Capitulo
X. Sangre Delatadora.
El
inspector Medina pulsaba las teclas de la computadora
con desgano. Hacía tres días que
lo único que hacía, era tomar
declaraciones a posibles implicados en el robo.
Un minuto más le habría bastado
para levantar el teclado y romperlo en mil pedazos
contra la limitada cabeza del declarante. Pero
un soplido en su handy llamó su atención.
-Inspector
Medina. Acá el cabo Almirón de
la guardia. Se presenta un tal Lorenzo Vargas.
Requiere su presencia en este QTH. ¿Es
QSL hasta ahí?
-¡10-4 Almirón! Lo estaba esperando
¡Que alguien lo acompañe hasta
mi despacho!
-¡QSL!-
respondió la otra voz por el altoparlante
del aparato.
Medina
tomó unas carpetas del escritorio. Se
levantó de la silla, y mientras sujetaba
el handy en el cinturón se dirigió
al deponente sin mirarlo:
-Un
segundo que ya le siguen tomando la declaración.
No
esperó la contestación. En realidad,
no le importaba ninguna respuesta.
-¡Lencina!
– llamó mientras caminaba
hacia su despacho.
-
¿Señor? – respondió
el aludido.
-Seguime
vos la declaración que ya vengo. Estoy
en mi oficina con un testigo.
Tampoco
esperó la respuesta del subalterno. Estaba
ansioso. Vaticinaba un gran salto en su carrera.
No se dio cuenta que una hoja cayó al
piso mientras se apuraba para llegar antes al
encuentro. El sargento Lencina se la alcanzó
sin recibir las gracias.
Medina
entró al pequeño estudio. Su escritorio
estaba atiborrado de papeles y fotografías.
Claramente se veía la toma del cuarto
destrozado misteriosamente en el fabuloso atraco.
Dejó la carpeta sobre el desorden y se
acercó a un fichero metálico.
Sacó una carpeta de su interior justo
cuando golpearon la puerta.
-Pase-
dijo de manera tajante mientras se sentaba.
El
rostro de Lorenzo Vargas apareció sonriente
detrás de la puerta entreabierta por
el suboficial.
-¡Gracias
cabo! Puede retirarse. Adelante Vargas, pase
y siéntese por favor–
y luego sonriente agregó: Perdone
este desorden pero estamos hasta las manos con
este asunto. Cinco palos es mucho ¿vio?
Alguien debe estar muy nervioso.
-Y...sí.
Para un laburante como yo y como usted, es mucho
me imagino - expresó el testigo.
-¡Que
le parece! Pero bueno, quería comentarle
que esta mañana recibí el informe
del forense de Delitos Complejos, sobre la muestra
que usted tan gentilmente nos acercó.
-¡Qué
bien! ¿Y qué dice? Si se puede
saber, claro - repuso el comerciante.
Medina
se recostó sobre el respaldo de la silla
giratoria. Quiso voltearla pero recordó
que a causa de su sobrepeso, los empleados de
mantenimiento la soldaron tres veces en este
mes.
-
Es positivo. La sangre de la tarjeta es del
mismo tipo que la encontrada en el lugar de
los hechos. Antes de seguir debo pedirle que
mantenga esta conversación en el más
absoluto secreto.
-¡Por supuesto Inspector! Cuente con eso-
contestó Vargas enfáticamente.
-¡Bien!
Siguiendo con el tema de la sangre, los de laboratorio
encontraron mucha similitud entre las dos muestras.
Y ese es el punto. Ambas son muy particulares
y por ese motivo los aseguran que son del mismo
individuo.
-¿Particulares…acaso
es SIDA? – preguntó preocupado
el hombre. Medina sacó de su bolsillo
un paquete de cigarrillos y le ofreció
uno a Vargas. El hombre rechazó amablemente
el ofrecimiento con un gesto y luego esperó
ansioso la contestación a su pregunta.
El inspector aspiro una bocanada de humo y luego
dijo:
-¡No,
no es eso! No se preocupe. Simplemente los técnicos
encontraron que, si bien pertenecen al mismo
ser humano, las muestras revelaban que el sospechoso
fue sometido a una prolongada exposición
a un enorme campo magnético ¿Con
qué objeto? No lo saben.
