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Una ayudita de mis amigos -- Josecito

Los que conocemos el río sabemos que este no escatima en sorpresas y maravillas a la hora de develarnos sus secretos.

Un hecho de estas características sucedió el sábado pasado cuando los pescadores que se encontraban desde temprano en la farola de San Isidro fueron testigos de un paradigma desconcertante sin precedentes en la bibliografía del Plata. Ocurrió entonces que pudieron observar que bajo el cielo diáfano que comenzaba a engullir las sombras, emergía una nutrida caravana de embarcaciones provenientes del río Luján hacia el Río de la Plata. Sus estelas herían la superficie leonina como bisturíes filosos sobre un lienzo cobrizo. Conformaban un cortejo llamativo por la variedad cromática y las formas turgentes que ostentaban los cascos de los bajeles. En casi todas ellas, desde sus popas ampulosas emergían enhiestas las mortíferas cánulas dispuestas para el inminente estrago íctico.

En el aire flotaba una atmósfera extraña que presagiaba una jornada desoladora para las criaturas aterínidas que gregan placidas por el estuario platense. Precediendo la funesta comitiva estaba la legendaria Apis Depredífera con su esmirriado capitán Simón Depredador, secundada por la Polaco con Norberto, su corpulento timonel. Luego las seguía un nutrido numero de lanchas y bastimentos desconocidos para este improvisado escriba. Pero lo asombroso fue descubrir que la Brava, cerrando las filas de la caterva, era abordada por una multitud de ocupantes. Parecía una lancha colectiva llevando a los turistas en el clásico paseo dominical por las islas. Tres siluetas robustas ocupaban el interior de la misma. Durante años me he acostumbrado a ver a su timonel navegar en solitario, salvo cuando en algunas ocasiones lo acompaña su primo Miguel Angel. Pero esta vez siendo tres, constituía el hecho anecdótico que quedará registrado en las memorias documentadas de esta notable tribuna. en En esta ocasión estaba acompañado por su primo anteriormente mencionado y nada más ni nada menos que por el profesor Víctor De Víctor.

Como ya enuncié anteriormente, concurrí al estuario a bordo de la Mithodea, un Day Cruiser propiedad de mi amigo Flavio P. con la que nos apostamos desde temprano en las inmediaciones de los palos que demarcan el nuevo derrotero desde la farola hasta el San Antonio. Desde esta posición seguimos el paso de la horda vil y además, como siempre, escrutamos el espectro radial que es nuestra fuente principal para el acopio de datos primordiales.

Después de reponernos del desconcierto inicial, pusimos en marcha los motores y ágilmente partimos detrás de los depredadores. Nos pusimos al corriente que varias embarcaciones ya estaban apostadas en las inmediaciones del Supremo y del Baldissera esperando al grueso de la caravana. Como es habitual desde su “ Promontorio Radial ”, el Sr. Ferchu seguía atentamente el despliegue de la caterva funesta.

El río se encontraba con pocas olas. Una suave brisa del sudoeste rizaba la superficie, augurando una profusa faena a los pescadores convocados.

Después de cruzar el canal Mitre, las embarcaciones continuaron su marcha por espacio de 5 minutos a una velocidad de 15 nudos con rumbo este y se detuvieron a 2 millas del Supremo, al que habían dejado por babor en dirección sudoeste. Desde allí tenían proyectado garetear con ayuda del viento hacia el Ministro Di Tomaso o a la Unen 10, ambos puntos asentados en Playa Honda.

Los esquifes se diseminaron por la zona y al unísono arrojaron las cebas al agua. Munidos de artefactos para regular la velocidad de deriva, como ser anclas de capa y muertos pendiendo de un cabo, comenzaron la tunantada.

