Capitulo
VI. El informe.
La
figura enjuta del director se reclinaba sobre
el marco del gran ventanal de la habitación.
La pantalla protectora estaba activada, dando
cierto matiz pastel a los rayos solares que
se colaban al interior del recinto. Marcos encaminó
sus pasos hacia él mientras analizaba
la extraña situación que estaba
viviendo. No era usual que alguien pidiera una
entrevista en forma “personal”.
A pesar de que los técnicos y operarios
trabajasen en el mismo edificio, por lo general
las reuniones de trabajo se efectuaban a través
de Holocom. Incluso en la vida cotidiana se
utilizaba este artefacto tecnológico
para salvar distancias y efectivizar la comunicación,
pues al utilizar este aparato intercomunicador,
no se perdía el precioso tiempo que demoraba
el traslado de un lugar a otro. El Holocom acostumbró
a los humanos a no verse las caras muy seguido.
Las amistades, los familiares, e incluso las
parejas, se habituaron a la utilización
de ese maravilloso invento. Fue creado en Mega
Delta con el propósito de incursionar
visualmente y sin peligro para los exploradores,
los territorios devastados por la atomización
nuclear a la que fueron sometidos. A su vez
los resguardaban del clima adverso mientras
se fiscalizaba las cuadrillas hiperdroides encargados
de la reconstrucción terráquea.

Al
igual que el Transpod, muchos creían
que las emisiones de los Holocom eran examinadas
y espiadas por el gobierno para detectar posibles
complots. Viejos resabios paranoicos del siglo
XXI.
EL
profesor se percató de la cercanía
del joven y se dio vuelta para recibirlo. Su
rostro afilado servía de marco a dos
ojos vivaces que observaban meticulosos al recién
llegado. Una mesa de cristal se interponía
entre ellos.
-
¡Por favor Marcos, tome asiento! Gracias
por venir - dijo amablemente, pero
enseguida agregó:
Sé
lo que está pensando. No crea que admito
esas patrañas del…espionaje gubernamental
pero, quiero tomar mis precauciones.
Marcos
sonrío levemente. No tenía demasiada
confianza con el profesor sin embargo contestó
animado.
-
¡No se preocupe Señor! ¡Yo
tampoco creo en esas tonterías!
-
Bien. En algo estamos de acuerdo. ¡Buen
principio! - aprobó Sumeerly
-
¿Trajo el informe que le pedí?
– preguntó luego ansioso.
Marcos
extrajo de su chaqueta una tarjeta de memoria
y se la alcanzó diciendo:
-
Aquí tiene profesor. Todo lo que Ud.
solicitó sobre el famoso físico
del siglo XX. Es un estudio detallado de sus
obras, escritos, teorías. Su vida personal,
sus miedos, sus amores, sus amistades…todo
está justamente ahí. Incluso me
tomé el atrevimiento de agregar datos
detallados sobre sus colaboradores inmediatos.
-
¡Excelente Marcos! Yo sabía que
no me equivocaba al elegirlo a usted. ¡Bien
hecho! - exclamó Sumeerly mientras
tomaba la tarjeta y luego de examinarla, la
colocó en una ranura abierta en la mesa.
En realidad no había ninguna muesca hasta
ese momento. Al acercar la ficha sobre un punto
determinado del tablero, la superficie antes
perfecta y lisa, se transformó en líquido
translúcido inmediatamente debajo de
la pieza. Apoyó la memoria sobre el fluido
y la soltó. En seguida la porción
de mesa volvió a solidificarse desapareciendo
la tarjeta y la superficie quedó tan
perfecta y acrisolada como antes.
-Bien,
dejemos que Sandra analice sus datos mientras
charlamos un rato ¿desea tomar algo,
muchacho?
-Té
grey, solo por favor – le contestó
el joven científico.
Los
científicos excéntricos llamaban
a sus computadoras personales con nombres familiares.
Era muy estrecha la relación hombre-
máquina en aquellos días. A veces
era la única compañía con
que se contaba durante toda una vida. Cuando
un ser humano nacía, se encomendaba su
cuidado, a las “RoboSitter”. Infalibles
madres postizas que sabían cuidar, educar,
proteger y acompañar gran parte del desarrollo
del niño.
Luego,
a los 5 años, se lo destinaba a su madre
biológica pero jamás se separaba
de aquella que lo crió durante sus primeros
años de vida.
