Capitulo
VIII. Un Cambio en la Realidad.
Lorenzo
Vargas es un hombre mayor a quien la vida lo
había castigado duro muchas veces. De
joven, aprendió el oficio de navegar
por el delta en su pequeño barco. Su
padre, fallecido hacía muchos años,
le dejó un pequeño almacén
naval en San Fernando. Ya cansado de la vida
trajinada del Delta, decidió un día
dedicarse de lleno a su negocio, proveyendo
a los navegantes de todo lo necesario para la
práctica de ese noble pasatiempo. Incluso,
la casa que tenía en la isla, la cedía
en alquiler a quien estuviera dispuesto a adentrarse
bien lejos, en ese territorio solitario.
Ese
día las ventas no fueron muy buenas.
Aburrido leía en el diario las últimas
noticias sobre el robo que acaparaba la atención
de la opinión pública.
“BUENOS
AIRES, LUNES 20 DE JULIO DE 1998. AÜN NO
HAY NOTICIAS SOBRE EL PARADERO DE LOS LADRONES
QUE ROBARON 5 MILLONES DE U$S DE LA COMISIÓN
NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA. EL
DINERO DESTINADO A LAS NUEVAS INVESTIGACIONES
QUE LA COMISIÓN ENCARABA RECIENTEMENTE,
FUE SUSTRAÍDO EN HORAS DE LA MADRUGADA
DEL SÁBADO PASADO CUANDO LA VIGILANCIA
ERA MÍNIMA. LA POLICÍA CENTRA
SU ATENCIÓN SOBRE LOS DESTROZOS INEXPLICABLES
QUE OCASIONARON LOS MALHECHORES EN LAS INSTALACIONES
DE SERVICIO DEL EDIFICIO. LOS INVESTIGADORES
CREEN QUE LO HICIERON PARA CUBRIR SU RETIRADA.
ANALIZAN LAS MANCHAS DE SANGRE QUE ENCONTRARON
EN EL LUGAR. FALLECIÓ EL SUBDIRECTOR
DE LA CNEA, VICTIMA DE UN PARO CARDIACO”.
Algo
lo distrajo un segundo. Notó un golpe
seco y retumbante que percibió en sus
pies. Levantó la vista al distinguir
un relampagueo repentino. Afuera la calle estaba
despoblada. No pudo percibir de donde vino el
destello y pensó que se trataba del reflejo
del sol de algún parabrisas. Un viento
suave se levantó de golpe y sacudió
las hojas secas de la vereda. Y como apareció
de improviso, la racha cesó por completo.
Su
vista quedó centrada en el cartel pegado
en la vidriera y se acordó que debía
retirarlo. Cuando estaba despegando el letrero
que anunciaba el alquiler de la casa en el delta,
un extraño joven entró al negocio.
Le llamó la atención el piloto
antiguo y el chambergo que llevaba puesto. Afuera,
un sol diáfano dominaba el frío
mediodía.
-¡Saludos!-
dijo el joven.
-Buenas-
contestó Lorenzo sorprendido por el acento
del muchacho. Sus ojos azules y de mirada penetrante,
se destacaban en sus facciones varoniles. Pudo
distinguir su musculatura marcada debajo del
abrigo.
-¿Es
usted Lorenzo Vargas?- preguntó
el extraño.
-¡Así
es! ¿Qué necesita?
-
Averiguar por un GPS – dijo el
joven mientras paseaba la vista por el local.
-¡Ah,
sí! Tenemos los mejores y además,
yo mismo dicto cursos para utilizarlos, mire...
-
No gracias. Para ser franco, no estoy interesado
en sus cursos. Un amigo mío me dio su
tarjeta.- dijo el joven mientras le
alcanzaba la tarjeta al hombre.
Lorenzo
tomó la tarjeta y la examinó.
Tenía una mancha de sangre seca en una
esquina.
-¡Epa!
¡Pero parece que alguien se cortó
un dedo!
-Eh…si,
si, fui yo pero no tiene importancia –
respondió el joven eludiendo el asunto.
-Y…
sí mire, reconozco la tarjeta porque
atrás le anoté a su amigo el teléfono
de un lanchero amigo para que los lleve a la
casa que les alquilé a él y sus
amigos.
