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La Ecuación Rosenthal -- Por Josecito


Capitulo VI. El informe.

La figura enjuta del director se reclinaba sobre el marco del gran ventanal de la habitación. La pantalla protectora estaba activada, dando cierto matiz pastel a los rayos solares que se colaban al interior del recinto. Marcos encaminó sus pasos hacia él mientras analizaba la extraña situación que estaba viviendo. No era usual que alguien pidiera una entrevista en forma “personal”. A pesar de que los técnicos y operarios trabajasen en el mismo edificio, por lo general las reuniones de trabajo se efectuaban a través de Holocom. Incluso en la vida cotidiana se utilizaba este artefacto tecnológico para salvar distancias y efectivizar la comunicación, pues al utilizar este aparato intercomunicador, no se perdía el precioso tiempo que demoraba el traslado de un lugar a otro. El Holocom acostumbró a los humanos a no verse las caras muy seguido. Las amistades, los familiares, e incluso las parejas, se habituaron a la utilización de ese maravilloso invento. Fue creado en Mega Delta con el propósito de incursionar visualmente y sin peligro para los exploradores, los territorios devastados por la atomización nuclear a la que fueron sometidos. A su vez los resguardaban del clima adverso mientras se fiscalizaba las cuadrillas hiperdroides encargados de la reconstrucción terráquea.

Al igual que el Transpod, muchos creían que las emisiones de los Holocom eran examinadas y espiadas por el gobierno para detectar posibles complots. Viejos resabios paranoicos del siglo XXI.

EL profesor se percató de la cercanía del joven y se dio vuelta para recibirlo. Su rostro afilado servía de marco a dos ojos vivaces que observaban meticulosos al recién llegado. Una mesa de cristal se interponía entre ellos.

- ¡Por favor Marcos, tome asiento! Gracias por venir - dijo amablemente, pero enseguida agregó:

Sé lo que está pensando. No crea que admito esas patrañas del…espionaje gubernamental pero, quiero tomar mis precauciones.

Marcos sonrío levemente. No tenía demasiada confianza con el profesor sin embargo contestó animado.

- ¡No se preocupe Señor! ¡Yo tampoco creo en esas tonterías!

- Bien. En algo estamos de acuerdo. ¡Buen principio! - aprobó Sumeerly

- ¿Trajo el informe que le pedí? – preguntó luego ansioso.

Marcos extrajo de su chaqueta una tarjeta de memoria y se la alcanzó diciendo:

- Aquí tiene profesor. Todo lo que Ud. solicitó sobre el famoso físico del siglo XX. Es un estudio detallado de sus obras, escritos, teorías. Su vida personal, sus miedos, sus amores, sus amistades…todo está justamente ahí. Incluso me tomé el atrevimiento de agregar datos detallados sobre sus colaboradores inmediatos.

- ¡Excelente Marcos! Yo sabía que no me equivocaba al elegirlo a usted. ¡Bien hecho! - exclamó Sumeerly mientras tomaba la tarjeta y luego de examinarla, la colocó en una ranura abierta en la mesa. En realidad no había ninguna muesca hasta ese momento. Al acercar la ficha sobre un punto determinado del tablero, la superficie antes perfecta y lisa, se transformó en líquido translúcido inmediatamente debajo de la pieza. Apoyó la memoria sobre el fluido y la soltó. En seguida la porción de mesa volvió a solidificarse desapareciendo la tarjeta y la superficie quedó tan perfecta y acrisolada como antes.

-Bien, dejemos que Sandra analice sus datos mientras charlamos un rato ¿desea tomar algo, muchacho?

-Té grey, solo por favor – le contestó el joven científico.

Los científicos excéntricos llamaban a sus computadoras personales con nombres familiares. Era muy estrecha la relación hombre- máquina en aquellos días. A veces era la única compañía con que se contaba durante toda una vida. Cuando un ser humano nacía, se encomendaba su cuidado, a las “RoboSitter”. Infalibles madres postizas que sabían cuidar, educar, proteger y acompañar gran parte del desarrollo del niño.

Luego, a los 5 años, se lo destinaba a su madre biológica pero jamás se separaba de aquella que lo crió durante sus primeros años de vida.

Sumeerly accionó un mando en el panel que estaba en un costado de la habitación. Una pequeña puerta se abrió al cabo de unos segundos y el profesor tomó del servicio, dos tazas humeantes. Dejó una cerca del muchacho y se sentó nuevamente diciendo:

- He estudiado su legajo con mucho detenimiento y descubrí que no sólo tiene aptitudes para ser cosmonauta, sino que además le hubiese gustado entrar al servicio. Dígame Marcos ¿por qué esta acá en O.M.E.E.T trabajando con nosotros sobre cuestiones… del tiempo y no volando por el sistema solar?- preguntó intrigado y sin quitarle los ojos de encima mientras tomaba un poco de té.

- Verá profesor. Es verdad, me gustaría entrar a C.I.E. pero aún es un terreno inexplorado. Muchos años se invirtieron en la terratransformación del planeta y recién ahora comienza el interés por explorar otras regiones del cosmos. Todavía falta para lo mejor.

- ¿Lo mejor, Marcos?- preguntó curioso el profesor.

-¡Y si! Viajes intergalácticos. Otros mundos, otros sistemas solares, tal vez vida inteligente. ¿Quién sabe? Por ahora el Centro de Investigaciones Espaciales se limita a viajes cortos por el sistema solar. Saben que el factor tiempo es el verdadero escollo que impide aventurarse más allá de la orbita de Plutón. Hace 50 años que nos quedamos estancados y no hay forma de salir de nuestro sistema solar sin que los cosmonautas se vean perjudicados por la Relatividad Espacio Temporal – argumentó el joven.

- ¡Aja!- interrumpió el profesor. O sea, que estás aquí con nosotros para ver si tú puedes adelantar las cosas. ¿No es cierto muchacho?- le interrogó el profesor sagazmente.

Marcos levantó sus hombros en señal de asentimiento. Antes de concluir el siglo XXIV comenzó el interés por los viajes espaciales. Algo vedado durante siglos por los problemas en el propio planeta. Se desarrollaron nuevos motores de impulsión para las naves interestelares. Primero fueron los motores de fusión nuclear. Lentos y peligrosos pronto fueron descartados y reemplazados por los fotónicos que desarrollaban altas velocidades pero aún consumían demasiada energía. Luego aparecieron las poderosas máquinas de proto-plasma. Pero aún estos no superaban la velocidad de la luz. Si los científicos necesitaban superar las barreras del espacio, debían encontrar motores más eficientes, económicos y veloces, capaces de superar la barrera del dominio fotónico y viajar más allá de 1 Quad.

Pero en el año 2.405 un físico norteño llamado Carl Stranford, desarrolló una nueva máquina impulsora. Silenciosa, económica y poderosa, capaz de cuadriplicar la velocidad fotónica. Era el motor de fisio-plasma magnético. Un indiscutible prodigio de la ciencia espacial. El sistema consistía en la descomposición controlada de plasma magnético saturado de iones de antimateria. Uno solo de estos ases magnéticos, dirigido correctamente, tenía una carga de impulso de 1.5 Toneladas másicas por milímetro cuadrado llevándola a una aceleración de 3.500 Km. por segundo al cuadrado. Tan solo le hacia falta 10 segundos a este motor para acelerar una nave espacial de 10 toneladas de peso, de 0 a 1.200.000 Km. por segundo y consumiendo la misma energía que se necesitaba para entablar una comunicación Holocom dentro de la misma ciudad. Pero el verdadero problema no era la velocidad final de las naves, sino…el tiempo de viaje.

El profesor había escuchado al joven con atención. Sin duda se notaba que el muchacho hablaba con cierta euforia al referirse a los viajes espaciales y sus implicancias.

-Está bien, Marcos…pienso que… - no pudo terminar su frase. Un sonido bajo acompañó un súbito cambio en la superficie de la mesa. El centro de esta se alteró de la misma manera que lo hizo cuando el profesor introdujo los datos. Esta vez, la alteración fue mayor y acto seguido, parte de la mesa se elevó unos centímetros, giró 90º y se colocó verticalmente con respecto al plano del tablero.

-¡Aquí está! Veamos… - dijo el hombre. Marcos observaba en silencio.

De la superficie plana recién elevada, frotó la imagen del científico Albert Einstein y en seguida comenzó la pantalla a poblarse de datos y cifras.

-Bien, dejemos que Sandra nos prepare su informe final. Mientras tanto me parece prudente explicarte los motivos por los cuales te cité aquí en mi despacho. Como dije antes, conozco tu devoción por los viajes espaciales y creo que tu urgencia por adelantarlos me servirá como motivación para reclutarte en mi proyecto particular. Tus progresos en la ciencia han sido deslumbrantes y podrán servir a nuestros intereses en común.- comenzó enfáticamente el profesor.

-¿Su proyecto… profesor?- preguntó extrañado Marcos mientras dejaba la taza vacía sobre la mesa.

-Déjame explicarte. Como bien tú mencionaste antes, el verdadero problema está en el tiempo y no en el espacio, literalmente hablando, porque ambos sabemos que las dos cosas son lo mismo. Por más que desarrollemos motores de impulsión cada vez más poderosos, con el correr del tiempo, valga la paradoja, necesitaremos motores cada vez más veloces a medida que se alarguen las distancias. Actualmente, con el motor de fisio-plasma para viajar a la estrella Vega distante a 26 años luz de nosotros, tardaríamos 6 años y medio terrestres aproximadamente y suponiendo que es la estrella más cercana a nuestro Sol con posibilidad de albergar vida inteligente en algunos de sus planetas, cosa que aún no está comprobada.

-Lo cual nos lleva a pensar en el problema Tiempo ¿no es cierto? - consultó el joven acomodándose en el sillón.

 

-Exacto. Porque además sabemos que viajando a la velocidad de la luz, el tiempo relativo en torno a la nave se atrasaría con respecto al de la Tierra, con lo que el cosmonauta llegaría antes de lo previsto para él, pero no para los que esperamos aquí. Imagínate lo que puede ocurrir al viajar a 4 veces o más, a dicha velocidad.

-¡Si! - expuso Marcos. El tiempo para el viajero se atrasaría 4 veces con lo que el viaje a Vega a él podría insumirle 1 año y medio terrestre.

-Correcto. Al astronauta sí, pero no a los terrestres que seguirían esperando 6 años y medio y que en realidad serían 13 años considerando el regreso.

-Y no creo que el viajero llegue, salude y salga rápido. Al menos sería una misión de exploración que insumiría cierto tiempo.- apuntó el joven.

-¡Muy bien! Y por lo tanto debemos focalizar todos nuestros esfuerzos en resolver la Relatividad Espacio Temporal.

-¿Y usted que propone, profesor?

El director se puso de pié y se encaminó a un armario construido del mismo material que la mesa. Colocó sus dedos sobre la superficie pulida y dijo:

¡Dámelos!

Al igual que en los casos anteriores, sobre la superficie ahora discontínua, emergió un objeto extraño. Iván lo tomó con delicadeza y se dirigió nuevamente hacia la mesa y lo colocó sobre ésta. Marcos observó el objeto con detenimiento. En realidad eran dos. Se trataba de antiguos libros y en una de las tapas se podía leer.

Los Agujeros Negros - Karl Schwarzschild.

- ¡Aquí está la solución!, o parte de ella- dijo Sumeerly discursivamente.

-¿Los agujeros negros? ¡Por favor, explíqueme! – rogó Marcos muy interesado. El profesor que aún seguía de pie, comenzó diciendo:

-Los Agujeros Negros, como todos sabemos, son cuerpos celestes con un campo gravitatorio tan enorme que ni siquiera la radiación electromagnética puede escapar de su gravedad. El agujero está rodeado por una frontera esférica, llamada Horizonte de Sucesos, a través de la cual la luz puede entrar, pero no puede salir, por lo que parece ser completamente negro. En 1916, Schwarzschild descubrió y estudió estos objetos ligados a la Teoría de la Relatividad de Einstein. Según la relatividad, la gravitación modifica intensamente el espacio y el tiempo en las cercanías de un agujero negro. Cuando un observador se acerca al horizonte de sucesos del agujero desde el exterior, el tiempo se retrasa con relación al de observadores a distancia, deteniéndose completamente en el centro. Con estas observaciones, lo que nos dice el científico es que podemos variar el tiempo, conforme nos acerquemos o alejemos de un agujero negro. Además agrega que cualquier agujero negro formado en los comienzos del Universo, con una masa menor ya habría colapsado.

- ¡Pero esto ya se estudió y sabemos que…!- interrumpió el joven.

- ¡Déjame terminar!- suplicó el profesor.

- Perdóneme - se excusó el muchacho ansioso.

Sumeerly tomó el otro libro que estaba semitapado por el primero. En él se podía leer.

Historia del tiempo - Stephen Hawking

Sumeerly abrió el libro en una de sus páginas y comenzó a leer:

- Stephen Hawking ha sugerido que muchos agujeros negros pueden haberse formado al comienzo del Universo. Si esto es así, muchos de estos agujeros negros podrían componer una fracción significativa de la masa total del Universo. En reacción al concepto de singularidad de Schwarzschild, Hawking ha propuesto que los agujeros negros no colapsan de esa forma, sino que forman “agujeros de gusano” que comunican con otros universos diferentes al nuestro. El profesor cerró el libro y luego agregó:

Por otro lado, la Relatividad de Einstein teoriza la razón del movimiento como una variación más del tiempo. Tú en estos momentos estás sentado cómodamente y quieto con respecto a esta habitación, pero en realidad te estás desplazando a velocidades vertiginosas por el espacio, acompañando el movimiento de la tierra por el sistema solar, éste por la galaxia y ésta por el cosmos y así sucesivamente. Y no te puedo asegurar a qué velocidad te mueves porque no existe un marco de referencia quieto en todo el Universo, porque él mismo se expande a la velocidad de la luz. La teoría de Hawking, propone que al ingresar a un agujero negro, el viajero quedaría inmovilizado en el 0 absoluto del desplazamiento, y por lo tanto para él, el tiempo también se detendría inexorablemente. Y como los agujeros se comunican entre sí, el “tempo-nauta” podría emerger en otra dimensión y en otro tiempo. Ergo…en otro lugar.

-Entonces, podríamos aprovechar estos… “gusanos” para viajar por el espacio-tiempo.- conjeturó Marcos.

-¡Exacto! Según nuestros científicos, podemos generar un campo gravitatorio y colapsarlo para generar un pequeño agujero negro lo suficientemente grande como para introducir una máquina y así comunicarnos con otros gusanos y establecer una red para viajar por el subespacio – agregó Sumeerly.

- Claro, pero el problema radica en que los agujeros de masa pequeña no duran mucho. Se hundirían en su propio peso, cerrando la única vía de regreso a casa – señaló el joven científico.

-¡No tan rápido joven! Albert Einstein no elaboró sólo su teoría de la relatividad. También estudió los fenómenos asociados a los agujeros negros. Trabajó en colaboración con sus coterráneos, los científicos Max Von Laue e Isaac Rosenthal. Este último para mí, fue el más brillante de los tres y descubrió en 1955 cual es el valor exacto de la fuerza gravitacional necesaria para soportar indefinidamente un agujero negro de determinada masa cuántica. Ese valor lo obtuvo de una ecuación algorítmica diferencial.

-¡La ecuación Rosenthal! – soltó el muchacho.

-¡Correcto!- dijo el profesor satisfecho.

-Pero esa ecuación es un mito, una fábula. Nadie ha podido demostrar su existencia y menos aún, nadie, ni siquiera nuestros cerebros positrónicos han podido elaborar una ecuación igual.

-Te equivocas en algo- indicó el profesor.

-¿Qué cosa, profesor?

Sumeerly se puso de pié y señalando la pantalla de plasma líquido dijo:

-¡Creo que sé dónde puede estar, y tu informe nos servirá para encontrarla!

 

Capitulo VII. El visitante.

Juan esperaba ansioso sobre el muelle el regreso del Rafa. Este había salido temprano por la mañana con su parte del botín para esconderla en un lugar seguro en las islas. La banda contaba con cuatro contenedores plásticos y herméticos para asegurar que las frecuentes inundaciones no estropearan el dinero. Además en el interior de estas cajas estancas, colocaron material de gel siliconado para absorber todo posible vestigio de humedad que pudiera filtrarse. Por último y para asegurarse, envolvieron el recipiente con una lámina de kevlar y teflón muy resistente a los golpes y perforaciones provocadas por las alimañas.

En la curva del pequeño arroyo, asomó la proa de la pequeña embarcación comandada por un solo tripulante. Juan, aunque frío e imperturbable, respiró aliviado al observar el semblante sereno de su compañero, indicando que el primer operativo se había desarrollado sin contratiempos.

-¡No me digas que vos estás algo impresionable che! – le gritó el Rafa a su jefe apenas se acercó un poco.

-¡Y que querés que te diga negro, me siento como una madre cuidando a sus hijos para que no hagan cagadas!- espetó Juan.

Apenas Rafa puso un pié sobre el muelle, Juan le solicito el GPS. El subordinado le entregó el aparato y Juan lo estudió meticulosamente mientras accionaba los mandos del frente.

-Bien Rafa, veo que no has dejado tu waypoint en la memoria. ¿Lo anotaste?

-¡Sí acá! – le respondió, señalándose la sien con su dedo índice.

En realidad mentía. No confiaba mucho en su memoria y había numerosa cantidad de dinero en juego. Conservaba los números anotados en un papel que guardaba en el bolsillo de su campera. Deliberadamente transcribió los números en clave y de manera fácil para recordarla más tarde, pero difícil para otros ojos. Sobre todo los de Juan. Si el descubría ese papel, supuestamente no podría relacionarlo con las coordenadas geográficas del GPS. Anotó los dígitos uno al lado de otro, sin solución de continuidad. La inscripción parecía el número de una tarjeta de crédito o de una cuenta bancaria. Pero también sabía que si Juan descubría que lo había desobedecido, la pasaría muy mal pues sabía que su jefe tenía un carácter muy temperamental e imprevisible.

Los otros dos cómplices, escuchaban atentos la conversación de sus compañeros. El “Nene” aún paseaba nervioso su vista por los alrededores pese a que en dos días aún no habían visto ni un alma.

-¿Qué te pasa muchacho, aún pensás en ese tipo? – le preguntó Salcedo.

-¡Sí viejo! Todavía no me explico de donde salió. Me preocupa más eso, que el tiro que le tuve que pegar.

Salcedo quedó absorto por un momento y luego agregó.

-Bueno, quedate tranquilo que mañana va a ser un día largo. Te toca a vos salir con la guita.

-¡Si, ya sé! Sabés una cosa viejo, estoy nervioso porque cuando saqué la pistola para surtir al guacho se me cayó la tarjet... - no pudo terminar. Notó que su interlocutor estaba callado, mirando por encima de su hombro. El “Nene” se dio vuelta y descubrió la inmutable mirada de Juan.

-¿Que se te cayó Nene?- preguntó secamente el jefe.

El nene retrocedió un paso instintivamente. Juan exaltado, sacó su arma e increpó fuertemente al joven, mientras lo aferraba del cuello.

-¿Que se te cayó pelotudo? Hablá o te reviento acá mismo – gritó enardecido. Su rostro estaba rojo de furia.

-¡Perdoname Juan! ¡Fue sin querer... fue todo tan rápido que no tuve tiempo de nada!- suplicaba el Nene.

-¿Pero que se te cayó, infeliz? ¡Decime ya!

-¡La tarjeta que me diste con la dirección del tipo del curso del GPS!

- ¡Boludo! ¿No te dije que no guardes nada? ¡Que tenías que memorizar todo! ¿No te dije cien veces lo mismo?- bramó Juan encolerizado por el importante error cometido por el subalterno.

El aire estaba encendido de tensión. Rafa intervino rápidamente.

- ¡Pará, pará un poquito Juan! – imploró. Cuando llegamos te dije que había algo raro en eso.- continuó luego.

Juan giró su rostro hacia el Rafa como esperando una explicación.

-¿Qué es lo raro? ¡Acá lo único anormal es este tarado que no sé que mierda tiene en la cabeza!

-Calmate un poco y escuchame. Por favor, guardá esa pistola. Lo que menos necesitamos es un disparo para alertar a medio país que estamos acá.

Esta última frase pareció surtir efecto porque Juan, de a poco comenzó a serenarse. El “Nene” contenía su lamento cuando el Rafa abordó el recuerdo de la noche del robo:

- ¡Escuchame! Me acuerdo de lo que pasó perfectamente. ¿Te acordás que entraste a la pequeña cocina que estaba abajo, pegada a la escalera?

-¡Sí! ¡Por supuesto! Entré para prender la luz del pasillo del subsuelo que da al tesoro desde el tablero general.

-Claro. Y supongo que no había nadie adentro- observó el Rafa.

-¡Por supuesto que no! La cocinita mide dos por dos. Tomaba mate a la tarde con el vigilador para recabar datos para la operación. Si alguien se hubiese escondido esa noche, yo lo tendría que ver al entrar.

- ¡Ahí está! Después de cargar los últimos billetes, comenzamos a subir las escaleras hacia la planta baja para rajarnos. El “Nene” iba a la retaguardia y yo delante de él. Vos y Salcedo estaban más arriba cuando escuchamos que la puerta de la cocina se abría. Nos dimos vuelta y vimos a ese tipo asomándose por la puerta. El Nene que estaba más cerca quedó petrificado del susto. Yo le grité que lo” pusiera” porque nos había visto. Fue cuando el “Nene” sacó la pistola y le disparó a quemarropa. En todo ese tiempo, el tipo nos miraba como si hhubiera visto a dos fantasmas.

- ¡Sí, eso ya lo sé!- comentó Juan.

- Se suponía que no había nadie ¿De dónde carajo salió o como entró ahí?

-Y todo esto ¿qué tiene de extraño según tu lógica? – preguntó Juan.

- ¡Dejáme terminar! Cuando el “Nene” sacó el arma se le cayó un papel. Eso yo lo vi, pero no sabía lo que era… hasta ahora. Por lo que pude ver antes de salir corriendo, fue que el chabón se agarraba el pecho porque ahí recibió el disparo. Cayó al piso y ya comenzaba a chorrear sangre. Eso fue lo último que vi.

-¿Y? – preguntó ansioso Juan.

- Todos estos días estuve escuchando las noticias por la radio para enterarme de lo que se hablaba de nosotros. Aparte de la guita que afanamos, de lo único que hablan, es que encontraron manchas de sangre por todo el pasillo y la cocina pero que no encontraron ningún cuerpo ni herido. Si el tipo hubiese sido un vigilador o un técnico, lo habrían encontrado.

El “Nene” y Salcedo seguían atentamente el razonamiento del Rafa.

-¡Con razón dijiste cuando llegamos acá que podía ser de la competencia!- recordó Salcedo.

-¡Claro! Eso pensé al principio, pero después me surgió la duda.

-¿Por qué? – preguntó Salcedo.

-Por el disparo que recibió, no habría llegado muy lejos. Acordate que la poli llegó enseguida. Lo tendrían que haber encontrado en algún lado tirado – luego se dirigió a Juan. Te digo que es raro, el tipo se desvaneció en el aire sin dejar rastros. Y además está la cuestión de la cocina.

-¿Que pasó con la cocina, Rafa?- intervino balbuceando el “Nene”.

-¿Vos cuando entraste a la cocina, viste algo anormal?- se dirigió a Juan.

-¡Y dale con lo mismo! ¡Ya te dije que no vi nada ni nadie anormal ahí adentro! ¿Por qué me preguntás? - contestó molesto Juan.

-¡Escuchá esto! Según la radio, aparte del afano, dicen que nosotros al huir destruimos un pequeño cuarto destinado al refrigerio del personal. Dicen que la policía encontró el cuarto totalmente destrozado y que muchos de los objetos que encontraron, estaban aplastados como si lo hubiésemos agarrado con una aplanadora y que no se explican para qué carajo nos tomamos tanto tiempo en arrasar con todo y cuál era el fin ¿Qué decís a eso? ¿Y del fuerte retumbo que escuchamos mientras juntábamos la guita? ¿Se acuerdan del cagazo que nos dio? Parecía como que se hubiese caído algo muy pesado.

-Yo dije que podía ser un camión. A esa hora pasan muchos por la avenida de atrás- acotó Salcedo.

Juan levantó las cejas como recapacitando. Luego de meditar un rato habló imperativo.

-¡Está bien! Coincido que esto es raro pero no deja de preocuparme la suerte de ese papel. Es la pista para encontrarnos acá. Debemos movernos rápido. Mañana temprano salimos los tres restantes para enterrar nuestra parte. Y lo haremos en esta misma isla. Iremos en direcciones opuestas y tendremos tres horas cada uno para ir y volver. Para mañana a la tarde, quiero tener todo listo para salir de acá. Ahora, entremos a la casa, debemos preparar todo para rajar. Así que hoy nos acostaremos temprano pero estableceremos turnos para hacer guardia. No quiero que nos sorprendan distraídos.- concluyó.

Los demás escucharon silenciosos, pero comprendieron que su jefe tenía razón. No debían arriesgarse perdiendo tiempo. Dentro de la casa comenzaron los preparativos para la huida y establecieron los turnos para la imaginaria. El primero sería el Rafa, segundo Salcedo, tercero el “Nene” y por último Juan.

Cenaron y enseguida fueron a dormir temprano comenzando el Rafa con su guardia hasta las doce de la noche, hasta que le cedió el puesto a su compañero. Antes de acostarse, el Rafa encendió un cigarrillo y conversó brevemente y en voz baja con su reemplazante. Salcedo sostenía una taza de café humeante y se sentaron en los sillones de mimbre, debajo del alero de la casa.

-¡Che, Rafa! No te invito con café porque sino después no te podes dormir- después de un sorbo, agregó: ¡Che… se puso jodido hoy Juancito con el “Nene”! ¿Eh?

-¡Y…qué querés! El jefe estaba caliente con el boludo del “Nene”. Yo estoy de acuerdo que no se le cayó a propósito, pero el bolas no tenía que andar con el papelito encima. Todos sabemos que esos accidentes pueden ocurrir y Juan es implacable con eso.- Por un instante, pensó en su falta al anotar el waypoint en un papel.

-¡Sí Rafa! Juan tiene fama de puntilloso y no bancarse una y...

Repentinamente soltó la taza. Un súbito resplandor centelleó detrás de los árboles, a 20 metros al costado de la casa. Una tenue bruma flotaba en el aire, obrando como un reflector que reverberó el fulgor dándole un toque surrealista, mientras un breve temblor sacudía la casa. De inmediato una brisa suave pero repentina, provino del lugar al mismo tiempo que sonó un chasquido apagado. Un olor picante parecido al ozono, les llegó junto al soplo.

Los dos compinches se quedaron duros de estupor. Salcedo fue el primero en reaccionar.

-¿Qué mierda...? ¡Vamos rápido adentro para despertar a los demás!

-¡Shh!... ¡Silencio! ¡Callados! Ya estoy acá. El “Nene” está cuidando la retaguardia. Entren despacio y agachados- se escuchó la voz tenue del jefe, proveniente del interior.

Los dos ingresaron agazapados. La puerta de la casa se entornó rápidamente para permitir el ingreso de los dos hombres. La abrió Juan desde adentro, armado hasta los dientes. Les proveyó de sus pistolas a ambos y se ubicaron uno a cada lado de la casa, debajo de las ventanas. Él permaneció detrás de la puerta semiabierta. En voz baja, Juan habló de nuevo.

-¿”Nene”, que ves?- preguntó.

-¡Nada! No hay nadie, Jefe – contestó con vos susurrante el “Nene”.

No fue necesario esperar mucho. Desde el lugar de donde provino el resplandor, un punto brillante surgió de repente. Luego, un rayo radiante y potente, comenzó a barrer la casa de punta a punta. Sobre las paredes, los muebles y ellos, la línea luminosa bien definida como un láser, se desplegaba con lentitud sobre los objetos. El rayo había penetrado las paredes de la construcción sin impedimento. Los cuatro quedaron sorprendidos por el fenómeno.

