Son
varias las especies que sirven de alimento
a peces mayores que habitan la cuenca del
plata. Si bien no son exhaustivamente estudiadas,
lo merecen, ya que constituyen el primer
escalafón de la cadena alimentaria
dulceacuícola en cuanto a ictiofagia
se refiere (llámese ictiofagia a
la dieta a base de peces)
El
sábalo (hablaremos de el en otra
nota) representa sin duda alguna el forrajero
más importante y la base de la dieta
de los grandes del río, aunque estos
no desdeñen prácticamente
ningún pez que se les ponga a tiro
y quepa en sus bocas, pero ¿qué
pasa con los ejemplares menores?
La
tararira, por ejemplo, no es capaz de engullir
un sábalo adulto, pero bien se sirve
de sus juveniles como alimento, y aquí
se presenta la primera conjetura en clasificar
y enumerar a los forrajeros. Prácticamente
individuos de pequeño tamaño
de cualquier especie se pueden considerar
forrajeros para especies cazadoras. No faltará
la tararira que se degluta a un pequeño
doradillo, para después ser engullida
por su madre, cayendo los dos dentro de
la clasificación de forrajeros.
Dejando este tipo de paradigmás ecológicos
a un lado y teniendo en cuenta que la condición
de “forrajero” se trata de una
división artificial que no está
delimitada por ningún carácter
compartido por los individuos que la componen
(salvo el ser devorados), resulta bastante
ambigua y arbitraria.
Sabalito
El
sabalito es erróneamente confundido
por juveniles de su primo mayor, el sábalo.
Se trata de una familia distinta (por eso
me refiero a el como su “primo”
y no como su “hermano”) que
está constituida por peces de pequeño
tamaño que comparten rasgos fisonómicos
y hábitos limnófagos (consumidores
de detritos orgánicos). Se trata
de la familia Curimatidae, compuesta de
cientos de especies no todas caracterizadas,
aunque el de mayor distribución y
cantidad sea Cyphocharax Sp.
En
el Paraná medio es común que
estos peces se movilicen junto a los cardúmenes
de sábalos y mojarras, y que sean
atacados por doradillos que carecen del
tamaño para engullir a los grandes.
Al tener por costumbre nadar pegados a la
orilla, los dorados en sus arremetidas frenéticas
son capaces de caer fuera del agua. Si se
tiene la suerte de presenciar este espectáculo
y se dispone de un copo, una simple pasada
proveerá de la mejor carnada posible
para ese determinado momento. Ni que hablar
de tener un señuelo lipless con rattles
(tipo Rattlin´ Rap) de color similar.
Los sabalitos realizan migraciones reproductivas
una vez al año, viven en aguas semicorrientes
y se alimentan sobre los fondos de barro
o arcilla blanda. Ocasionalmente aprovechan
las grandes crecidas de los ríos
para aventurarse por bañados y esteros
y poder alimentarse del mucho más
rico suelo allí presente. Grave error,
porque se adentran en reino de la tararira,
que se da verdaderas panzadas de ellos junto
a algún ocasional cachorro de surubí.
Los dorados esperarán pacientes la
disminución del nivel del río
para darles caza en las bocas de los desagües
que se producen cuando estos ambientes vuelcan
el agua en los cauces mayores.
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Dientudo
Nuevamente,
hay varias especies de characiformes pequeños
vulgarmente conocidas como dientudos. Todos
ellos son terribles y eficientes predadores
de invertebrados y especies menores, muy
bien propensos a tomar artificiales. Un
dato muy valorable es que son incansables
predadores de las larvas del mosquito, por
lo que se trata de un factor de control
biológico muy importante de estos
molestos animalitos.
Hidrodinámicamente
son muy eficientes, por lo que no es raro
encontrarlos en violentas correderas o aguas
abiertas sujetas a grandes correntadas.
Su reproducción
no está estudiada. Sin embargo, estableciendo
paralelismos con otras especies de characiformes,
es muy probable que desoven en aguas someras
de arroyos y lagunas y sus huevas no estén
pedunculadas (unidas al sustrato), sino
que estén sueltas y sean fecundadas
azarosamente. Evidentemente es un sistema
reproductivo muy efectivo, como lo demuestra
su abundancia en casi todos los ámbitos,
y en especial algunas lagunas bonaerenses.
Son animales muy agresivos, territoriales
y de hábitos gregarios.
Los que más abundan en nuestros ríos
son:
-
Dientudo
jorobado (Cynopotomus argenteus),
en donde argenteus hace alusión a su
color similar a la plata. Se trata de un dientudito
que rara vez supera los 15 cm. de longitud
total y que se encuentra cubierto de miles
de pequeñísimás escamás
que se desprenden con facilidad. Se le evidencia
una marcada “joroba” en el lomo.
Según el gran pescador Roberto Zapico
Antuña, esta especie se alimenta preferentemente
de los parásitos que atacan las branquias
del dorado, y por ello su presencia indica
la de estos parásitos, por ende la
ausencia de dorados. Lejos de ser esto un
dato concreto y con fundamentos, vale la pena
tenerlo en cuenta tanto para cuando se busca
pescar dorados como cuando se atrapa uno de
estos peces, que debe ser devuelto al agua
inmediatamente. Además, según
especialistas, su eficacia una vez fileteado
para la pesca del pejerrey es muy pobre.