-¿Amigos?
¿Eran tres por casualidad? –
el joven no pudo disimular su ansiedad.
-¡Si!
Y a los cuatro les di un curso corto de GPS.
Algo elemental. Parecían interesados
en saber únicamente, como se marcaba
un waypoint con el aparato.
-Y
dígame ¿Le alquiló una
casa? ¿En dónde?
-¡Si!
La casa que tengo en el arroyo Negro y río
Las Piedras. Justo cuando Usted entró
acá, estaba sacando el cartel del alquiler.
Explíqueme algo ahora ¿Quién
es Usted, y por qué me hace tantas preguntas?
¿Acaso es policía? –
preguntó intrigado Lorenzo.
El
joven meditó un momento la respuesta.
Luego le contestó:
-¡No!
No soy policía. Solo busco a mis amigos
por un problema familiar ¿Tiene algún
mapa para facilitarme para encontrar su casa?
¡Es imperioso que los encuentre!
-¡Si, acá tengo el plano para llegar
allá! Téngalo, espero que le sirva.
El
muchacho tomó el plano y se retiró
rápidamente sin decir palabra.
-¡Oiga,
espere un momento! – gritó
el hombre.
Lorenzo
salió presuroso a la calle, pero al asomarse
por la puerta, la vereda estaba desierta. Miro
la tarjeta manchada con sangre que aún
conservaba en la mano y meditó un largo
rato. Luego entró al local y vio el diario
abierto sobre el mostrador y volvió a
repasar los títulos. En su mente, las
ideas discurrían rápidamente y
ya decidido tomó el teléfono.
Su hijo, que había escuchado la conversación
detrás de una estantería, se asomó
para ver que pasaba.
-¿Qué
té pasa viejo, a quién llamas
por teléfono?
Enseñándole
la tarjeta, señaló.
-A
la policía, hijo. Tengo un extraño
presentimiento sobre el origen de esta mancha
de sangre.
Capitulo
IX. La suerte del Mundo.
El
Overcraf se deslizaba por la autovía
sur a gran velocidad. Abandonó el nivel
de vuelo establecido para la ciudad y al salir
del límite metropolitano redujo su elevación
a escaso medio metro del suelo. El propósito
de esta maniobra es el ahorro de energía
del autopropulsor y además liberar el
espacio aéreo para las grandes naves
de transporte. Movido por antigravitación,
la marcha se tornaba placentera y segura. Sólo
se escuchaba el rumor del aire rozando el casco
aerodinámico.
El
profesor conectó el sistema automático
de conducción. A pesar de que le gustaba
sentir la sensación del vértigo
en sus manos, necesitaba conversar con Marcos
para dilucidar el paradero de la Ecuación
Rosenthal. Estaba oscuro y la ruta a Mar Argentun
estaba desierta.
-Profesor,
¿quisiera hacerle una pregunta sobre
la ecuación?- dijo Marcos.
-¡Adelante
muchacho! Debemos analizar esto juntos.
-Bien, ¿Por qué si esa ecuación
es posible, los actuales cerebros electrónicos
no han podido calcularla? Ya han pasado más
de cinco siglos de su supuesta concepción
y se supone que nuestras computadoras, diez
mil veces más poderosas que un cerebro
humano, podrían elaborarla tranquilamente
en segundos.
-
¡Claro! ¡Tú lo has dicho!
Más poderosas sí, pero no mejores.
Isaac Rosenthal era un genio para la época.
De vivir hoy, te puedo asegurar que a esta altura
los viajes intergalácticos serían
cosa corriente y tú y yo, en vez de estar
viajando a mi laboratorio a 400 Km de NBA, lo
estaríamos haciendo a Aldebarán
en Alpha Centauri. – expuso ansioso
el hombre. Luego continúo:
-
¡Escucha! Rosenthal tenía, según
los registros de la época, un coeficiente
intelectual de 230. Algo superlativo si tenemos
en cuenta nuestro actual nivel medio de 120.
Las máquinas que alivian cotidianamente
nuestro lento cerebro, no piensan, elaboran.
No crean, obedecen. No sueñan, hibernan.