Lorenzo
miró extrañado al policía.
Este al notarlo, continuó distendido:
-Mire
Vargas: Yo no entiendo nada de imanes y esas
cosas, pero acá en el informe dice –
señaló la carpeta que sacó
del gabinete- algo referente a la hemoglobina
y el hierro de la sangre ¡Qué se
yo! Le comento esto por sí usted recuerda
algo extraño en ese joven que le trajo
la tarjeta.
-Y
¿qué quiere que le diga inspector?
Lo que sé, se lo comenté a usted
por teléfono. Parecía un joven
asustado pero decidido para averiguar todo lo
referente a las personas que me alquilaron la
casa. Eso ya se lo dije. Mire inspector, si
ese tipo no hubiese ido a preguntarme por sus
cuatro amigos, yo hoy no estaría acá.
Para mí eran cuatro pescadores normales
que querían zafar quince días
de sus esposas para ir de pesca. ¡Qué
iba a sospechar, si siempre alquilo el rancho
y la lanchita a pescadores y aventureros! La
sangre en la tarjeta me picó ¿vio?
-De
todas maneras, le voy a pedir que mire usted
unas fotografías que tengo acá
– le alcanzó las carpetas que trajo
de la oficina de día. Pertenecen
al personal temporal de la empresa Limpie S.A.
que prestó servicios en la Comisión
en los últimos 2 años. No son
muchas. Tómese el tiempo necesario para
mirar bien una por una. Si alguna le llama la
atención, me lo dice.
Seguidamente
Medina se puso de pie. Lorenzo no muy convencido,
comenzó a hojear la carpeta más
gruesa, mientras el inspector Medina seguía
su monólogo mientras saboreaba el cigarrillo
paseando por el despacho:
-
Si usted reconoce alguno de ellos como el tipo
que lo fue a ver ayer a su negocio, la fiscalía
nos dará el O.K. para qué, en
conjunto con Prefectura Naval…
-¡Este
es! – exclamó Lorenzo
vehemente.
-¡A
ver! ¿Cuál?
-¡Este!
– repitió el comerciante.
¡Este tipo me alquiló la casa!
Medina
miró la foto. Debajo se leían
los datos:
Nombre:
VILLALOBOS Juan Cruz Nacionalidad:
Uruguaya Edad: 22 años
Capitulo
XI. Allá lejos, en Tunguska.
Sumeerly
y Marcos caminaban juntos por un largo pasillo
lleno de curvas y recovecos. Las paredes del
pasaje se hallaban tachonadas de imágenes
y dibujos enmarcados en madera. Este último
detalle, delataba la naturaleza pretérita
de los retratos. Se detuvieron frente a una
puerta metálica protegida con un campo
energético, altamente ionizado e imposible
de penetrar por cualquier método. El
profesor tomó de un rincón, un
aparato de comunicación intracraneal.
-¡ASCLI!
Necesito que bajes a la Zona Cero con el juego
“T” de pilas Hesenhorf del reservorio
– ordenó.
Esperó
en silencio la respuesta. Hizo un gesto de asentimiento.
La réplica sólo fue direccionada
a su cerebro.
Las
pilas Hesenhorf modelo “T” son el
prototipo más potente de la industria.
Son las que usan las aerocintas. Luego el hombre
ordenó en vos alta.
-¡Sandra!
Por favor, reúne todos los datos que
existan sobre la época y también
habilita el tubo de descenso a la Zona Cero.
La
imagen de la computadora personal que apareció
al momento de nombrarla, se esfumó nuevamente
al concluir el profesor de darle sus órdenes.
Instantáneamente, la cortina de iones
desapareció y un cilindro iluminado se
dejó ver por detrás. Éste
parecía un elevador con capacidad para
dos personas. Luego los científicos se
introdujeron en silencio y momentos después
Sumeerly insertó un pequeño cilindro
azul que extrajo de un bolsillo en un hueco
ubicado en el panel lateral y le dio un pequeño
giro. La puerta del vehículo se cerró.
Marcos esperaba un movimiento que no se produjo,
ni arriba ni abajo. Sólo una rara sensación
de náuseas se instaló brevemente
en la boca de su estómago. La puerta
se abrió nuevamente y Marcos comprobó
que el sinuoso pasillo había desaparecido
y que una profunda oscuridad dominaba su perspectiva.
