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La Ecuación Rosenthal -- Por Josecito


Capitulo XIV. Un lugar solitario, lejos... y olvidado.

Sumeerly observaba el cuadro de controles del campo mientras el joven se introducía en el horizonte. Todo marchaba según lo esperado, pero quiso saber el nivel de energía remanente de los cilindros.

-¡ASCLI! Dame lectura del nivel de las pilas, por favor.

-¡49.3 % de intensidad fisio-protónica!

- Muy bajo- pensó.

Un rumor apagado devolvió al profesor de su meditación. Cuando vio que el joven emergía de la cronósfera, se le desató el nudo que se le había formado en el pecho. Rápidamente el muchacho subió por el ascensor y se acercó al profesor tendiéndole el papel que traía en la mano.

Sumeerly, lejos de pensar que se trataba de la ecuación, tomó el papel y lo estudió.

-Veo que no tuviste problemas esta vez, hijo. ¿Qué es esto muchacho?

-¡Es el plano para llegar a donde se supone que están esos hombres! – contestó extasiado Marcos.

-¿Se supone? Dime algo ¿Qué ocurrió en el local? ¿Encontraste a Vargas?

-Si, por suerte pude encontrarlo sin problemas. Le dije que necesitaba datos de cierta gente para localizarlos y así entregarles un recado familiar. El hombre dudó un poco, pero luego accedió a mi pedido y me entregó este plano de la ubicación de la casa que les dio en alquiler. Según pude ver esta casa se encuentra en las antiguas islas del Delta de la Provincia de Buenos Aires en el siglo XX.

-Bien, bien, bien. Pero dime hijo ¿Te has cruzado con alguien más, o te vieron en la cronósfera? En definitiva ¿Ha pasado algo fuera de lo normal está vez?

-No, absolutamente nada – respondió resuelto el joven.

-¡Brillante! Te felicito – festejó el hombre. Su preocupación por los Cambios de la Realidad era evidente.

Dejó al muchacho que se quitará el traje protector, mientras se dirigía a su despacho en la parte superior de la casa. Después de abandonar el Transpod, cruzó el largo pasillo y luego ingresó a la biblioteca.

Sumeerly poseía una dilatada cantidad de libros originales de la antigüedad. Esta colección, constituía un tesoro invalorable para él. A menudo pasaba largas horas estudiando y profundizando los ejemplares con la convicción de que éstos y nada más, podrían darle las respuestas que las supercomputadoras jamás le aportarían. De hecho, fueron sus lecturas las que propiciaron la investigación sobre la ecuación perdida. No tenía pruebas, pero estaba definitivamente persuadido que se hallaban en el buen camino.

Tomó varios libros del siglo XX referidos al Delta de Buenos Aires. También diversas cartas náuticas en donde figuraba todo el sistema hidrográfico de la zona. Quería cerciorase de enviar al muchacho al lugar correcto. Las dos incursiones en el tiempo les habían absorbido demasiada energía a las pilas. Apenas alcanzaban para una o dos más a lo sumo. Esta fuente de energía inigualable, era muy difícil de conseguir por el gran riesgo que encarnaba su incorrecta manipulación.

Finalmente, volvió al encuentro con el muchacho para analizar la nueva situación que se les presentaba.

Llegó a la sala de control del cronódromo. Vio que Marcos y ASCLI conversaban animadamente. Cuando el hombre se acercó, observaron sorprendidos la cantidad de documentación que este traía.

-¡Debemos estudiar bien la ubicación de esa cabaña en el Delta! – se anticipó.

-¿Pero por qué tantos libros profesor? ¿Acaso Sandra no tiene datos suficientes?- interrogó el joven.

-¡Si que los tiene, y muy completos! Salvo que ella tiene datos oficiales y no del vulgo popular. Cada facción o grupo le daba nombres distintos a las cosas en aquellos años y en el Delta no creo que sea la excepción. Sé, por lecturas anteriores, que un mismo río tiene tres denominaciones distintas según el lugar por donde lo cruces- a lo que luego agregó: Además está el problema de las cartas. La ubicación exacta del lugar puede diferir según utilicemos una u otra documentación ¿No querrías caer al agua desde la cronósfera, verdad?

