Capitulo
XIV. Un lugar solitario, lejos... y olvidado.
Sumeerly
observaba el cuadro de controles del campo mientras
el joven se introducía en el horizonte.
Todo marchaba según lo esperado, pero
quiso saber el nivel de energía remanente
de los cilindros.
-¡ASCLI!
Dame lectura del nivel de las pilas, por favor.
-¡49.3 % de intensidad fisio-protónica!
- Muy bajo- pensó.
Un
rumor apagado devolvió al profesor de
su meditación. Cuando vio que el joven
emergía de la cronósfera, se le
desató el nudo que se le había
formado en el pecho. Rápidamente el muchacho
subió por el ascensor y se acercó
al profesor tendiéndole el papel que
traía en la mano.
Sumeerly,
lejos de pensar que se trataba de la ecuación,
tomó el papel y lo estudió.
-Veo
que no tuviste problemas esta vez, hijo. ¿Qué
es esto muchacho?
-¡Es
el plano para llegar a donde se supone que están
esos hombres!
– contestó extasiado Marcos.
-¿Se
supone? Dime algo ¿Qué ocurrió
en el local? ¿Encontraste a Vargas?
-Si, por suerte pude encontrarlo sin problemas.
Le dije que necesitaba datos de cierta gente
para localizarlos y así entregarles un
recado familiar. El hombre dudó un poco,
pero luego accedió a mi pedido y me entregó
este plano de la ubicación de la casa
que les dio en alquiler. Según pude ver
esta casa se encuentra en las antiguas islas
del Delta de la Provincia de Buenos Aires en
el siglo XX.
-Bien,
bien, bien. Pero dime hijo ¿Te has cruzado
con alguien más, o te vieron en la cronósfera?
En definitiva ¿Ha pasado algo fuera de
lo normal está vez?
-No, absolutamente nada
– respondió resuelto el joven.
-¡Brillante!
Te felicito – festejó
el hombre. Su preocupación por los Cambios
de la Realidad era evidente.
Dejó
al muchacho que se quitará el traje protector,
mientras se dirigía a su despacho en
la parte superior de la casa. Después
de abandonar el Transpod, cruzó el largo
pasillo y luego ingresó a la biblioteca.
Sumeerly
poseía una dilatada cantidad de libros
originales de la antigüedad. Esta colección,
constituía un tesoro invalorable para
él. A menudo pasaba largas horas estudiando
y profundizando los ejemplares con la convicción
de que éstos y nada más, podrían
darle las respuestas que las supercomputadoras
jamás le aportarían. De hecho,
fueron sus lecturas las que propiciaron la investigación
sobre la ecuación perdida. No tenía
pruebas, pero estaba definitivamente persuadido
que se hallaban en el buen camino.
Tomó
varios libros del siglo XX referidos al Delta
de Buenos Aires. También diversas cartas
náuticas en donde figuraba todo el sistema
hidrográfico de la zona. Quería
cerciorase de enviar al muchacho al lugar correcto.
Las dos incursiones en el tiempo les habían
absorbido demasiada energía a las pilas.
Apenas alcanzaban para una o dos más
a lo sumo. Esta fuente de energía inigualable,
era muy difícil de conseguir por el gran
riesgo que encarnaba su incorrecta manipulación.
Finalmente,
volvió al encuentro con el muchacho para
analizar la nueva situación que se les
presentaba.
Llegó
a la sala de control del cronódromo.
Vio que Marcos y ASCLI conversaban animadamente.
Cuando el hombre se acercó, observaron
sorprendidos la cantidad de documentación
que este traía.
-¡Debemos
estudiar bien la ubicación de esa cabaña
en el Delta! – se anticipó.
-¿Pero
por qué tantos libros profesor? ¿Acaso
Sandra no tiene datos suficientes?-
interrogó el joven.
-¡Si
que los tiene, y muy completos! Salvo que ella
tiene datos oficiales y no del vulgo popular.
Cada facción o grupo le daba nombres
distintos a las cosas en aquellos años
y en el Delta no creo que sea la excepción.
Sé, por lecturas anteriores, que un mismo
río tiene tres denominaciones distintas
según el lugar por donde lo cruces- a
lo que luego agregó: Además está
el problema de las cartas. La ubicación
exacta del lugar puede diferir según
utilicemos una u otra documentación ¿No
querrías caer al agua desde la cronósfera,
verdad?