A poco de comenzar la pesca una sombra se cernía sobre los nautas. Tanto era su afán por depredar que no se percataron que habían ingresado al sector en donde estaba operando una nave del Servicio de Hidrografía Naval. Se trataba del Surubí, un imponente barco que realizaba tareas de sondaje, ejecutando marcaciones en distintos puntos. Para desgracia de la caterva, esta máquina con su accionar amenazaba la tranquilidad de la gavilla al provocar oleaje y ruidos perjudiciales que alejarían a los peces de sus aparejos letales. Pude oír a los malhumorados nautas realizar toda clase de amenazas y protestas a través del radiotransmisor, como así también emitir improperios pretendiendo que los timoneles del Surubí los escuchen por el dispositivo radial y se alejen temiendo represalias por parte del grupo.

Mientras tanto, algunas embarcaciones comenzaban a realizar las primeras capturas, siendo la Brava la que anunció la primera pesca de un ejemplar de un kilo.

Cuando al promediar la mañana el Surubí se alejó de la caterva, las demás embarcaciones empezaron a concretar capturas de pejerrey de treinta y cinco cm. promedio, alternándose con algunos ejemplares chicos.

Mi amigo Flavio ubicó la Mithodea muy cerca del palo 15 situado entre el Mitre y el Supremo. Desde este punto estratégico podríamos vigilar los movimientos de la expedición mientras saboreábamos en el fly un Navarro Correas bien frío acompañado de unos bocadillos agridulces que Flavio tenía en su heladera.

Cerca del mediodía la galerna rotó desde el sudeste para luego, a partir de las 13 Hs. fenecer por completo. Los peces desaparecieron, salvo alguno que otro, transformando esto en motivo para desanimar a los caterveros. No obstante, los chuscos encontraron entretenimiento cuando apareció un señor equipado con un par de gafas color rojo a bordo de la Pouppe acompañado por dos desconocidos. Imitadores ocasionales, bromistas, homosexuales reprimidos y todo tipo de personajes funestos, emergieron por el parlante del radio dando comienzo así a una sarta chabacana de ocurrencias pueriles que denigraban la noble estirpe de los pescadores ajenos al espeluznante espectáculo, silenciosos oyentes estos de semejante exhibición saturada de impudicias y lenguaje procaz.

Mientras esto ocurría, mi capitán decidió levantar el fondeo y acercarse sigilosamente al grupo. Puso proa hacia el noreste y llegamos a un sector en el que había 6 embarcaciones. Todos sus ocupantes se encontraban mirando sus líneas orientadas hacia el sudeste por lo que dedujimos que lo mejor sería aproximarse por el noroeste aprovechando su despreocupación. En el grupo estaba la Apis, la Polaco, la Brava, la Zona Delta con Gonzalo y Mariano Yozzi , una bermuda roja desconocida y crucerito con toldilla azul. Más allá, cerca del Di Tomaso estaba la Lala con Luis y Alejandro Diablo que llevaba a bordo lo que constituyó la única captura sobresaliente de la jornada, un pejerrey de casi dos kilos y 55 cm. de largo. También pudimos escuchar que estaban presentes por las proximidades el catamarán del Sr. Adrián Fontana, Tomi y Diego, Pablo Bossi, y Gabriel Aldabe, que sufrían la misma ausencia de piques manifestada por el grupo al cual nos habíamos acercado.

Nos escabullimos sin ser vistos y pusimos proa rumbo al Marciano Norte especulando que cuando regresen a sus respectivas amarras, pasarían por ese lugar. Por lo exiguo de la cosecha, conjeturamos que el retorno se adelantaría en cualquier momento y por ello buscamos un lugar favorable para observar a los cabizbajos depredadores como nuevamente mascullarían su derrota.

Siendo las cinco de la tarde aproximadamente, los componentes de la caterva hídrica se agruparon en algún punto de la zona del Baldissera y después de comparar las piezas obtenidas, se encolumnaron uno detrás de otro alejándose con destino al Luján, pasando muy cerca de nuestra posición estratégica.

Mi amigo y yo nos quedamos un tiempo más, brindando por el paquebote Surubí, por el Dios Eolos y por la Pouppe, porque gracias a ellos, los caterveros fueron vencidos y arrastraban nuevamente su derrota por todo el estuario Del Plata.

.... la música de Wagner sonaba triunfal en el fonógrafo de la Mithodea.

Hasta la próxima, Josecito.

     
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