- Está bien, eso está más que claro. Pero en caso de equivocarnos, volvemos de nuevo y listo.

- ¡Ese es el problema Marcos! Por lo visto, la próxima incursión será la última. Ya no tenemos energía para un cuarto viaje. O al menos, realizarlo sería muy peligroso para ti - indicó el hombre.

- ¡Pero según me mencionó ASCLI tenemos casi la mitad de la energía en los cilindros! - insistió Marcos.

- ¡Que no es, ninguna garantía! Verás... los puntos de contacto no tienen ninguna relación mensurable entre sí. Si pudiéramos ir todos los días al mismo lugar y exactamente en el mismo instante de tiempo, en ningún caso la energía necesaria para realizar cada viaje será la misma. Los planos temporales fluctúan constantemente y jamás se usan los mismos gusanos temporales.

- ¡Así es! – agregó ASCLI : por ejemplo en el primer viaje se consumió 17.3 % de energía del cilindro y para el segundo, la medición fue de 38.8 %.

- O sea que la distancia subespacial recorrida nunca es la misma- repuso Marcos.

- Por ese motivo muchacho- dijo Sumeerly- necesitamos la ecuación. Con ella no importa la distancia a recorrer en el subespacio porque podríamos sostener el campo infinitamente. Para nuestro caso, si el campo se quedase sin energía suficiente para resistir, se cerrará la brecha y tú quedarías atrapado indefectiblemente en el pasado.

Marcos se quedo en silencio meditando profundamente. “Estamos demasiado cerca”, se lo repetía una y otra vez. Se negaba rotundamente a dejar escapar la ecuación y por más que no haya querido reconocerlo, los viajes espaciales eran su meta, el único motivo por el cual accedió voluntariamente a incursionar por el tiempo.

No, no podía perderse otra vez. Debía recuperarla.

Sumeerly adivinaba el pesar de Marcos, pero prosiguió.

- Además no estamos seguros de que ellos tengan la fórmula. Tampoco, aunque lo conjeturemos, sabemos si esa fórmula existe. Y lo que es peor aún, de obtenerla... no sabemos si funciona o sirve para algo.

- No estaba tan pesimista esta mañana en O.M.E.E.T. - repuso el muchacho.

- Cuanto te saqué de la cronósfera casi muerto, tuve miedo. No sólo por tu vida, que es lo más importante en todo esto, también por nosotros y por la humanidad. No sabemos si tu presencia provocó una alteración que tarde o temprano nos termine alcanzando. Creo que hemos afrontado esto con demasiada ligereza. Nos movimos por la pasión del descubrimiento y me siento responsable porque te he empujado a una aventura con derivaciones impredecibles.

Marcos valoró la preocupación del profesor por su vida. Reconoció un instinto paternalista en la actitud del científico.

- Se lo agradezco profesor, pero debemos afrontar los hechos tal como están. Y aquí se presenta la famosa encrucijada a la que todo científico alguna vez le toca evaluar. ¿Qué hacemos entonces, seguimos o...dejamos todo como está y adiós el progreso? Yo voto por lo primero.

- Se han cometido muchos errores en nombre del progreso – repuso el hombre- Pero tienes razón en algo. No podríamos vivir sabiendo que uno de los mayores descubrimientos de la humanidad pasó tan cerca de nuestras manos y no pudimos retenerlo.

Hubo un silencio en la sala hasta que la holoimagen de Sandra se materializó delante de ellos.

-Profesor, tengo lo datos que usted me pidió para cotejarlos con los suyos – le indicó con suave voz.

-¡Muy bien, seguimos en carrera! Veamos que tenemos – proclamó entusiasmado.

Marcos crispó los puños en señal de victoria, aunque sabía que ésta era la última oportunidad de conseguir la ecuación.

Estudiaron los datos de ambas fuentes y establecieron el lugar del próximo contacto.

-Bien ya tenemos el lugar, pero tenemos que determinar el día y la hora – señaló Sumeerly.