Sumeerly
accionó un mando en el panel que estaba
en un costado de la habitación. Una pequeña
puerta se abrió al cabo de unos segundos
y el profesor tomó del servicio, dos
tazas humeantes. Dejó una cerca del muchacho
y se sentó nuevamente diciendo:
-
He estudiado su legajo con mucho detenimiento
y descubrí que no sólo tiene aptitudes
para ser cosmonauta, sino que además
le hubiese gustado entrar al servicio. Dígame
Marcos ¿por qué esta acá
en O.M.E.E.T trabajando con nosotros sobre cuestiones…
del tiempo y no volando por el sistema solar?-
preguntó intrigado y sin quitarle los
ojos de encima mientras tomaba un poco de té.
-
Verá profesor. Es verdad, me gustaría
entrar a C.I.E. pero aún es un terreno
inexplorado. Muchos años se invirtieron
en la terratransformación del planeta
y recién ahora comienza el interés
por explorar otras regiones del cosmos. Todavía
falta para lo mejor.
-
¿Lo mejor, Marcos?- preguntó
curioso el profesor.
-¡Y
si! Viajes intergalácticos. Otros mundos,
otros sistemas solares, tal vez vida inteligente.
¿Quién sabe? Por ahora el Centro
de Investigaciones Espaciales se limita a viajes
cortos por el sistema solar. Saben que el factor
tiempo es el verdadero escollo que impide aventurarse
más allá de la orbita de Plutón.
Hace 50 años que nos quedamos estancados
y no hay forma de salir de nuestro sistema solar
sin que los cosmonautas se vean perjudicados
por la Relatividad Espacio Temporal
– argumentó el joven.
-
¡Aja!- interrumpió el
profesor. O sea, que estás aquí
con nosotros para ver si tú puedes adelantar
las cosas. ¿No es cierto muchacho?-
le interrogó el profesor sagazmente.
Marcos
levantó sus hombros en señal de
asentimiento. Antes de concluir el siglo XXIV
comenzó el interés por los viajes
espaciales. Algo vedado durante siglos por los
problemas en el propio planeta. Se desarrollaron
nuevos motores de impulsión para las
naves interestelares. Primero fueron los motores
de fusión nuclear. Lentos y peligrosos
pronto fueron descartados y reemplazados por
los fotónicos que desarrollaban altas
velocidades pero aún consumían
demasiada energía. Luego aparecieron
las poderosas máquinas de proto-plasma.
Pero aún estos no superaban la velocidad
de la luz. Si los científicos necesitaban
superar las barreras del espacio, debían
encontrar motores más eficientes, económicos
y veloces, capaces de superar la barrera del
dominio fotónico y viajar más
allá de 1 Quad.
Pero
en el año 2.405 un físico norteño
llamado Carl Stranford, desarrolló una
nueva máquina impulsora. Silenciosa,
económica y poderosa, capaz de cuadriplicar
la velocidad fotónica. Era el motor de
fisio-plasma magnético. Un indiscutible
prodigio de la ciencia espacial. El sistema
consistía en la descomposición
controlada de plasma magnético saturado
de iones de antimateria. Uno solo de estos ases
magnéticos, dirigido correctamente, tenía
una carga de impulso de 1.5 Toneladas másicas
por milímetro cuadrado llevándola
a una aceleración de 3.500 Km. por segundo
al cuadrado. Tan solo le hacia falta 10 segundos
a este motor para acelerar una nave espacial
de 10 toneladas de peso, de 0 a 1.200.000 Km.
por segundo y consumiendo la misma energía
que se necesitaba para entablar una comunicación
Holocom dentro de la misma ciudad. Pero el verdadero
problema no era la velocidad final de las naves,
sino…el tiempo de viaje.
El
profesor había escuchado al joven con
atención. Sin duda se notaba que el muchacho
hablaba con cierta euforia al referirse a los
viajes espaciales y sus implicancias.
-Está
bien, Marcos…pienso que… -
no pudo terminar su frase. Un sonido bajo acompañó
un súbito cambio en la superficie de
la mesa. El centro de esta se alteró
de la misma manera que lo hizo cuando el profesor
introdujo los datos. Esta vez, la alteración
fue mayor y acto seguido, parte de la mesa se
elevó unos centímetros, giró
90º y se colocó verticalmente con
respecto al plano del tablero.
