"La
Navidad no solo exalta el valor cristiano
que representa, también alimenta las
relaciones entre los hombres, transformándolos
en más misericordiosos para sí
y para sus semejantes. Ella nos trae paz,
esperanza y amor. Ella liga nuestros afectos
más estrechamente con los corazones
de nuestros hermanos. Y los amigos del rio
no son ajenos a esto. Devotos al precepto
que los mantiene unidos, esta vez se encontraron
para recibir la gracia de la epifanía.
Es el génesis de este relato que hoy
les voy a condensar para esta Noble Tribuna"
Fui invitado cortésmente por los
amigos nocturnos a participar del convite
social que tendría lugar en el solar
del Sr. Simón sito en la suntuosa
villa de Parque Leloir. Acepté gustoso
y de esta manera se estableció la
tregua.
Al atardecer del sábado fueron compareciendo
los Sres. Sergio ( Jimena), su esposa y
su hijo Franco; Norberto ( Polaco) y su
consorte; el Sr. Luis (Lala) también
con su simpática señora; el
Sr. Alejandro ( Diablo) acompañado
de su cónyuge y sus dos “diablitas”
niñas; Claudio ( Brava) solo como
de costumbre; Leo ( El auténtico
pescador arbícola) y su jóven
compañera, y el Sr. Armenio y Sra.
esposa. Fue a este último al que
engancharon como asador oficial.
La deserción más notable
fue la del Profesor que no pudo comparecer
a la ronda gastronómica siendo su
eminentísima presencia solicitada
para atender otros fueros.
Secundado por su gentil esposa y su hija
el anfitrión atendió a los
recién llegados ataviado con shorts
de baño y sandalias. Su indumentaria
ilusionaba a los huéspedes con el
refrescante chapuzón de media tarde
pues la temperatura agobiaba en ese instante.
Vanas ilusiones. El estanque se hallaba
carente de agua y los asistentes debieron
atender las dilatadas excusas del caso ofrecidas
por el propietario.
Desde temprano se dispuso la hoguera la
cual acogía a dos cochinillos que
se desgrasaban lentamente. También
se dispusieron de algunas presas de pollo
para los más chicos y carnes rojas
para el Sr. Claudio y para mí.
Las verduras, hortalizas y condimentos
para las ensaladas provenían del
plantío que atesora la propiedad
en los fondos. Vinos de generosa cosecha,
cervezas, jugos y gaseosas diversas completaban
el espléndido bufete que se sirvió
en la mesa.
La gala transcurrió agradablemente
entre reminiscencias, risas y necedades.
Invocamos los recuerdos del año que
va quedando atrás y conjeturamos
sobre la actividad del que viene. Los brindis
se sucedían sin solución de
continuidad y cada remembranza era motivo
de otra dedicatoria. Las mujeres participaban
asiduamente como si fueran compañeras
habituales de las andanzas del grupo en
el Delta del Plata. Yo me sentí uno
más de ellos. Con el hermano grande
que cuida de los más pequeños,
guiándolos por el camino correcto.
Ellos son la razón de mi vida y según
reza el dicho: "porque los quiero los
aporreo".
Y así se fue esfumando la velada,
dejándonos el sabor amargo del final.
Así también cuando se acerca
el fin de una jornada de pesca deseamos
congelar el tiempo, esta vez queríamos
grabar esta instancia en nuestros espíritus
para siempre. Las despedidas se alargaron
y la promesa de un pronto reencuentro amortiguó
la aflicción por un instante. Cada
uno de nosotros creímos ver los juncos
agitarse al paso de nuestras estelas en
el agua imaginaria. Y nuestros corazones,
como fieles compases, nos guiaron por el
camino de retorno.
Es Navidad y ,como nuestros queridos amigos,
transitémosla en paz, esperanza y
amor.
Felicidades para Uds. y para todos los
pescadores de buena voluntad.
Josecito.