-
Está bien, eso está más
que claro. Pero en caso de equivocarnos, volvemos
de nuevo y listo.
- ¡Ese es el problema Marcos! Por lo visto,
la próxima incursión será
la última. Ya no tenemos energía
para un cuarto viaje. O al menos, realizarlo
sería muy peligroso para ti
- indicó el hombre.
-
¡Pero según me mencionó
ASCLI tenemos casi la mitad de la energía
en los cilindros! - insistió
Marcos.
-
¡Que no es, ninguna garantía! Verás...
los puntos de contacto no tienen ninguna relación
mensurable entre sí. Si pudiéramos
ir todos los días al mismo lugar y exactamente
en el mismo instante de tiempo, en ningún
caso la energía necesaria para realizar
cada viaje será la misma. Los planos
temporales fluctúan constantemente y
jamás se usan los mismos gusanos temporales.
-
¡Así es! – agregó
ASCLI : por ejemplo en el primer viaje
se consumió 17.3 % de energía
del cilindro y para el segundo, la medición
fue de 38.8 %.
-
O sea que la distancia subespacial recorrida
nunca es la misma- repuso Marcos.
-
Por ese motivo muchacho- dijo Sumeerly-
necesitamos la ecuación. Con
ella no importa la distancia a recorrer en el
subespacio porque podríamos sostener
el campo infinitamente. Para nuestro caso, si
el campo se quedase sin energía suficiente
para resistir, se cerrará la brecha y
tú quedarías atrapado indefectiblemente
en el pasado.
Marcos
se quedo en silencio meditando profundamente.
“Estamos demasiado cerca”,
se lo repetía una y otra vez. Se negaba
rotundamente a dejar escapar la ecuación
y por más que no haya querido reconocerlo,
los viajes espaciales eran su meta, el único
motivo por el cual accedió voluntariamente
a incursionar por el tiempo.
No,
no podía perderse otra vez. Debía
recuperarla.
Sumeerly
adivinaba el pesar de Marcos, pero prosiguió.
-
Además no estamos seguros de que ellos
tengan la fórmula. Tampoco, aunque lo
conjeturemos, sabemos si esa fórmula
existe. Y lo que es peor aún, de obtenerla...
no sabemos si funciona o sirve para algo.
-
No estaba tan pesimista esta mañana en
O.M.E.E.T. - repuso el muchacho.
-
Cuanto te saqué de la cronósfera
casi muerto, tuve miedo. No sólo por
tu vida, que es lo más importante en
todo esto, también por nosotros y por
la humanidad. No sabemos si tu presencia provocó
una alteración que tarde o temprano nos
termine alcanzando. Creo que hemos afrontado
esto con demasiada ligereza. Nos movimos por
la pasión del descubrimiento y me siento
responsable porque te he empujado a una aventura
con derivaciones impredecibles.
Marcos
valoró la preocupación del profesor
por su vida. Reconoció un instinto paternalista
en la actitud del científico.
-
Se lo agradezco profesor, pero debemos afrontar
los hechos tal como están. Y aquí
se presenta la famosa encrucijada a la que todo
científico alguna vez le toca evaluar.
¿Qué hacemos entonces, seguimos
o...dejamos todo como está y adiós
el progreso? Yo voto por lo primero.
-
Se han cometido muchos errores en nombre del
progreso – repuso el hombre-
Pero tienes razón en algo. No
podríamos vivir sabiendo que uno de los
mayores descubrimientos de la humanidad pasó
tan cerca de nuestras manos y no pudimos retenerlo.
Hubo
un silencio en la sala hasta que la holoimagen
de Sandra se materializó delante de ellos.
-Profesor,
tengo lo datos que usted me pidió para
cotejarlos con los suyos – le
indicó con suave voz.
-¡Muy
bien, seguimos en carrera! Veamos que tenemos
– proclamó entusiasmado.
Marcos
crispó los puños en señal
de victoria, aunque sabía que ésta
era la última oportunidad de conseguir
la ecuación.
Estudiaron
los datos de ambas fuentes y establecieron el
lugar del próximo contacto.
-Bien
ya tenemos el lugar, pero tenemos que determinar
el día y la hora – señaló
Sumeerly.
-¿Cuándo
fue el primer contacto?- consultó
Marcos.