-¡Aquí está! Veamos…
- dijo el hombre. Marcos observaba en silencio.
De
la superficie plana recién elevada, frotó
la imagen del científico Albert Einstein
y en seguida comenzó la pantalla a poblarse
de datos y cifras.
-Bien,
dejemos que Sandra nos prepare su informe final.
Mientras tanto me parece prudente explicarte
los motivos por los cuales te cité aquí
en mi despacho. Como dije antes, conozco tu
devoción por los viajes espaciales y
creo que tu urgencia por adelantarlos me servirá
como motivación para reclutarte en mi
proyecto particular. Tus progresos en la ciencia
han sido deslumbrantes y podrán servir
a nuestros intereses en común.-
comenzó enfáticamente el profesor.
-¿Su
proyecto… profesor?- preguntó
extrañado Marcos mientras dejaba la taza
vacía sobre la mesa.
-Déjame
explicarte. Como bien tú mencionaste
antes, el verdadero problema está en
el tiempo y no en el espacio, literalmente hablando,
porque ambos sabemos que las dos cosas son lo
mismo. Por más que desarrollemos motores
de impulsión cada vez más poderosos,
con el correr del tiempo, valga la paradoja,
necesitaremos motores cada vez más veloces
a medida que se alarguen las distancias. Actualmente,
con el motor de fisio-plasma para viajar a la
estrella Vega distante a 26 años luz
de nosotros, tardaríamos 6 años
y medio terrestres aproximadamente y suponiendo
que es la estrella más cercana a nuestro
Sol con posibilidad de albergar vida inteligente
en algunos de sus planetas, cosa que aún
no está comprobada.
-Lo cual nos lleva a pensar en el problema Tiempo
¿no es cierto? - consultó
el joven acomodándose en el sillón.
-Exacto.
Porque además sabemos que viajando a
la velocidad de la luz, el tiempo relativo en
torno a la nave se atrasaría con respecto
al de la Tierra, con lo que el cosmonauta llegaría
antes de lo previsto para él, pero no
para los que esperamos aquí. Imagínate
lo que puede ocurrir al viajar a 4 veces o más,
a dicha velocidad.
-¡Si!
- expuso Marcos. El tiempo para el viajero se
atrasaría 4 veces con lo que el viaje
a Vega a él podría insumirle 1
año y medio terrestre.
-Correcto. Al astronauta sí, pero no
a los terrestres que seguirían esperando
6 años y medio y que en realidad serían
13 años considerando el regreso.
-Y no creo que el viajero llegue, salude y salga
rápido. Al menos sería una misión
de exploración que insumiría cierto
tiempo.-
apuntó el joven.
-¡Muy
bien! Y por lo tanto debemos focalizar todos
nuestros esfuerzos en resolver la Relatividad
Espacio Temporal.
-¿Y usted que propone, profesor?
El
director se puso de pié y se encaminó
a un armario construido del mismo material que
la mesa. Colocó sus dedos sobre la superficie
pulida y dijo:
¡Dámelos!
Al
igual que en los casos anteriores, sobre la
superficie ahora discontínua, emergió
un objeto extraño. Iván lo tomó
con delicadeza y se dirigió nuevamente
hacia la mesa y lo colocó sobre ésta.
Marcos observó el objeto con detenimiento.
En realidad eran dos. Se trataba de antiguos
libros y en una de las tapas se podía
leer.
Los
Agujeros Negros - Karl Schwarzschild.
-
¡Aquí está la solución!,
o parte de ella- dijo Sumeerly discursivamente.
-¿Los
agujeros negros? ¡Por favor, explíqueme!
– rogó Marcos muy interesado.
El profesor que aún seguía de
pie, comenzó diciendo:
 |
-Los
Agujeros Negros, como todos sabemos, son cuerpos
celestes con un campo gravitatorio tan enorme
que ni siquiera la radiación electromagnética
puede escapar de su gravedad. El agujero está
rodeado por una frontera esférica, llamada
Horizonte de Sucesos, a través de la
cual la luz puede entrar, pero no puede salir,
por lo que parece ser completamente negro. En
1916, Schwarzschild descubrió y estudió
estos objetos ligados a la Teoría de
la Relatividad de Einstein. Según la
relatividad, la gravitación modifica
intensamente el espacio y el tiempo en las cercanías
de un agujero negro. Cuando un observador se
acerca al horizonte de sucesos del agujero desde
el exterior, el tiempo se retrasa con relación
al de observadores a distancia, deteniéndose
completamente en el centro. Con estas observaciones,
lo que nos dice el científico es que
podemos variar el tiempo, conforme nos acerquemos
o alejemos de un agujero negro. Además
agrega que cualquier agujero negro formado en
los comienzos del Universo, con una masa menor
ya habría colapsado.