No sienten, comparan. No meditan, corren. Y
probablemente, ahí esté la esencia
de nuestro fracaso. Es una sociedad dependiente
de las células positrónicas de
cesio saturado. Dejamos que millones de micro
circuitos positrónicos, decidan por nosotros
y pensamos luego que sí ellos no pueden,
nosotros tampoco. Y ahí está el
error. La creación es del hombre, no
de las máquinas. Ellas nos ayudan a que
nuestras ideas se concreten más rápido,
pero no dejan de ser nuestras ideas. Ellas jamás
van a pensar como Rosenthal.
- ¿Y por qué no pensamos como
Rosenthal y les damos a las máquinas
nuestra idea?-
preguntó burlón Marcos.
-
¡Porque no tenemos el cerebro de Rosenthal!
Él murió hace 514 años
y hoy es nuestro genio del pasado, como lo fueron
Leonardo Da Vinci o Miguel Angel para los del
siglo XX. Según las estadísticas,
cada 500 años nace un genio entre los
humanos. Además, muchacho, hace mucho
que nuestros cerebros están habituados
a la ociosidad y a la pereza. Tardaríamos
varias generaciones hasta encontrar la ecuación
sustituta, y tú no estas dispuesto a
esperar tanto ¿o… me equivoco?
Marcos
hizo un gesto aprobatorio.
Un
suave zumbido en el tablero anunció el
cambio de nivel al entrar en los límites
exteriores de la ciudadela de Mar Argentun.
De a poco el Overcraf comenzó a elevarse.
Las luces de la ciudad iluminaban una bóveda
gris de nubes bajas.
El
profesor decidió continuar las investigaciones
en el laboratorio montado en su residencia particular
situada en las afueras de la pequeña
metrópoli. El anfitrión alegaba
que su oficina de investigación estaba
mejor equipada que el de la O.M.E.E.T. Pero
en realidad sus motivos eran otros.
La
ciudadela estaba construida en el mismo sitio
que la antigua ciudad de Mar del Plata, destruida
por el continuo azote del mar cuando este era
arrojado contra la costa por el viento impetuoso.
Más moderna que NBA, conservaba su aire
de villorrio apacible pero contagiado con la
pujanza que imprimía la reconstrucción
de la civilización humana. A principios
del siglo XXIV se transformó en el lugar
de residencia habitual de los excéntricos
y misántropos de la gran urbe, que buscaban
la paz y tranquilidad que brindaba la floreciente
ciudadela.
-
¡Bueno muchacho, ya llegamos! –
anunció el profesor mientras retomaba
los mandos del aparato.
La
pequeña nave se deslizó suavemente
por los corredores aéreos de la villa.
Al llegar a un alto edificio en el centro de
la ciudad, giró hacia la izquierda en
dirección al mar. Cuando terminó
de completar la rotación y mientras avanzaba
recto, comenzó a descender. Más
tarde se podía divisar junto al mar sereno,
un caserío de edificación baja,
erigido sobre una plataforma circular montada
sobre las rocas. El overcraf detuvo su vuelo
suavemente sobre una tarima elevada, que servía
para los aterrizajes de pequeñas naves.
-
¡Vamos adentro Marcos! ¡Tenemos
mucho trabajo! – propuso el profesor.
Bajaron
de la nave y caminaron hasta la pequeña
puerta de acceso al espacio puerto. Marcos sintió
el aire salobre del mar que impregnaba su nariz.
No muy lejos, se escuchaba el rumor de las olas
estrellándose contra las rocas. Se estremeció
de sólo pensar que décadas atrás,
este lugar era azotado por ráfagas de
250 Km. por hora y el océano embravecido,
descargaba toda su furia contra las piedras
eternas.
Transpusieron
la puerta y ya en el interior se encaminaron
por un largo pasillo, hasta una enorme estancia
en el interior de la casa principal. Dos personas
de pie los aguardaban. El profesor hizo una
seña con su mano y un hombre se acercó
a ellos. Tomó la maleta del profesor
y se detuvo delante de Marcos.
-
Marcos, este es ASCLI mi neodroide ayudante.
ASCLI él es Marcos Santoro, nuestro nuevo
colaborador – dijo Sumeerly.
