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Maldita Varadura -- Claudio Félix D'Ambrosio

Fue la tarde de un día de verano feroz. El río nos regalaba con sus rociones, la frescura ansiada por nuestras almas sofocadas.

Habíamos embarcado en San Fernando con el propósito de probar la nueva lancha pescadora. Los célebres tripulantes éramos tres; Pablo “el cumpa”, experto mecánico y conocedor de cuanta maña aplicable al arte de “lo atamo con alambre”; el “Tío” Juan, colectivero y ávido depredador de cuanto peje pulule por los sistemas palustres y lacustres del interior de cualquier provincia.... y yo, ilustre desconocido, ocasional timonel de la “Sofía” y escriba del grupo.

Nuestra singladura estaba reflejada en una carta hecha a mano alzada, extraída de una vieja publicación, y consistía en recorrer el Vinculación, Urión, Honda, Canal Mitre, Río de la Plata y Luján. Nombres formidables que aún hoy se asoman desde el cajón de los recuerdos y golpean con sus ecos nuestro espíritu aventurero.

El 40 HP “Enduro” deslizaba el casco por el agua con estridencia, pero con brío y gracia a la vez. Nos hallábamos pegando la vuelta por afuera del estuario cuando a la altura del Canal del Este la pata del impulsor comenzó a patear barro. Frenada brusca. Insultos y blasfemias varias continuaron después. Terminado el enojo comprobamos que nos encontrábamos en 20 cm. de agua. Pablo, con su lógica fría, analizó la situación y después de refrescarse la cara decretó:

- Empujemos hacia delante. No debe ser un banco muy grande y..... seguro que allá hay más agua.- señalando con su dedo índice en dirección a unos juncales.

Concretamos la operación por espacio de 100 mts. más o menos, pero de pronto la lancha, como un corcel enfadado, se negó a proseguir avanzando. En ½ hora nos encontramos pisando fango puro pues la bajante se precipitó rápidamente. Más blasfemias e insultos continuaron a diestra y siniestra. Pablo ensayaba otra teoría pero fue abruptamente abortada por el fulminante vistazo de su tío Juan.

Hecho otro examen de la circunstancia decidimos que, al no contar ni con VHF ni con celular, dos de nosotros fueran por ayuda. Apenas una pala bichero, dos chalecos salvavidas y unos metros de cabo eran los elementos acarreados en la travesía. El tercero se quedaría resguardando la lancha hasta que subiese la marea.

Así entonces Juan y Pablo se calzaron los salvavidas, colgaron sus zapatillas del cuello, se amarraron de la cintura y con la pala bichero oficiando de bastón se internaron en los juncales, y pronto ante mi perplejo corazón, los perdí de vista.

Por la tarde el sol después de chamuscarme bastante, comenzó a ocultarse detrás de los arboles. Pero para que no me sintiese desamparado me envío una horda de mosquitos famélicos armados con sorbetes dispuestos a secarme completamente. Como no contaba con repelente, rápidamente tomé barro con mis manos y me embadurné íntegramente el cuerpo mientras procuraba recordar en que filme lo había visto. Para aumentar la protección tome una bolsa de nylon que encontré en un bolso y cubrí mi cabeza después de practicar algunos agujeros para poder respirar y ver.

El cielo comenzó a poblarse de estrellas y una espléndida luna lanzaba rayos luminiscentes en todas direcciones. El silencio era el rey de la noche.

Pensaba en el destino de mis camaradas cuando voces humanas y ladridos me hicieron pegar un salto. Alcé la vista por la borda y vi entre los juncos una silueta humana avanzando decididamente hacia mí.

Inmediatamente detrás de él había un destello luminiscente que provenía del interior de una embarcación tipo chalupa. El fulano portaba una linterna con la que iluminaba su senda.

Me incorporé dispuesto a enfrentarlo. Se detuvo a veinte pasos de mí y levantando su mano dijo:

- Flor de bajante ¿eh? Parece que hasta mañana no va haber agua..... ¿Está solo? me preguntó.

Si!! contesté arrepintiéndome rápidamente. Luego agregó:

- Vinimos a levantar el espinel pero también nos sorprendió la bajante ¿Por qué no viene con nosotros? Allá en el bote tenemos mate y torta frita muy rica que prepara la patrona.-

Se lo agradecí y le contesté que no. Le expliqué mi situación y la comprendió rápidamente. Caminó unos pasos hacía mi para despedirse y fue cuando dirigió el haz de luz a mi cara y descubrió mi escafandra Art - Deco. Sus ojos se abrieron enormemente por un instante y su boca ensayó una mueca de asombro. Sin decir palabra bajó la linterna y descubrió los rasguños que yo había hecho en el limo anteriormente. Me miro sin alumbrarme y señalando hacia la chalupa con voz monótona dijo:

- Hay “OFF” en el bote...... por si no logra matar del susto a los mosquitos. Luego se fue por el mismo lugar del que había aparecido.

La mañana me sorprendió durmiendo. Los rayos del Sol mecían mi cuna de fibra y Epoxi. Los pájaros entonaban sus melodías matinales y agua golpeaba sórdidamente el casco. ¿Agua? ¿Agua dije? ¡¡¡Agua!!! grité como un náufrago pero al revés de la historia. Había agua por todos lados y velozmente puse el motor en marcha y me perdí raudamente en la bruma del alba.

Llegué al embarcadero y allí estaban mis dos amigos que no ahorraron muestras de alegría al verme sano y salvo, y yo a ellos. Nos confundimos en un abrazo, risas, cargadas y alguna lágrima insolente que se escapó desnudando nuestra condición de mortales.

Y cómo llegaron ellos hasta allí?....esa es pues..... otra historia.

 
     
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