- ¡Pero esto ya se estudió y sabemos
que…!-
interrumpió el joven.
-
¡Déjame terminar!- suplicó
el profesor.
-
Perdóneme - se excusó
el muchacho ansioso.
Sumeerly
tomó el otro libro que estaba semitapado
por el primero. En él se podía
leer.
Historia
del tiempo - Stephen Hawking
Sumeerly
abrió el libro en una de sus páginas
y comenzó a leer:
-
Stephen Hawking ha sugerido que muchos agujeros
negros pueden haberse formado al comienzo del
Universo. Si esto es así, muchos de estos
agujeros negros podrían componer una
fracción significativa de la masa total
del Universo. En reacción al concepto
de singularidad de Schwarzschild, Hawking ha
propuesto que los agujeros negros no colapsan
de esa forma, sino que forman “agujeros
de gusano” que comunican con otros universos
diferentes al nuestro. El profesor
cerró el libro y luego agregó:
Por
otro lado, la Relatividad de Einstein teoriza
la razón del movimiento como una variación
más del tiempo. Tú en estos momentos
estás sentado cómodamente y quieto
con respecto a esta habitación, pero
en realidad te estás desplazando a velocidades
vertiginosas por el espacio, acompañando
el movimiento de la tierra por el sistema solar,
éste por la galaxia y ésta por
el cosmos y así sucesivamente. Y no te
puedo asegurar a qué velocidad te mueves
porque no existe un marco de referencia quieto
en todo el Universo, porque él mismo
se expande a la velocidad de la luz. La teoría
de Hawking, propone que al ingresar a un agujero
negro, el viajero quedaría inmovilizado
en el 0 absoluto del desplazamiento, y por lo
tanto para él, el tiempo también
se detendría inexorablemente. Y como
los agujeros se comunican entre sí, el
“tempo-nauta” podría emerger
en otra dimensión y en otro tiempo. Ergo…en
otro lugar.
-Entonces,
podríamos aprovechar estos… “gusanos”
para viajar por el espacio-tiempo.-
conjeturó Marcos.
-¡Exacto!
Según nuestros científicos, podemos
generar un campo gravitatorio y colapsarlo para
generar un pequeño agujero negro lo suficientemente
grande como para introducir una máquina
y así comunicarnos con otros gusanos
y establecer una red para viajar por el subespacio
– agregó Sumeerly.
-
Claro, pero el problema radica en que los agujeros
de masa pequeña no duran mucho. Se hundirían
en su propio peso, cerrando la única
vía de regreso a casa –
señaló el joven científico.
-¡No
tan rápido joven! Albert Einstein no
elaboró sólo su teoría
de la relatividad. También estudió
los fenómenos asociados a los agujeros
negros. Trabajó en colaboración
con sus coterráneos, los científicos
Max Von Laue e Isaac Rosenthal. Este último
para mí, fue el más brillante
de los tres y descubrió en 1955 cual
es el valor exacto de la fuerza gravitacional
necesaria para soportar indefinidamente un agujero
negro de determinada masa cuántica. Ese
valor lo obtuvo de una ecuación algorítmica
diferencial.
-¡La
ecuación Rosenthal! –
soltó el muchacho.
-¡Correcto!-
dijo el profesor satisfecho.
-Pero
esa ecuación es un mito, una fábula.
Nadie ha podido demostrar su existencia y menos
aún, nadie, ni siquiera nuestros cerebros
positrónicos han podido elaborar una
ecuación igual.
-Te
equivocas en algo- indicó el
profesor.
-¿Qué
cosa, profesor?
Sumeerly
se puso de pié y señalando la
pantalla de plasma líquido dijo:
-¡Creo
que sé dónde puede estar, y tu
informe nos servirá para encontrarla!
Capitulo
VII. El visitante.
Juan
esperaba ansioso sobre el muelle el regreso
del Rafa. Este había salido temprano
por la mañana con su parte del botín
para esconderla en un lugar seguro en las islas.
