Capitulo
XII. Horizonte de sucesos.
Al
principio no sucedió nada. Al cabo de
unos segundos la luz parpadeó transitoriamente
y fue reemplazada de a poco por reflectores
más potentes. Un rumor imperceptible
al comienzo y luego más acentuado se
sintió por debajo de los pies para luego
desaparecer por completo. Al finalizar el encendido
de los potentes faros, Marcos pudo observar
en detalle el lugar.
Gracias
a la intensidad de luz, lo que antes parecía
un cuarto con forma de medialuna, ahora se mostraba
como un enorme anillo con un ventanal corriendo
alrededor y hacia el centro. Marcos recordó
los antiguos quirófanos del siglo XX,
en los que los practicantes se ubicaban en un
cuarto por encima de los cirujanos para observar
el desarrollo de la técnica quirúrgica.
Se acercó al ventanal y a pesar de que
abajo estaba en penumbras, pudo adivinar las
dimensiones de todo Zona Cero. Todo el laboratorio
abarcaba un diámetro de 70 metros aproximadamente.
Aprovechó
que el científico se hallaba abstraído
supervisando el arranque del complejo sistema,
y dio una vuelta por la sala de control y observó
la gran cantidad de mandos y perillas que había
en los tableros. Luces parpadeando, pantallas
con ideografías, sistemas cargándose.
Cuando completó el giro se encontró
con el profesor que estaba frente a una gran
pantalla de holoplasma, conversando con ASCLI.
-Creó
que todo marcha bien... ¡Ah! muchacho
¿Qué te parece el cronódromo?
– le preguntó…
-Estoy
impresionado.
-Y
aún falta ¡Mira esto!
– le dijo señalando con un movimiento
de su cabeza el centro del predio.
Ahora
la sala de abajo se hallaba iluminada por completo.
Marcos se acercó al ventanal y apoyó
su frente sobre el cristal. La sala circular
estaba desocupada. De la unión entre
el piso y la pared, partían finos conductos
luminosos que se unificaban en el centro de
la sala. En estos, un tren de pulsos luminiscentes
comenzaba en el extremo cercano al muro circular
y llegaba al centro de la sala donde se fundía
con los otros en una sola palpitación.
-¡Bien, esto es lo que haremos!
– interrumpió el profesor.
Marcos
se dio vuelta y prestó atención.
-En
principio debemos averiguar a qué hora
fue el robo ¿Sandra, puedes recordarme
la hora según los registros?
-Según
estimaciones,fue a las 3.50 Hs. de la madrugada
del sábado 18 de julio de 1998
– contestó la supercomputadora.
-Vamos
a buscar el lugar donde se encontraba el edificio
de la Comisión en esa época
– indicó Sumeerly con su dedo índice
y luego cerrando el puño contra su pecho.
La
pantalla de holoplasma comenzó a poblarse
de planos de la antigua ciudad de Buenos Aires
y alrededores. Un complejo sistema de búsqueda
rastreaba las coordenadas del edificio en los
antiguos mapas. Sumeerly sin quitar la vista
de la pantalla, se inclinó levemente
hacia Marcos quien estaba parado expectante
a su lado, para expresarle en voz baja:
-Afortunadamente,
agregué a mi colección, un detallado
mapa de la antigua Buenos Aires antes de la
expansión que sufriera a principios del
siglo XXI.
De
pronto, la sucesión de imágenes
se detuvo en un croquis del edificio en tercera
dimensión.
-¡Aquí
es! Muéstrame el nivel en el que estaba
el tesoro – ordenó Sumeerly.
Una
nueva vista se mostró en la imagen.
-Si,
veamos. En este subnivel de aquí, se
ve el recinto del tesoro al final de un largo
pasillo. Y esto que se ve parece ser una escalera
de acceso.
-Correcto-
pronunció la voz de la computadora.
-Este
lugar me parece adecuado para establecer el
Campo Temporal- señalaba el
profesor sobre un pequeño rectángulo
en el plano- ¿Qué es eso
Sandra?
-Parece
ser un cuarto de servicios. Por las dimensiones,
el sitio es propicio para el contacto
- respondió la máquina.
-¡Perfecto!
Entonces, fija estas coordenadas, fecha y hora
en la cronocelda y espera mis instrucciones.
La
firmeza con que el profesor transmitía
las órdenes le daba a Marcos mucha tranquilidad
y confianza a pesar de ignorar lo que ocurriría
más adelante.