-¿Cuándo fue el primer contacto?- consultó Marcos.

-El sábado 18 a las 3.53 horas –contestó Sandra expeditivamente.

-Y ahora fuiste a visitar al instructor el día lunes 20 a las…

-12.38 horas – contestó el joven.

-Entonces, - comenzó a conjeturar el profesor caminando por la sala de control- si tenemos en cuenta que huyeron de la escena del crimen por la madrugada, habrán esperado a la noche para salir de su refugio y desplazarse hasta la isla en el delta. Seguramente habrán viajado de noche, amparados por la oscuridad. Es decir… deberías estar allí, en la madrugada del domingo 19. Me parece que a las 4.00 horas ya deberían estar en la casa. Sólo son conjeturas, pero no tenemos otra forma de comprobarlas que estableciendo el contacto para ese tiempo y lugar- finalizó.

-Bueno, hagámoslo- comentó Marcos.

Sumeerly meditó un momento antes de dar algunas indicaciones a su ayudante.

-Pero está vez llevarás más equipo aparte del traje y el criobisturí. Creo que deberás completar el equipo con un termoscanner, un transmisor intracraneal, un par de balizas localizadoras por si te pierdes en el monte y refractores infrarrojos para la oscuridad… ¡ASCLI, ve a traerlos!

Cuando el neodroide volvió con el equipo, Marcos ya se encontraba vestido con su traje protector y su criobisturí enfundado.

-Muchacho, tienes que tener en cuenta de no sobrepasarte del lapso de 20 minutos en la exploración. Eso es todo lo que tienes para localizarlos, reducirlos y volver sano y salvo con la ecuación si es posible. No te excedas. Sin energía, no podremos hacer nada desde aquí para traerte.

Marcos se colocó en el estrado de descenso al cronódromo. Antes de bajar, el profesor le habló:

-¡Suerte hijo, y ten cuidado!

Mientras descendía al cronódromo, Marcos observó la forma en que se preocupaba el profesor. Sintió respeto por ese hombre que se debatía entre los sentimientos y la ciencia.

Esta vez, el horizonte de sucesos le pareció más negro y aterrador que antes. Por un momento pensó que esa negrura tenía vida propia. Creía que en su superficie opaca latía un espíritu siniestro dispuesto a devorarlo.

Cuando emergió de la cronósfera, lo hizo en la más completa oscuridad. Se colocó los refractores infrarrojos y descubrió una selva cerrada y lúgubre envuelta en una espesa bruma. Dio un paso hacia delante y sintió con la punta de su calzado que pisaba un suelo fangoso. Miró hacia atrás para ver el horizonte y verificó que éste parecía una mancha sobre el visor de su refractor. Echó un vistazo alrededor y distinguió unos árboles altos y supuso que por allí estaría la casa del instructor.

Antes de avanzar clavó en suelo pastoso una baliza localizadora y la conectó. Tomó lectura de la posición y luego puso en cero su cronómetro.

Con firmeza avanzó paso a paso por la espesura en dirección al pequeño monte. Fue atravesando zarzas, espinillos y tupidas malezas mientras pensaba en las palabras del profesor antes de bajar al cronódromo. Cuando llegó a los árboles ajustó un mando de sus gafas para aumentar el campo de visión. Comenzaba a preocuparse porque no distinguía pistas de la cabaña. Avanzó un poco más y decidió encender el termoscanner para ver si el aparato descubría rastros termográficos de los hombres que buscaba. Lo giró en todas direcciones pero no logró detectar nada.

Siguió avanzando pero ahora a 90 º de su actual posición. Caminó una veintena de pasos y nuevamente conectó el termoscanner. Deseaba que el aparato arrebate los secretos del bosque para él, pero la pantalla no indicaba nada. Más preocupado aumentó el alcance del dispositivo en un intento desesperado por encontrar alguna señal. Pero al girar nuevamente el instrumento, vislumbró unas manchas muy tenues sobre el display señalando actividad térmica a 200 metros de distancia y en la misma dirección que había encarado por primera vez.

