
¿Qué es?-
interrogué inquieto.
-Su collar. ¿No
vieron su collar acaso?-
-¡Es cierto, ahora
me doy cuenta!- apuntó José
– Tenía un collar rojo que
apenas asomaba del pelaje.-
-¡Así es
mi Said Luis! Ese collar es nada más
ni nada menos que la tela roja que protegía
mi nazarlik.-
-Bueno....bueno. Está
bien. Me convencieron. Mañana al
mediodía estaremos listos y preparados
para atraparlo acotó Paco, cuando
desde la ventana se escuchó la voz
de José que lo interrumpió
nuevamente:
- Hay dos razones por
la que no esperaremos hasta mañana.-
-¿Si? ¿Cuáles
son?- interrogó Alí.
-Ha dejado de llover
y nuestro amigo está nuevamente en
el fondo...
Concluirá...