-Bien
muchacho, llegó la hora. Esto es lo que
deberás hacer – comenzó
a hablar el hombre colocando su mano sobre el
hombro de Marcos. Cuando la conexión
espacio - temporal se establezca tendrás
treinta minutos para recuperar la ecuación.
Establece un margen de seguridad más
pequeño, digamos… veinte minutos. El
campo estará ahí hasta que tú
decidas volver. Cuando llegues, obra con cautela.
Trata de establecer contacto con los hombres
y explícales que solo quieres la fórmula,
nada más ¡Recuérdales que
no quieres su dinero, sólo el papel con
la fórmula y no le digas que vienes del
futuro, diles que eres un científico
o… algo así! ¿Correcto?-
sugirió Sumeerly al muchacho.
-¡Entendí
perfectamente! Déjemelo a mí que
algo de diplomacia sé.
La
civilización del siglo XXVI había
alcanzado un alto grado de desarrollo cultural
y social. Prácticamente no existía
el delito y la corrupción propios de
los hombres de la antigüedad. Carecían
de información para interpretar la conducta
de los individuos a los cuales iban a enfrentarse.
-¡Otra
cosa más! – señaló
el profesor. A medida que te acerques
al campo, experimentarás ciertos trastornos
en la noción del tiempo. Pero no te preocupes,
es normal. Lo mismo percibiremos los que quedamos
de este lado.
-¿Profesor,
como sabré cuando el Campo Temporal esté
establecido?
Otra
vez el profesor dejó ver su mirada particular
cuando respondió con voz solemne:
-
Lo sabrás.
Marcos
se sorprendió con el tono de la respuesta.
Creyó que Sumeerly le estaba jugando
una de sus bromas. El profesor lo sorprendió
de nuevo cuando ordenó con acento más
firme aún:
¡Ahora
colócate allí mismo! ¡De
prisa! Te bajaremos al cronódromo.
Sumeerly
le señalaba un rectángulo color
bordó en el piso de la sala. Marcos se
paró dentro del perímetro y miró
al profesor cuando dijo:
-
¡Estoy listo!
Pretendió
transmitir seguridad con la firmeza que ostentó
al decir estas palabras. Pero por dentro comenzó
a sentir la angustia que todo ser humano percibe
antes de enfrentarse a lo desconocido.
-
¡Ahí va! ¡Suerte hijo, y
ten cuidado!
La
pequeña tarima comenzó a bajar
lentamente hasta llegar al nivel inferior. Marcos
avanzó unos pasos y la plataforma vacía
comenzó a subir de nuevo. Siguió
adelante y se paró a diez metros del
centro de la sala. Levantó la vista para
buscar al profesor y al verlo le indicó
con la palma de la mano abierta que esperara
allí mismo. Logró ver cuando el
profesor ajustaba unos mandos y luego presionaba
un botón rojo. Las luces de los conductos
en el piso comenzaron a variar su ritmo haciéndose
más vertiginosa su carrera hacia el centro.
Un rumor comenzó a percibirse en el suelo
y Marcos empezaba a inquietarse. Cuando los
destellos del piso se convirtieron en un único
y continuo haz, la luz del interior del cronódromo
se extinguió repentinamente, no así
la de la sala de control superior. De pronto,
un punto brillante se gestó en el centro
y Marcos percibió el choque breve de
una corriente de aire que provino del eje. Seguidamente
volvió la iluminación y el joven
al volver a mirar el centro del recinto creyó
que su vista fallaba. Pensó que parte
del cronódromo había desaparecido.
Una mancha circular completamente negra de un
metro y medio de diámetro aproximadamente
se encontraba flotando a escasos milímetros
del suelo. No brillaba y su superficie poseía
una opacidad asombrosa. La rodeó con
cautela y notó que en realidad la mancha
tenía volumen. Era una esfera cuyo contorno
estaba bien definido y al parecer, la luz se
absorbía hacia el interior y no emitía
el más mínimo reflejo. El efecto
que el joven interpretó en ese momento
fue que a la perspectiva del cuarto en donde
él estaba le faltaba una parte.
 |
-
Marcos, esa esfera que ves delante de ti, es
el horizonte de sucesos de Schwarzschild. ¡Avanza
hacia ella! ¡Es la conexión paratemporal!-
le dijo el profesor por el intracraneal.
-
¡Cuando estés dentro, estarás
solo! No te preocupes, aquí todo está
en orden ¡Sigue adelante! – agregó.
