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Cuando un amigo se va... -- Josecito

Encuentro del día del amigo en Comunicaciones

Nuevamente la cofradía “pescanetera” (como los definió el vigilante de la entrada del club) se congregó en el marco celebratorio del día del amigo en las instalaciones del club Comunicaciones sito en el barrio de Agronomía de esta capital. Este evento social se desarrolló el día viernes 18 próximo pasado y convocó a los integrantes de los foros de laguna y río de la ciberpágina Pescanet.

Mi arribo al club se produjo desde los fondos aledaños a las vías del ferrocarril Urquiza a los efectos de que no se advirtiera mi presencia y así poder escrutarlos subrepticiamente como es mi modus operandii usual para estos casos.

Al no disponer de los elementos que utilizo normalmente para estas investigaciones, como ser el VHF y el catalejo, debí acercarme cautelosamente y camuflarme entre los matorrales y las sombras para poder escucharlos y elucubrar esta crónica.

Me llamó la atención el nutrido grupo de personas que se había reunido en el quincho mientras comenzaban los preparativos para el ágape consistente en carnes y achuras asadas en las cómodas parrillas que posee el cenáculo propalador.

El foro de lagunas llevó la cantidad mayoritaria de personas, mientras que el de río convocó los conocidos de siempre y algunos pescadores que no tenía registrado en mis escritos. Estos eran el profesor De Víctor, Sergio de la Jimena, Exequiel Suárez del Buenavida, Ferchu de la Kio Kio, Simón Depredador de la Apis, Jorge el Armenio, Norberto de la Polaco, Nopus, Claudio de la Brava, Tomy, Pablo, y algunos otros que no recuerdo.

Por el lado del foro de lagunas, estaban entre otros los señores Danco, "La Foca", Pescatuty y Manolete. Este último aún se hallaba transitoriamente lúcido y en pleno dominio de sus aptitudes cognoscitivas.

Dispuestas las carnes sobre las brasas y algunos vasos servidos con vinos generosos, se dió comienzo a la gesta gastronómica mientras el que suscribe esperaba el momento propicio para sumarse al ágape sin ser descubierto.

Me moví un poco de mi escondrijo aproximándome a un ligustro aledaño al grupo rioplatense y de esa manera estar al tanto de lo que allí ocurría.

Pronto comenzaron a servirse los perniles y los embutidos ya cocidos que justificaban el descorche de una mayor cantidad de bebidas espirituosas.

La tertulia bucólica comenzaba a transitar por el terreno de la cordialidad y la camaradería que los caracteriza, alternando anécdotas con relatos ubérrimos de aventuras pesqueras. Pronto las risas se transformaron en carcajadas y bullerío propio de estas reuniones lisonjas.

A partir de ese momento deduje que el grado de ingesta etílica de los comensales produciría un efecto narcótico propicio en sus facultades analíticas anulando así parte de su percepción del entorno, lo cual me permitiría surgir en escena inadvertidamente y moverme entre las mesas en forma normal, amparado en el hecho que había muchos integrantes que no se conocían entre ellos y no se percatarían de mi presencia, salvo algunos con los que ya nos habíamos visto en alguna oportunidad y otros que me confundirían con un espejismo.

Fue así que emergí de las sombras munido de cuchillo, tenedor, vaso y hasta de servilleta descartable, elementos que extraje de mi mochila y dispuesto a entreverarme con los particionantes me sumé a la caterva inescrupulosa. De esta manera logré dar oídos a una discusión entre Simón y Claudio referente a la importancia de realizarse un psicoanálisis antes de emprender una jornada pesqueril ya que, según los referidos, se debe tratar de trasmitir a través de las líneas la energía positiva que produce el bienestar y la autocomprensión de uno mismo ¿¿...??.

Dejé a los excéntricos elaborar sus sofismas irreflexos no sin antes ensartar un chori que procedí a ocultar dentro de un pan y me acerqué al grupo conformado por Víctor, Sergio, Norberto, Exequiel y otros. En esta oportunidad se discernía sobre las andanzas de Pouppe y Albert, integrantes ad-referéndum de la caterva depredífera rioplatense. También conversaban animosamente sobre otras banalidades y tribulaciones dilatorias inherentes a descubrir la verdadera personalidad de Tiburcio y también de otros sospechosos que publican agravios y escarnios en los diferentes foros de Pescanet. Allí aproveché para llenar mi vaso con un delicioso Cabernet Sauvignon que había sobre la mesa.

Después de celebrar algunas intervenciones triviales de los integrantes, me alejé raudamente hacia el sector del foro lagunas, no sin antes pasar por la parrilla para constatar el grado de cocción de las faldas cárnicas.

Mientras pinchaba una lonja de vacío, se acercó el señor Manolete provisto de un pedo total y me preguntó quien era, a lo que contesté cortésmente como “La manguera voraz del Sozatup”. Luego se retiró feliz después de haber conocido un nuevo integrante de la solemne embarcación y como quien no quiere la cosa ataqué el exquisito vacíopan recién confeccionado.

La mesa de los aludidos laguneros no distaba demasiado de los escarceos litúrgicos que se procuraban sus vecinos rioplatenses, ya que se conversaba estridentemente sobre praxis estulticias y futilidades redundantes.

No obstante me aprovisioné de un enfático Colón Malbec que me llamaba desde un rincón de la peana manducatoria con intención de responder a su apasionado clamor.

Tuve oportunidad de saludar a mi querido amigo Danco, al cual me une una particular y antigua relación. Creo que el muchacho ni se enteró de lo que allí ocurría pués me miró con ojos extraviados e incrédulos.

Así transcurría el ágape, celebrando cada intervención con arrumada y bulliciosa alegría, desandando cada recuerdo y cada emoción vivida por los amigos como si cada una de esas vivencias necesitara ser analizada una y otra vez.

Es difícil saber si este tipo de reuniones significan un alto en el camino en estas relaciones, o es la culminación de las vivencias para luego comenzar otra etapa en sus vidas. Lo cierto es que en estos convites estrechan los lazos de amistad que los une, alejando fantasmas y controversias que suelen ensombrecer de vez en cuando estos vínculos.

Cerca de la medianoche comenzaron los movimientos de deserción por parte de la mayoría de los discurrentes motivados por el hecho que saldrían temprano para dar comienzo a sus asuntos laborales algunos, y otros lo harían para aprovechar el buen clima del fin de semana que se avecinaba.

La legión pescadora poco a poco se fue desmembrando, confundiéndose entre saludos y promesas de un pronto reencuentro. Algunos me saludaron como si me conocieran de toda la vida y así lo sentí yo.

Cuando ya nadie quedaba en las inmediaciones y los murmullos coloquiales se alejaban paulatinamente, descubrí una solitaria botella de un Quiroga bastante berreta que me permitiría aplacar la triste soledad que, cual sudestada en el río, se había desatado en ese mismo instante.

Salí a la calle y abordé un taxi. En el radio sonaba la canción de Alberto Cortés “Cuando un amigo se va”.

Hasta pronto, Josecito.

     
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