El profesor avanzó unos pasos y automáticamente
se encendieron unas pocas luces tenues que apenas
iluminaron parte de un enorme cuarto en forma
de media luna. El hombre le indicó al
joven que se adelantara.
-¡Bienvenido
a la Zona Cero mi estimado discípulo!
- anunció Sumeerly.
Marcos
giró su cabeza hacia atrás para
mirar el tubo elevador e hizo un gesto de desconcierto
cuando volvió a mirar al profesor. Éste
noto el desconcierto del muchacho y le dijo:
-¡Ah!
Cierto, es mi Transpod privado. Estamos a más
de 2 kilómetros bajo la roca sólida.
Perdóname muchacho por no advertírtelo
antes. Pero no te preocupes. Este modelo no
comete errores y es gratis ¡Ja Ja!
Era
la primera vez que Marcos oía reír
al científico y tal vez, la única
persona en el mundo que tenía ese privilegio.
No le hizo gracia pero esbozó una mueca
parecida a una sonrisa. Sumeerly sabía
contagiar su entusiasmo.
Pero
las sorpresas no terminaban porque apenas avanzaron
unos pasos, Marcos escuchó un chirrido
sobre su cabeza. Vio entonces que parte del
techo se abría y que una plataforma comenzaba
a descender. Cuando tocó el suelo, ASCLI
salió del elevador portando dos tubos
de 1 metro y medio de largo por 40 centímetros
de diámetro. Eran las pilas Hesenhorf
solicitadas por Sumeerly. Marcos sabía
que esos cilindros pesaban alrededor de 350
Kg. cada uno. Estaban cerrados herméticamente
y el revestimiento exacarbonado transparente
permitía ver el interior. El tubo de
color ambarino rojizo estaba lleno de una mezcla
comprimida a 1.500 Kbar. de hidrógeno
y helio, y conocida como “Materia”.
El otro, gris azulado, contenía cristales
de Triliriun saturado y correspondía
a la “Antimateria”.
El
Triliriun fue encontrado en el siglo XXII en
lo interior de un enorme meteorito sepultado
en la Luna a 10 kilómetros de profundidad.
Pero fue medio siglo después que se descubrió
sus propiedades fisio-energéticas. Estos
cristales poseen una gran carga de partículas
de antimateria concentrada. Cuando una partícula
y su antipartícula se encuentran, se
aniquilan entre sí convirtiéndose
en energía pura. Esta energía
puede entonces, dar origen a una partícula
neutra portadora de fuerza, como un fotón
o campos electromagnéticos o radiación.
Este fenómeno fisio-protónico
es el que se desarrolla en el interior de las
estrellas.
El
poder que contenían estos tubos era colosal.
Convenientemente dosificada la fisión
de estas partículas, puede aportar durante
años sin consumirse la energía
adecuada para iluminar toda NBA.
Sumeerly
liberó un panel en una consola lateral
y un contenedor comenzó a emerger del
interior. Cuando se detuvo, el neodroide colocó
sin dificultad los cilindros y presionó
un mando. El conjunto contenedor y cilindro
se introdujo nuevamente en el panel.
 |
Sobre
el comando de esta máquina había
cuatro palancas. El profesor comenzó
a bajar una a una y se detuvo en la cuarta.
Evidentemente había iniciado la secuencia
de rotura de los sellos protectores. Si bajaba
la última, la desintegración comenzaría
y la energía estaría dispuesta
para ser utilizada. El único problema
que tenía el modelo T, consistía
en la posible sobresaturación del sistema
si la energía no era consumida por lo
menos en su tercera parte en un plazo razonable.
Si esto no se llevaba a cabo, la fisión
se volvía inestable y muy peligrosa.
Hiperión, una luna de Saturno, fue atomizada
por una explosión provocada por un conjunto
fisionado y que fuera olvidado en el almacén
de una base minera. Murieron 80.358 personas
entre trabajadores, técnicos y civiles,
transformándose en el accidente más
grave de la historia humana. Sabiendo esto,
el profesor detuvo adrede el proceso hasta no
estar seguro de algo.