Marcos
avanzó con un nudo en el estómago.
Estaba a punto de ser devorado por un agujero
negro y luego proyectado por el subespacio.
A
medida que se acercaba al Horizonte de Sucesos,
percibía que las cosas no se movían
igual que antes. Buscó al profesor en
su atalaya y notó que éste se
movía muy despacio. Su malestar estomacal
aumentó cuando se detuvo a un metro de
aquella cosa formidable. Desde esa distancia
escuchó una resonancia profunda e intensa
de baja frecuencia proveniente de la esfera,
como el rumor lejano que produce una tropilla
de animales corriendo a campo traviesa. Avanzó
otro poco y decidido tocó la esfera con
los dedos. Percibió un chasquido inofensivo
como si se tratara de estática. Hundió
más su mano en la negrura y la extrajo
rápidamente. Movió sus dedos para
comprobar que todo seguía allí.
Luego comenzó a flexionarse para meter
su cabeza. Antes de penetrar miró al
profesor que completamente inmóvil, tenía
el dedo pulgar de su mano derecha hacia arriba.
Esta última visión del científico
lo envalentonó un poco más y finalmente
se introdujo de pleno en la esfera.
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La
penumbra era recorrida por un extraño
hilo de luz. El profesor y la sala de mandos
habían desaparecido. Se quedó
inmóvil hasta que sus ojos jóvenes
se adaptasen a la oscuridad. De a poco comenzó
a ver el lugar donde se hallaba. Un sonido extraño
provenía por detrás de donde él
se encontraba agazapado. La luz que había
visto al principio venía de una abertura
que estaba al nivel del suelo. Recorrió
con la vista el lugar y comprobó que
había una gran cantidad de cosas esparcidas
en todas direcciones. También vio que
pedazos de madera y restos de un mueble y sillas
rotas se hallaban a cada lado de su posición.
Miró hacia el piso y notó que
éste estaba hundido y que debajo de sus
pies yacía un objeto parecido a una antigua
cafetera de metal totalmente aplastado. Trozos
de sustancia parecida a la cerámica y
otros elementos se encontraban en el mismo estado.
Pronto pudo comprobar que la tenue luz que le
permitía ver provenía de abajo
de una puerta cerrada que estaba frente a él.
El ruido que escuchó al principio provenía
de un grifo roto y que manaba agua abundantemente
dentro de una pileta rajada. Un antiguo refrigerador
blanco estaba totalmente abollado con la forma
de la esfera que lo había rozado.
De
pronto, detrás de la puerta escuchó
pasos y voces que sonaban muy despacio. Vislumbró
que las figuras pasaban por delante cuando la
línea luminosa debajo del acceso era
interrumpida brevemente.
-Espero
que el profesor no se haya equivocado y las
personas que escucho, sean los hombres que buscamos-
pensó.
Luego
se aferró al picaporte de la puerta y
tiró de él. Se asomó por
la abertura y se encontró cara a cara
con un hombre joven y corpulento. Éste,
al verlo, hizo un gesto de asombro. Marcos iba
a saludarlo cuando otro hombre gordo que estaba
de pie subiendo por unas escaleras gritó.
-¡Pero
la conch….! ¿De donde carajo saliste
vos? ¡Dásela Nene que nos vio!
Marcos
se asombró al escuchar al sujeto que
sin saber quién era él y de dónde
venía, estaba dispuesto a entregarle
la ecuación sin más.
El
individuo que tenía enfrente asintió
y sacó de entre sus ropas un objeto metálico
y lo apuntó hacia Marcos. Este alcanzó
a ver que al hacer este rápido movimiento,
un trozo de papel caía al piso. Seguidamente
vio un fogonazo salir del objeto que le apuntaba
y un terrible golpe lo hizo retroceder hasta
chocar por la espalda contra el marco de la
puerta. Sintió una dolorosa puntada caliente
en el pecho y colocó su mano para aplacar
el dolor. Sobrevino un mareo repentino que lo
obligó a caer pesadamente sobre sus rodillas
al tiempo que retiraba la mano que estaba manchada
con su sangre. Sintió miedo por lo incomprensible
de la situación. Reparó en el
hombre que lo atacó pues subía
rápidamente por las escalinatas cuando
otros dos sujetos se asomaron por el rellano.
-¿Qué pasó? ¿A quién
“cuetearon”? – preguntó uno
de ellos.