-El
sábado 18 a las 3.53 horas –contestó
Sandra expeditivamente.
-Y
ahora fuiste a visitar al instructor el día
lunes 20 a las…
-12.38
horas – contestó el joven.
-Entonces,
- comenzó a conjeturar el profesor caminando
por la sala de control- si tenemos en
cuenta que huyeron de la escena del crimen por
la madrugada, habrán esperado a la noche
para salir de su refugio y desplazarse hasta
la isla en el delta. Seguramente habrán
viajado de noche, amparados por la oscuridad.
Es decir… deberías estar allí,
en la madrugada del domingo 19. Me parece que
a las 4.00 horas ya deberían estar en
la casa. Sólo son conjeturas, pero no
tenemos otra forma de comprobarlas que estableciendo
el contacto para ese tiempo y lugar-
finalizó.
-Bueno,
hagámoslo- comentó Marcos.
Sumeerly
meditó un momento antes de dar algunas
indicaciones a su ayudante.
-Pero
está vez llevarás más equipo
aparte del traje y el criobisturí. Creo
que deberás completar el equipo con un
termoscanner, un transmisor intracraneal, un
par de balizas localizadoras por si te pierdes
en el monte y refractores infrarrojos para la
oscuridad… ¡ASCLI, ve a traerlos!
Cuando
el neodroide volvió con el equipo, Marcos
ya se encontraba vestido con su traje protector
y su criobisturí enfundado.
-Muchacho,
tienes que tener en cuenta de no sobrepasarte
del lapso de 20 minutos en la exploración.
Eso es todo lo que tienes para localizarlos,
reducirlos y volver sano y salvo con la ecuación
si es posible. No te excedas. Sin energía,
no podremos hacer nada desde aquí para
traerte.
Marcos
se colocó en el estrado de descenso al
cronódromo. Antes de bajar, el profesor
le habló:
-¡Suerte
hijo, y ten cuidado!
Mientras
descendía al cronódromo, Marcos
observó la forma en que se preocupaba
el profesor. Sintió respeto por ese hombre
que se debatía entre los sentimientos
y la ciencia.
Esta
vez, el horizonte de sucesos le pareció
más negro y aterrador que antes. Por
un momento pensó que esa negrura tenía
vida propia. Creía que en su superficie
opaca latía un espíritu siniestro
dispuesto a devorarlo.
Cuando
emergió de la cronósfera, lo hizo
en la más completa oscuridad. Se colocó
los refractores infrarrojos y descubrió
una selva cerrada y lúgubre envuelta
en una espesa bruma. Dio un paso hacia delante
y sintió con la punta de su calzado que
pisaba un suelo fangoso. Miró hacia atrás
para ver el horizonte y verificó que
éste parecía una mancha sobre
el visor de su refractor. Echó un vistazo
alrededor y distinguió unos árboles
altos y supuso que por allí estaría
la casa del instructor.
Antes
de avanzar clavó en suelo pastoso una
baliza localizadora y la conectó. Tomó
lectura de la posición y luego puso en
cero su cronómetro.
Con
firmeza avanzó paso a paso por la espesura
en dirección al pequeño monte.
Fue atravesando zarzas, espinillos y tupidas
malezas mientras pensaba en las palabras del
profesor antes de bajar al cronódromo.
Cuando llegó a los árboles ajustó
un mando de sus gafas para aumentar el campo
de visión. Comenzaba a preocuparse porque
no distinguía pistas de la cabaña.
Avanzó un poco más y decidió
encender el termoscanner para ver si el aparato
descubría rastros termográficos
de los hombres que buscaba. Lo giró en
todas direcciones pero no logró detectar
nada.
Siguió
avanzando pero ahora a 90 º de su actual
posición. Caminó una veintena
de pasos y nuevamente conectó el termoscanner.
Deseaba que el aparato arrebate los secretos
del bosque para él, pero la pantalla
no indicaba nada. Más preocupado aumentó
el alcance del dispositivo en un intento desesperado
por encontrar alguna señal. Pero al girar
nuevamente el instrumento, vislumbró
unas manchas muy tenues sobre el display señalando
actividad térmica a 200 metros de distancia
y en la misma dirección que había
encarado por primera vez.
Con
un hilo de esperanza se encaminó en esa
dirección sin quitar los ojos de la pantalla
y a medida que se acercaba las lecturas eran
cada vez más precisas. Por un momento
le llamó la atención el tamaño
de las huellas. Eran pequeñas y movedizas.
Según sus cálculos no correspondían
a marcas de seres humanos, pero continuó
avanzando. Era su única pista en ese
mundo inhóspito. Un lugar solitario,
lejos y olvidado.
Su
cronómetro marcaba poco más de
7 minutos desde su arribo. Cuando se acercó
a 20 metros del lugar de las señales
éstas se quedaron inmóviles en
la pantalla. Apartó un seto bastante
cerrado y por fin descubrió un caserío
construido sobre pilotes enclavados en la tierra.
-¡Esta
debe ser! - pensó más
calmado.
Tomó
su arma y la encendió. Cuando se acercó
un poco más, tres pequeñas sombras
negras salieron disparadas entre sus piernas
y tropezó al tratar de esquivarlas. Apenas
distinguió a los tres gatos cuando estos,
saltaban sobre los arbustos y se perdieron en
la espesura.
Se
incorporó y sondeó con el aparato
la cabaña y sus alrededores, pero no
descubrió nada.
-
¡Ahí van mis tres pistas! Esta
vez, nos equivocamos. O no es la casa o no es
el momento- se dijo a si mismo.
Escuchó
a la derecha un chasquido. Se acercó
para ver sabiendo que encontraría un
curso de agua. Descubrió un viejo muelle
vacío sobre juncos ralos. Sobre la superficie
del agua, aún se dibujaban unas pequeñas
ondas concéntricas.
-¡No
puede ser, no puede ser! - se culpaba,
mientras sacudía fuertemente los puños.
Apuntó
el detector hacia la baliza y la halló
a 400 metros de distancia. Calculaba ir a su
encuentro cuando un sonido apagado, proveniente
de un punto lejano sobre el agua, le llamó
la atención. Nuevamente encaró
el detector y ajustó los mandos para
aumentar al máximo la intensidad de sondeo
y así poder atravesar la niebla. Se le
aceleró el corazón al ver que
cuatro o cinco figuras humanas a 300 m. de distancia
aparecían en la pantalla del sensor y
se acercaban velozmente. No se quedó
para averiguar como se desplazaban tan rápido
sobre el líquido, pero algo intuía.
Se
ocultó detrás del seto de los
gatos, mientras conectaba el intracraneal con
la ilusión de captar algún sonido
humano pero sólo percibió estática
y algún siseo esporádico.
Dos
minutos después, vio como emergía
de la niebla una pequeña nave acuática
con cinco hombres en su interior. Rápidamente
y en silencio, cuatro de ellos bajaron al muelle
y comenzaron a descargar bultos y bolsos sobre
la planchada. Al cabo de un minuto terminaron
el trabajo y el quinto hombre que permaneció
a bordo todo el tiempo en los comandos, tras
un breve ademán viró la nave y
se retiró silenciosamente.
Marcos
dio un vistazo a su cronómetro y desesperado
leyó 21 minutos. Había traspasado
el límite, pero se dijo a sí mismo
que valía el riesgo. Necesitaba saber
si esos eran sus hombres. Creyó que unos
minutos más serían suficientes.
En silencio y rápidamente los sujetos
se introdujeron en la casa.
Una
luz se encendió dentro y pudo ver en
la penumbra y a través de una ventana
abierta el rostro del hombre que lo agredió
en el subsuelo. Sin dudas eran ellos.
Ya
debía irse. A pesar de la determinación
del profesor, pensó que era posible volver
más tarde. Sin dudar más encendió
la otra baliza y tomó lectura de las
coordenadas.
-Con
estos datos podremos hacer el contacto más
cerca - pensó
Alcanzó
a escuchar por el intracraneal que alguien hablaba
dentro de la pequeña vivienda:
(Estoy
seguro que tus nervios se van a calmar cuando
se disipe la niebla y veas que estamos en un
lugar solitario. Sin vecinos ni nada. Sólo
nosotros y miles de pajaritos que nos harán
compañía durante nuestras vacaciones).
Marcos
reconoció la voz de uno de los que estaba
en la escalera cuando le dispararon.
