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Tararira (Hoplias malabaricus) -- Bruno Saccone




Hoplias Malabaricus. Tararira común. En cautiverio

Semienterrada en el fango del fondo de las lagunas, bañados, arroyos y aguas someras y poco profundas de la cuenca del plata y el Salado yace enterrada una pequeña bestia antediluviana. Durante el invierno se limita a dormitar semiconsciente para devorar a algún incauto pececillo que ose despertarla y le permita subsistir. Cuando se hacen presentes los primeros días cálidos de la primavera, despierta de su letargo con mucha hambre y de muy mal humor. Lentamente su poderoso cuerpo cilíndrico, fusiforme y acorazado con escamas grandes y una gruesa capa de mucus va elevando su actividad metabólica conforme sube la temperatura. Cuidadosamente elige un recoveco entre la vegetación acuática desde donde pueda observar un claro o un cauce mayor, y se asienta a esperar. A su vez, las células pigmentarias de su epidermis varían su color de acuerdo a la cantidad de luz que reciban. Por lo general, cuanto más clara es el agua, el color tenderá a las gamas de verde oscuro y negro, mientras que la turbidez provocara cambios hacia el beige, marrón pálido y gris.

Como se trata de un pez que en actividad basal necesita muy poco oxígeno, puede esperar sin casi producir batido opercular alguno. Así, perfectamente camuflada, escondida en algún accidente subacuático generado por vegetación, y en completa inmovilidad es como debemos imaginarnos a la tararira. Cuando algún organismo comestible se aventura por su territorio (peces, anfibios, roedores y hasta aves), la tararira sale disparada por un movimiento espasmódico de su cola con forma de paleta, y ataca con sus poderosas mandíbulas muñidas de dientes extremadamente afilados. No realiza grandes persecuciones a su alimento, puesto que es una torpe nadadora y además le genera un gasto energético importante al no estar adaptada a aguas abiertas, aunque ocasionalmente y por las noches realiza cortos desplazamientos para cazar e investigar mejores lugares para asentarse.

Es una cazadora al acecho perfectamente adaptada para tal fin como fruto de miles de años de evolución. Pez miembro de la familia Erythrinidae, es un characiforme atípico por faltarle la aleta adiposa, lo que le confiere la condición de primitivo.

La tararira es un pez territorial, que lucha con sus congéneres por el territorio y el alimento, lo cual explica las frecuentes mutilaciones que presentan en la cola o la cabeza.

La hembra construye un nido en donde deposita sus huevas, las cuales luego de ser fecundadas por el macho, son celosamente defendidas por la pareja hasta la eclosión. Los alevinos también son guiados por el cuidado paternal hasta que se puedan valer por si solos.

En aguas argentinas, muy raramente supera los 5 kilos de peso, pero se han tenido datos sin confirmar de ejemplares de hasta 8 kilos.

Los otros 2 miembros de su familia presentes en nuestras aguas son la tararira ñata y la azul. La tararira ñata, “tarango” o “mochita” (Hoplerythrynus unitaeniatus) es de menor tamaño, raramente superando los 30 cm. Habita aguas de bañados y esteros de las zonas subtropicales centroamericanas, la cuenca amazónica, Chaco, Formosa y por supuesto aguas del litoral mesopotámico. Presenta un cuerpo más corto y una cabeza mas roma (de ahí su nombre de “mochita”). Tal vez, la diferencia mas importante con la tararira común es la atípica vascularización de la vejiga natatoria, lo cual le confiere la habilidad de respirar aire gaseoso y le permite sobrevivir en aguas pantanosas con escasa cantidad de oxígeno, ascendiendo hasta la superficie para retener burbujas que expulsa una vez absorbido todo el oxígeno que contenían. Algunos autores sugieren que tiene la capacidad de realizar cortos desplazamientos terrestres.

El otro miembro de la familia es la tararira azul (Hoplias lazardae), hermana mayor de la malabaricus, abundante en nuestro vecino país Uruguay. A diferencia de la nuestra, esta puede alcanzar tamaños descomunales, como ejemplo se sabe de ejemplares capturados hace unos 20 años que superaban los 13 kilos. Este animal vive en aguas mucho mas limpias, corrientes y oxigenadas, y posee adaptaciones para tal fin como ser una silueta mas estilizada, con una cabeza más fina y ahusada, y una musculatura mas compacta. Por la noche abandona los cauces principales para cazar en los arroyos de aguas quietas.

La pesca

La tarucha es uno de nuestros peces más voraces, cualidad que le permite ser capturada en todas las modalidades posibles de pesca. Comparativamente con otros peces de similar porte (dorado, chafalote, trucha, pejerrey, boga, etc), no presenta una gran pelea. Un gigantesco ejemplar de arriba de los 3,5 kilos se entrega dócilmente luego de saltar y retorcerse por un breve lapso, sin realizar grandes corridas. Lo que atrae a tal séquito de fanáticos es la violencia con la que se manifiesta el pique, además de la accesibilidad de la pesca y la posibilidad de buscarla vadeando.

Aunque es dueña de una cabeza muy osificada, la abundancia de carne en el interior permite, contrario a la opinión de muchos, capturarla con ínfimos señuelos dotados de pequeños anzuelos triples y equipos ultralivianos. El uso de multifilamento ayuda muchísimo, y no solo a recuperar los señuelos enmarañados en la vegetación subacuática, un solo corto y violento tirón generado por una insignificante cañita de 1,60 y 4 libras y transmitido por una línea sin elasticidad es suficiente para hincar los anzuelos. La tararira hará el resto masticando el molesto artificial que tanto dolor e irritación le produce, muchas veces asegurando su propia captura. En mi opinión, el elevar la potencia del equipo o el uso de uno de bait cast se justifica solo ante la posible presencia de ejemplares muy grandes, la posibilidad de prender a otra especie en los lances o la existencia de muchos obstáculos naturales como juncos, lentejilla, gambarrusa, elodea, etc. lo que hace que tengamos que pelear contra el pez mas un par de kilos de ensalada de vegetación acuática. Por lo demás, el equipo debe estar balanceado para el peso promedio de los señuelos a utilizar. Su potencia es a elección del usuario.

El calor se está instalando. A lustrar los señuelos, separar los que están muy maltrechos (para conservar como trofeos), cambiar triples y llaveritos… Y a rayar urgentemente los señuelos inmaculados!

Bruno Saccone
Estudiante de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar

 
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