-¡Hay
un tipo ahí! ¡El Nene le tiró!
- señalaba a Marcos en el piso ¡Yo
se lo dije porque nos vio la jeta! ¡Dale,
dale… rajemos que escucho venir a la cana!-
agregó el hombre gordo.
Los
cuatro se perdieron de vista rápidamente.
Marcos se sentía muy mal. Un sudor frío
le recorría el espinazo. No comprendía
lo sucedido. Intentó meterse en el cuarto
pero notó el papel caído a su
lado. Creyó que podría ser lo
que buscaba y a duras penas lo tomó.
Luego muy descompuesto se introdujo en el cuarto
y se reconfortó cuando descubrió
en el centro de la pequeña habitación
la cronósfera que lo transportaría
de nuevo a casa. El dolor que sentía
en el pecho no le permitía pensar y le
costaba introducir una bocanada de aire en sus
pulmones. Se acercó al horizonte y antes
de penetrar, escuchó un sonido ululante
que aumentaba a cada segundo. Lo último
que hizo antes de perder el conocimiento fue
arrojarse dentro del opaco campo temporal.
Capítulo
XIII. Aquel planeta del pasado.
El
muchacho al acercarse al campo comenzó
a moverse más rápido a la vista
del profesor, ubicado en el tiempo presente
real. Éste apenas tuvo tiempo de levantar
su pulgar derecho en señal de asentimiento
cuando la figura huidiza del joven desapareció
en la negrura. Pero también sabía
que apenas ocurriera esto, la silueta de Marcos
saldría nuevamente por el mismo lugar
por donde entró, ya que, el observador
que se quedara en el presente, no percibiría
el correr del tiempo como lo haría el
viajero.
Pero
algo desconcertante ocurrió. En vez de
ver como el joven regresaba tal cual como estaba
previsto, un brazo y la mitad de una cabeza
humana, atravesaron la circunferencia de la
cronósfera y quedaron inmóviles.
El profesor actuó rápidamente
previendo que si algo grave le sucedía
a Marcos, el tiempo para el joven estaba transcurriendo
vertiginosamente mientras estuviera en cercanías
o dentro del horizonte de sucesos. Debía
ir él, pues los neodroides como su ayudante
eran afectados negativamente al acercarse a
un campo magnético muy intenso. Entonces
ordenó:
-¡ASCLI,
bajaré al cronódromo! ¡Sandra,
apenas veas que tengo al muchacho corta el pulso
criónico temporal y prepárense
ambos para lo peor!- gritó enérgico.
Saltó
al cronódromo apenas pudo y corrió
hacia la cronósfera. Percibió
la influencia dinámica del campo temporal
cuando introducía su cabeza dentro de
la negrura para observar el estado del resto
del cuerpo. Vio la habitación destruida
pero escuchó además voces del
otro lado de una puerta semiabierta.
-¡Muévanse!
¡Quiero gente en el subsuelo… rápido!
¡Sargento, cubra esa puerta de ahí
abajo!- dijo una voz con tono imperioso.
Tomó
al muchacho del brazo y tiró fuertemente
hacia el presente. Reconoció que ASCLI
lo habría hecho más velozmente
pero sacó fuerzas desde adentro y consiguió
arrancarlo por completo del pasado. Instantáneamente,
el horizonte se contrajo y el aire entorno a
él provocó una fuerte corriente
cuando ocupó el espacio vacante. La influencia
del campo magnético para temporal desapareció
y ASCLI salió presuroso del elevador.
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Más
tarde, Marcos abrió los ojos y se llevó
la mano al pecho. No sentía dolor. Tocó
su propio cuerpo desnudo y tibio. Notó
que estaba acostado boca arriba en una habitación
en penumbras. Se incorporó lentamente
y se vio a si mismo sin ropas en el reflejo
de un panel metálico de la pared. Se
sentía bien, salvo con un poco de náuseas
en la boca del estómago. Miró
su pecho. No había rastros de sangre
ni heridas. Sobre la pared opuesta estaba su
ropa colgada. La chaqueta conservaba una gran
mancha rojiza que le trajo los recuerdos de
su excursión por el tiempo.
Súbitamente
se materializó la imagen de Sandra delante
de él. La representación holográfica
lo observaba sonriente y directamente a los
ojos. Marcos sintió un poco de pudor
aún sabiendo que lo que él estaba
viendo era una conjunción tridimensional
de rayos cromofotónicos de alta frecuencia.