-
Dientudito
o dientudo maculado (Charax leticiae)
Se trata de un pececito muy parecido al anterior,
pero de escamás más grandes,
que usualmente viene entremezclado con las
mojarras que se adquieren como carnada.
Posee un punto negro muy bien definido a la
altura de donde terminan sus aletas pectorales
y por donde pasa su línea lateral.
Este, por el contrario, resulta una carnada
excelente, que puede usarse entero para buscar
el matungo o la tararira o bien filetearse.
-
Dientudo
común (Oligosarcus sp.)
Este dientudo se asemeja a una mojarra ligeramente
alargada y rematada en un hocico más
puntiagudo. Posee escamás grandes,
ojos muy desarrollados y dientes como alfileres.
Se trata del dientudo que mayor tamaño
puede alcanzar (a veces hasta más de
30 cm.) y el más estilizado. Los conocidos
“zapatos” que se obtienen en el
río de la plata cuando se busca el
pejerrey pertenecen a esta especie. Se trata
de una carnada excelente, que posee una carne
firme y muy grasa, que absorbe poco agua y
despide un olor muy atractivo, junto a una
piel de un plateado intenso altamente reflectante.
Mojarras
Sin
dudas el más importante de todos
los forrajeros de nuestros ríos platenses.
Presentes por millones en casi cualquier
ambiente acuático de la cuenca parano-platense
gracias a su increíble capacidad
de adaptación. Estos pequeños
pero poderosos characiformes de cuerpo aplanado
lateralmente viven en aguas tranquilas de
prácticamente cualquier espejo y
curso de agua de la cuenca. Pese a su reducido
tamaño, son verdaderas máquinas:
devoran absolutamente todo: Zooplancton
en sus primeros estadios de vida, plantas
acuáticas, insectos, huevas y alevinos
de otros peces, carroña, etc., para
lo cual están muñidas de una
boca protrusible con afilados dientes córneos
en sus bordes.
Se
reproducen a un ritmo increíblemente
rápido. Dependiendo del clima, pueden
desovar decenas de veces por año
(cuanto más templada esté
el agua, más desovan, aumentando
la cadencia en temporada estival).
La hembra desova entre las piedras, palos
sumergidos, plantas acuáticas, etc.
Adhiriendo sus huevas con una secreción
mucosa a estas estructuras. El macho, luego,
rociará los ramilletes de huevas
con su esperma, aumentando la eficiencia
de la fecundación.
Las
huevas que se desprenden pueden adherirse
a las patas de aves acuáticas que
las transportarán hasta ambientes
nuevos. Las huevas resisten el viaje, y
sólo eclosionarán una vez
que las condiciones sean las apropiadas.
El
haber adoptado esta estrategia reproductiva,
junto a un tiempo de eclosión muy
corto y una alta adaptabilidad de los alevinos
les permitió a estos animales proliferar
en cualquier espejo temporal o semipermanente
de agua dulce.
Hay
varias especies, pero las más conocidas
e importantes son:
-
La
mojarra común (Astyanax fasciatus),
de un tamaño mediano (hasta 10 cm.),
es la captura por excelencia de los mojarreros
y probablemente la primer presa capturada
por cualquier pescador. Para su desgracia
se trata del alimento de cabecera de las taruchas
rioplatenses, y por lo tanto una excelente
carnada para tentarlas. Para el pejerrey suelen
ser demásiado grandes, y además
no sobreviven mucho tiempo en las bolsas y
los baldes porta carnadas, y su color blancuzco
y pálido no produce la atracción
de otras especies.
-
La
mojarrita o tetra (Hemigrammus caudovitatus)
es habitante preferente de aguas más
oxigenadas y cristalinas de lagunas y arroyos
(Ej.: lago de Palermo, lagunas de Bragado,
etc.). A diferencia de la común, esta
no suele exceder los 5-7 cm. y además
posee un color plateado azulado muy brillante,
lo cual la convierte en la mejor carnada para
el pejerrey. Se distinguen en el balde por
su lomo negro azulado comparado con el verde
oscuro del de otras especies.
-
La
mojarra “pacusa” (Astyanax abramis)
habita más prolíficamente las
aguas paranaenses. Debe su nombre a su morfología
ovoidal similar al pacú.
Se mueve en cardúmenes inmensos, cerca
de la orilla, y alborotando la superficie
con sus saltos y borbollones. Aunque su eficiencia
como carnada es limitada a la palometa, la
manduva, el manduré y demás
especies sin demásiadas preferencias,
los cardúmenes en movimiento de esta
especie pueden indicar la presencia del dorado.
Espero
que estas líneas ayuden a entender
un poco más a nuestras habituales
“carnadas”, y que esto les redunde
en una mejor pesca.
Un abrazo a todos
Bruno
Saccone
Estudiante
de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar
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