El láser desapareció súbitamente y Juan se asomó por la portezuela. Una figura humana se recortaba en la penumbra. Juan alzó su arma y le apuntó. Una voz proveniente del interior de su cráneo sonó autoritaria y lo paralizó por completo. Hablaba en castellano pero con acento extranjero.

-¡ESCUCHEN LOS DE LA CASA! ¡ESTOY MONITOREANDO SUS MOVIMIENTOS! ¡NO QUIERO SU DINERO, QUIERO EL PAPEL QUE ENCONTRARON EN EL INSTITUTO! ¡NO DESEO HACERLES DAÑO!-

Endurecidos de espanto, los cuatro escucharon lo mismo. Lo delataban sus semblantes aterrorizados. Las miradas se dirigieron al Rafa. Éste, anticipándose a la pregunta, les dijo a sus compañeros en voz baja:

- ¡Lo enterré con la guita, creí que tendría algo de valor!

Juan reflexionó un instante. Su mente pensaba vertiginosamente. Luego alzó la voz y se dirigió al visitante.

-¡NO LO TENEMOS ACÁ! ¡ESTÁ EN UN LUGAR SEGURO… BIEN SEGURO!

De pronto, una delgada línea púrpura ingresó a través de la puerta, perforándola con un chasquido. El trazo, en su camino rectilíneo, atravesó la mochila del “Nene” que estaba sobre la mesa, una botella vacía, un cuadro y también la pared opuesta a la puerta. Luego cesó por completo. Los objetos alcanzados, despedían una pequeña columna de humo gris por el orificio recién abierto. La voz extraña, literalmente, se “escuchó” de nuevo.

-SÉ QUE ESTÁN AGAZAPADOS. LOS ESTOY MONITOREANDO CON UN TERMOSCANNER. EL PRÓXIMO DISPARO DE MI ARMA SERÁ MAS PRECISO. LES REPITO, NO PRETENDO SU DINERO NI HACERLES DAÑO. SÓLO QUIERO EL PAPEL. . USTEDES NO DEBEN TENERLO. POR FAVOR, LANCEN SUS ARMAS AFUERA.-

Otro rayo brotó por la pared debajo de la ventana, en el puesto de Salcedo, a 5 cm. de su cabeza.

- ESE PASÓ CERCA DELIBERADAMENTE. NO DESEO LASTIMARLOS. ¡PALABRA DE HONOR!

Esta vez la voz se escuchó más amigable pero sin perder la energía del principio. Sin comprender bien a qué se enfrentaban, Juan rendido ante semejante poderío, decidió ceder a las demandas del desconocido.

-¡BUENO; QUIEN QUIERA QUE SEA, VAMOS A SALIR! ¡NO DISPARE, POR FAVOR!- gritó Juan al extraño.

-¿Vamos a rendirnos así nomás, sin pelear? – observó el “Nene”.

-Muchachos, tiremos las armas afuera. Nene ¿tenés la 22 en la “sobaquera”? - preguntó Juan.

-¡Sí! La tengo.

- ¡TODAS DIJE, LOS ESTOY ESCUCHANDO ADEMÁS! – sonó aún más fuerte la voz en sus cabezas que parecían que iban a estallar.

-¡Mierda! ¡Mierda! Hagámosle caso. ¡Nos tiene acorralados!- aulló Rafa dolorido.

Juan se incorporó tambaleante y asomó su cabeza por la puerta entreabierta. Vio que el individuo estaba parado a 20 metros de la casa. Enfundado en un traje negro y ceñido al cuerpo, apuntaba hacia la finca con una especie de bastón cilíndrico. En la otra mano, sostenía un aparato rectangular y el frente de este, emitía reflejos centelleantes sobre el rostro desnudo del sujeto. Este, ante una señal del aparato, alzó la vista y miró a Juan directamente a los ojos.

El “Nene” se asomó por la ventana y pegó un chillido al ver al extraño.

-¡Es él!- exclamó angustiado.

-¿Quién es, por Dios? – le preguntó Salcedo.

-¡Te digo que es él! ¡El tipo de la cocina!

Continuará... ,Josecito.

     
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