No
pudo esperar más. Su cronómetro
acusaba 26 minutos. La sola idea de quedar atrapado
para siempre en este páramo olvidado
y en compañía de estos hombres
le sacudió el cerebro. Se dio vuelta
y apenas empezó a correr, tropezó
con un arbusto y cayó sobre unos troncos
apilados. El refractor salió disparado
de su rostro y se vio rodeado de la más
absoluta oscuridad. Tanteó el lugar,
pero no pudo hallarlos. Desesperado se puso
de pie y apuntando el sensor a la baliza, leyó
la marca a 373 metros. Empezó a caminar
despacio hasta que consideró que estaba
alejado de la casa y encendió el criobisturí
con una irradiación débil como
para alumbrar el camino.
Ahora
con un poco de luz, emprendió una veloz
carrera hacia el Horizonte de sucesos. Cayó
varias veces antes de encontrar el punto luminoso
enclavado en el suelo. No pudo ver la esfera,
pero sabía que estaba ahí…
-¡Tiene
que estar ahí!- se estremeció
aterrado.
Corrió
con dificultad entre los matorrales y al llegar
al lado de la baliza pudo distinguir la mancha
parda entre la bruma. Tomando un breve impulso
se zambulló al futuro.
Capítulo XV. Cuestión
de imagen.
Marcos salió disparado del
Horizonte de sucesos dando tumbos por el suelo.
El alma le volvió al cuerpo cuando distinguió
al profesor en la sala de mandos del cronódromo
completamente inmóvil frente al mirador.
De prisa, Marcos Santoro se puso de pie y comenzó
a caminar hacia el elevador. A medida que se
alejaba del campo, los movimientos del profesor
y su ayudante eran cada vez más rápidos
y su sensación de arcadas iba en disminución.
No obstante presentía que sería
difícil convencer a Sumeerly para intentar
una nueva incursión al pasado, argumentando
que ahora los tenía cercados y solos
en una isla casi desierta en medio de la nada.
Una operación directa y bien encausada
sería una buena oportunidad para recuperar
la fórmula.
Salió
de elevador y sin esperar para preguntarle a
ASCLI, fue directo al control de energía
y pudo leer el resto de capacidad de las pilas.
El científico lo observaba callado. La
actitud del joven delataba el revés de
este último contacto y su empeño
por pretender un último ataque. Marcos
salió a su encuentro.
-¡Aún
nos queda 24.3 % de potencia! Están aislados,
solos y muy vulnerables en una isla desierta.
Solo me faltó un poco más de tiempo.
Ahora tengo la ubicación y el momento
exacto para el contacto ¡Debo ir profesor!-
aulló el muchacho apretando los puños.
-
Comprendo tu desesperación Marcos, pero
me temo que ya eso lo habíamos conversado
antes - Luego agregó:
-
Hijo, no puedo dejarte ir. Desde que me conoces
sabes perfectamente que obtener ese escrito
sería para mí favorecer un triunfo
irrefutable para la ciencia y el progreso humano.
Pero no puedo anteponer estos principios materialistas
al desastre que representaría perderte
a ti en el pasado.
El
profesor hablaba con mucha vehemencia. Marcos
oía, pero sin escuchar. Sumeerly continúo:
-
Sin hablar de cómo sentiría tu
perdida. Imagínate en ese mundo que,
aunque sea el tuyo, es desconocido y peligroso
para ti o para cualquiera de nuestro tiempo.
Luego piensa si te capturan las autoridades
¡Cómo contribuiría eso a
un Cambio de Realidad con derivaciones impredecibles
para el resto de la historia subsiguiente! ¡No
hijo, por lo que más quieras, no me pidas
que te deje ir!
-Pero
profesor, piense por un momento. Si realmente
quedo atrapado, aún tengo el equipo para
subsistir por unos días. Estaré
confinado en una isla deshabitada. Usted como
mucho, no importa cuando, conseguirá
otra pila y podrá rescatarme un par de
días después de mi “naufragio”.
Solamente la humanidad actual lamentará
mi ausencia por unos meses o un año nada
más.
-
Muchacho ¿realmente crees que una pila
Hesenhorf “T” se puede conseguir
en cualquier almacén como si fuera un
entretenimiento para niños? ¿Y
que pasaría si muero? No le podemos dar
instrucciones a ASCLI. Los neorobots como él
los destinan a otro científico si su
jefe anterior muere o es destituido. Sus datos
personales serán borrados conservando
la base de antecedentes de su esencia y conocimientos
¡Maldición…incluso le cambiarán
el nombre!