-
Bienvenido Marcos. Te estábamos esperando
– contestó el neodroide.
Los
neodroides eran lo más parecido a sus
creadores, los seres humanos. Provistos de características
morfológicas idénticas a los seres
humanos, estos androides fueron dotados de una
gran inteligencia y pro actividad. Por estos
motivos, se convirtieron en los compañeros
ideales de los científicos dada la gran
versatilidad que ofrecían estos modelos.
Capaces de resolver un intrincado problema matemático,
construir infinidad de aparatos y herramientas
y ser un excelente anfitrión al mismo
tiempo.
La
otra figura se acercó también.
Cuando estuvo cerca, Marcos descubrió
a una joven sumamente atractiva y encantadora.
Se sintió perturbado por un instante
por la belleza de la muchacha. El profesor,
notó la actitud del joven y se apresuró
en presentarla.
- ¡Marcos! Te presento un “holo”
de Sandra, mi computadora personal.
-Yo
te conozco Marcos- dijo la imagen tridimensional
con voz suave. Estoy cerca del profesor
casi constantemente.
-¡Aja!
Bueno…Sandra es un placer “verte”
entonces – dijo sonriente el
joven.
-¡Sandra!
¿Tienes listo el informe? –
indagó el científico.
-¡Si
profesor! Ya está en la pantalla de su
despacho – contestó la
figura.
-¡Bien!
Entonces vamos allí. ¡Sígueme
Marcos!
Marcos
miró de reojo la imagen una vez más.
A su juicio, la reproducción era muy
real y perturbadora.
Transpusieron
una puerta y entraron a una habitación
muy particular. La estancia, estaba abarrotada
de cosas que, a simple vista se notaba que eran
antigüedades de la más variada índole.
Gran cantidad de libros como los del despacho
de O.M.E.E.T., armaduras del siglo XVI, artefactos
electrónicos del siglo XX, alhajas, adornos,
pinturas, vestimentas y utensilios de todo tipo.
El profesor tenía fama por la devoción
que sentía por las antigüedades
y de todo lo relacionado con la historia antigua.
En
el centro de la estancia, había una mesa
baja, rodeada por cómodos sillones de
cuero antiguo. Sobre la mesa, una pantalla de
plasma reflejaba una gran cantidad de notas
e imágenes.
-¡Bien, veamos que tenemos aquí!
– señaló el hombre.
Toma asiento muchacho. ASCLI nos traerá
té.
Presionó
algunos mandos y sobre la pantalla apareció
el rostro familiar de Sandra. El profesor se
dirigió a ella:
-
Sandra, por favor, cuéntanos que tienes.
Sandra
comenzó a hablar con voz serena y pausada.
“Albert
Einstein nació en 1879 y murió
en 1955. Físico alemán nacionalizado
estadounidense, premiado con un Nóbel,
famoso por ser el autor de las teorías
general y restringida de la relatividad y por
sus hipótesis sobre la naturaleza corpuscular
de la luz. Es probablemente el científico
más conocido del siglo XX. Ya desde muy
joven mostraba una curiosidad excepcional por
la naturaleza y una notable capacidad para entender
los conceptos matemáticos muy complejos.
En 1905 elaboró la famosa ley de la Relatividad,
muy discutida por sus pares científicos.
A partir de 1919 Einstein recibió el
reconocimiento de sus camaradas y finalmente
en 1921 recibió el laureado Novel. En
1933 Adolf Hitler asume el poder en Alemania.
Einstein y sus colaboradores, huyen del país,
acosados por las hordas antisionistas del régimen
nazi. Se radica en los EE.UU. de Norteamérica”.
-Bien
Sandra, que nos puedes decir sobre sus colaboradores
inmediatos.
“Max
Von Laue nació en 1879 y murió
en 1960, físico alemán galardonado
con el Premio Nóbel en…”
-
Por favor Sandra – interrumpió
el profesor. Háblanos de Isaac
Rosenthal.
“Isaac
Rosenthal -comenzó la súper
computadora- nació en 1885 en
Krems An Der Donau, Austria. Hijo de campesinos
judíos, estudio física en Viena.