La banda contaba con cuatro contenedores plásticos
y herméticos para asegurar que las frecuentes
inundaciones no estropearan el dinero. Además
en el interior de estas cajas estancas, colocaron
material de gel siliconado para absorber todo
posible vestigio de humedad que pudiera filtrarse.
Por último y para asegurarse, envolvieron
el recipiente con una lámina de kevlar
y teflón muy resistente a los golpes
y perforaciones provocadas por las alimañas.
En
la curva del pequeño arroyo, asomó
la proa de la pequeña embarcación
comandada por un solo tripulante. Juan, aunque
frío e imperturbable, respiró
aliviado al observar el semblante sereno de
su compañero, indicando que el primer
operativo se había desarrollado sin contratiempos.
-¡No
me digas que vos estás algo impresionable
che! – le gritó el Rafa
a su jefe apenas se acercó un poco.
-¡Y
que querés que te diga negro, me siento
como una madre cuidando a sus hijos para que
no hagan cagadas!- espetó Juan.
Apenas
Rafa puso un pié sobre el muelle, Juan
le solicito el GPS. El subordinado le entregó
el aparato y Juan lo estudió meticulosamente
mientras accionaba los mandos del frente.
-Bien
Rafa, veo que no has dejado tu waypoint en la
memoria. ¿Lo anotaste?
-¡Sí
acá! – le respondió,
señalándose la sien con su dedo
índice.
En
realidad mentía. No confiaba mucho en
su memoria y había numerosa cantidad
de dinero en juego. Conservaba los números
anotados en un papel que guardaba en el bolsillo
de su campera. Deliberadamente transcribió
los números en clave y de manera fácil
para recordarla más tarde, pero difícil
para otros ojos. Sobre todo los de Juan. Si
el descubría ese papel, supuestamente
no podría relacionarlo con las coordenadas
geográficas del GPS. Anotó los
dígitos uno al lado de otro, sin solución
de continuidad. La inscripción parecía
el número de una tarjeta de crédito
o de una cuenta bancaria. Pero también
sabía que si Juan descubría que
lo había desobedecido, la pasaría
muy mal pues sabía que su jefe tenía
un carácter muy temperamental e imprevisible.
Los
otros dos cómplices, escuchaban atentos
la conversación de sus compañeros.
El “Nene” aún paseaba nervioso
su vista por los alrededores pese a que en dos
días aún no habían visto
ni un alma.
-¿Qué
te pasa muchacho, aún pensás en
ese tipo? – le preguntó
Salcedo.
-¡Sí
viejo! Todavía no me explico de donde
salió. Me preocupa más eso, que
el tiro que le tuve que pegar.
Salcedo
quedó absorto por un momento y luego
agregó.
-Bueno,
quedate tranquilo que mañana va a ser
un día largo. Te toca a vos salir con
la guita.
-¡Si,
ya sé! Sabés una cosa viejo, estoy
nervioso porque cuando saqué la pistola
para surtir al guacho se me cayó la tarjet...
- no pudo terminar. Notó que su interlocutor
estaba callado, mirando por encima de su hombro.
El “Nene” se dio vuelta y descubrió
la inmutable mirada de Juan.
-¿Que
se te cayó Nene?- preguntó
secamente el jefe.
El
nene retrocedió un paso instintivamente.
Juan exaltado, sacó su arma e increpó
fuertemente al joven, mientras lo aferraba del
cuello.
-¿Que
se te cayó pelotudo? Hablá o te
reviento acá mismo – gritó
enardecido. Su rostro estaba rojo de furia.
-¡Perdoname
Juan! ¡Fue sin querer... fue todo tan
rápido que no tuve tiempo de nada!-
suplicaba el Nene.
-¿Pero
que se te cayó, infeliz? ¡Decime
ya!
-¡La
tarjeta que me diste con la dirección
del tipo del curso del GPS!
-
¡Boludo! ¿No te dije que no guardes
nada? ¡Que tenías que memorizar
todo! ¿No te dije cien veces lo mismo?-
bramó Juan encolerizado por el importante
error cometido por el subalterno.
El
aire estaba encendido de tensión. Rafa
intervino rápidamente.
-
¡Pará, pará un poquito Juan!
– imploró. Cuando
llegamos te dije que había algo raro
en eso.- continuó luego.
Juan
giró su rostro hacia el Rafa como esperando
una explicación.
-¿Qué
es lo raro? ¡Acá lo único
anormal es este tarado que no sé que
mierda tiene en la cabeza!
