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Queridos camaradas -- Josecito

Como les había anticipado la semana pasada en el proscenio de esta página, el sábado me constituí en las cercanías de la EG3 sobre el Luján a la espera de la caterva y su progenie transgresora. Ubiqué mi esquife Mithodea cerca de los juncos en el ingreso al Abra Vieja y desde esa ubicación estratégica escudriñé los movimientos de las embarcaciones que se acercaban a dicho aparcamiento náutico en procura de pertrechos y vituallas.

Mientras hacía un inventario de mis provisiones en la bodega de la Mithodea, alrededor de las 7.00 horas se amarró al muelle de la terminal, un river truck en cuyo fly se encontraban tres ocupantes. Con la ayuda del catalejo, pude advertir que se trataba de los Sres. Exequiel Suarez, el Profesor Víctor De Víctor y Jorge M.

La estancia de estos personajes en la gasolinera fue muy expedita y creo que obedeció simplemente con la costumbre coloquial del Sr. Víctor de tomar contacto con el Sr. Albert y así fortificar los estrechos lazos que los une.

Partieron raudamente y proseguí aguardando la comparecencia a algún otro integrante del séquito ominoso. Sobre la planchada flotante del muelle se amarraban algunas lanchas que, por la estiba de largos cabos de fondeo, inferí que se dedicarían a la captura de bagres de mar en la zona aledaña a Martín García.


Soy Islero

La mañana me encontró por el canal Honda, fui derecho hacia los “Bajos del Temor”, y en el “Hambrientos” me detuve yo un momento, fue por causa de esa carne al asador.

No lo invito a compartir necesidades, pues no tengo ni tabaco pa’l cigarro. Solo tengo una comparsa en la barriga, y un poquito de cocido, aquí en el tarro.

Como el cauce de aquel río caudaloso, yo persigo aquel hilito de esperanza, bajo el sauce que acaricia suave el agua, solo espero que algún pez tire la tanza.

Me han hablado p´al desmonte, río abajo, para el lado del canal de San Fernando. Aunque debo confesarle amigo mío, solo voy porque el trabajo anda escaseando.

Chapoteando por el barro voy llevando, el orgullo de sentirme bien islero, que me importa si no tengo p´al cigarro; ¡si en la isla tengo lo que yo más quiero!

Me dijeron que en el Tigre hay mucha gente, son ingleses que vienen de no sé donde, no quiero ser pedante en lo que digo, yo prefiero ver el sol cuando se esconde.

Con el mimbre yo fabrico artesanías, y hasta corto algunos juncos de la orilla, todo sirve para emparejar la olla, o adornar de vez en cuando la parrilla.

Tomador de mate amargo allá en la isla, sobre el lomo voy llevando mi existir, no le pido que Usted trate de imitarme, ni tampoco que se quede Usted a vivir.

Me he criado entre carnada y aparejo, entre trampas que dejé en el matorral, como un cazador furtivo saco pecho, soy el dueño de este hermoso litoral.

Me arremango para hachar pino del monte, quiero un “mango “ pa’ arrimarme al mostrador. Soy islero, solitario y ermitaño, con un “tinto” suelo aliviar el dolor.

Muchas veces me dormí arriba del bote, el alcohol hacía su efecto embriagador, y en la noche algún barco inoportuno, con su oleaje me llenaba de temor.

Y aunque a muchos les parezca una pavada, muchas veces hasta los remos perdí, y a pesar que en casa tengo el “Villa”, se que el golpe de las olas no es pa’ mí.

A Entre Ríos me han llevado el otro día, navegamos por el Paraná Miní, trabajé muy cerca de las “Cinco bocas”, con amigos muy cerca del Ibicuy.

Las glicinas me regalan su perfume, tengo el canto melodioso del zorzal,

los arroyos de mi delta me saludan, cuando empiezo a navegar por el canal.

Tengo un perro que conoce mis secretos, lo trajeron del canal aliviador, el me avisa cuando tiran de la tanza, o si hay víboras cerca del comedor.

Me dijeron que pa’ bruto está el islero, de que ignoro hasta la patria potestad. Pero el día que el patrón se meta al barro ¡ahí sabrá que aquí en el delta hay libertad!

José Bordón

Fue así que media hora después, cuando ya preconcebía que nadie más se presentaría, emergió de la guardería Poseidón la Brava con sus dos celebres ocupantes, los Sres. Claudio y Miguel, que se impulsaban velozmente por el referido curso de agua al tiempo que llamaban por radio infructuosamente a sus compinches.

Salí rápidamente detrás de ellos con el objeto de averiguar sus intenciones, sabiendo de antemano que los de la River truck se dirigían a la “Laura” o laguna Marqués de la cual traté en un relato publicado en este mismo estrado (Operación Santuario).

Los de la Brava continuaron por el canal Honda y tras cruzar el Paraná de las Palmas, se internaron por el Sueco, para luego encaminarse a los aguajes que se hallan frente a los palos de los Bajos del Temor. Cuando salí al Paraná, noté que un viento moderado del Este rizaba la aguas y supuse que las embarcaciones que se dirigían al Canal Buenos Aires por los palos del Barca, tendrían una navegación fatigosa.

A esta altura, los del grupo del profesor ya se abrían internado en la laguna pero decidí no seguirlos ya que sabía por informes de los isleños de la zona, que la misma se hallaba con poca agua y la entrada a la misma estaría vedada a mi embarcación debido a su calado. Decidí que me quedaría cerca de la Brava y así esperar al resto por si viniera alguien mas.

Más tarde, el grupo del profesor salió de su escondrijo y se encaminó a la zona del Sueco, mientras los de la Brava continuaban despachando algunas bogas y otros rocines acuáticos.

Por radio pude escuchar que otras embarcaciones que se hallaban por las inmediaciones, aún no abrían concretado una captura digna de mencionar. Noté entonces que la River truck de Exequiel se hallaba sumergida en un silencio total de radio y no emitía señales de vida, lo cual resultaba bastante misterioso.

Viendo que la cosa estaba bastante aburrida, me dispuse a descorchar un poco de alegría en la Mithodea. Abocado a estos menesteres, observé a lo lejos un bote que venía del Chaná y su tripulante ciaba acompasadamente los canaletes y calculé que cinco minutos le bastarían para acercase hasta mi posición.

Cuando estuvo cerca, descubrí que se trataba de mi amigo José Bordón y que se acercaba rápidamente hacia mí. Una gran alegría me invadió cuando vi a mi amigo abordar la Mithodea. Sabía que su presencia le daría una nota de color a la víspera. Por lo tanto, luego de abordarnos entre abrazos y salutaciones, brindamos por el encuentro mientras afuera las nubes cada vez más apretadas, consumían los hilos de luz que el Sol intentaba filtrar entre ellas.

Alrededor de la 16.00 Hs; los truenos cada vez más cercanos presagiaban el inminente desenlace de una tormenta que prometía arreciar y arruinar la tarde de los protervos que de a poco comenzaban a salir de sus escondrijos emprendiendo la huida antes que el chaparrón se desatara furioso sobre ellos.

Mientras tanto, mi tocayo José y yo, nos zambullimos en el elixir que nos regala el Delta en una de sus expresiones más hermosas, la lluvia sobre los juncos y la superficie dorada del agua quebrada por las gotas que frenéticas que caían desde el firmamento para saludar al ocaso.

Fue entonces cuando mi compañero me regaló sus versos, los que hoy quiero compartir con Uds.

Un gran abrazo. Josecito.

     
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