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La Ecuación Rosenthal -- Por Josecito


Capitulo XVIII. La obra de un hombre.

La nave evadía las estructuras mientras descendía lentamente hacia el verde follaje del suelo. Los sistemas giroscópicos automáticos corregían el curso de la nave cada vez que una ráfaga de viento impetuoso golpeaba el fuselaje. La cortina de agua caía sobre el parabrisas tornando la visión muy dificultosa. Marcos manipulaba hábilmente los comandos del overcraft mientras el profesor controlaba el sensor y realizaba cuidadosas triangulaciones a medida que se acercaban a las coordenadas.

-Estamos a menos de 5 kilómetros del lugar ¿Qué altura tenemos, muchacho?

- ¡125 metros, profesor!

-Bueno, conserva esa inclinación. En cuando estemos a 50 metros, el punto estará directamente debajo de nosotros - indicó el científico.

Otro bandazo desplazó la nave un poco a estribor, justo en el momento en que pasaban por debajo de un enorme arco estructural. Marcos maniobró rápidamente alejando la nave del peligro. A medida que descendían, el suelo comenzaba a hacerse más oscuro debido a la proximidad de las copas de los árboles. Sin embargo sobre ellos, el cielo desataba toda su furia inclemente, proyectando hilos de luz centellante entre las amenazadoras nubes.

-Espero que la tormenta cese un poco. Será difícil buscar algo con este clima- expuso Marcos.

-Si, yo también espero ¡Atento que estamos a 2000 metros del lugar! ¿Altura?

-¡82 metros y descendiendo!

El overcraft sobrevolaba las copas de los árboles a escasa distancia. Los científicos notaron que la vegetación debajo de ellos era muy espesa. A menos de 1600 metros del lugar una franja angosta sin vegetación evidenció el paso de un arroyo.

-Según las antiguas cartas, este es el arroyo Negro. Disminuye la velocidad, en cualquier momento veremos la vieja estructura terral- indicó Sumeerly

Marcos accionó los comandos del overcraft y el aparato disminuyó su vuelo a 100 Km./hora. Encendió un reflector de proa cuando el radar le indicó la presencia de una masa metálica de gran tamaño a menos de 150 metros de distancia. El parabrisas le impedía ver claramente.

-Parece que hasta aquí llegamos, profesor. No puedo acercarme más con esa cosa tan cerca y los vientos impredecibles acechando.

-Tiene razón, piloto. Detente aquí, que bajaremos e iremos a pie con el sensor.

Luego de asentir, Marcos descendió la nave entre los árboles y matorrales. Algunas ramas comenzaron a rozar la carlinga del overcraft, produciendo un chirrido característico mientras descendía suavemente. Cuando las copas se abrieron el altímetro marcaba 2 metros.

-Bien, aterriza aquí, que según el posicionador estamos a 10 metros al sur del punto. Será fácil encontrarlo con el aparato.

La pequeña nave quedó suspendida en el aire y Marcos detuvo los impulsores. Las ventanillas de ingreso se abrieron de par en par y una bocanada de aire húmedo y fresco los sorprendió a ambos. Verificaron que la nave se había detenido en un claro en el monte.

-¡Rápido, cerremos las puertas!- indicó el profesor dificultosamente entre el fragor del viento.

Apenas sus pies tocaron tierra comprobaron que el suelo estaba húmedo y resbaladizo. No obstante, el empecinamiento pudo más que las incomodidades y ante una señal del científico, avanzaron decididamente. El viento y el agua golpeaban los cuerpos de ambos hombres desacostumbrados a los embates de la naturaleza. El profesor a medio camino encendió el sensor en busca de una señal del fisiocampo del refractor extraviado. Mientras tanto, Marcos se quedó un momento admirando la vista que se descubría allí por encima de su cabeza. Nunca antes había estado a nivel 0 directamente debajo de Mega Delta. Un cenit colosal se abría desmesuradamente enorme ante su fascinada visión. La lluvia y la bruma adornaban con magnificencia la imponente perspectiva. De cada torre y edificio colgaban cientos de corpúsculos incandescentes que alumbraban sus intrincados pasadizos. Casi todas las construcciones perforaban orondas el plafónd de nubes bajas que en ese momento se encendían con las luminarias del cielo. El cuadro sonoro que adornaba la escena empalidecía ante la fabulosa y contundente evidencia de la obra del hombre.