Marcos
sin sentirse derrotado bajó la vista
e hizo un gesto de aprobación.
-
Está bien profesor, buscaremos la forma
de recuperar la ecuación más adelante.
Ahora sabemos donde están los que la
perdieron y probablemente la tengan en su poder.
Podemos ir más adelante supongo –
dijo resuelto.
-
¡Bien muchacho! ¡Me alegro que lo
hayas comprendido! Sé como te sientes
pero creo que es lo mejor que podemos hacer,
por el bien de todos. Ahora vamos a mi despacho
arriba. Estás cansado. Veremos que se
puede hacer más adelante.
-Si,
pero antes, debería sacarme este traje
y devolver al depósito el resto del equipo
– propuso Marcos.
-¡Por
supuesto! ASCLI toma los...
-¡Gracias, pero no hace falta profesor!
Yo iré personalmente a dejar estos aparatos-
insistió el joven.
Sin
esperar la respuesta Marcos se fue por una portezuela
lateral. El profesor hizo una mueca y luego
aprovechó el momento para darle las últimas
indicaciones a su autómata para desactivar
el cronódromo y derivar la energía
remanente de la pila a otras dependencias de
la casa. Con lo que quedaba se podía
alimentar cien hogares como ese durante 10 años.
El
holograma de Sandra que se encontraba cerca
del ventanal del cronódromo, se esfumó
repentinamente. Al cabo de unos segundos, Marcos
apareció por la portezuela sin equipos
y sin su traje de microflex. En su lugar tenía
puesto su chaqueta plateada manchada de sangre.
-Veo
que tienes mucho aprecio por esa prenda. ¡Ven
conmigo que seguro arriba tengo algo remanente
de mi juventud como para que te cambies de ropa!
– le indicó irónico el profesor.
Marcos
sin responderle y con su rostro extrañamente
sonriente, lo siguió hasta el Transpod.
A una señal del profesor, el joven entró
en la cabina seguido por el científico
que se ubicó de espaldas a él,
mirando a la puerta. Sumeerly accionó
el mando y la puerta tras cerrarse se abrió
instantáneamente frente al corredor sinuoso.
-Escucha
hijo, debemos ver también si nuestra
incursión por el tiempo no provocó
cambios drásticos en nuestra sociedad.
Le pediremos a Sandra… ¿eh?
El
profesor se había dado media vuelta para
buscar al joven. El pasillo estaba desierto
delante de la puerta abierta del Transpod.
-Pero...
¿dónde te has metido muchacho?
Sandra, busca al joven en...
Marcos
se materializó sonriente delante de Sumeerly.
-Diga
profesor- expresó la imagen
del joven pero con voz femenina.
-¿Sandra…Marcos?
Pero... ¿Que diablos está ocurriendo
aquí? – increpó
colérico Sumeerly.
De
pronto, las luces del pasillo parpadearon brevemente.
La copia del joven permaneció con su
sonrisa irónica y expectante, esperando
las instrucciones. Sumeerly, previendo lo que
ocurría, se abalanzó dentro de
la cabina transportadora y giró el interruptor.
La
puerta se abrió en la sala de mando y
corrió hacia ella. ASCLI permanecía
de pie delante del control temporal. Llamó
a su secretaria virtual y en su lugar se proyectó
nuevamente la reproducción sonriente
de Marcos.
-¡Recupera tu antiguo aspecto y dime donde
está Marcos!
La
imagen del joven comenzó a ser reemplazada
por la femenina mientras señalaba hacia
el ventanal de la sala de control. Sumeerly
enfocó la vista en el cronódromo
y vio la cronósfera en su centro y una
silueta oscura y huidiza, introduciéndose
en ella.
Marcos
había reemplazado la imagen holográfica
femenina por la suya y de esta manera confundir
al profesor y ganar unos pocos minutos. Aprovechó
que Sandra aún conservaba en su memoria
los datos referentes a su constitución
física y que fueran empleados horas atrás
en el D.A.A. quirúrgico. Su argucia fue
elemental pero efectiva.
-¡Suerte
hijo, y ten cuidado!- susurró
angustiado Sumeerly cuando Marcos desapareció
en la cronósfera.
Continuará...
,Josecito.