Leporinus
de liebre, haciendo alusión, quizá,
a sus dientes.
Nuestra
querida “dama del río”,
como varios pescadores acostumbramos nombrarla,
es un characiforme por excelencia, con todas
sus 8 aletas y la fisonomía típica
de la familia. Junto a los siluriformes,
son una de las familias de peces de agua
dulce más numerosa, lo que no hace
más que evidenciar cuán exitosa
es evolutivamente hablando. Este éxito
rotundo se manifiesta sobretodo en su fisonomía.
Se trata de peces sumamente hidrodinámicos,
con una disposición muscular compacta
y poderosa y aletas caudales muy eficientes,
lo que les permite moverse en cualquier
tipo de condición acuática.
Nuestra querida boga no tiene nada que envidiarle,
en cuanto a performance en el desplazamiento,
a un dorado. De hecho, morfológicamente
hablando se parecen bastante.
Sin embargo, la boga ha especializado su
aparato bucal a su dieta omnívora.
Esta incluye plantas acuáticas, semillas
y frutos que caen al agua, carroña,
y sobretodo, moluscos acuáticos y
terrestres como caracoles y mejillones.
Para acceder a su carne, el pez tiene que
triturar la coraza calcárea que protege
a estos organismos, para lo cual está
provisto de 2 filas opuestas de dientes
que en su forma asemejan a los dientes incisivos
de un niño, cubiertos por 2 labios
carnosos, siendo el superior algo prominente.
El pez puede gracias a sus potentes músculos
bucales, ceñir los dientes entre
si con inusitada fuerza. Al ser tan poca
la superficie de contacto entre ellos, y
tanta la fuerza, por la sencilla fórmula
de la presión, la potencia de la
mordedura de la boga tiene pocos precedentes.
Puede sencillamente pulverizar anzuelos
y cortar sedales gruesos, así como
destruir cualquier caparazón, grano
o semilla lo suficientemente pequeño
para caber en su pequeña cavidad
bucal.
Por
comprobación empírica se sabe
que la boga prefiere aguas cálidas
y tranquilas, que se desplaza acardumada
y que es capaz de alcanzar e incluso superar
la friolera de 10 kilos. Dependiendo se
su zona de ubicación, se diferencian
la boga común, la “piava”
y la tres “puntos”. Aunque algunos
autores las caractericen como especies distintas,
a mi entender se trata de adaptaciones de
la misma especie a ambientes distintos.
Es
muy perseguida por ser una de las especies
estivales que más lucha al ser prendida
del anzuelo y poseedora de una carne cuyos
dotes aumentan su predisposición
a terminar sobre las brasas. Además
su pique tímido y ciclotímico,
sus caprichos a la hora de elegir un cebo
determinado y su abundancia en todo nuestra
cuenca del plata hacen todavía más
accesible su captura.
Actualmente,
nuestra querida boga es uno de los únicos
medios de control biológico del invasor
mejillón asiático, que es
el único invertebrado de agua dulce
con filamentos visales, estructuras que
le permiten fijarse a sustratos rugosos.
La presencia de este animal, por otro lado,
ha generado pesqueros excepcionales de la
especie, como los malecones de Berisso o
los rompeolas del puerto de Buenos Aires,
y parece estar influyendo positivamente
sobre la población de bogas del Río
de la Plata.
La
pesca
Por su costumbre de roer el cebo antes de
engullirlo, el momento de clavar es difícil
de determinar, aunque cada pescador tiene
su técnica. En lo que la mayoría
concuerda es en el uso de cañas de
acción lenta y sensible para evitar
la rotura de sus delicados labios. Cualquier
caña de fibra de vidrio tubular de
fabricación nacional, acción
4 o 5 es ideal, pesa poco y es muy económica,
además de su fácil obtención
y su gran disponibilidad de largos y armados.
El
uso de un anzuelo de calidad también
aumenta las posibilidades debido a su mayor
resistencia y superior penetración.
Los modelos forjados de curva circular o
retorcida hacia el interior y alambre de
grosor intermedio (tipo Owner serie 50385,
Gamakatsu Octopus, Mustad serie 9671, Cormorán
Maruseigo, etc.) suelen dar muy buenos resultados
según expertos pescadores de la especie.
La poca tensión necesaria para hincar
los anzuelos en su tierna boca tientan a
experimentar la pesca de la boga con equipos
ultralivianos. Si se encuentra un cardumen
sobre un playón u otro ámbito
despoblado de obstáculos, se puede
incluso exagerar con la disminución
de la potencia del equipo, utilizando cañas
de 2 libras y reeles con nylon de 0,14.
Hay incluso pescadores que utilizan cañas
de fly cast para intentar esta pesca.
En
materia de carnadas, cualquier comentario
sería repetir lo que cualquier pescador
escuchó cientos de veces a lo largo
de su vida, pero es tal la variedad de cebos
que se pueden utilizar que algunos son hasta
insólitos y merecen ser comentados.
La babosa común es poco utilizada
pero constituye un cebo excepcional, duradero
y fácil de encarnar cortado en cubos.
Una salida de pesca no planificada se puede
simplificar utilizando cubitos de salchicha
de Viena común, fácilmente
obtenible de cualquier heladera hogareña.
Si el ámbito está libre de
palometas los cubitos del lomo de una mojarra
pueden ser muy efectivos, así como
pedacitos de queso de pasta dura, etc. Hasta
la pulpa de su misma carne es efectiva.
Saludos
y buena pesca.
Bruno
Saccone
Estudiante
de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar