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  - - Buenos Aires, Argentina.
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La Ecuación Rosenthal -- Por Josecito


Capitulo IV. El ojo de Dios.

A fines del siglo XX, la Argentina había sufrido el peor colapso económico de su historia. La deuda con los países del norte era descomunal e impagable. Prácticamente como en toda América latina, el país estaba inmerso en un drama social, económico y financiero de difícil solución. Había perdido la convertibilidad monetaria que le aseguró por muchos años su estancia en el primer mundo. Pero gracias a que su moneda se depreció vertiginosamente sufriendo una caída importante, se abrieron las puertas al turismo internacional aprovechando la ventaja cambiaria que ofrecía esta nación del sur. Pronto la Argentina se vio invadida por millones de turistas de todas partes del mundo que, no sólo la diferencia de precios con relación a sus ingresos atraía su atención, sino que además disfrutaban del clima benévolo y de sus regiones retraídas de toda intervención humana. Muchos de ellos comenzaron a gestar un incipiente interés por radicarse en este territorio tan hospitalario.

Junto con este fenómeno visitante, el resto del planeta comenzaba a sufrir paulatinamente las consecuencias de años de indiferencia con el cuidado del medio ambiente. De a poco, pero inexorablemente, la Tierra comenzó a sufrir cambios climatológicos muy severos provocados por el efecto invernadero que el hombre con su torpeza tecnológica había propiciado. Las regiones del norte, Europa, Asia y EE.UU. entraron en un proceso de glaciación paulatino. Para el año 2020 estos países registraban en pleno verano boreal, temperaturas bajas de -5 º C durante el día y – 25º C por la noche. Mientras en el sur del planeta, aún se registraban índices benignos de temperatura y humedad.

Sumado a esto, los países de Europa, América del Norte y Asia, finalmente se vieron envueltos en un sangriento conflicto armado, agravado por las profundas diferencias religiosas y étnicas. Más tarde, en 2032 se desató la III Guerra Mundial. Fue una conflagración breve gracias al poderío del armamento utilizado. Dos años fueron suficientes para provocar la aniquilación de 3.560 millones de seres humanos durante el transcurso del conflicto y la desaparición de las grandes superpotencias de América y Europa. El hemisferio norte se convirtió en un páramo gigantesco donde el hambre y las enfermedades, hicieron estragos entre los pocos sobrevivientes.

Sin embargo, no todo era perfecto para los sureños. Si bien gozaban de factores térmicos ideales, la dinámica del planeta había ocasionado que en estas zonas meridionales predominaran vientos constantes y de mucha fuerza. Las tormentas eléctricas generadas por la violenta fricción de los sustratos inferiores de la atmósfera, caían con frecuencia sobre las ciudades y pueblos, provocando grandes pérdidas en vidas humanas y materiales. Altas mareas, huracanes y tornados eran el común denominador de la vida humana en esos días.

Sólo una región en el mundo había sido tocada con la varita mágica cósmica. Si bien recibía como todas las regiones australes, la infausta inclemencia de vendavales y tormentas, estas no eran de la fuerza y magnitud como las que asolaban otras áreas del continente. Un círculo perfecto teniendo como centro a la ciudad de Buenos Aires y abarcando un radio de 320 Km., conformaba lo que para muchos se dio en llamar, “El Ojo de Dios”. Los científicos comprobaron que el estuario del Río de la Plata, formaba un microclima especial e inalterable que protegía la zona de la eterna ventisca que hostigaba otras regiones.

Incitados por este clima benévolo, oleadas de seres humanos provenientes de todos los rincones del globo, ansiosos de recuperar su nivel de vida, comenzaron a poblar las ciudades de la zona, para así asegurarse un lugar en el mundo donde prosperar. Esta gran emigración se la conoció como “El Éxodo del 50”.

Cuarenta años más tarde, Buenos Aires y sus alrededores contaba con una población estable de 1.560 millones de habitantes diseminados en los grandes municipios. Lógicamente la primitiva ciudad extendió sus límites geográficos, abarcando las antiguas ciudades de San Pedro, Lobos, La Plata, San Vicente y todo un radio de 180 Km. Semejante expansión demográfica fue acompañada con la mudanza de grandes empresas y grupos económicos, instituciones mundiales, las Iglesias, el Vaticano, etc; convirtiendo a Buenos Aires en el centro mundial de la actividad humana.

El poder político y social se trasladó a esta región y finalmente la ONU promulgó el 3 de diciembre de 2102, la unificación de todos los estados libres del mundo administrados por un único gobierno central. Ya no existirían más las fronteras, ni las divisiones políticas. Así nació la Confederación Terrestre, declarando a Nueva Buenos Aires como la capital principal del planeta.

Ya entrado el siglo XXII, la enorme metrópoli abarcaba un semicírculo continental de 400 Km. de diámetro y una superficie de 62.800 Km. cuadrados.