Llegaron ante el perímetro de la vieja construcción. Tenía aproximadamente 20 metros de diámetro. Sumeerly comenzó a explorar alrededor del fibroaluminio colocando el sensor a escasos centímetros del terreno. Marcos apenas lo seguía unos pasos atrás.

Fueron completando la circunferencia del soporte sin obtener señales de la célula. Al llegar al punto de partida, Sumeerly se desplazó un metro alejándose de la pared.

-Déme el aparato, profesor – solicitó el joven.

Ahora Marcos comenzó a caminar en derredor del puntal mientras sondeaba la tierra blandiendo el detector de un lado al otro de su camino.

Al llegar nuevamente al punto de partida retrocedieron otro metro y el científico repitió el sistema. La lluvia arreciaba impiadosa sacudiendo también la moral de ambos.

Repitieron una y otra vez la operación hasta desplazarse unos ocho metros del perímetro inicial. Luego de explorar más de trescientos metros cuadrados de terreno sin resultados, el profesor resolvió abandonar la búsqueda. Hizo una señal a su compañero para volver al overcraft. Estaban a muy pocos metros de él. Casi vociferando entre el rugido del viento, Sumeerly anunció:

-Marcos, es imposible seguir con la búsqueda en estas condiciones. Por ahora temo lo peor. El punto pudo haber quedado sepultado por la torre. Tenemos dos opciones. Podremos volver mañana con un termo-desintegrador para remover la estructura, o… regresamos al estudio para revisar la anotación que te dejara tu…

El profesor estaba a punto de subir a su vehículo cuando un tableteo persistente comenzó a sonar en el aparato que aún continuaba encendido en su mano. Ambos se quedaron confusos ante la inesperada situación. El primero en salir del asombro fue Marcos.

- ¡Bah! Seguramente debe ser alguna microfuga en el impulsor del overcraft.

-¡Imposible! dijo Sumeerly. Luego reveló:

-El motor del overcraft es un modelo antiguo a protoplasma fotónico ¡No usa pilas!

Marcos se asomó por debajo del overcraft que se hallaba suspendido a treinta centímetros del suelo gracias a los estabilizadores antigravitacionales de sustentación. En seguida accionó un pulsador liberando a los frenos laterales y dejando a la nave suelta como un bote sobre el agua. Sin demora la desplazó a mano unos pocos metros para descubrir la zona en donde se hallaba suspendida antes. Sumeerly pasó el sensor por el piso y midió el punto de máxima lectura.

-Parece increíble que hayamos detenido la nave justo arriba del lugar ¡Aquí está!

Marcos comenzó a liberar la franja de las malezas usando únicamente sus manos.

-¡Espera Marcos! - le indicó el profesor. Luego buscó en un compartimiento del overcraft y tomó una palanca de fibroaluminio. Se usaba para cerrar a mano el conector de protoplasma ante una emergencia.

Marcos emprendió la excavación con avidez usando la herramienta, mientras el profesor estudiaba el hueco con el aparato.

-Por aquí, por aquí- exhortaba al joven ¡Ya falta poco!

Marcos aceleraba la tarea entusiasmado por cada predicción sonora del aparato indicador. Rompía el suelo con ayuda de la herramienta y luego usaba sus manos desnudas para retirar la tierra.

-¡Siento algo profesor! ¡Acá hay algo!- anunció agitado el muchacho.

-¡Creo que ya lo tengo!- señaló, mientras metía sus manos dentro del hueco.