Con un hilo de esperanza se encaminó en esa dirección sin quitar los ojos de la pantalla y a medida que se acercaba las lecturas eran cada vez más precisas. Por un momento le llamó la atención el tamaño de las huellas. Eran pequeñas y movedizas. Según sus cálculos no correspondían a marcas de seres humanos, pero continuó avanzando. Era su única pista en ese mundo inhóspito. Un lugar solitario, lejos y olvidado.

Su cronómetro marcaba poco más de 7 minutos desde su arribo. Cuando se acercó a 20 metros del lugar de las señales éstas se quedaron inmóviles en la pantalla. Apartó un seto bastante cerrado y por fin descubrió un caserío construido sobre pilotes enclavados en la tierra.

-¡Esta debe ser! - pensó más calmado.

Tomó su arma y la encendió. Cuando se acercó un poco más, tres pequeñas sombras negras salieron disparadas entre sus piernas y tropezó al tratar de esquivarlas. Apenas distinguió a los tres gatos cuando estos, saltaban sobre los arbustos y se perdieron en la espesura.

Se incorporó y sondeó con el aparato la cabaña y sus alrededores, pero no descubrió nada.

- ¡Ahí van mis tres pistas! Esta vez, nos equivocamos. O no es la casa o no es el momento- se dijo a si mismo.

Escuchó a la derecha un chasquido. Se acercó para ver sabiendo que encontraría un curso de agua. Descubrió un viejo muelle vacío sobre juncos ralos. Sobre la superficie del agua, aún se dibujaban unas pequeñas ondas concéntricas.

-¡No puede ser, no puede ser! - se culpaba, mientras sacudía fuertemente los puños.

Apuntó el detector hacia la baliza y la halló a 400 metros de distancia. Calculaba ir a su encuentro cuando un sonido apagado, proveniente de un punto lejano sobre el agua, le llamó la atención. Nuevamente encaró el detector y ajustó los mandos para aumentar al máximo la intensidad de sondeo y así poder atravesar la niebla. Se le aceleró el corazón al ver que cuatro o cinco figuras humanas a 300 m. de distancia aparecían en la pantalla del sensor y se acercaban velozmente. No se quedó para averiguar como se desplazaban tan rápido sobre el líquido, pero algo intuía.

Se ocultó detrás del seto de los gatos, mientras conectaba el intracraneal con la ilusión de captar algún sonido humano pero sólo percibió estática y algún siseo esporádico.

Dos minutos después, vio como emergía de la niebla una pequeña nave acuática con cinco hombres en su interior. Rápidamente y en silencio, cuatro de ellos bajaron al muelle y comenzaron a descargar bultos y bolsos sobre la planchada. Al cabo de un minuto terminaron el trabajo y el quinto hombre que permaneció a bordo todo el tiempo en los comandos, tras un breve ademán viró la nave y se retiró silenciosamente.

Marcos dio un vistazo a su cronómetro y desesperado leyó 21 minutos. Había traspasado el límite, pero se dijo a sí mismo que valía el riesgo. Necesitaba saber si esos eran sus hombres. Creyó que unos minutos más serían suficientes. En silencio y rápidamente los sujetos se introdujeron en la casa.

Una luz se encendió dentro y pudo ver en la penumbra y a través de una ventana abierta el rostro del hombre que lo agredió en el subsuelo. Sin dudas eran ellos.

Ya debía irse. A pesar de la determinación del profesor, pensó que era posible volver más tarde. Sin dudar más encendió la otra baliza y tomó lectura de las coordenadas.

-Con estos datos podremos hacer el contacto más cerca - pensó

Alcanzó a escuchar por el intracraneal que alguien hablaba dentro de la pequeña vivienda:

(Estoy seguro que tus nervios se van a calmar cuando se disipe la niebla y veas que estamos en un lugar solitario. Sin vecinos ni nada. Sólo nosotros y miles de pajaritos que nos harán compañía durante nuestras vacaciones).

Marcos reconoció la voz de uno de los que estaba en la escalera cuando le dispararon.

