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La Ecuación Rosenthal -- Por Josecito


Capitulo VIII. Un Cambio en la Realidad.

Lorenzo Vargas es un hombre mayor a quien la vida lo había castigado duro muchas veces. De joven, aprendió el oficio de navegar por el delta en su pequeño barco. Su padre, fallecido hacía muchos años, le dejó un pequeño almacén naval en San Fernando. Ya cansado de la vida trajinada del Delta, decidió un día dedicarse de lleno a su negocio, proveyendo a los navegantes de todo lo necesario para la práctica de ese noble pasatiempo. Incluso, la casa que tenía en la isla, la cedía en alquiler a quien estuviera dispuesto a adentrarse bien lejos, en ese territorio solitario.

Ese día las ventas no fueron muy buenas. Aburrido leía en el diario las últimas noticias sobre el robo que acaparaba la atención de la opinión pública.

“BUENOS AIRES, LUNES 20 DE JULIO DE 1998. AÜN NO HAY NOTICIAS SOBRE EL PARADERO DE LOS LADRONES QUE ROBARON 5 MILLONES DE U$S DE LA COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA. EL DINERO DESTINADO A LAS NUEVAS INVESTIGACIONES QUE LA COMISIÓN ENCARABA RECIENTEMENTE, FUE SUSTRAÍDO EN HORAS DE LA MADRUGADA DEL SÁBADO PASADO CUANDO LA VIGILANCIA ERA MÍNIMA. LA POLICÍA CENTRA SU ATENCIÓN SOBRE LOS DESTROZOS INEXPLICABLES QUE OCASIONARON LOS MALHECHORES EN LAS INSTALACIONES DE SERVICIO DEL EDIFICIO. LOS INVESTIGADORES CREEN QUE LO HICIERON PARA CUBRIR SU RETIRADA. ANALIZAN LAS MANCHAS DE SANGRE QUE ENCONTRARON EN EL LUGAR. FALLECIÓ EL SUBDIRECTOR DE LA CNEA, VICTIMA DE UN PARO CARDIACO”.

Algo lo distrajo un segundo. Notó un golpe seco y retumbante que percibió en sus pies. Levantó la vista al distinguir un relampagueo repentino. Afuera la calle estaba despoblada. No pudo percibir de donde vino el destello y pensó que se trataba del reflejo del sol de algún parabrisas. Un viento suave se levantó de golpe y sacudió las hojas secas de la vereda. Y como apareció de improviso, la racha cesó por completo.

Su vista quedó centrada en el cartel pegado en la vidriera y se acordó que debía retirarlo. Cuando estaba despegando el letrero que anunciaba el alquiler de la casa en el delta, un extraño joven entró al negocio. Le llamó la atención el piloto antiguo y el chambergo que llevaba puesto. Afuera, un sol diáfano dominaba el frío mediodía.

-¡Saludos!- dijo el joven.

-Buenas- contestó Lorenzo sorprendido por el acento del muchacho. Sus ojos azules y de mirada penetrante, se destacaban en sus facciones varoniles. Pudo distinguir su musculatura marcada debajo del abrigo.

-¿Es usted Lorenzo Vargas?- preguntó el extraño.

-¡Así es! ¿Qué necesita?

- Averiguar por un GPS – dijo el joven mientras paseaba la vista por el local.

-¡Ah, sí! Tenemos los mejores y además, yo mismo dicto cursos para utilizarlos, mire...

- No gracias. Para ser franco, no estoy interesado en sus cursos. Un amigo mío me dio su tarjeta.- dijo el joven mientras le alcanzaba la tarjeta al hombre.

Lorenzo tomó la tarjeta y la examinó. Tenía una mancha de sangre seca en una esquina.

-¡Epa! ¡Pero parece que alguien se cortó un dedo!

-Eh…si, si, fui yo pero no tiene importancia – respondió el joven eludiendo el asunto.