El enorme desarrollo tecnológico alcanzado, demandaba más espacio para las investigaciones que se practicaban en la gran urbe. Cada especialidad científica requería de áreas más extensas para el estudio y el impulso de nuevos proyectos. A su vez, existía un nexo inevitable entre estas ciencias que precisaban una de otra, aportando ideas comunes para la concreción de nuevas ideas. Fue así que se cimentaron las bases para la construcción de un espacio dedicado únicamente para las ciencias y la industria en cercanías de NBA. La nueva ciudad comenzó a edificarse sobre islas artificiales sobre el Río de la Plata y luego, a pesar de las protestas de algunos grupos radicales, también se aprovecharon las tierras que formaba el amplio delta con sus islas aluvionales. Enormes y modernas construcciones comenzaron a edificarse teniendo a las islas como base para sustentar las grandes obras.

La planificación de la nueva ciudad contemplaba un triángulo imaginario teniendo un vértice en el distrito de San Pedro, otro en La Plata y otro en Colonia del Sacramento, abarcando una superficie total de 4.200 Km. cuadrados sobre islas naturales y artificiales.

Cincuenta y cinco años más tarde, se fundó y declaró a la nueva ciudad “Mega Delta” como el polo mundial de la tecnología y la ciencia. Todo lo relacionado con la robótica y cibernética, la climatología, la industria aeroespacial, la genética, el transporte, la tecno-agricultura, la astronomía, la industria alimenticia y la milicia planetaria, estaba radicado en este único lugar en el mundo. Todo este potencial científico y económico, tenía un objetivo primordial, la recuperación y repoblación de la Tierra.

Más de 200 años hicieron falta para deshacer un siglo de indiferencia y negligencia. Finalmente, en el año 2.363 el planeta se recuperó de la desolación y el abandono humano. Grandes extensiones de territorio volvían a florecer de la mano de la tecno-agricultura y nuevas ciudades se construyeron sobre los escombros de las destruidas en el pasado, durante la guerra total. El proceso climático negativo que desencadenó uno de los peores flagelos de la humanidad, fue revertido totalmente y ahora se respiraban nuevos aires en paz y esperanza.

Marcos apenas distinguía Mega Delta a través de la cubierta hexacarbonada de la aerocinta. Estaba sentado muy cómodo al frente de un intercomunicador holográfico que le permitía ingresar virtualmente a su despacho antes de hacerlo en persona y así tenía tiempo para revisar sus notas y correspondencia. Entonces vio a través del holograma que su intercomunicador guardaba un mensaje cifrado para él. Era del Director del Proyecto Paratemporal, el profesor Iván Sumeerly. Extrajo el mensaje y lo envío a su transcorder para escucharlo al instante. Le extrañó que un alto jerarca de la O.M.E.E.T. le dejara un mensaje cifrado en su oficina. Cuando concluyó el descifrado del mensaje, accionó el mando y escuchó la voz que sonaba directamente en su cerebro.

-“Buenos días Marcos. Necesito que cuando llegues a tu oficina, reúnas todos los datos que se te solicitó sobre Albert Eistein y te reúnas conmigo en mi oficina. Gracias”.

Guardó el transcorder en un bolsillo de su prenda y luego se desconectó del intercomunicador de la aerocinta. Mientras meditaba las palabras del profesor, nuevamente sonó la voz intracraneal del sistema de transporte.

“Nos acercamos al Subdomo de Intercambio SDO D-15T4 y acceso principal a O.M.E.E.T. Tiene 1 minuto para el descenso. Gracias por elegirnos”.

Bajó a la plataforma y se dirigió a la puerta de acceso. Cuando estaba a punto de ingresar, giró sus pasos hacia la puerta lateral de salida hacia el exterior. Sintió ganas de respirar un poco de aire fresco. Abrió la puerta y una bocanada de atmósfera húmeda impregnó su nariz. Levantó la vista y descubrió un paisaje imponente delante de sus ojos. Altas torres surcadas por anillos de captura solar, amplias terrazas para experimentos al aire libre, antenas prominentes asomaban en las cúpulas de altos edificios. Estructuras de vidrio y metal reluciente reflejaban los rayos del sol. Sus flancos eran atravesados por infinidad de elevadores que transportaban personal y cargas. Vehículos antigravitacionales Overcraft se desplazaban de un lado a otro. La ciudad parecía tener vida propia y se perdía a lo lejos en una bruma eterna que todo lo devoraba. Se asomó por la baranda y contempló el paisaje hacia abajo. 300 m. debajo de sus pies, un hilo de agua serpenteaba entre las moles que soportaban las superestructuras de aluminio. En una época se llamó Río Carabelas Grande.

Se estremeció satisfecho y volvió a entrar al Domo.

 

Capitulo V. El rostro de mi padre.