-Calmate
un poco y escuchame. Por favor, guardá
esa pistola. Lo que menos necesitamos es un
disparo para alertar a medio país que
estamos acá.
Esta
última frase pareció surtir efecto
porque Juan, de a poco comenzó a serenarse.
El “Nene” contenía su lamento
cuando el Rafa abordó el recuerdo de
la noche del robo:
-
¡Escuchame! Me acuerdo de lo que pasó
perfectamente. ¿Te acordás que
entraste a la pequeña cocina que estaba
abajo, pegada a la escalera?
-¡Sí!
¡Por supuesto! Entré para prender
la luz del pasillo del subsuelo que da al tesoro
desde el tablero general.
-Claro. Y supongo que no había nadie
adentro-
observó el Rafa.
-¡Por
supuesto que no! La cocinita mide dos por dos.
Tomaba mate a la tarde con el vigilador para
recabar datos para la operación. Si alguien
se hubiese escondido esa noche, yo lo tendría
que ver al entrar.
- ¡Ahí está! Después
de cargar los últimos billetes, comenzamos
a subir las escaleras hacia la planta baja para
rajarnos. El “Nene” iba a la retaguardia
y yo delante de él. Vos y Salcedo estaban
más arriba cuando escuchamos que la puerta
de la cocina se abría. Nos dimos vuelta
y vimos a ese tipo asomándose por la
puerta. El Nene que estaba más cerca
quedó petrificado del susto. Yo le grité
que lo” pusiera” porque nos había
visto. Fue cuando el “Nene” sacó
la pistola y le disparó a quemarropa.
En todo ese tiempo, el tipo nos miraba como
si hhubiera visto a dos fantasmas.
- ¡Sí, eso ya lo sé!-
comentó Juan.
-
Se suponía que no había nadie
¿De dónde carajo salió
o como entró ahí?
-Y todo esto ¿qué tiene de extraño
según tu lógica? –
preguntó Juan.
-
¡Dejáme terminar! Cuando el “Nene”
sacó el arma se le cayó un papel.
Eso yo lo vi, pero no sabía lo que era…
hasta ahora. Por lo que pude ver antes de salir
corriendo, fue que el chabón se agarraba
el pecho porque ahí recibió el
disparo. Cayó al piso y ya comenzaba
a chorrear sangre. Eso fue lo último
que vi.
-¿Y?
–
preguntó ansioso Juan.
-
Todos estos días estuve escuchando las
noticias por la radio para enterarme de lo que
se hablaba de nosotros. Aparte de la guita que
afanamos, de lo único que hablan, es
que encontraron manchas de sangre por todo el
pasillo y la cocina pero que no encontraron
ningún cuerpo ni herido. Si el tipo hubiese
sido un vigilador o un técnico, lo habrían
encontrado.
El
“Nene” y Salcedo seguían
atentamente el razonamiento del Rafa.
-¡Con
razón dijiste cuando llegamos acá
que podía ser de la competencia!-
recordó Salcedo.
-¡Claro!
Eso pensé al principio, pero después
me surgió la duda.
-¿Por
qué? – preguntó
Salcedo.
-Por
el disparo que recibió, no habría
llegado muy lejos. Acordate que la poli llegó
enseguida. Lo tendrían que haber encontrado
en algún lado tirado –
luego se dirigió a Juan. Te digo
que es raro, el tipo se desvaneció en
el aire sin dejar rastros. Y además está
la cuestión de la cocina.
-¿Que
pasó con la cocina, Rafa?- intervino
balbuceando el “Nene”.
-¿Vos
cuando entraste a la cocina, viste algo anormal?-
se dirigió a Juan.
-¡Y
dale con lo mismo! ¡Ya te dije que no
vi nada ni nadie anormal ahí adentro!
¿Por qué me preguntás?
- contestó molesto Juan.
-¡Escuchá
esto! Según la radio, aparte del afano,
dicen que nosotros al huir destruimos un pequeño
cuarto destinado al refrigerio del personal.
Dicen que la policía encontró
el cuarto totalmente destrozado y que muchos
de los objetos que encontraron, estaban aplastados
como si lo hubiésemos agarrado con una
aplanadora y que no se explican para qué
carajo nos tomamos tanto tiempo en arrasar con
todo y cuál era el fin ¿Qué
decís a eso? ¿Y del fuerte retumbo
que escuchamos mientras juntábamos la
guita? ¿Se acuerdan del cagazo que nos
dio? Parecía como que se hubiese caído
algo muy pesado.