La
imagen de Sandra se materializó delante
de ellos y señalando un tablero dijo:
-Profesor,
la cronocelda ya está cargada con los
datos que usted me pidió.
-Gracias
Sandra - luego le dijo al muchacho:
-Marcos.
Sé que estás aguardando una explicación.
Hace 20 años comenzamos en secreto a
desarrollar en O.M.E.E.T. el proyecto “Horizonte”.
Al principio, tuvimos grandes dificultades para
encontrar la forma de crear un campo gravitatorio
contenido y capaz de auto soportarse a sí
mismo indefinidamente. Fue ahí donde
desempolvé la vieja teoría de
la existencia de la ecuación. Demás
está mencionarte que no tuvimos suerte
para elaborar una igual hasta que se desistió
finalmente y se abandonó el proyecto.
-¿Y
en qué quedó todo, profesor? –
consultó intrigado Marcos.
-Verás
muchacho. Luego de que el Gran Consejo tomara
la decisión de suspender el proyecto
me encomendaron el desarme de los sistemas y
dispositivos. Yo no me di por vencido, así
que mientras desmontaba todo, iba acumulando
en la memoria de mi ayudante –
señaló a ASCLI- toda la
información necesaria para rehacer el
trabajo más tarde. Diagramas mecánicos,
esquemas, planos de circuitos electrónicos
y sistemas, todo fue guardado allí en
uno de sus cerebros positrónicos.
-¿Y
que hizo después?- consultó
el joven.
-Bueno…
estaba decidido a reconstruir el trabajo que
la falta de objetividad del Gran Consejo me
impidió desarrollar. Así que,
con la ayuda de ASCLI que trabajó duramente
las 24 horas del día durante 5 años
consecutivos, logró reproducir exactamente
el mismo cronódromo que se elaboró
en O.M.E.E.T.
-¿Pero
porqué se construyó aquí,
tan profundo y por debajo de las rocas?-
preguntó el joven.
-Dos
mil ciento cuarenta y ocho metros con cincuenta
y cuatro centímetros, para ser exactos.
– apuntó el neodroide.
-Bien,
metro más metro menos no cambia la pregunta.-
le objetó fastidioso Marcos al neo. No
obstante el droide respondió sin preocuparse
por la molestia del joven. Jamás un droide
se incomodaría con las reacciones absurdas
de los seres humanos.
-Se
hizo a esta profundidad para evitar que las
ondas sonoras, radiaciones y alteraciones electromagnéticas,
puedan filtrarse a la superficie. Afortunadamente
tenemos sobre nuestras cabezas algo así
como 260 billones de toneladas de roca sólida.
Imposible que alguien se entere que está
pasando aquí abajo- concluyó
el neodroide.
-¡Bien
pensado! ¿Y qué progresos alcanzó
jefe? – le preguntó esta
vez al profesor.
El
repentino entusiasmo de Marcos, suscitó
al científico para explayarse totalmete
con su secreto.
-Te
diré hijo- el joven se sintió
halagado por la paternal deferencia- Gracias
al trabajo de ASCLI y también a la contribución
de mi hija Zara que me asistió con los
Campos Quánticos, pudimos avanzar un
poco más y logramos resultados sorprendentes.
Conseguimos crear una conexión Paratemporal
únicamente hacia atrás, en el
tiempo. Solamente la energía que puede
mover este sistema nos permite desplazarnos
hasta quinientos setenta años atrás,
no más.
-¿Y por qué no al futuro?
-¡Buena pregunta! Solamente lo podemos
hacer en un sentido por el consumo de energía
que te mencioné anteriormente. Viajar
hacia atrás es como desacelerar una gran
masa que se desplaza con su energía cinética.
Para hacerlo hacía adelante debemos acelerar
partiendo de cero, consumiendo más energía.
No obstante podemos trasladar una sola persona
por vez y la conexión Paratemporal que
establecemos, resiste aproximadamente 30 minutos
visto desde el plano del viajante. Después
de eso, se pierde para siempre quedando el navegante
atrapado en el subespacio.
- Ya veo... ¡La ecuación de nuevo!-
dijo Marcos.
-¡Exacto!