No pudo esperar más. Su cronómetro acusaba 26 minutos. La sola idea de quedar atrapado para siempre en este páramo olvidado y en compañía de estos hombres le sacudió el cerebro. Se dio vuelta y apenas empezó a correr, tropezó con un arbusto y cayó sobre unos troncos apilados. El refractor salió disparado de su rostro y se vio rodeado de la más absoluta oscuridad. Tanteó el lugar, pero no pudo hallarlos. Desesperado se puso de pie y apuntando el sensor a la baliza, leyó la marca a 373 metros. Empezó a caminar despacio hasta que consideró que estaba alejado de la casa y encendió el criobisturí con una irradiación débil como para alumbrar el camino.

Ahora con un poco de luz, emprendió una veloz carrera hacia el Horizonte de sucesos. Cayó varias veces antes de encontrar el punto luminoso enclavado en el suelo. No pudo ver la esfera, pero sabía que estaba ahí…

-¡Tiene que estar ahí!- se estremeció aterrado.

Corrió con dificultad entre los matorrales y al llegar al lado de la baliza pudo distinguir la mancha parda entre la bruma. Tomando un breve impulso se zambulló al futuro.

 

Capítulo XV. Cuestión de imagen.

Marcos salió disparado del Horizonte de sucesos dando tumbos por el suelo. El alma le volvió al cuerpo cuando distinguió al profesor en la sala de mandos del cronódromo completamente inmóvil frente al mirador. De prisa, Marcos Santoro se puso de pie y comenzó a caminar hacia el elevador. A medida que se alejaba del campo, los movimientos del profesor y su ayudante eran cada vez más rápidos y su sensación de arcadas iba en disminución. No obstante presentía que sería difícil convencer a Sumeerly para intentar una nueva incursión al pasado, argumentando que ahora los tenía cercados y solos en una isla casi desierta en medio de la nada. Una operación directa y bien encausada sería una buena oportunidad para recuperar la fórmula.

Salió de elevador y sin esperar para preguntarle a ASCLI, fue directo al control de energía y pudo leer el resto de capacidad de las pilas. El científico lo observaba callado. La actitud del joven delataba el revés de este último contacto y su empeño por pretender un último ataque. Marcos salió a su encuentro.

-¡Aún nos queda 24.3 % de potencia! Están aislados, solos y muy vulnerables en una isla desierta. Solo me faltó un poco más de tiempo. Ahora tengo la ubicación y el momento exacto para el contacto ¡Debo ir profesor!- aulló el muchacho apretando los puños.

- Comprendo tu desesperación Marcos, pero me temo que ya eso lo habíamos conversado antes - Luego agregó:

- Hijo, no puedo dejarte ir. Desde que me conoces sabes perfectamente que obtener ese escrito sería para mí favorecer un triunfo irrefutable para la ciencia y el progreso humano. Pero no puedo anteponer estos principios materialistas al desastre que representaría perderte a ti en el pasado.

El profesor hablaba con mucha vehemencia. Marcos oía, pero sin escuchar. Sumeerly continúo:

- Sin hablar de cómo sentiría tu perdida. Imagínate en ese mundo que, aunque sea el tuyo, es desconocido y peligroso para ti o para cualquiera de nuestro tiempo. Luego piensa si te capturan las autoridades ¡Cómo contribuiría eso a un Cambio de Realidad con derivaciones impredecibles para el resto de la historia subsiguiente! ¡No hijo, por lo que más quieras, no me pidas que te deje ir!

-Pero profesor, piense por un momento. Si realmente quedo atrapado, aún tengo el equipo para subsistir por unos días. Estaré confinado en una isla deshabitada. Usted como mucho, no importa cuando, conseguirá otra pila y podrá rescatarme un par de días después de mi “naufragio”. Solamente la humanidad actual lamentará mi ausencia por unos meses o un año nada más.

- Muchacho ¿realmente crees que una pila Hesenhorf “T” se puede conseguir en cualquier almacén como si fuera un entretenimiento para niños? ¿Y que pasaría si muero? No le podemos dar instrucciones a ASCLI. Los neorobots como él los destinan a otro científico si su jefe anterior muere o es destituido. Sus datos personales serán borrados conservando la base de antecedentes de su esencia y conocimientos ¡Maldición…incluso le cambiarán el nombre!