-Marcos,
me alegra verte bien- dijo la imagen.
Al joven le sonó la palabra “verte”
deliberadamente acentuada.
-¡Gracias!-
contestó el muchacho, a lo que luego
indagó:
-¿Puedes
decirme que ocurrió?- dijo señalando
su chaqueta.
La
imagen no sé dio vuelta. No le hacía
falta ver lo que el muchacho mostraba.
-
Por supuesto. Cuando regresaste del viaje estabas
mortalmente herido. El profesor y ASCLI lograron
traerte antes que ellos te atraparan. Afortunadamente
contamos con un prototipo de D.A.A. quirúrgico
y pudimos recomponer los tejidos dañados.
También clonamos tu sangre y repusimos
la pérdida.
-¿Qué?
¿Me pusieron en un Transpod de nuevo?
– preguntó Marcos
-No
precisamente, aunque su funcionamiento es semejante.
Pero no debes preocuparte Marcos. Ese aparato
salvó tu vida. Un objeto metálico
había perforado tu pulmón izquierdo
y parte del corazón. Tuviste mucha suerte.
-Supongo
que tú habrás intervenido en la
operación – sentenció
el joven. La máquina seguía contestando
con tono amable pero frío a la vez.
-
Por supuesto. Quedaron en mi memoria todos los
datos referentes a la constitución de
todo tu cuerpo. Sólo tocamos algunos…
– se interrumpió de improviso.
Sus ojos inexpresivos, quedaron congelados en
la nada por un instante y luego súbitamente
anunció:
-Sumeerly
pregunta si puedes ir a la sala de mandos.
-Dile
que si. En cuanto logre vestirme estaré
allí - respondió algo
molesto.
La
imagen se esfumó y Marcos tomó
la ropa del perchero. Mientras se vestía
su mente divagaba entre los recuerdos de su
exploración y lo conversado con la máquina.
Sacudió la cabeza como tratando de acomodar
sus ideas y tan pronto como terminó de
vestirse salió al encuentro del profesor.
Encontró
a Sumeerly parado delante de la pantalla de
holoplasma leyendo la reproducción de
un antiguo diario de noticias. Golpeteaba los
dedos nerviosos sobre el tablero de la máquina.
-¡Ah
hijo! Veo que ya estás de pie. Lamento
mucho lo ocurrido pero si no te hubiésemos
colocado en el D.A.A no estarías ahora
parado allí mismo.
Marcos
intuyó que el profesor había escuchado
su diálogo a través de la computadora.
-¡Bueno
profesor! De haber ocurrido lo peor usted habría
entrado al horizonte de sucesos regresando al
pasado para advertirme de lo que ocurriría
y yo no habría muerto –
dijo el joven peyorativamente.
-¡No
tan así, pero de todas maneras se acabó!
No más viajes al pasado.
-
Bueno, está bien, entiendo que los hombres
emplearon una forma poco ortodoxa para entregarme
la ecuación pero... no alcanzó
a terminar porque el profesor le preguntó
abruptamente:
-¿Qué
ecuación? ¿Te refieres a la tarjeta
que tenías en la mano cuando regresaste?
¡Así
es!- contestó el muchacho.
El
profesor extrajo la tarjeta de un bolsillo y
se la entregó a Marcos. Éste,
después de examinarla dijo lacónicamente:
-Parece
que estamos como en el principio entonces.
-¡Me temo que no hijo, estamos peor! Eso
que tienes en la mano no significa nada y antes
que vinieras de la recuperación estaba
leyendo las noticias del día después
del robo y lamentablemente hemos propiciado
un Cambio en la Realidad. Examínalo tú
mismo.
Marcos
se acercó a la pantalla y repaso rápidamente
lo que estaba publicado en los titulares de
uno de los diarios de la época reproducido
en la holopantalla de plasma:
“ESTA
MADRUGADA LA FILIAL CONSTITUYENTES DE LA CNEA
FUE CENTRO DE UNO DE LOS HECHOS DELICTIVOS MÁS
IMPORTANTES DE LA HISTORIA. UN NÚMERO
INDETERMINADO DE INDIVIDUOS, INGRESARON AL TESORO
DE LA INSTITUCIÓN Y ROBARON 5 MILLONES
DE DÓLARES DESTINADOS A PROYECTOS CIENTÍFICOS.