-Y… sí mire, reconozco la tarjeta porque atrás le anoté a su amigo el teléfono de un lanchero amigo para que los lleve a la casa que les alquilé a él y sus amigos.

-¿Amigos? ¿Eran tres por casualidad? – el joven no pudo disimular su ansiedad.

-¡Si! Y a los cuatro les di un curso corto de GPS. Algo elemental. Parecían interesados en saber únicamente, como se marcaba un waypoint con el aparato.

-Y dígame ¿Le alquiló una casa? ¿En dónde?

-¡Si! La casa que tengo en el arroyo Negro y río Las Piedras. Justo cuando Usted entró acá, estaba sacando el cartel del alquiler. Explíqueme algo ahora ¿Quién es Usted, y por qué me hace tantas preguntas? ¿Acaso es policía? – preguntó intrigado Lorenzo.

El joven meditó un momento la respuesta. Luego le contestó:

-¡No! No soy policía. Solo busco a mis amigos por un problema familiar ¿Tiene algún mapa para facilitarme para encontrar su casa? ¡Es imperioso que los encuentre!

-¡Si, acá tengo el plano para llegar allá! Téngalo, espero que le sirva.

El muchacho tomó el plano y se retiró rápidamente sin decir palabra.

-¡Oiga, espere un momento! – gritó el hombre.

Lorenzo salió presuroso a la calle, pero al asomarse por la puerta, la vereda estaba desierta. Miro la tarjeta manchada con sangre que aún conservaba en la mano y meditó un largo rato. Luego entró al local y vio el diario abierto sobre el mostrador y volvió a repasar los títulos. En su mente, las ideas discurrían rápidamente y ya decidido tomó el teléfono. Su hijo, que había escuchado la conversación detrás de una estantería, se asomó para ver que pasaba.

-¿Qué té pasa viejo, a quién llamas por teléfono?

Enseñándole la tarjeta, señaló.

-A la policía, hijo. Tengo un extraño presentimiento sobre el origen de esta mancha de sangre.

 

Capitulo IX. La suerte del Mundo.

El Overcraf se deslizaba por la autovía sur a gran velocidad. Abandonó el nivel de vuelo establecido para la ciudad y al salir del límite metropolitano redujo su elevación a escaso medio metro del suelo. El propósito de esta maniobra es el ahorro de energía del autopropulsor y además liberar el espacio aéreo para las grandes naves de transporte. Movido por antigravitación, la marcha se tornaba placentera y segura. Sólo se escuchaba el rumor del aire rozando el casco aerodinámico.

El profesor conectó el sistema automático de conducción. A pesar de que le gustaba sentir la sensación del vértigo en sus manos, necesitaba conversar con Marcos para dilucidar el paradero de la Ecuación Rosenthal. Estaba oscuro y la ruta a Mar Argentun estaba desierta.

-Profesor, ¿quisiera hacerle una pregunta sobre la ecuación?- dijo Marcos.

-¡Adelante muchacho! Debemos analizar esto juntos.

-Bien, ¿Por qué si esa ecuación es posible, los actuales cerebros electrónicos no han podido calcularla? Ya han pasado más de cinco siglos de su supuesta concepción y se supone que nuestras computadoras, diez mil veces más poderosas que un cerebro humano, podrían elaborarla tranquilamente en segundos.

- ¡Claro! ¡Tú lo has dicho! Más poderosas sí, pero no mejores. Isaac Rosenthal era un genio para la época. De vivir hoy, te puedo asegurar que a esta altura los viajes intergalácticos serían cosa corriente y tú y yo, en vez de estar viajando a mi laboratorio a 400 Km de NBA, lo estaríamos haciendo a Aldebarán en Alpha Centauri. – expuso ansioso el hombre. Luego continúo:

- ¡Escucha! Rosenthal tenía, según los registros de la época, un coeficiente intelectual de 230. Algo superlativo si tenemos en cuenta nuestro actual nivel medio de 120. Las máquinas que alivian cotidianamente nuestro lento cerebro, no piensan, elaboran. No crean, obedecen. No sueñan, hibernan. No sienten, comparan. No meditan, corren. Y probablemente, ahí esté la esencia de nuestro fracaso. Es una sociedad dependiente de las células positrónicas de cesio saturado. Dejamos que millones de micro circuitos positrónicos, decidan por nosotros y pensamos luego que sí ellos no pueden, nosotros tampoco. Y ahí está el error. La creación es del hombre, no de las máquinas. Ellas nos ayudan a que nuestras ideas se concreten más rápido, pero no dejan de ser nuestras ideas. Ellas jamás van a pensar como Rosenthal.

- ¿Y por qué no pensamos como Rosenthal y les damos a las máquinas nuestra idea?- preguntó burlón Marcos.

- ¡Porque no tenemos el cerebro de Rosenthal! Él murió hace 514 años y hoy es nuestro genio del pasado, como lo fueron Leonardo Da Vinci o Miguel Angel para los del siglo XX. Según las estadísticas, cada 500 años nace un genio entre los humanos. Además, muchacho, hace mucho que nuestros cerebros están habituados a la ociosidad y a la pereza. Tardaríamos varias generaciones hasta encontrar la ecuación sustituta, y tú no estas dispuesto a esperar tanto ¿o… me equivoco?

Marcos hizo un gesto aprobatorio.

Un suave zumbido en el tablero anunció el cambio de nivel al entrar en los límites exteriores de la ciudadela de Mar Argentun. De a poco el Overcraf comenzó a elevarse. Las luces de la ciudad iluminaban una bóveda gris de nubes bajas.

El profesor decidió continuar las investigaciones en el laboratorio montado en su residencia particular situada en las afueras de la pequeña metrópoli. El anfitrión alegaba que su oficina de investigación estaba mejor equipada que el de la O.M.E.E.T. Pero en realidad sus motivos eran otros.

La ciudadela estaba construida en el mismo sitio que la antigua ciudad de Mar del Plata, destruida por el continuo azote del mar cuando este era arrojado contra la costa por el viento impetuoso. Más moderna que NBA, conservaba su aire de villorrio apacible pero contagiado con la pujanza que imprimía la reconstrucción de la civilización humana. A principios del siglo XXIV se transformó en el lugar de residencia habitual de los excéntricos y misántropos de la gran urbe, que buscaban la paz y tranquilidad que brindaba la floreciente ciudadela.

- ¡Bueno muchacho, ya llegamos! – anunció el profesor mientras retomaba los mandos del aparato.

La pequeña nave se deslizó suavemente por los corredores aéreos de la villa. Al llegar a un alto edificio en el centro de la ciudad, giró hacia la izquierda en dirección al mar. Cuando terminó de completar la rotación y mientras avanzaba recto, comenzó a descender. Más tarde se podía divisar junto al mar sereno, un caserío de edificación baja, erigido sobre una plataforma circular montada sobre las rocas. El overcraf detuvo su vuelo suavemente sobre una tarima elevada, que servía para los aterrizajes de pequeñas naves.

- ¡Vamos adentro Marcos! ¡Tenemos mucho trabajo! – propuso el profesor.

Bajaron de la nave y caminaron hasta la pequeña puerta de acceso al espacio puerto. Marcos sintió el aire salobre del mar que impregnaba su nariz. No muy lejos, se escuchaba el rumor de las olas estrellándose contra las rocas. Se estremeció de sólo pensar que décadas atrás, este lugar era azotado por ráfagas de 250 Km. por hora y el océano embravecido, descargaba toda su furia contra las piedras eternas.

Transpusieron la puerta y ya en el interior se encaminaron por un largo pasillo, hasta una enorme estancia en el interior de la casa principal. Dos personas de pie los aguardaban. El profesor hizo una seña con su mano y un hombre se acercó a ellos. Tomó la maleta del profesor y se detuvo delante de Marcos.