Tanteó un plano rugoso pero rígido. Consideró que el objeto era sustancialmente más grande que el hueco que él había hecho y comenzó a ensancharlo alrededor del contorno. La tierra se encontraba blanda gracias a la humedad que poseía. Sumeerly anhelaba ansioso el resultado del trabajo. Luego de una intensa tarea, el joven descubrió un cuerpo de forma cúbica que aún se encontraba semienterrado en el barro. Los sentidos ignoraron las inclemencias del tiempo. Los estallidos en el cielo, pasaban inadvertidos ante la excitación que les sojuzgaba cada fibra de sus cuerpos y espíritus. No había otra cosa en ese instante que el deseo lúdico de liberar lo que ellos ya consideraban de su propiedad.

Con gran tesón, entre ambos lograron rescatar la caja de sus cinco siglos de sepultura.

 

Capitulo XIX. Otra nueva realidad.

La Luna, mudo testigo de la historia del hombre, asomaba su afable y femenil rostro entre las nubes dispersas del nuevo firmamento. Las estrellas tímidas anunciaban su presencia desde el ocaso esperando su destierro por el astro rey.

Ellas ahora no parecían tan distantes al menos para Marcos que, fantasioso, las observaba tras los cristales. Su alma se deslizaba libre entre sus refulgentes aristas, buscando aventuras en un espacio inconmensurable y tal vez descubriera el secreto de la vida misma.

A sus espaldas se había gestado el descubrimiento más importante de la historia humana. El secreto para liberar al hombre de su cautiverio terráqueo estaba allí sobre la mesa de trabajo del profesor Iván Sumeerly.

El hombre se encontraba encorvado sobre la consola de su despacho analizando cada centímetro cuadrado del legado del antiguo austríaco, del hombre, y su visión de futuro. Cada tanto profería alguna exclamación de asombro:

-¡Oh! De manera que eso era…mmm.

-¡Qué diablos! Cómo hizo para resolver esto… ¡Ah, Acá está! ¡Qué genio!

-¿Cómo no nos dimos cuenta antes?- y cosas por el estilo.

Marcos abandonó los ventanales y comenzó a caminar hacia el científico para observar en qué andaba. Sumeerly se mostraba íntegro a pesar del esfuerzo realizado al sacar el recipiente del barro y colocarlo en el overcraft. También Marcos sintió que su aventura por los tiempos, le había consumido substancialmente sus fuerzas.

Iba decido a despedirse del investigador con el propósito de marcharse a descansar, cuando notó que el hombre hablaba con su computadora representada por la imagen femenina. En esta oportunidad, le pareció que estaba más bella que nunca. Su cuerpo esbelto se adivinaba turgente debajo de unas delicadas prendas. Sus labios carnosos contrastaban con la mirada vivaz que sus ojos verdes despedían ansiosos al escuchar las palabras del profesor. Llevaba su pelo dorado suelto aportando un toque sugestivo y atrayente a su sensual presencia. Por un momento Marcos se olvidó de los luceros distantes y de sus cabriolas espaciales y afloraron en su corazón los instintos más elementales. Al acercarse más, oyó al profesor hablar:

-Bien hija. Esto es todo lo que tenemos y es muchísimo para empezar a trabajar - luego agregó:

-Pronto estaremos trabajando los tres en este nuevo proyecto. ¡Hasta mañana!

Marcos se puso al lado del profesor cuando la imagen comenzaba a esfumarse. Creyó que los sentidos lo engañaban de nuevo, pero imaginó ver un segundo antes de desvanecerse que Sandra lo miraba directamente a los ojos y ésta le dedicaba una sonrisa muy insinuante. Esto le pareció muy extraño y por fin se decidió a interrogar al profesor sobre su computadora.

- ¡Ejem! - llamó la atención del hombre- . Dígame profesor ¿Puedo hacerle una pregunta personal?

-¡Como no! – exclamó el científico al percatarse de la presencia de Marcos - A partir de ahora no debe haber secretos entre nosotros. Adelante ¿Qué quieres saber, hijo?

-¿En quién se inspiró para utilizar la holoimagen de su computadora?