AÚN NO SE SABE EL PARADERO DE LOS MALVIVIENTES
PERO LA POLICÍA TRABAJA SOBRE LAS PISTAS
ENCONTRADAS EN UNA HABITACIÓN DE SERVICIOS.
SEGÚN FUENTES INFORMADAS, LA POLICÍA
HALLÓ LA PEQUEÑA COCINA DEL EDIFICIO
TOTALMENTE DESTRUIDA Y APARECIERON MANCHAS DE
SANGRE QUE SEGÚN SE CREE ES DE UNO DE
LOS LADRONES QUE SE ENCONTRABA HERIDO DURANTE
LA HUIDA. NO SE COMPROBÓ LA PRESENCIA
DE MALHERIDOS O CUERPOS EN INMEDIACIONES DEL
PREDIO”.
-¡Estuve
tan cerca! No puedo creer que la hayamos perdido.-
dijo por fin Marcos.
-
Evidentemente introducimos dos nuevos factores
en la escena del crimen. Desde ya sabemos a
quien corresponde la sangre. Y con respecto
a la destrucción del cuarto, no previmos
que el horizonte de sucesos es en realidad un
campo gravitacional que espontáneamente
ocupa un espacio dentro del plano tridimensional
al cual se hace presente- explicó
el científico.
-
¡Con razón estaba todo destruido!
Incluso el piso cedió a la gran presión
ejercida por la esfera- acotó
Marcos.
-¡Así
es muchacho! Supuse que al estar esa habitación
en el subsuelo, el impacto de 250.000 toneladas
de masa quántica no comprometería
la estructura edilicia del instituto pero olvidé
prever que lógicamente el campo arrasaría
con todo los cuerpos que se encontraran en el
mismo plano tridimensional - concluyó
Sumeerly.
-¡Lógico!
Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio,
pero…volviendo al tema de las noticias,
en realidad no veo cual es el problema-
repuso Marcos.
-¿A
qué te refieres? - indagó
el hombre.
-
Es evidente que poseen dos pistas que en el
curso de la realidad anterior no tenían
y nosotros se las hemos aportado. Una es mi
sangre. Si tienen los medios para saber quien
es su dueño, en realidad no les sirve
de mucho.
-¿Por
qué dices eso?
-Muy
sencillo profesor. Porque para ellos, aún
no he nacido y seré un desconocido más.
Antes no sabían cuantos fueron los ladrones
en realidad. Tampoco lo sabrán ahora.
Mi sangre sólo aportará más
confusión al caso.
-¡Ajá!
¿Y el resto? – dijo el
profesor.
-Apliquemos
las mismas consideraciones. Sólo les
dimos algo más de que preocuparse. Por
lo que sé de esa época, jamás
se imaginaran que un campo quántico de
250.000 toneladas másicas llegado del
futuro pueda provocar tantos destrozos en tan
poco tiempo. Creo que seguirán confundidos
unos 500 años más y las condiciones
anteriores no variarán esencialmente.
No creo que hayamos aportado nada significativo
como para que la historia cambie demasiado
– teorizó el joven científico.
El
profesor meditó el razonamiento impecable
del muchacho. No podía refutar una sola
palabra de la exposición que su colega
terminaba de alegar. Por algo Marcos era conocido
por su perspicacia, pero no obstante, el viejo
lobo profundizó aún más
la explicación del muchacho.
-¡Bien!
Suponiendo que lo que dices tenga una nota de
veracidad, igual estamos acabados. Los hombres
se escaparon y ahora sabemos de su historia
tanto como nuestros antepasados. Y desde ya
te anticipo que por ahora es imposible volver
a la misma hora y al mismo lugar para enmendar
el error.
-¡Epa!
Yo lo había pensado ¿Pero por
qué no se puede? – preguntó
Marcos atónito.
-Sencillo
muchacho. Se corre el riesgo de que los campos
temporales se crucen liberando tanta energía
como la que se necesita para que nuestro sol
se transforme en una hermosa y mortal Supernova.
Marcos
quedó perplejo con la noticia. No obstante
sabía que no todo estaba perdido. Volvió
a tomar la tarjeta que él había
recuperado en su incursión paratemporal
y la leyó nuevamente buscando algo que
lo conecte al pasado. Un hilo de esperanza comenzó
a tejerse en su mente.
-Me
pregunto qué significará esto
– dijo al cabo de un rato.
-¿Qué
cosa muchacho?- le preguntó
curioso el hombre.
-¡Mmm!