- Marcos, este es ASCLI mi neodroide ayudante. ASCLI él es Marcos Santoro, nuestro nuevo colaborador – dijo Sumeerly.

- Bienvenido Marcos. Te estábamos esperando – contestó el neodroide.

Los neodroides eran lo más parecido a sus creadores, los seres humanos. Provistos de características morfológicas idénticas a los seres humanos, estos androides fueron dotados de una gran inteligencia y pro actividad. Por estos motivos, se convirtieron en los compañeros ideales de los científicos dada la gran versatilidad que ofrecían estos modelos. Capaces de resolver un intrincado problema matemático, construir infinidad de aparatos y herramientas y ser un excelente anfitrión al mismo tiempo.

La otra figura se acercó también. Cuando estuvo cerca, Marcos descubrió a una joven sumamente atractiva y encantadora. Se sintió perturbado por un instante por la belleza de la muchacha. El profesor, notó la actitud del joven y se apresuró en presentarla.

- ¡Marcos! Te presento un “holo” de Sandra, mi computadora personal.

-Yo te conozco Marcos- dijo la imagen tridimensional con voz suave. Estoy cerca del profesor casi constantemente.

-¡Aja! Bueno…Sandra es un placer “verte” entonces – dijo sonriente el joven.

-¡Sandra! ¿Tienes listo el informe? – indagó el científico.

-¡Si profesor! Ya está en la pantalla de su despacho – contestó la figura.

-¡Bien! Entonces vamos allí. ¡Sígueme Marcos!

Marcos miró de reojo la imagen una vez más. A su juicio, la reproducción era muy real y perturbadora.

Transpusieron una puerta y entraron a una habitación muy particular. La estancia, estaba abarrotada de cosas que, a simple vista se notaba que eran antigüedades de la más variada índole. Gran cantidad de libros como los del despacho de O.M.E.E.T., armaduras del siglo XVI, artefactos electrónicos del siglo XX, alhajas, adornos, pinturas, vestimentas y utensilios de todo tipo. El profesor tenía fama por la devoción que sentía por las antigüedades y de todo lo relacionado con la historia antigua.

En el centro de la estancia, había una mesa baja, rodeada por cómodos sillones de cuero antiguo. Sobre la mesa, una pantalla de plasma reflejaba una gran cantidad de notas e imágenes.

-¡Bien, veamos que tenemos aquí! – señaló el hombre. Toma asiento muchacho. ASCLI nos traerá té.

Presionó algunos mandos y sobre la pantalla apareció el rostro familiar de Sandra. El profesor se dirigió a ella:

- Sandra, por favor, cuéntanos que tienes.

Sandra comenzó a hablar con voz serena y pausada.

“Albert Einstein nació en 1879 y murió en 1955. Físico alemán nacionalizado estadounidense, premiado con un Nóbel, famoso por ser el autor de las teorías general y restringida de la relatividad y por sus hipótesis sobre la naturaleza corpuscular de la luz. Es probablemente el científico más conocido del siglo XX. Ya desde muy joven mostraba una curiosidad excepcional por la naturaleza y una notable capacidad para entender los conceptos matemáticos muy complejos. En 1905 elaboró la famosa ley de la Relatividad, muy discutida por sus pares científicos. A partir de 1919 Einstein recibió el reconocimiento de sus camaradas y finalmente en 1921 recibió el laureado Novel. En 1933 Adolf Hitler asume el poder en Alemania. Einstein y sus colaboradores, huyen del país, acosados por las hordas antisionistas del régimen nazi. Se radica en los EE.UU. de Norteamérica”.

-Bien Sandra, que nos puedes decir sobre sus colaboradores inmediatos.

“Max Von Laue nació en 1879 y murió en 1960, físico alemán galardonado con el Premio Nóbel en…”

- Por favor Sandra – interrumpió el profesor. Háblanos de Isaac Rosenthal.