A los 18 años trabajaba en la oficina
de Patentes en donde conoce a Albert Eistein.
En 1915 tenía en su haber la elaboración
de más de 30 teorías sobre física
quántica y partículas elementales.
Trabajaba estrechamente con Einstein sobre la
teoría de los Campos unificados hasta
que en 1933 huye a Sudamérica con su
esposa Marie Dietrich, acosado por el régimen
totalitario de Hitler. Se establece definitivamente
en Argentina, adoptando el apellido de su esposa
por temor a la inteligencia nazi. Trabajó
como docente en la Facultad de Ingeniería.
Se cree que en 1955 elaboró secretamente
la teoría de los Campos Quánticos
Autosustentados. Murió en Buenos Aires
en 1972”.
-¡Ajá, de nuevo la Ecuación
Rosenthal! - interrumpió el
hombre mientras ASCLI dejaba el té sobre
la mesa.
¡Gracias
ASCLI! Prosigue por favor Sandra.
“Teodoro
Dietrich, hijo de Isaac Rosenthal y Marie Dietrich
nació en Buenos Aires en 1942. Le dieron
el apellido de su madre por pedido expreso de
su padre. Estudió física y astronomía
en la Universidad Tecnológica. En 1990
asume como Subdirector de la Comisión
Nacional de Energía Atómica, muere
víctima de un paro cardiaco en 1998 a
los 56 años de edad”.
-¡Bien
Sandra! Espera un momento ¿Que piensas
tú Marcos?
-Aparte
que ese tal Hitler perseguía a todo el
mundo, me llamó la atención el
hecho que Rosenthal se cambie el apellido y
adopte el de su esposa. Creo que lo hizo para
ocultar algo relacionado con él –
comentó el joven.
-Si, yo también creo lo mismo. Supongo
que también a su hijo le da el mismo
tratamiento por los idénticos motivos.
-¿Y
por qué elaboró su teoría
en secreto? ¿A qué le tendría
miedo?- se preguntaba Marcos.
-Bien.
Si tuviéramos la ecuación aquí,
sabríamos para que otra cosa sirve además
que para sostener un campo temporal indefinidamente.
Supongo que en esa época todo invento
o descubrimiento científico, se emplearía
para la maquinaria de guerra que los países
poderosos desarrollaban secretamente. Por lo
tanto, Rosenthal desligó deliberadamente
a su hijo de su propio pasado con un fin –
dijo Sumeerly.
-¿Si?
¿Cuál?- curioseó
Marcos.
-Algún
día entregarle su descubrimiento. La
ecuación no debía darse a conocer
al mundo hasta que no estuviera listo. Un descubrimiento
de ese tipo, si caía en las manos equivocadas,
podría ser un peligro para el resto de
la humanidad.
-¡Ajá!
¡Claro! Entonces ahí se pierde
la fórmula porque después su hijo
muere muy joven.
-
Correcto. Sería interesante analizar
la muerte de este hombre… ¿Sandra?
– sondeó el profesor.
“Teodoro
Dietrich, murió el sábado 18 de
julio de 1998 a la 7.30 Hs. en Buenos Aires
víctima de un paro cardiaco. Fue subdirector
de la CNEA desde octubre de 1990, hasta que
el 18 de Julio de 1998 la Comisión fue
centro de uno de los hechos delictivos más
importantes de la historia. En esa oportunidad,
según registros de la época, un
número indeterminado de individuos, ingresaron
al Tesoro de la institución y robaron
cinco millones de Dólares Estadounidenses
destinados a proyectos científicos. El
Subdirector era además el tesorero de
la Comisión. El científico a poco
de enterarse del hecho, fue internado de urgencia
en un hospital por un paro cardio- respiratorio.
Dos horas después, se recuperó
del coma y luego de un breve comentario, falleció.
Sus últimas palabras fueron:
“No
me preocupa el sucio dinero, sino la suerte
del mundo”- luego de una
breve pausa, Sandra continúo:
Años
más tarde, en 2005, durante un proceso
judicial, se descubrió que los cinco
millones de dólares, correspondían
a una maniobra de lavado de dinero, que cierto
círculo de allegados al presidente del
país en esos años ocultaron en
el tesoro del instituto científico con
la excusa de emplearlo para proyectos científicos
futuros.”