Aquí dice:
“LORENZO
VARGAS. VENTA Y CURSOS DE GPS. TODO PARA LA
NAVEGACIÓN. CONCERTAR ENTREVISTA”
Más
abajo se leía una dirección y
otros números que no se podían
interpretar a causa de la sangre que los tapaba.
Marcos dio vuelta el cartón y había
más números semiocultos por la
mancha parda.
Sus
ojos se encendieron de esperanza.
-¡Tengo
una idea!- dijo eufórico Marcos.
¡Sandra! ¿Podrías
averiguar que es un GPS y para que servía
en el siglo XXI?
-Creo
que yo lo sé Marcos –
interrumpió ASCLI desde un rincón
del cronódromo. El neodroide estaba revisando
unos gráficos vectoriales cuando escuchó
la conversación y se acercó a
los científicos.
-¡Bien
ASCLI! ¿Qué es?- preguntó
su jefe.
-Es
un sistema parecido al trazador de rutas que
las aeronaves usan en la actualidad, salvo que
en aquella época se empleaba la señal
emitida por satélites geoestacionarios
alrededor del globo terráqueo para triangular
posiciones sobre la superficie terrestre y hoy
se utilizan balizas de pulsos antigravitacionales
colocadas en el contorno exterior del sistema
solar para marcar dichas rutas espaciales. Justamente
la sigla GPS es la abreviatura de “Sistema
de Posicionamiento Global”- concluyó
el androide. Marcos, al oír las palabras
de ASCLI dijo:
-Creo
que debo ir a visitar al tal Vargas para que
nos aclaré para qué querían
un Curso de GPS estos hombres.
-No
estoy seguro…- acotó dubitativo
Sumeerly.
-¿De
qué profesor? No hay nada que temer.
Voy, pregunto y vuelvo ¿Qué me
puede ocurrir? No creo que todo el mundo antiguo
me la quiera dar justamente a mí.
-¿A
qué te refieres? – preguntó
asombrado el científico.
-No
sé, pero esa misma palabra pronunció
uno de los hombres que me atacaron para referirse
al acto de matarme… ¡Dásela!
gritó uno, y así terminó
mi chaqueta- dijo el joven mientras
pasaba un dedo por el orificio de bala de la
prenda.
-¡Fushhh!
– bufó el profesor. ¡Está
bien! Irás pero esta vez tendremos más
cuidado y no nos tomarán desprevenidos.
Eufóricos
como dos adolescentes comenzaron los preparativos
para un nuevo lanzamiento al pasado. Nuevas
esperanzas de éxito afloraron en sus
mentes.
-
Bien Marcos, comenzaremos por elaborar una estrategia.
Esta vez debemos elegir con cuidado un lugar
para el contacto del horizonte de sucesos.
-¿Utilizaremos el plano que usted posee
entonces?
-¡Si!
Veamos que nos trae la pantalla.
El
profesor transfirió los datos de la tarjeta
a la computadora para evaluar su posición
geográfica.
-¡Aquí
está! ¡Aquí mismo!-
anunció el científico señalando
la holopantalla.
La
imagen mostraba como en el caso anterior una
serie de croquis y planos edilicios de la zona.
-Parece
un recinto que da a la calle- dijo
el joven.
-
Seguramente es un local comercial. En esa época
se utilizaba el comercio en donde las mercaderías
se exponían a la vista para ser comercializadas.
Los clientes o compradores ingresaban a estos
locales para adquirirlas - explicó
el hombre. Luego prosiguió: Esto
que está aquí, a juzgar por el
tamaño del terreno, parece un predio
para almacenaje comúnmente llamado galpón.
¿Sandra? puedes darme algún dato
sobre esta posición –
indicó el hombre señalando un
punto cercano en el plano.
-
En la nomenclatura catastral de la época,
figura como.”Depósito de Chatarra
y Hierros”- contestó la
máquina.
-¡Ah…
así es! En esa época se reciclaban
algunos metales y se revendían a bajo
precio. Creo que ese es el lugar adecuado. Espero
que no haya nada ni nadie en las inmediaciones
– luego se dirigió a Marcos. ¡Esta
vez iremos prevenidos! ASCLI, necesitamos un
traje de microflex y algo para usar como arma.
-
Un criobisturí- propuso el autómata.
-¡Bien
pensado! ¡Tráelos! Debemos estar
preparados.