Con ella podemos avanzar en cualquier sentido,
sin restricciones en la duración de la
conexión. Además se conseguiría
aumentar el tamaño del Campo Temporal
y así trasladar naves de reconocimiento
que en definitiva es lo que nos preocupa. Ya
hablamos del peligro de incursionar en el plano
temporal nada más ¡No quisiera
tener otro incidente Tunguska!
-¿Otro qué… profesor?-
preguntó Marcos.
-¡Oh
si, fue un gran desastre! Pero por suerte no
tuvimos que lamentar víctimas o al menos
eso trascendió en la historia.
El rostro del profesor reflejaba la profunda
preocupación que motivaron aquellos acontecimientos.
El científico continuó su relato:
-Cuando
estuvimos en condiciones de establecer el primer
contacto paratemporal, decidimos enviar una
cápsula de reconocimiento para no arriesgar
vidas humanas. Esta cápsula, contendría
sensores y aparatos de registro que luego recuperaríamos
y una microcélula de triliriun como fuente
de poder. De esta manera evaluaríamos
si es posible sobrevivir al viaje temporal.
- argumentó el científico. Luego
prosiguió consternado:
-Establecimos
el contacto lo más lejos posible en el
tiempo y en un lugar apartado y desolado con
el propósito de proteger la sonda de
algún tipo de intervención humana
con el consiguiente peligro para ambas dimensiones
temporales. Optamos por la estepa Siberiana
en Asia occidental, más precisamente
el valle del río Tunguska. Fue así
que el campo se estableció el 30 de junio
de 1908 a las 7.00 Hs.
-¿Qué
ocurrió entonces, profesor? –
consultó ansioso el muchacho.
-Veras,
por un error en los cálculos, el campo
se estableció en el momento y lugar indicado
pero lamentablemente nos equivocamos en la elevación.
La pequeña sonda que tenía el
tamaño de un puño, emergió
en la exósfera a 1.800 Km. de altura
y se desplomó a tierra como un bólido
celeste. Antes de llegar al suelo, debido al
calentamiento originado con el roce de la atmósfera,
los sellos de fisión de la célula
de triliriun no soportaron tanta temperatura
y la cápsula explotó provocando
la devastación en un radio de 50 Km.
Sin duda habrás leído algo sobre
ese particular episodio de la historia humana
en la academia.
-¡Es
cierto Sumeerly! Fue una gran explosión
que nunca se supo a ciencia cierta que la había
causado. Durante décadas se pensó
que la causa pudo haber sido un cometa que chocó
contra la Tierra y otra teoría puntualiza
que una nave extraterrestre cayó al planeta
provocando una enorme explosión.
-Así
es Marcos, pero jamás encontraron ningún
cráter ni restos de meteoritos o naves
espaciales. Por suerte, la sonda no cayó
sobre una ciudad o poblado ¿Te imaginas
el Cambio de Realidad que habríamos provocado?
-Sin
duda, habría sido una gran perturbación.
Por suerte eligieron un lugar y un momento en
que solo se abonaron conjeturas sobre el origen
de semejante incidente – puntualizó
el muchacho.
-¡Exacto!
Para la historia sólo fue un hecho anecdótico
que involucró la destrucción de
todo un bosque y la muerte de algunos animales,
sin lamentar vidas humanas… por suerte
– se consoló el hombre.
-¿Y
después, profesor? Cuénteme como
siguieron los ensayos.
Sumeerly
más animado prosiguió:
-El
Cambio de Realidad nos llegó a nosotros
a través de los periódicos de
la época, sin secuelas ni perturbaciones
a nivel cronoespacial. Reanudamos las pruebas
y todas fueron con éxito, gracias a qué
reforzamos las medidas de seguridad del proyecto.
Yo mismo volví al año 1912 para
ver el valle del Tunguska y verificar los vestigios
del estallido. Realmente podía haber
sido una tragedia a escala planetaria -
completó finalmente el científico.
-¿Iván?
Me pregunto si es posible recuperar la ecuación
– indagó tímidamente
el muchacho.
-¡Por
supuesto que si, hijo! Si tenemos cuidado y
nos movemos inteligentemente, se puede.
-¡Por
favor, déjeme intentarlo! –
rogó Marcos.
El
profesor hizo un gesto y bajó la última
de las palancas que faltaba.
Continuará...
,Josecito.