-O
sea que nuestro hombre sabía que el dinero
que habían puesto allí, no era
justamente para usarlos en las investigaciones
de la Comisión – murmuró
el profesor.
-“No
me preocupa el sucio dinero, sino… –
recitaba Marcos.
-¡La
suerte del Mundo! ¡Eso es muchacho, La
suerte del Mundo! ¡Ahí está
la ecuación o mejor dicho ahí
estaba!- gritaba frenético el
profesor.
-¡Claro!
¡Ahora caigo! Con razón la ecuación
se perdió para siempre y nunca nadie
supo más nada de ella. El pobre la tendría
guardada en el tesoro con otros papeles importantes.
Él era el tesorero ¿Dónde
guardaría su formula si no? Y los ladrones
se la llevaron. Seguramente, desconociendo el
valor intrínseco del escrito, lo habrían
tirado o destruido sin saber qué era
realmente. Dietrich, al conocer la noticia del
robo sufrió una desazón muy grande
que le produjo una descompensación cardíaca.
Antes, la gente se moría de paros cardíacos.
La ecuación tenía valor sentimental
para él- teorizó el joven.
-¡Sandra
por favor! Busca alguna noticia sobre el robo
más adelante –suplicó
el profesor. Luego continúo.- Puede
ser Marcos. Su padre tal vez se la encomendó
y seguramente con alguna instrucción
especial.
La
imagen de la muchacha se proyectaba sonriente,
pero en realidad el cerebro electrónico
hurgaba en las profundidades de sus archivos.
Luego de unos segundos, la voz femenina de Sandra
se escuchó por el aparato:
-Solo
hay noticias referentes a pistas falsas y búsquedas
infructuosas. Con el correr del tiempo, la noticia
fue perdiendo importancia en los medios periodísticos
y ya no ocupaba un espacio destacado en los
titulares. Finalmente y tras diez años
de intensa búsqueda, se dio el caso por
cerrado y nunca se supo más nada de los
ladrones y del dinero – concluyó
la maquina.
-
¡Y de la ecuación! –
subrayó el profesor.
-¡Bien
Sumeerly! Pero digamos que hemos tenido suerte
y que la hemos encontrado. Y en realidad deberíamos
decir “la ubicamos” porque sabemos
donde estuvo, pero desconocemos donde está
actualmente, si es que existe, claro.
Sumeerly
escuchó con atención la tesis
del joven. Se puso de pie y se paseó
por la habitación meditando en silencio,
mirando el piso a cada paso. Marcos lo observaba
con atención. Sabía que la mente
del científico hervía frenética,
elaborando alguna solución al problema
que se les presentaba.
Luego
de varios minutos de reflexión, el excéntrico
profesor se dirigió a su colaborador.
-Muchacho
¿Has oído alguna vez sobre “Los
cambios de la Realidad”?
-Eso
creo. Hace algunos años se empezó
a teorizar sobre las implicancias de viajar
en el tiempo y las perturbaciones Para Temporales.
-Bien.
En teoría podríamos decir que
si por cualquier hecho o circunstancia, provocamos
un cambio sobre un acontecimiento del pasado,
tarde o temprano, ese cambio nos alcanzará
en el futuro.
-Así es más o menos-
aclaró el joven.
-Podríamos
analizar un caso fortuito para ser gráficos.
Si viajásemos al pasado, el solo hecho
de estar donde no debiéramos, podría
provocar una alteración en la realidad
de ese momento – luego continuo.
Supongamos
que vas al pasado para estudiar a los indios
del lejano Oeste Americano. Y caminando pateas
una piedra que jamás se debería
haber movido del lugar que el rompecabezas del
destino tenía preparado para ella. Porque
esa piedra rompería la rueda de la carreta
que al detenerse allí mismo para componerla,
se hubiese establecido un campamento, que más
tarde se transformaría en un poblado,
luego un pueblo y después en una ciudad
entera.
O
algo más lejos… digamos en la prehistoria.