Isaac Rosenthal -comenzó la súper computadora- nació en 1885 en Krems An Der Donau, Austria. Hijo de campesinos judíos, estudio física en Viena. A los 18 años trabajaba en la oficina de Patentes en donde conoce a Albert Eistein. En 1915 tenía en su haber la elaboración de más de 30 teorías sobre física quántica y partículas elementales. Trabajaba estrechamente con Einstein sobre la teoría de los Campos unificados hasta que en 1933 huye a Sudamérica con su esposa Marie Dietrich, acosado por el régimen totalitario de Hitler. Se establece definitivamente en Argentina, adoptando el apellido de su esposa por temor a la inteligencia nazi. Trabajó como docente en la Facultad de Ingeniería. Se cree que en 1955 elaboró secretamente la teoría de los Campos Quánticos Autosustentados. Murió en Buenos Aires en 1972”.

-¡Ajá, de nuevo la Ecuación Rosenthal! - interrumpió el hombre mientras ASCLI dejaba el té sobre la mesa.

¡Gracias ASCLI! Prosigue por favor Sandra.

“Teodoro Dietrich, hijo de Isaac Rosenthal y Marie Dietrich nació en Buenos Aires en 1942. Le dieron el apellido de su madre por pedido expreso de su padre. Estudió física y astronomía en la Universidad Tecnológica. En 1990 asume como Subdirector de la Comisión Nacional de Energía Atómica, muere víctima de un paro cardiaco en 1998 a los 56 años de edad”.

-¡Bien Sandra! Espera un momento ¿Que piensas tú Marcos?

-Aparte que ese tal Hitler perseguía a todo el mundo, me llamó la atención el hecho que Rosenthal se cambie el apellido y adopte el de su esposa. Creo que lo hizo para ocultar algo relacionado con él – comentó el joven.

-Si, yo también creo lo mismo. Supongo que también a su hijo le da el mismo tratamiento por los idénticos motivos.

-¿Y por qué elaboró su teoría en secreto? ¿A qué le tendría miedo?- se preguntaba Marcos.

-Bien. Si tuviéramos la ecuación aquí, sabríamos para que otra cosa sirve además que para sostener un campo temporal indefinidamente. Supongo que en esa época todo invento o descubrimiento científico, se emplearía para la maquinaria de guerra que los países poderosos desarrollaban secretamente. Por lo tanto, Rosenthal desligó deliberadamente a su hijo de su propio pasado con un fin – dijo Sumeerly.

-¿Si? ¿Cuál?- curioseó Marcos.

-Algún día entregarle su descubrimiento. La ecuación no debía darse a conocer al mundo hasta que no estuviera listo. Un descubrimiento de ese tipo, si caía en las manos equivocadas, podría ser un peligro para el resto de la humanidad.

-¡Ajá! ¡Claro! Entonces ahí se pierde la fórmula porque después su hijo muere muy joven.

- Correcto. Sería interesante analizar la muerte de este hombre… ¿Sandra? – sondeó el profesor.

“Teodoro Dietrich, murió el sábado 18 de julio de 1998 a la 7.30 Hs. en Buenos Aires víctima de un paro cardiaco. Fue subdirector de la CNEA desde octubre de 1990, hasta que el 18 de Julio de 1998 la Comisión fue centro de uno de los hechos delictivos más importantes de la historia. En esa oportunidad, según registros de la época, un número indeterminado de individuos, ingresaron al Tesoro de la institución y robaron cinco millones de Dólares Estadounidenses destinados a proyectos científicos. El Subdirector era además el tesorero de la Comisión. El científico a poco de enterarse del hecho, fue internado de urgencia en un hospital por un paro cardio- respiratorio. Dos horas después, se recuperó del coma y luego de un breve comentario, falleció. Sus últimas palabras fueron:

“No me preocupa el sucio dinero, sino la suerte del mundo”- luego de una breve pausa, Sandra continúo:

Años más tarde, en 2005, durante un proceso judicial, se descubrió que los cinco millones de dólares, correspondían a una maniobra de lavado de dinero, que cierto círculo de allegados al presidente del país en esos años ocultaron en el tesoro del instituto científico con la excusa de emplearlo para proyectos científicos futuros.”

