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Crónicas en el río -- Josecito

El domingo fue todo lo contrario en relación con el sábado en lo que respecta al clima. Amaneció con un cielo diáfano pero con el transcurrir de las horas se pobló de nubes provenientes del norte. No obstante partí de la amarra con intención de constituirme en mi teatro de operaciones, en la zona de Punta Morán. En el citado paraje, fondeé la Avrab II y procedí a escrutar las emisiones radiales de VHF de las que me agencio de los datos necesarios para la elaboración de los informes referentes al accionar de la caterva oprobiosa. Al arribar al lugar, una bruma espesa disfrazaba el paisaje de un velo fantasmal que enlutaba la alborada. Con el propósito de alejar a los malos espíritus que pudieran camuflarse dentro del pálido celaje, destapé un elixir energizante de los que favorecen el desarrollo de las defensas anti-demoníacas.

Bien temprano apareció la "Apis" comandada por el archiconocido Simón, acompañado por un amigo. El mencionado capitán comenzó a llamar a su prosélito pergeñoso a través del aparato radial pero el enmudecido receptor le devolvió estática y silencio radial. Entonces se dirigió a la zona del Marciano Norte y comenzó un débil gareteada proporcionada por una leve brisa proveniente del cuadrante norte. Pero al promediar la mañana, un murmullo en el tranceptor anunciaba el arribo de otro integrante de la patulea depredadora. Se trataba del capitán solitario Claudio a bordo de su Brava legendaria que surcaba el Uríon con destino a la Depresión y aledaños. Intercambiándose los saludos protocolares del caso con su compañero coadjutor de tropelías impúdicas, el recién llegado ingresó por los palos de los Bajos y se detuvo cerca del derrotero a Martín García para comenzar su faena pesqueril. Mientras comenzaba la deriva, el reservado pescador extrajo su pestífera pócima sebácea con el propósito de atraer los incautos Aterínidos. Antes que los vahos nefastos alcanzaran mi posición y agredieran mi aparato olfatorio, descorché otra ampolla del bálsamo protector para contrarrestar los efectos perniciosos del mencionado brebaje. Es probable que este acto execrable y lascivo contra la humanidad provoque la soledad náutica que aqueja al ermitaño pescador.

Cerca del mediodía, los protervos compartían los números de sus capturas a través del radio al tiempo que un miembro del foro de Pescanet atraído por las emisiones radiales, el Sr. Daniel, se hizo presente para compartir las experiencias con los aludidos. Hasta ese momento, promediaban las capturas medianas y chicas de pejerreyes. La brisa comenzó a tornarse exigua y racheada, dificultado el movimiento de la masa acuática necesaria para la oxigenación de los peces. Luego comenzó a caer una leve llovizna que no molestaba a la disminuida cáfila depredadora, pero más tarde, Simón anunció la captura de dos ejemplares de considerable tamaño en la zona del Supremo, siendo los mismos bautizados por su captor como “Tarugos”. Motivados por la noticia, sus compañeros se movieron y buscaron una posición más favorable dentro de la Depresión. Claudio se movía por el veril sur del aguaje, mientras que Daniel lo hacía por el norte pero más cerca de Simón. Los resultados no se hicieron esperar y pronto las capturas mejoraron en cantidad y calidad promediando los 35 cm. de largo.

La quietud de las aguas me motivó para desplegar sobre la mesa de navegación de mi esquife un soberbio entremés acompañado de un exquisito Chablis frío, no helado. A pesar del día nublado, la temperatura desmentía la estación del año que transitábamos ya que el invierno aún no se presentó con su rigurosa inclemencia.

Allá lejos, en la Depresión, los nautas conversaban jocosamente por radio alternando comentarios de situaciones absurdas con piques esporádicos. Se escuchaban consejos sobre la crianza de peces en acuarios hogareños, reclamos sobre diezmos y otras retribuciones numerarias, animales cautivos, y otras banalidades. De pronto se escuchó por el parlante del aparato, la voz entrecortada y fatigada del Sr. Claudio, manifestando que había pinchado un soberbio ejemplar de 60 cm de largo y 1.250 kg. de peso. El mismo fue capturado usando un sanguchito (sic) de morenita y filet coloreado de dientudo. Cabe destacar que a lo largo de la jornada se han capturado algunos ejemplares de dientudos los que correctamente fileteados fueron utilizados como carnada.

Por último, al finalizar la tarde, antes que la luz retraiga su presencia en el elíseo firmamento, los amigos precipitaban su regreso al embarcadero con su preciado botín. Simón y Daniel, aprovechando su ubicación se dirigieron por afuera hacia la entrada al Luján, mientras que la Brava regresó por adentro con rumbo incierto. Yo como de costumbre y a fuerza de repetirse, me quedé un rato más escuchando a Bach en una solemne orgía musical mientras la ciudad era envuelta con un manto oscuro que abrigaba las tinieblas de la noche.

Hasta la próxima, Josecito.

     
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