Tú paseando entre los arbustos, rompes
una rama que jamás debía ser dañada
y nunca dará los frutos de donde más
tarde germinarán otros árboles
y todo un bosque no crecerá y en ese
bosque prehistórico se hubiese gestado
la evolución del hombre a partir del
mono –hizo una breve pausa para
continuar- Y todo eso por estar nada
más. Imaginate que ocurriría si
intentas provocar un Cambio de la Realidad para
obtener un beneficio en el futuro.
-Como
por ejemplo… ir al siglo XX y matar a
la madre de Hitler - dijo Marcos.
-Eso
es. Y así eliminar de la historia al
culpable de más de 11 millones de muertes.
Las implicancias de esa acción, las desconocemos
totalmente.
-¿Y
viajar al futuro profesor? ¿Que efectos
puede tener? - preguntó Marcos.
-Las
mismas que viajar al pasado salvo que, al conocer
el futuro, obraríamos en el presente
para modificar el porvenir.
-¿Cómo
es eso profesor?
-Simple.
Si viajásemos al futuro en momentos en
que… digamos, se está desarrollando
una guerra, volveríamos al presente para
modificar lo que provocó esa guerra ¿Se
entiende?
-¡Claro!
Por esos motivos El Gran Consejo desechó
del programa, los viajes a través del
tiempo y se abocó a los viajes interplanetarios.
-A
sí es. Nada más peligroso que
producir “Cambios de la Realidad”
pues es muy difícil evaluar las consecuencias
de ello en el futuro – luego
el profesor agregó: Pero tenemos
un motivo para producir un Cambio en la Realidad
en el siglo XX sin provocar perturbaciones temporales
que nos alcancen aquí el siglo XXV-
expuso serenamente.
Marcos
frunció el ceño cuando escuchó
al científico pronunciar su última
frase.
-¿Qué
quiere decir profesor?
-Analicemos
esto: ¿Qué pasaría si nos
presentamos exactamente en el preciso instante
en que se pierde la ecuación, es decir
cuando la roban o inmediatamente después?
La ecuación igual se perdió para
siempre. Está demostrado que fue así.
Tarde o temprano esa ecuación u otra
parecida, será descubierta en este siglo
o en el otro subsiguiente. Por lo tanto…
si vamos al pasado… recuperamos la ecuación
y la traemos al presente… - meditó
un momento- lo único que provocaríamos
es adelantar la realidad sin mayores efectos
que gozar de los beneficios antes de tiempo
¿me sigues?
-¡Seguro!
Pero… ¿Y por qué no vamos
antes, digamos…cuando Dietrich aún
la tiene en su poder o su padre, y les decimos
quienes somos y si nos dan la bendita ecuación
la emplearíamos para hacer el bien? –
propuso Marcos.
-¡Porque
ahí sí estaríamos provocando
un Cambio de la Realidad con consecuencias impredecibles!
Dietrich o su padre, al conocer nuestra existencia,
podrían obrar en consecuencia. Quizás
si la robásemos nosotros, Dietrich podría
morir igual, pero nosotros hubiésemos
provocado su muerte. Pero, interviniendo después
del robo, seríamos ajenos a su fallecimiento.
De todas maneras, la fórmula se perderá
igual aunque nosotros la recuperásemos
después. Nadie en ese momento sabía
de la existencia de la ecuación, por
lo tanto la tomamos y nadie podrá reclamar
nada. El cambio en la realidad sería
mínimo.
-Entiendo
profesor. Además, este es el único
punto del tiempo en donde sacar la ecuación
de su lugar, no traería consecuencias
para el futuro. Hacerlo antes es una locura.
-¡Así
es muchacho! Ya viste el punto –
manifestó Sumeerly satisfecho.
Marcos
se puso de pie y caminó en silencio por
la sala. Luego de un momento de profunda reflexión,
dijo:
-Como
conjetura está bien, pero ¿cómo
haríamos para ir hasta el siglo XX?
El
rostro de Sumeerly, inmutable hasta ese momento,
esbozó una sonrisa socarrona. Acababa
de poner a Marcos en el lugar en que él
quería tenerlo. Dejó la taza vacía
sobre la mesa cuando habló.
-¡Ven,
sígueme!- dijo luego y juntos
salieron del recinto.
Continuará...
,Josecito.