-O sea que nuestro hombre sabía que el dinero que habían puesto allí, no era justamente para usarlos en las investigaciones de la Comisión – murmuró el profesor.

-“No me preocupa el sucio dinero, sino… – recitaba Marcos.

-¡La suerte del Mundo! ¡Eso es muchacho, La suerte del Mundo! ¡Ahí está la ecuación o mejor dicho ahí estaba!- gritaba frenético el profesor.

-¡Claro! ¡Ahora caigo! Con razón la ecuación se perdió para siempre y nunca nadie supo más nada de ella. El pobre la tendría guardada en el tesoro con otros papeles importantes. Él era el tesorero ¿Dónde guardaría su formula si no? Y los ladrones se la llevaron. Seguramente, desconociendo el valor intrínseco del escrito, lo habrían tirado o destruido sin saber qué era realmente. Dietrich, al conocer la noticia del robo sufrió una desazón muy grande que le produjo una descompensación cardíaca. Antes, la gente se moría de paros cardíacos. La ecuación tenía valor sentimental para él- teorizó el joven.

-¡Sandra por favor! Busca alguna noticia sobre el robo más adelante –suplicó el profesor. Luego continúo.- Puede ser Marcos. Su padre tal vez se la encomendó y seguramente con alguna instrucción especial.

La imagen de la muchacha se proyectaba sonriente, pero en realidad el cerebro electrónico hurgaba en las profundidades de sus archivos. Luego de unos segundos, la voz femenina de Sandra se escuchó por el aparato:

-Solo hay noticias referentes a pistas falsas y búsquedas infructuosas. Con el correr del tiempo, la noticia fue perdiendo importancia en los medios periodísticos y ya no ocupaba un espacio destacado en los titulares. Finalmente y tras diez años de intensa búsqueda, se dio el caso por cerrado y nunca se supo más nada de los ladrones y del dinero – concluyó la maquina.

- ¡Y de la ecuación! – subrayó el profesor.

-¡Bien Sumeerly! Pero digamos que hemos tenido suerte y que la hemos encontrado. Y en realidad deberíamos decir “la ubicamos” porque sabemos donde estuvo, pero desconocemos donde está actualmente, si es que existe, claro.

Sumeerly escuchó con atención la tesis del joven. Se puso de pie y se paseó por la habitación meditando en silencio, mirando el piso a cada paso. Marcos lo observaba con atención. Sabía que la mente del científico hervía frenética, elaborando alguna solución al problema que se les presentaba.

Luego de varios minutos de reflexión, el excéntrico profesor se dirigió a su colaborador.

-Muchacho ¿Has oído alguna vez sobre “Los cambios de la Realidad”?

-Eso creo. Hace algunos años se empezó a teorizar sobre las implicancias de viajar en el tiempo y las perturbaciones Para Temporales.

-Bien. En teoría podríamos decir que si por cualquier hecho o circunstancia, provocamos un cambio sobre un acontecimiento del pasado, tarde o temprano, ese cambio nos alcanzará en el futuro.

-Así es más o menos- aclaró el joven.

-Podríamos analizar un caso fortuito para ser gráficos. Si viajásemos al pasado, el solo hecho de estar donde no debiéramos, podría provocar una alteración en la realidad de ese momento – luego continuo.

Supongamos que vas al pasado para estudiar a los indios del lejano Oeste Americano. Y caminando pateas una piedra que jamás se debería haber movido del lugar que el rompecabezas del destino tenía preparado para ella. Porque esa piedra rompería la rueda de la carreta que al detenerse allí mismo para componerla, se hubiese establecido un campamento, que más tarde se transformaría en un poblado, luego un pueblo y después en una ciudad entera.

