Nuevamente la cofradía “pescanetera”
(como los definió el vigilante de
la entrada del club) se congregó
en el marco celebratorio del día
del amigo en las instalaciones del club
Comunicaciones sito en el barrio de Agronomía
de esta capital. Este evento social se desarrolló
el día viernes 18 próximo
pasado y convocó a los integrantes
de los foros de laguna y río de la
ciberpágina Pescanet.
Mi arribo al club se
produjo desde los fondos aledaños
a las vías del ferrocarril Urquiza
a los efectos de que no se advirtiera mi
presencia y así poder escrutarlos
subrepticiamente como es mi modus operandii
usual para estos casos.
Al no disponer de los
elementos que utilizo normalmente para estas
investigaciones, como ser el VHF y el catalejo,
debí acercarme cautelosamente y camuflarme
entre los matorrales y las sombras para
poder escucharlos y elucubrar esta crónica.
Me llamó la atención
el nutrido grupo de personas que se había
reunido en el quincho mientras comenzaban
los preparativos para el ágape consistente
en carnes y achuras asadas en las cómodas
parrillas que posee el cenáculo propalador.
El foro de lagunas llevó
la cantidad mayoritaria de personas, mientras
que el de río convocó los
conocidos de siempre y algunos pescadores
que no tenía registrado en mis escritos.
Estos eran el profesor De Víctor,
Sergio de la Jimena, Exequiel Suárez
del Buenavida, Ferchu de la Kio Kio, Simón
Depredador de la Apis, Jorge el Armenio,
Norberto de la Polaco, Nopus, Claudio de
la Brava, Tomy, Pablo, y algunos otros que
no recuerdo.
Por el lado del foro
de lagunas, estaban entre otros los señores
Danco, "La Foca", Pescatuty y
Manolete. Este último aún
se hallaba transitoriamente lúcido
y en pleno dominio de sus aptitudes cognoscitivas.
Dispuestas las carnes
sobre las brasas y algunos vasos servidos
con vinos generosos, se dió comienzo
a la gesta gastronómica mientras
el que suscribe esperaba el momento propicio
para sumarse al ágape sin ser descubierto.
Me moví un poco
de mi escondrijo aproximándome a
un ligustro aledaño al grupo rioplatense
y de esa manera estar al tanto de lo que
allí ocurría.
Pronto comenzaron a
servirse los perniles y los embutidos ya
cocidos que justificaban el descorche de
una mayor cantidad de bebidas espirituosas.
La tertulia bucólica
comenzaba a transitar por el terreno de
la cordialidad y la camaradería que
los caracteriza, alternando anécdotas
con relatos ubérrimos de aventuras
pesqueras. Pronto las risas se transformaron
en carcajadas y bullerío propio de
estas reuniones lisonjas.
A partir de ese momento
deduje que el grado de ingesta etílica
de los comensales produciría un efecto
narcótico propicio en sus facultades
analíticas anulando así parte
de su percepción del entorno, lo
cual me permitiría surgir en escena
inadvertidamente y moverme entre las mesas
en forma normal, amparado en el hecho que
había muchos integrantes que no se
conocían entre ellos y no se percatarían
de mi presencia, salvo algunos con los que
ya nos habíamos visto en alguna oportunidad
y otros que me confundirían con un
espejismo.
Fue así que emergí
de las sombras munido de cuchillo, tenedor,
vaso y hasta de servilleta descartable,
elementos que extraje de mi mochila y dispuesto
a entreverarme con los particionantes me
sumé a la caterva inescrupulosa.
De esta manera logré dar oídos
a una discusión entre Simón
y Claudio referente a la importancia de
realizarse un psicoanálisis antes
de emprender una jornada pesqueril ya que,
según los referidos, se debe tratar
de trasmitir a través de las líneas
la energía positiva que produce el
bienestar y la autocomprensión de
uno mismo ¿¿...??.
Dejé a los excéntricos
elaborar sus sofismas irreflexos no sin
antes ensartar un chori que procedí
a ocultar dentro de un pan y me acerqué
al grupo conformado por Víctor, Sergio,
Norberto, Exequiel y otros. En esta oportunidad
se discernía sobre las andanzas de
Pouppe y Albert, integrantes ad-referéndum
de la caterva depredífera rioplatense.
También conversaban animosamente
sobre otras banalidades y tribulaciones
dilatorias inherentes a descubrir la verdadera
personalidad de Tiburcio y también
de otros sospechosos que publican agravios
y escarnios en los diferentes foros de Pescanet.
Allí aproveché para llenar
mi vaso con un delicioso Cabernet Sauvignon
que había sobre la mesa.
Después de celebrar
algunas intervenciones triviales de los
integrantes, me alejé raudamente
hacia el sector del foro lagunas, no sin
antes pasar por la parrilla para constatar
el grado de cocción de las faldas
cárnicas.
Mientras pinchaba una
lonja de vacío, se acercó
el señor Manolete provisto de un
pedo total y me preguntó quien era,
a lo que contesté cortésmente
como “La manguera voraz del Sozatup”. Luego
se retiró feliz después de
haber conocido un nuevo integrante de la
solemne embarcación y como quien
no quiere la cosa ataqué el exquisito
vacíopan recién confeccionado.
La mesa de los aludidos
laguneros no distaba demasiado de los escarceos
litúrgicos que se procuraban sus
vecinos rioplatenses, ya que se conversaba
estridentemente sobre praxis estulticias
y futilidades redundantes.
No obstante me aprovisioné
de un enfático Colón Malbec
que me llamaba desde un rincón de
la peana manducatoria con intención
de responder a su apasionado clamor.
Tuve oportunidad de
saludar a mi querido amigo Danco, al cual
me une una particular y antigua relación.
Creo que el muchacho ni se enteró
de lo que allí ocurría pués
me miró con ojos extraviados e incrédulos.
Así transcurría
el ágape, celebrando cada intervención
con arrumada y bulliciosa alegría,
desandando cada recuerdo y cada emoción
vivida por los amigos como si cada una de
esas vivencias necesitara ser analizada
una y otra vez.
Es difícil saber
si este tipo de reuniones significan un
alto en el camino en estas relaciones, o
es la culminación de las vivencias
para luego comenzar otra etapa en sus vidas.
Lo cierto es que en estos convites estrechan
los lazos de amistad que los une, alejando
fantasmas y controversias que suelen ensombrecer
de vez en cuando estos vínculos.
Cerca de la medianoche
comenzaron los movimientos de deserción
por parte de la mayoría de los discurrentes
motivados por el hecho que saldrían
temprano para dar comienzo a sus asuntos
laborales algunos, y otros lo harían
para aprovechar el buen clima del fin de
semana que se avecinaba.
La legión pescadora
poco a poco se fue desmembrando, confundiéndose
entre saludos y promesas de un pronto reencuentro.
Algunos me saludaron como si me conocieran
de toda la vida y así lo sentí
yo.
Cuando ya nadie quedaba
en las inmediaciones y los murmullos coloquiales
se alejaban paulatinamente, descubrí
una solitaria botella de un Quiroga bastante
berreta que me permitiría aplacar
la triste soledad que, cual sudestada en
el río, se había desatado
en ese mismo instante.
Salí a la calle
y abordé un taxi. En el radio sonaba
la canción de Alberto Cortés
“Cuando un amigo se va”.
Hasta pronto, Josecito.