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Misterio en el Surubí -- Josecito

En este fin de semana con el propósito de dejar las persecuciones y piquetes hídricos de lado, me embarqué a bordo del nuevo Day cruiser de mi amigo Flavio P. Navío que bautizó aristocráticamente: Mithodea.

Nuestra singladura consistía en recorrer el Luján, Vinculación, Urión y en el mareógrafo del Canal del Este ingresar al Surubí para luego proseguir por los palos del Barca hasta Martín García. El río invitaba a recorrer otra travesía alterna pues el agua se hallaba alta. Nos decidimos por la primera e iniciamos el derrotero previsto.

Ya dentro del Surubí propiciamos un brindis bautismal y a tales efectos fondeamos apresuradamente. Pero en pleno acto de dedicación etílica, como surgida de la nada, apareció en una curva del aguaje la Polaco trasladando a sus tres ocupantes. El capitán Norberto, el Profe y Simón Pescador.

Acto seguido y como accionados por un mismo resorte, los aludidos se despabilaron y con sus dedos índices en alto, comenzaron a gritar: ¡¡¡ Poupeé…..Poupeé…..Hijo de p…. Hijo de p…..!!!! . Por fin se alejaron raudamente y se perdieron de vista. Mudos cruzamos un par de miradas con mi acompañante y notamos que aún no habíamos descorchado la botella.

Luego del brindis interruptus, levamos ancla y dispusimos la continuidad de nuestra marcha. Nuestro rumbo coincidía con los de nuestros siniestros heraldos pero intuimos que ellos se dedicarían a depredar en su comarca arcana sita en la Boca Falsa y aledaños.

Al emerger en el Paraná de las Palmas se nos presentó una molesta ola procedente del Norte pero la afilada proa de la Mithodea cortaba el río sin perturbarse. Proseguimos por la Boca Falsa buscando los palos. Al llegar a la zona de los juncales, noté que los depredadores ya estaban fondeados adyacentes a una tupida pared de tallos ralos. No habían perdido el tiempo pues ellos se hallaban concentrados en sus oficios. No pude contener mi curiosidad y solicité a mi capitán que detuviera la marcha con el propósito de investigar la faena. Con la ayuda de mis prismáticos observé la escena. Perplejo advertí como los abstrusos extraían del agua cientos de peces que al parecer por su morfología se trataban de Palometas.

Continuamos la marcha y ellos seguramente hartos de tan mala respuesta, emprendieron la retirada para buscar en otros antros su cosecha pérfida de carne más sustanciosa.

Arribamos a nuestro refugio en la Oyarbide alrededor del mediodía y prestos a reanudar los convites gastronómicos nos enteramos por radio de los progresos exiguos de la caterva solitaria. Apenas algunas Bogas esmirriadas quebraban la monotonía del pique indiferente de las Palometas invasoras.

Más tarde abandonaron los juncales y se internaron en la Depresión aprovechando que la marejada había mermado un poco. Allí y como premiando su tenacidad, la naturaleza les obsequió un par de Patíes para el recuerdo.

Al regreso nos internamos nuevamente en el Surubí y nos detuvimos cerca del lugar donde habían emergido los Nocturnos esperando su retorno con el fin de examinarlos por última vez. Pronto el silencio fue quebrado por el ronroneo del motor de la Polaco que desandaba el camino de la mañana.

La embarcación se deslizaba a velocidad de maniobra y sus ocupantes permanecían petrificados. A medida que se acercaban me percaté de la presencia en el esquife del Profe Víctor De Víctor, del capitán el Sr. Norberto y conduciendo el singular navío, el Sr. Simón portando su sombrero de ala ancha. El trío lucía un semblante pálido y ceniciento. Parecían estar posesos de un estado catatónico. Sus miradas torvas oteaban ausentes hacia el infinito elíptico. Entonces conjeturé que ellos habían sido abordados por algún espectro acuátil o el mismísimo Belcebú se les presentó para reclamarles a sus ediles protervos alguna comisión por derechos de autor. Al acercarse aún más escuché que Víctor con voz gozosa se dirigía al timonel Simón diciéndole: ¡¡¡¡¡ Sáimon……..Sáimon, bienaventurado seas porque nos has salvado del desastre.!!!!! . Lo que faltaba - pensé - que este infausto personaje se convierta en benefactor de la humanidad.

Al acercársenos, los ediles comenzaron a canturrear su himno esotérico mientras elevaban sus dedos índices al cielo…….¡¡¡¡¡Poupeé……Poupeé…..Hijo de p…..Hijo de p…..!!!! . ¿Será su nuevo grito de guerra, o tal vez una proclama mística para exorcizar el aguaje de las apariciones infernales? ¿Será el tal Poupeé el nuevo edecán de la Cofradía Depredífera ?, y Simón ¿es el Mesías profético que salvará a la humanidad? Algún día el misterio nos será develado.

Eternamente, Josecito.

     
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