-¡Ah! ¿Te refieres a Sandra? – preguntó Sumeerly al tiempo que palmeó brevemente el hombro del joven. Te diré. Hace unos años estuve casado. Mi esposa se llamaba Alina. Falleció en el accidente de la base Mithodea en Hiperión. Afortunadamente nuestra hija había quedado aquí en la Tierra aún en su etapa embrionaria al cuidado de su Robositter- hubo un pequeño silencio. Los ojos del profesor comenzaron a brillar de emoción al rememorar su pasado. Luego continúo más repuesto.

¿Sabes algo, hijo? Nunca guardé una imagen de mi esposa. Jamás pensé que algún día la perdería pero por suerte, nuestra hija creció y a medida que lo hacía, más se parecía a su madre. Nunca pude asumir el duelo, así que opté por tener a Alina a mi lado todos los días del resto de mi vida usando la imagen de mi hija que es un calco fiel a la de mi querida esposa.

¡Ah! – exclamó el muchacho. Luego preguntó:

¿Y cómo se llama su hija, profesor?

Sumeerly, antes de contestar, ensayó un breve bostezo y luego comenzó a caminar por la estancia en dirección a la puerta de salida. Su voz se escuchaba cada vez más distante y reverberada.

Zara. Ya te hablé antes de ella. Es decano en la Universidad de Pittsburg en el Continente Septentrional. Es especialista en Mecánica quántica y doctorada en Fisio-emisión magnética.

Antes de atravesar la salida agregó:

-Acabo de comunicarme con ella por el Holocom. Mañana vendrá a ayudarnos con nuestro descubrimiento. Ahora ve a descansar que tenemos mucho que hacer los próximos días - y desapareció sin más.

Marcos entendió entonces que el profesor estaba hablando momentos antes con su hija a través del comunicador holográfico y no con su computadora personal. Jamás se le había pasado por la mente relacionar la hermosa imagen holográfica de la computadora con la hija del profesor. En aquella oportunidad cuando el hombre la mencionó, Marcos imaginó a una mujer delgada y de apariencia tosca, con aires milicianos y carácter irritable, típico de las profesoras universitarias que el conocía. Rendido ante la realidad se prometió a si mismo nunca más sacar conclusiones apresuradas de ninguna mujer por sus antecedentes, al menos en lo físico. Evidentemente el muchacho había quedado flechado por la belleza de la joven científica y se alegró al saber que mañana la conocería en persona. Se reconfortó al recordar la sonrisa que hace apenas unos minutos Sara le ofreció antes de esfumarse.

Hizo un corto bostezo y luego aprovechó la ausencia del profesor para ver de cerca el escrito que aún se hallaba sobre la mesa de trabajo. La consola se encontraba atiborrada de hojas de papel ajado y que alguna vez fueran billetes. Afortunadamente la caja estanca había sido convenientemente protegida y ésta logró preservar del paso del tiempo a los papeles que fueron colocados en su interior 500 años atrás. A su vez, el peculiar escrito fue encontrado dentro de un tubo de aluminio con cierre hermético que lo protegió aún más. Sumeerly colocó el escrito entre dos hojas de film copolímero y a su vez dentro de un campo ionizado protector que lo resguardaría de cualquier rotura accidental.

Marcos observaba extasiado las líneas escritas sobre el papel de fibra vegetal cuando una corriente de aire espontánea sacudió los restos de billetes esparcidos sobre la mesa. Pensó que se había abierto una ventana y el frío aire exterior ingresó repentinamente. Alzó la vista en busca del hueco abierto, cuando sus ojos descubrieron a pocos pasos del ventanal una distorsión en la visión del recinto. Retrocedió unos pasos ante la sorprendente aparición mientras buscaba con sus ojos por todo el cuarto algún objeto para usarlo como arma defensiva si así fuera necesario. La extraña forma era un esferoide cristalino, como una enorme pompa de jabón transparente flotando a escasos centímetros del piso. Nada se escuchaba en el estudio, sólo el trepidar de su corazón acelerado.

