Fue la tarde de un día
de verano feroz. El río nos regalaba
con sus rociones, la frescura ansiada por
nuestras almas sofocadas.
Habíamos embarcado
en San Fernando con el propósito
de probar la nueva lancha pescadora. Los
célebres tripulantes éramos
tres; Pablo “el cumpa”, experto
mecánico y conocedor de cuanta maña
aplicable al arte de “lo atamo con
alambre”; el “Tío”
Juan, colectivero y ávido depredador
de cuanto peje pulule por los sistemas palustres
y lacustres del interior de cualquier provincia....
y yo, ilustre desconocido, ocasional timonel
de la “Sofía” y escriba
del grupo.
Nuestra singladura estaba
reflejada en una carta hecha a mano alzada,
extraída de una vieja publicación,
y consistía en recorrer el Vinculación,
Urión, Honda, Canal Mitre, Río
de la Plata y Luján. Nombres formidables
que aún hoy se asoman desde el cajón
de los recuerdos y golpean con sus ecos
nuestro espíritu aventurero.
El 40 HP “Enduro”
deslizaba el casco por el agua con estridencia,
pero con brío y gracia a la vez.
Nos hallábamos pegando la vuelta
por afuera del estuario cuando a la altura
del Canal del Este la pata del impulsor
comenzó a patear barro. Frenada brusca.
Insultos y blasfemias varias continuaron
después. Terminado el enojo comprobamos
que nos encontrábamos en 20 cm. de
agua. Pablo, con su lógica fría,
analizó la situación y después
de refrescarse la cara decretó:
- Empujemos hacia delante.
No debe ser un banco muy grande y..... seguro
que allá hay más agua.- señalando
con su dedo índice en dirección
a unos juncales.
Concretamos la operación
por espacio de 100 mts. más o menos,
pero de pronto la lancha, como un corcel
enfadado, se negó a proseguir avanzando.
En ½ hora nos encontramos pisando
fango puro pues la bajante se precipitó
rápidamente. Más blasfemias
e insultos continuaron a diestra y siniestra.
Pablo ensayaba otra teoría pero fue
abruptamente abortada por el fulminante
vistazo de su tío Juan.
Hecho otro examen de
la circunstancia decidimos que, al no contar
ni con VHF ni con celular, dos de nosotros
fueran por ayuda. Apenas una pala bichero,
dos chalecos salvavidas y unos metros de
cabo eran los elementos acarreados en la
travesía. El tercero se quedaría
resguardando la lancha hasta que subiese
la marea.
Así entonces
Juan y Pablo se calzaron los salvavidas,
colgaron sus zapatillas del cuello, se amarraron
de la cintura y con la pala bichero oficiando
de bastón se internaron en los juncales,
y pronto ante mi perplejo corazón,
los perdí de vista.
Por la tarde el sol
después de chamuscarme bastante,
comenzó a ocultarse detrás
de los arboles. Pero para que no me sintiese
desamparado me envío una horda de
mosquitos famélicos armados con sorbetes
dispuestos a secarme completamente. Como
no contaba con repelente, rápidamente
tomé barro con mis manos y me embadurné
íntegramente el cuerpo mientras procuraba
recordar en que filme lo había visto.
Para aumentar la protección tome
una bolsa de nylon que encontré en
un bolso y cubrí mi cabeza después
de practicar algunos agujeros para poder
respirar y ver.
El cielo comenzó
a poblarse de estrellas y una espléndida
luna lanzaba rayos luminiscentes en todas
direcciones. El silencio era el rey de la
noche.
Pensaba en el destino
de mis camaradas cuando voces humanas y
ladridos me hicieron pegar un salto. Alcé
la vista por la borda y vi entre los juncos
una silueta humana avanzando decididamente
hacia mí.
Inmediatamente detrás
de él había un destello luminiscente
que provenía del interior de una
embarcación tipo chalupa. El fulano
portaba una linterna con la que iluminaba
su senda.
Me incorporé
dispuesto a enfrentarlo. Se detuvo a veinte
pasos de mí y levantando su mano
dijo:
- Flor de bajante ¿eh?
Parece que hasta mañana no va haber
agua..... ¿Está solo? me preguntó.
Si!! contesté
arrepintiéndome rápidamente.
Luego agregó:
- Vinimos a levantar
el espinel pero también nos sorprendió
la bajante ¿Por qué no viene
con nosotros? Allá en el bote tenemos
mate y torta frita muy rica que prepara
la patrona.-
Se lo agradecí
y le contesté que no. Le expliqué
mi situación y la comprendió
rápidamente. Caminó unos pasos
hacía mi para despedirse y fue cuando
dirigió el haz de luz a mi cara y
descubrió mi escafandra Art - Deco.
Sus ojos se abrieron enormemente por un
instante y su boca ensayó una mueca
de asombro. Sin decir palabra bajó
la linterna y descubrió los rasguños
que yo había hecho en el limo anteriormente.
Me miro sin alumbrarme y señalando
hacia la chalupa con voz monótona
dijo:
- Hay “OFF”
en el bote...... por si no logra matar del
susto a los mosquitos. Luego se fue por
el mismo lugar del que había aparecido.
La mañana me
sorprendió durmiendo. Los rayos del
Sol mecían mi cuna de fibra y Epoxi.
Los pájaros entonaban sus melodías
matinales y agua golpeaba sórdidamente
el casco. ¿Agua? ¿Agua dije?
¡¡¡Agua!!! grité
como un náufrago pero al revés
de la historia. Había agua por todos
lados y velozmente puse el motor en marcha
y me perdí raudamente en la bruma
del alba.
Llegué al embarcadero
y allí estaban mis dos amigos que
no ahorraron muestras de alegría
al verme sano y salvo, y yo a ellos. Nos
confundimos en un abrazo, risas, cargadas
y alguna lágrima insolente que se
escapó desnudando nuestra condición
de mortales.
Y cómo llegaron
ellos hasta allí?....esa es pues.....
otra historia.