El
microflex es un material polímero de
altísima densidad atómica, muy
flexible y extremadamente dúctil. Un
hombre enfundado en un traje fabricado con ese
material podría soportar la exposición
al frió espacial o sumergirse en hierro
fundido sin recibir daño alguno. Por
otro lado, el críobisturí es una
herramienta sumamente útil para realizar
todo tipo de cortes con la ayuda de un rayo
regulable de crioplasma. Este aparato portátil,
podría realizar una micro incisión
a nivel cerebrovascular o ser usado para cortar
el más duro diamante a más de
cien metros de distancia.
Marcos
escuchaba las indicaciones del profesor mientras
se calzaba el traje negro.
-¡Esto
es lo que harás! te dejaremos aquí
y luego avanzarás hasta la calle por
este corredor. Cuando salgas, camina por la
vereda y dobla en la esquina. Luego deberás
caminar un par de metros hasta el local
– luego agregó:
Ten
cuidado hijo. Sólo usa el críobisturí
si fuese necesario. No olvides que el traje
te protegerá de ataques como el del laboratorio.
Antes
de comenzar el proceso le preguntó a
su ayudante:
-ASCLI,
dime como estamos de nivel en las pilas Hesenhorf?
- 82,7 % de intensidad fisio-protónica,
profesor.
- Bien, debemos observar la energía ¡Adelante!
Marcos
avanzó hacia el elevador mientras Sumeerly
ajustaba los últimos detalles. Pero Sandra
llamó al joven antes de bajar al cronódromo.
-A
juzgar por la vestimenta que se usaba en esa
época tú no deberías ir
vestido así. Llamarás mucho la
atención Marcos - dijo la imagen
fríamente.
-¡Cierto!
Te daremos para cubrir el traje de microflex
un abrigo largo hasta los tobillos como usaban
antes los habitantes de Buenos Aires. Y creo
que un sombrero no estará nada mal
– acotó el científico.
ASCLI
volvió con las prendas solicitadas por
Sumeerly y se las entregó al joven. Cuando
este estuvo listo al fin, bajo al cronódromo.
La
esfera con su negrura abismal, se materializó
delante de él acompañada de su
extraña centella. Su aspecto le provocaba
perturbación y una sensación hipnótica
de vértigo lo capturaba.
Cerca
de ella, Marcos comenzó a experimentar
los mismos cambios cronológicos que experimentó
en el primer viaje. Antes de introducirse en
el oscuro objeto vio al profesor inmóvil
con sus brazos en jarra frente a los controles
de la cronósfera.
Cruzó
el campo y se encontró entre hierros
oxidados y retorcidos. Observó que la
esfera cuando apareció en ese plano tridimensional,
había plegado violentamente una viga
de acero de varios decímetros de altura
y esparcido gran cantidad de tornillos viejos
por el sector. Comprobó que nadie estaba
en ese momento en la zona por lo que avanzó
decidido abandonando su refugio. Se encontraba
al fondo de un gran depósito, sobre un
sector al aire libre, bajo un cielo celeste
puro. Localizó el pasillo que le había
indicado el profesor y después de atravesarlo
se encontró con una puerta metálica
bloqueada con una cadena de acero templado.
Tomo el criobisturí y aplicó un
fino rayo de crioplasma sobre el metal. Instantáneamente
la cadena se cortó liberando el paso.
Franqueó
la puerta y descubrió el mediodía
de un mundo extraño. Un cielo diáfano
sin nubes permitía al sol bañar
libremente las cosas con sus rayos dorados.
La callejuela poblada de arbustos y árboles
lampiños estaba desierta. Sólo
un cúmulo de hojas secas se agitó
cuando comenzó a caminar hacia la esquina.
De pronto, un ruido extraño le llamó
la atención. Giró su cabeza y
vio un vehículo desplazándose
por la arteria a baja velocidad. Reconoció
el antiguo automóvil que alguna vez estudió
en infografías en la academia. Se le
antojaba dar una vuelta para ver el mundo antiguo
¿Cómo se las arreglaban para vivir
al nivel más bajo? ¿Cómo
se trasladaban en un solo plano dimensional?
En definitiva, sería una exploración
como la que soñaba en otros mundos. Pero
este era su planeta, un planeta del pasado al
fin.
Prosiguió
avanzando por la calle hasta la confluencia
con otra similar. Giró sus pasos al llegar
a la esquina y llegó al punto indicado.
Detrás
de un cristal, en el interior del establecimiento,
había un hombre con una hoja de papel
en la mano.
Continuará...
,Josecito.