O algo más lejos… digamos en la prehistoria. Tú paseando entre los arbustos, rompes una rama que jamás debía ser dañada y nunca dará los frutos de donde más tarde germinarán otros árboles y todo un bosque no crecerá y en ese bosque prehistórico se hubiese gestado la evolución del hombre a partir del mono –hizo una breve pausa para continuar- Y todo eso por estar nada más. Imaginate que ocurriría si intentas provocar un Cambio de la Realidad para obtener un beneficio en el futuro.

-Como por ejemplo… ir al siglo XX y matar a la madre de Hitler - dijo Marcos.

-Eso es. Y así eliminar de la historia al culpable de más de 11 millones de muertes. Las implicancias de esa acción, las desconocemos totalmente.

-¿Y viajar al futuro profesor? ¿Que efectos puede tener? - preguntó Marcos.

-Las mismas que viajar al pasado salvo que, al conocer el futuro, obraríamos en el presente para modificar el porvenir.

-¿Cómo es eso profesor?

-Simple. Si viajásemos al futuro en momentos en que… digamos, se está desarrollando una guerra, volveríamos al presente para modificar lo que provocó esa guerra ¿Se entiende?

-¡Claro! Por esos motivos El Gran Consejo desechó del programa, los viajes a través del tiempo y se abocó a los viajes interplanetarios.

-A sí es. Nada más peligroso que producir “Cambios de la Realidad” pues es muy difícil evaluar las consecuencias de ello en el futuro – luego el profesor agregó: Pero tenemos un motivo para producir un Cambio en la Realidad en el siglo XX sin provocar perturbaciones temporales que nos alcancen aquí el siglo XXV- expuso serenamente.

Marcos frunció el ceño cuando escuchó al científico pronunciar su última frase.

-¿Qué quiere decir profesor?

-Analicemos esto: ¿Qué pasaría si nos presentamos exactamente en el preciso instante en que se pierde la ecuación, es decir cuando la roban o inmediatamente después? La ecuación igual se perdió para siempre. Está demostrado que fue así. Tarde o temprano esa ecuación u otra parecida, será descubierta en este siglo o en el otro subsiguiente. Por lo tanto… si vamos al pasado… recuperamos la ecuación y la traemos al presente… - meditó un momento- lo único que provocaríamos es adelantar la realidad sin mayores efectos que gozar de los beneficios antes de tiempo ¿me sigues?

-¡Seguro! Pero… ¿Y por qué no vamos antes, digamos…cuando Dietrich aún la tiene en su poder o su padre, y les decimos quienes somos y si nos dan la bendita ecuación la emplearíamos para hacer el bien? – propuso Marcos.

-¡Porque ahí sí estaríamos provocando un Cambio de la Realidad con consecuencias impredecibles! Dietrich o su padre, al conocer nuestra existencia, podrían obrar en consecuencia. Quizás si la robásemos nosotros, Dietrich podría morir igual, pero nosotros hubiésemos provocado su muerte. Pero, interviniendo después del robo, seríamos ajenos a su fallecimiento. De todas maneras, la fórmula se perderá igual aunque nosotros la recuperásemos después. Nadie en ese momento sabía de la existencia de la ecuación, por lo tanto la tomamos y nadie podrá reclamar nada. El cambio en la realidad sería mínimo.

-Entiendo profesor. Además, este es el único punto del tiempo en donde sacar la ecuación de su lugar, no traería consecuencias para el futuro. Hacerlo antes es una locura.

-¡Así es muchacho! Ya viste el punto – manifestó Sumeerly satisfecho.

Marcos se puso de pie y caminó en silencio por la sala. Luego de un momento de profunda reflexión, dijo:

-Como conjetura está bien, pero ¿cómo haríamos para ir hasta el siglo XX?

El rostro de Sumeerly, inmutable hasta ese momento, esbozó una sonrisa socarrona. Acababa de poner a Marcos en el lugar en que él quería tenerlo. Dejó la taza vacía sobre la mesa cuando habló.

-¡Ven, sígueme!- dijo luego y juntos salieron del recinto.

Continuará... ,Josecito.

 
     
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