Este
pez del orden de los Gymnotiformes y miembro
de la familia Gymnotidae, está comprendido
entre los peces cuya fisonomía asemeja
a la hoja de un cuchillo. Es el pez más
grande de esta familia que habita los ríos
de la Argentina y puede alcanzar fácilmente
el metro de longitud. Se ha detectado la
especie desde Guatemala hasta la cuenca
del Plata.
La
morena habita las aguas costeras de ríos,
arroyos y lagunas con abundante vegetación
entre la cual reposa durante el día
para alimentarse por la noche, de ahí
su coloración con machas y líneas
oscuras de patrones interrumpidos que corren
en dirección diagonal y dorso-ventral
de su cuerpo (cilíndrico aplanado
y cubierto de pequeñas escamas pigmentadas).
Sus vísceras se concentran cerca
de su cabeza para que en el eventual caso
de ser mutilada por un predador, pueda regenerar
el tejido.
Posee también la capacidad de almacenar
aire en su boca y realizar el intercambio
gaseoso y la respiración por medio
de su paladar altamente vascularizado, lo
que le permite habitar aguas estancadas
con poco oxígeno. De ahí que
se puedan transportar en contenedores relativamente
pequeños y conservarse por largos
períodos.
La dieta de la morena consiste básicamente
en pequeños peces y crustáceos.
Suele tomar como carnadas ejemplares juveniles
de su misma especie.
Posee
un par de aletas pectorales y una sola aleta
que recorre la línea divisoria del
pez desde el fin de su cabeza hacia la cola
y por debajo hasta el ano. Se desplaza por
ondulaciones sincronizadas de esta aleta,
lo cual si bien no le permite ser gran nadadora,
le da la capacidad de consumir muy poca
energía en su locomoción.
De hecho, las moreneras las almacenan por
meses enteros sin alimentarlas.
La
característica más peculiar
de esta especie es su capacidad de emitir
descargas eléctricas. La morena pertenece,
de hecho, a la misma familia que la anguila
eléctrica del amazonas. Utiliza los
campos eléctricos como un radar para
detectar objetos, presas y predadores y
para comunicarse con sus congéneres.
Emite pulsos eléctricos cuyos rebotes
y variaciones detecta gracias a unas células
electro receptoras ubicadas en su línea
lateral.
Las
especies cazadoras por lo general utilizan
las emisiones eléctricas de las presas
para localizarlas y poseen, al igual que
la misma morena, la capacidad de detectar
estos campos mediante su línea lateral.
No resulta raro, entonces, entender el porqué
de su vasto uso para carnada de peces mayores.
Aunque no se trate de un dato científicamente
comprobado, yo sostengo la teoría
de que es este fenómeno lo que las
hace más efectivas para atraer especies
carnívoras como dorados, surubíes,
palometas, tarariras y patíes, que
otras carnadas.
Su
captura para utilización como carnada
parece estar mermando sus poblaciones, lo
que obligaría a realizar un estudio
a cerca de su abundancia e imponer vedas
y cupos a los que las acopian en provincias
como Chaco, Formosa y Santa Fe.
Otras
especies afines, pertenecientes al mismo
orden taxonómico son las ratonas
o banderitas y la morena negra. La ratona
debe su nombre al filamento en el cuál
termina su cuerpo, semejante a la cola de
un ratón, que es en realidad un órgano
táctil que le permite reconocer el
terreno cuando nadan hacia atrás.
Esta especie es codiciada en los concursos
de pesca variada ya que el puntaje se suma
en relación al largo del pez y no
a su peso.
Bruno
Saccone
Estudiante
de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar
Agradecemos
a Adrian Rosens por cedernos la foto para
la producción de esta nota