Marcos calculó que la esfera tendría unos 2 metros de diámetro. Vio que en la superficie discurrían líneas de fuerza iónica que enturbiaban su interior produciendo un halo azul de energía. No obstante, una silueta oscura se dejó entrever entre los hilos de luz relampagueantes. Pensaba en la semejanza que había entre este objeto y la cronósfera de Sumeerly, cuando escuchó por su espalda la voz de su amigo que regresaba al recinto.

-¡Marcos! Aún aquí. Recordé que debía decirte algo antes que te fueras a…pero… ¿Qué es eso? - exclamó el científico al descubrir el esferoide en medio de su despacho. Marcos sin mirar atrás levantó su mano indicándole al profesor que esperara precisamente en donde estaba.

-¡Espere profesor! Aún no estoy seguro pero parece que tenemos visitas- dijo el muchacho. Luego agregó:

-Creo que allí enfrente está su Horizonte, pero más perfeccionado.

Los hilos de energía iónica, comenzaron a extinguirse, permitiendo ver la silueta en su interior. Una figura humana se hallaba de pie. A simple vista, parecía que se trataba de una mujer joven, casi adolescente.

Los hombres se percataron de que la muchacha se hallaba enfundada en un traje de microflex camuflado de los que usaban las milicias. Pero en un costado del mismo, debajo del brazo derecho, la tela estaba desgarrada y había una floreciente mancha bordó que contrastaba con el verde oliva del traje. Tenía su rostro cubierto con heridas sangrantes y algunas quemaduras podían verse en sus brazos. Su mano izquierda portaba una pistola dispersiva Xonda de corto alcance.

-¡Está armada! Debemos llamar a seguridad- advirtió Sumeerly.

-¡Espere profesor, espere! No parece hostil ¡Mire su traje, algo muy poderoso tuvo que hacer hecho semejante agujero!

De pronto, cuando el campo cesó por completo, la muchacha avanzó a través del plasma. Caminaba con dificultad, pero no dejaba de observar a los científicos parados a escasa distancia de ella. Intentó decir algo, pero sus fuerzas la abandonaron repentinamente y cayó desvanecida al piso.

Marcos dio un paso hacia ella para amortiguar la caída y apenas pudo sostenerla del brazo que portaba el arma. Más cerca, vio que la herida era muy profunda y mortal.

-¿Quién crees que sea, y de dónde viene? – preguntó Sumeerly mientras se agachaba junto a Marcos.

-No sé, pero su rostro me es familiar.

-¡Si, también me resulta conocido! Se parece a…

De improviso, la voz estremecida de la muchacha interrumpió al profesor. Mirando fijamente a los ojos de Marcos, le habló agónicamente.

-¿Abuelo? Soy yo...tu nieta.

Ambos se miraron sorprendidos por las palabras de la chica. Ella levantó su mano derecha mientras trataba de balbucear algunas palabras. En ésta había un disco de memoria encriptado. Marcos alcanzó a tomarlo y la muchacha suspiró finalmente unas pocas palabras:

- Iba a dejarlo sobre la mesa...pero tuve que adelantarme. Ellos nos atacaron por sorpresa y no tuve más remedio que venir…- comenzó a toser con fuerza, pues le costaba mucho respirar. Se repuso un momento y finalmente agregó:

-Espero que comprendan. Si hacen...lo correcto....yo no tendría que estar... aquí.... ¡ahh!

Cerró sus ojos mientras un último hilo de vida se escapaba en un gemido. Marcos comenzó a depositarla suavemente en el piso al tiempo que Sumeerly se incorporaba de un salto al escuchar gritos y ruidos extraños provenientes de la esfera que aún flotaba en la sala. Parecía que dentro de ella se libraba una enorme batalla. Explosiones y descargas de rayos podían verse a través del plasma suspendido. De pronto, un estallido cegador precedió la desaparición espontánea de la cronósfera y con el cesaron las explosiones. El cuerpo inerte de la muchacha atestiguaba la indudable violencia existente en el mundo de donde provenía.

Continuará... ,Josecito.

     
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