La luz del velador aún seguía encendida. Últimamente Teodoro no podía conciliar el sueño. Su mano derecha seguía sosteniendo apenas con las puntas de los dedos, un libro entreabierto. El reloj en la mesa de luz marcaba las 4.31 Hs. de la madrugada cuando sonó el teléfono. Teodoro sobresaltado, soltó el libro y este cayó pesadamente contra el piso. A duras penas, se levantó de la cama mientras balbuceaba un insulto a quién quiera que estuviera del otro lado del aparato. Caminó a lo largo del comedor del pequeño apartamento de soltero, para llegar a la cocina donde estaba el maldito teléfono que no cesaba de sonar. Mientras caminaba pensaba que ya era hora de comprar otro para conectarlo en el dormitorio.

-¡Ya va …!

Llegó a la cocina y levantó el auricular.

- ¿Si… quién es?

-¡Hola! ¿Hablo con el ingeniero Dietrich?

-¡Si maldición, con él habla!- contestó acalorado.

-Disculpe señor por molestarlo a esta hora, pero es un asunto urgente.

-¿Quién habla y qué diablos quiere?

- Soy el Comisario Inspector Oscar Medina de la departamental de San Isidro. Hubo un robo en la CNEA y necesitamos que se acerque lo más urgente posible ¿puede usted venir por favor? – dijo la voz impertérrita del otro lado de la línea.

-¡Un robo! ¿Dónde? ¿En la Comisión?

-¡Si! Pero por orden del fiscal no puedo darle mayores datos que esos. Me temo que tendrá que venir al lugar del hecho para declarar. En estos momentos debe estar por llegar un móvil que envié para trasladarlo hasta el lugar del hecho.

-¿Y ahora tengo que ir? – hubo un largo silencio ¡Está bien pero necesito tiempo para cambiarme!

-Como usted guste Ingeniero. Estamos en comunicación con el móvil y está a 5 minutos de su domicilio. Lamentamos lo sucedido pero su presencia es de vital importancia para el caso.

-Si, si, claro. No se preocupe. En cinco minutos estoy listo.

-Gracias – saludó el Comisario Inspector y colgó.

Teodoro dejó el auricular. Trataba de ordenar sus pensamientos mientras se dirigía al baño para lavarse la cara. Antes dejó un poco de café en el microondas de la cocina para calentar. Cuando vio su cara en el espejo recordó el dinero que le “habían” puesto en su tesoro. Tuvo un repentino presentimiento y sintió una angustia muy grande. Luego fue hacia el dormitorio y tomó su ropa de calle. Una opresión comenzaba a madurar en su pecho. Cuando estuvo listo, se encaminó a la cocina para tomar un sorbo de café. No pudo hacerlo. El timbre del portero sonaba insistente y decidió atender.

-¡Sí! ¿Quién es?

-¡Cabo Flores señor! El inspector Medina lo espera.

-Bueno, ya bajo.

Dos policías lo aguardaban en el palier cuando salió del ascensor. Saludó y se introdujo en el patrullero. El policía que le habló por el portero, al verlo le dijo:

-Señor ¿Se siente bien? Está usted muy pálido.

-¡No es nada agente, es que últimamente no puedo dormir bien!

A medida que se acercaban al edificio, Teodoro se imaginaba el cuadro de situación. Pero de algo estaba seguro pues su ansiedad no era por el dinero. Días antes había tenido una discusión muy fuerte con el Director pues él se oponía a que se use el tesoro para guardar dinero que nada tenía que ver con ellos. El jefe le dijo entonces que nada podía hacer. La orden vino “de arriba”. Su mal presentimiento fue aún más fuerte.

No. No le preocupaba el sucio dinero. Su preocupación y dolor era otro. Puso sus manos juntas como ensayando una súplica pero no tuvo tiempo para eso.

Bajó del vehículo en medio de un grupo de civiles y uniformados. Rápidamente fue conducido por un oficial al interior del edificio. Cuando bajó las escaleras al subsuelo, vio que varios agentes estaban en el interior de la pequeña cocina. A la pasada miró de reojo hacia el interior del cuarto. No lo pudo reconocer. Un agente tomaba muestras en el piso de una gran mancha bermellón concentrada en el centro de una gran hendidura. Por el rabillo del ojo pudo entrever un desorden descomunal en el resto de la dependencia.

Llegaron a la oficina de la tesorería. La reja estaba tumbada de lado y la puerta del tesoro abierta de par en par. Oficiales y civiles tomaban muestras y fotografías del lugar. Notó que su corazón palpitaba frenético. Casi le costaba introducir una bocanada de aire a sus pulmones. Se acercó al interior de la caja fuerte y entonces se percató que la puerta superior del cofre, donde él guardaba sus papeles, pendía colgada de una de sus bisagras. El interior del cofre estaba definitivamente desierto. Sintió sus manos frías y un gusto metálico empalagó su lengua. Un ardor insoportable en el pecho no le permitió decir ni una sola palabra. Su último pensamiento fue recordar el rostro amable de su padre.

Continuará... ,Josecito.

     
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