-Yo dije que podía ser un camión.
A esa hora pasan muchos por la avenida de atrás-
acotó Salcedo.
Juan
levantó las cejas como recapacitando.
Luego de meditar un rato habló imperativo.
-¡Está
bien! Coincido que esto es raro pero no deja
de preocuparme la suerte de ese papel. Es la
pista para encontrarnos acá. Debemos
movernos rápido. Mañana temprano
salimos los tres restantes para enterrar nuestra
parte. Y lo haremos en esta misma isla. Iremos
en direcciones opuestas y tendremos tres horas
cada uno para ir y volver. Para mañana
a la tarde, quiero tener todo listo para salir
de acá. Ahora, entremos a la casa, debemos
preparar todo para rajar. Así que hoy
nos acostaremos temprano pero estableceremos
turnos para hacer guardia. No quiero que nos
sorprendan distraídos.- concluyó.
Los
demás escucharon silenciosos, pero comprendieron
que su jefe tenía razón. No debían
arriesgarse perdiendo tiempo. Dentro de la casa
comenzaron los preparativos para la huida y
establecieron los turnos para la imaginaria.
El primero sería el Rafa, segundo Salcedo,
tercero el “Nene” y por último
Juan.
Cenaron
y enseguida fueron a dormir temprano comenzando
el Rafa con su guardia hasta las doce de la
noche, hasta que le cedió el puesto a
su compañero. Antes de acostarse, el
Rafa encendió un cigarrillo y conversó
brevemente y en voz baja con su reemplazante.
Salcedo sostenía una taza de café
humeante y se sentaron en los sillones de mimbre,
debajo del alero de la casa.
-¡Che,
Rafa! No te invito con café porque sino
después no te podes dormir-
después de un sorbo, agregó: ¡Che…
se puso jodido hoy Juancito con el “Nene”!
¿Eh?
-¡Y…qué
querés! El jefe estaba caliente con el
boludo del “Nene”. Yo estoy de acuerdo
que no se le cayó a propósito,
pero el bolas no tenía que andar con
el papelito encima. Todos sabemos que esos accidentes
pueden ocurrir y Juan es implacable con eso.-
Por un instante, pensó en su falta al
anotar el waypoint en un papel.
-¡Sí
Rafa! Juan tiene fama de puntilloso y no bancarse
una y...
Repentinamente
soltó la taza. Un súbito resplandor
centelleó detrás de los árboles,
a 20 metros al costado de la casa. Una tenue
bruma flotaba en el aire, obrando como un reflector
que reverberó el fulgor dándole
un toque surrealista, mientras un breve temblor
sacudía la casa. De inmediato una brisa
suave pero repentina, provino del lugar al mismo
tiempo que sonó un chasquido apagado.
Un olor picante parecido al ozono, les llegó
junto al soplo.
Los
dos compinches se quedaron duros de estupor.
Salcedo fue el primero en reaccionar.
-¿Qué
mierda...? ¡Vamos rápido adentro
para despertar a los demás!
-¡Shh!... ¡Silencio! ¡Callados!
Ya estoy acá. El “Nene” está
cuidando la retaguardia. Entren despacio y agachados-
se escuchó la voz tenue del jefe, proveniente
del interior.
Los
dos ingresaron agazapados. La puerta de la casa
se entornó rápidamente para permitir
el ingreso de los dos hombres. La abrió
Juan desde adentro, armado hasta los dientes.
Les proveyó de sus pistolas a ambos y
se ubicaron uno a cada lado de la casa, debajo
de las ventanas. Él permaneció
detrás de la puerta semiabierta. En voz
baja, Juan habló de nuevo.
-¿”Nene”,
que ves?- preguntó.
-¡Nada!
No hay nadie, Jefe – contestó
con vos susurrante el “Nene”.
No
fue necesario esperar mucho. Desde el lugar
de donde provino el resplandor, un punto brillante
surgió de repente. Luego, un rayo radiante
y potente, comenzó a barrer la casa de
punta a punta. Sobre las paredes, los muebles
y ellos, la línea luminosa bien definida
como un láser, se desplegaba con lentitud
sobre los objetos. El rayo había penetrado
las paredes de la construcción sin impedimento.