Marcos sin sentirse derrotado bajó la vista e hizo un gesto de aprobación.

- Está bien profesor, buscaremos la forma de recuperar la ecuación más adelante. Ahora sabemos donde están los que la perdieron y probablemente la tengan en su poder. Podemos ir más adelante supongo – dijo resuelto.

- ¡Bien muchacho! ¡Me alegro que lo hayas comprendido! Sé como te sientes pero creo que es lo mejor que podemos hacer, por el bien de todos. Ahora vamos a mi despacho arriba. Estás cansado. Veremos que se puede hacer más adelante.

-Si, pero antes, debería sacarme este traje y devolver al depósito el resto del equipo – propuso Marcos.

-¡Por supuesto! ASCLI toma los...

-¡Gracias, pero no hace falta profesor! Yo iré personalmente a dejar estos aparatos- insistió el joven.

Sin esperar la respuesta Marcos se fue por una portezuela lateral. El profesor hizo una mueca y luego aprovechó el momento para darle las últimas indicaciones a su autómata para desactivar el cronódromo y derivar la energía remanente de la pila a otras dependencias de la casa. Con lo que quedaba se podía alimentar cien hogares como ese durante 10 años.

El holograma de Sandra que se encontraba cerca del ventanal del cronódromo, se esfumó repentinamente. Al cabo de unos segundos, Marcos apareció por la portezuela sin equipos y sin su traje de microflex. En su lugar tenía puesto su chaqueta plateada manchada de sangre.

-Veo que tienes mucho aprecio por esa prenda. ¡Ven conmigo que seguro arriba tengo algo remanente de mi juventud como para que te cambies de ropa! – le indicó irónico el profesor.

Marcos sin responderle y con su rostro extrañamente sonriente, lo siguió hasta el Transpod. A una señal del profesor, el joven entró en la cabina seguido por el científico que se ubicó de espaldas a él, mirando a la puerta. Sumeerly accionó el mando y la puerta tras cerrarse se abrió instantáneamente frente al corredor sinuoso.

-Escucha hijo, debemos ver también si nuestra incursión por el tiempo no provocó cambios drásticos en nuestra sociedad. Le pediremos a Sandra… ¿eh?

El profesor se había dado media vuelta para buscar al joven. El pasillo estaba desierto delante de la puerta abierta del Transpod.

-Pero... ¿dónde te has metido muchacho? Sandra, busca al joven en...

Marcos se materializó sonriente delante de Sumeerly.

-Diga profesor- expresó la imagen del joven pero con voz femenina.

-¿Sandra…Marcos? Pero... ¿Que diablos está ocurriendo aquí? – increpó colérico Sumeerly.

De pronto, las luces del pasillo parpadearon brevemente. La copia del joven permaneció con su sonrisa irónica y expectante, esperando las instrucciones. Sumeerly, previendo lo que ocurría, se abalanzó dentro de la cabina transportadora y giró el interruptor.

La puerta se abrió en la sala de mando y corrió hacia ella. ASCLI permanecía de pie delante del control temporal. Llamó a su secretaria virtual y en su lugar se proyectó nuevamente la reproducción sonriente de Marcos.

-¡Recupera tu antiguo aspecto y dime donde está Marcos!

La imagen del joven comenzó a ser reemplazada por la femenina mientras señalaba hacia el ventanal de la sala de control. Sumeerly enfocó la vista en el cronódromo y vio la cronósfera en su centro y una silueta oscura y huidiza, introduciéndose en ella.

Marcos había reemplazado la imagen holográfica femenina por la suya y de esta manera confundir al profesor y ganar unos pocos minutos. Aprovechó que Sandra aún conservaba en su memoria los datos referentes a su constitución física y que fueran empleados horas atrás en el D.A.A. quirúrgico. Su argucia fue elemental pero efectiva.

-¡Suerte hijo, y ten cuidado!- susurró angustiado Sumeerly cuando Marcos desapareció en la cronósfera.

Continuará... ,Josecito.

 
     
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