Los cuatro quedaron sorprendidos por el fenómeno.
El
láser desapareció súbitamente
y Juan se asomó por la portezuela. Una
figura humana se recortaba en la penumbra. Juan
alzó su arma y le apuntó. Una
voz proveniente del interior de su cráneo
sonó autoritaria y lo paralizó
por completo. Hablaba en castellano pero con
acento extranjero.
-¡ESCUCHEN
LOS DE LA CASA! ¡ESTOY MONITOREANDO SUS
MOVIMIENTOS! ¡NO QUIERO SU DINERO, QUIERO
EL PAPEL QUE ENCONTRARON EN EL INSTITUTO! ¡NO
DESEO HACERLES DAÑO!-
Endurecidos
de espanto, los cuatro escucharon lo mismo.
Lo delataban sus semblantes aterrorizados. Las
miradas se dirigieron al Rafa. Éste,
anticipándose a la pregunta, les dijo
a sus compañeros en voz baja:
-
¡Lo enterré con la guita, creí
que tendría algo de valor!
Juan
reflexionó un instante. Su mente pensaba
vertiginosamente. Luego alzó la voz y
se dirigió al visitante.
-¡NO
LO TENEMOS ACÁ! ¡ESTÁ EN
UN LUGAR SEGURO… BIEN SEGURO!
De
pronto, una delgada línea púrpura
ingresó a través de la puerta,
perforándola con un chasquido. El trazo,
en su camino rectilíneo, atravesó
la mochila del “Nene” que estaba
sobre la mesa, una botella vacía, un
cuadro y también la pared opuesta a la
puerta. Luego cesó por completo. Los
objetos alcanzados, despedían una pequeña
columna de humo gris por el orificio recién
abierto. La voz extraña, literalmente,
se “escuchó” de nuevo.
-SÉ
QUE ESTÁN AGAZAPADOS. LOS ESTOY MONITOREANDO
CON UN TERMOSCANNER. EL PRÓXIMO DISPARO
DE MI ARMA SERÁ MAS PRECISO. LES REPITO,
NO PRETENDO SU DINERO NI HACERLES DAÑO.
SÓLO QUIERO EL PAPEL. . USTEDES NO DEBEN
TENERLO. POR FAVOR, LANCEN SUS ARMAS AFUERA.-
Otro
rayo brotó por la pared debajo de la
ventana, en el puesto de Salcedo, a 5 cm. de
su cabeza.
-
ESE PASÓ CERCA DELIBERADAMENTE. NO DESEO
LASTIMARLOS. ¡PALABRA DE HONOR!
Esta
vez la voz se escuchó más amigable
pero sin perder la energía del principio.
Sin comprender bien a qué se enfrentaban,
Juan rendido ante semejante poderío,
decidió ceder a las demandas del desconocido.
-¡BUENO;
QUIEN QUIERA QUE SEA, VAMOS A SALIR! ¡NO
DISPARE, POR FAVOR!- gritó Juan
al extraño.
-¿Vamos
a rendirnos así nomás, sin pelear?
– observó el “Nene”.
-Muchachos,
tiremos las armas afuera. Nene ¿tenés
la 22 en la “sobaquera”?
- preguntó Juan.
-¡Sí!
La tengo.
-
¡TODAS DIJE, LOS ESTOY ESCUCHANDO ADEMÁS!
– sonó aún más
fuerte la voz en sus cabezas que parecían
que iban a estallar.
-¡Mierda!
¡Mierda! Hagámosle caso. ¡Nos
tiene acorralados!- aulló Rafa
dolorido.
Juan
se incorporó tambaleante y asomó
su cabeza por la puerta entreabierta. Vio que
el individuo estaba parado a 20 metros de la
casa. Enfundado en un traje negro y ceñido
al cuerpo, apuntaba hacia la finca con una especie
de bastón cilíndrico. En la otra
mano, sostenía un aparato rectangular
y el frente de este, emitía reflejos
centelleantes sobre el rostro desnudo del sujeto.
Este, ante una señal del aparato, alzó
la vista y miró a Juan directamente a
los ojos.
El
“Nene” se asomó por la ventana
y pegó un chillido al ver al extraño.
-¡Es
él!- exclamó angustiado.
-¿Quién
es, por Dios? – le preguntó
Salcedo.
-¡Te
digo que es él! ¡El tipo de la
cocina!
Continuará...
,Josecito.