Cuando llegan
los primeros días frescos después
del verano, este incansable nadador remonta
los ríos de la cuenca del plata hacia
aguas más tranquilas para perpetuar
su especie y asciende y se activa en las
lagunas donde habita, momento más
que esperado por los pescadores deportivos
que aprestan sus largas varas y sus coloridas
boyitas para tentarlo.
Siendo
un gran nadador se desplaza acardumado por
aguas rápidas para sortear mejor
los peligros que supone un viaje tan largo
que comienza en el mar y sigue por las aguas
salobres de la costa uruguaya y el Río
de la Plata y en el cual todavía
puede encontrar algún día
templado que active a doradillos, tarariras,
chafalotes, surubíes, palometas y
otros depredadores.
El pejerrey
es un incansable cazador de otros peces
más pequeños, invertebrados
y demás organismos acuáticos.
Está siempre en constante movimiento
lo que le supone un gasto energético
grande, por ende, su cuerpo está
especialmente adaptado para tal tarea. Dueño
de una silueta cilíndrica aplanada,
cubierta de pequeñas escamas y una
gran cantidad de mucus protector que a la
vez disminuye el rozamiento con el agua,
poseedor de una impresionante musculatura
en relación a su tamaño y
una aleta caudal muy eficiente.
Su constante
desplazamiento lo obliga a consumir grandes
cantidades de oxígeno. Si consideramos
que la solubilidad del oxígeno en
el aire aumenta con el descenso de la temperatura,
entendemos en parte el porqué de
sus hábitos alimenticios y reproductivos
en la época invernal.
También
podemos explicar la profundidad a la cual
se desplaza tomando en cuenta los siguientes
parámetros: cuando el viento agita
la superficie, oxigena el agua, por lo cual
este pez aprovecha este momento para alimentarse.
Cuando el viento cesa, en contraposición,
el pez desciende y se aletarga (tener en
cuenta también que el oxígeno
se diluye mejor en el agua a mayor presión
y por ende a mayor profundidad).
El pejerrey
tiene una boca protráctil que cuando
está retraída adopta una conformación
hidrodinámica, pero que a la vez
se despliega y le permite ingerir peces
de tamaño considerable.
El ciclo
reproductivo del pejerrey es un enigma.
Remonta desde el mar hacia la cuenca del
plata por la costa oriental con la llegada
de los primeros fríos (durante la
primer quincena del mes de Abril), pero
no es la temperatura el único factor
que influye sobre el desove, también
se tendría que tener en cuenta la
duración del día (fotoperíodo),
los regímenes mareológicos,
etc.
El pejerrey
desova en la plataforma subacuática
de la desembocadura del Río de la
Plata porque el lecho de arenilla, arcilla
y grava es sólido y le permite a
la hembra formar una cavidad en donde deposita
las huevas. Teniendo en cuenta que el pejerrey,
como la mayoría de los peces, posee
fecundación externa, el macho debe
depositar el esperma sobre las huevas y
gran parte de este se diluye y se pierde,
por lo cual la conducta de parte de la hembra
de formar una cavidad maximiza la eficiencia
de la fecundación.
| Tabla
de Crecimiento |
Eclosión
(28-30 días) |
0.5
cm |
3
meses |
9
a 11 cm |
1
año |
22
a 25 cm |
1
años y medio
(madurez sexual) |
28
a 31 cm |
2
años |
33
a 36 cm |
3
años |
43
a 45 cm |
3
años y medio
(plenitud sexual) |
46
a 48 cm |
4
años |
50
a 52 cm |
5
años |
57
a 59 cm |
6
años |
60
a 62 cm |
7
años |
66
cm |
8
años |
69
a 70 cm |
|
Al eclosionar,
el alevino se alimenta de plancton y mantiene
esta conducta alimenticia a medida que se
desarrolla. Cuando alcanza los primeros
meses de vida empieza a alternar su dieta
con pequeños moluscos, crustáceos
y pequeños peces, abandonando paulatinamente
su dieta herbívora y transformándose
en un depredador. Un punto a tener en cuenta
es la tendencia del pejerrey al canibalismo;
de no poseer especies forrajeras como alimento,
empieza a consumir alevinos y juveniles
de su propia especie, y siendo gran consumidor
puede llegar a mermar su propia población
para el futuro. Las especies forrajeras
son altamente susceptibles a la contaminación,
así que la disminución de
estas puede conllevar una pérdida
grande de pejerreyes para las próximas
temporadas.
Como
bien todos sabemos, la aplicación
de su carne para usos culinarios es muy
extensa y apreciada, lo que lo convierte
en un blanco codiciado para las redes y
los espineles comerciales.
No es difícil pensar, entonces, que
no sólo se deben imponer vedas en
cantidades y en épocas, sino que
el tamaño mínimo a poder capturar
debería superar los 50-55 cm., lo
que dejaría a estos individuos al
menos una posibilidad de reproducirse luego
de alcanzar su plenitud, lo que significa
una puesta de mayor cantidad de huevas,
un mayor porcentaje de fecundación
de las mismas y una mayor cantidad de alevinos
viables eclosionados.
Nuevamente
un pobre o nulo trabajo serio de investigación
y control acerca de estos datos por parte
de las autoridades nacionales competentes
provocan daños graves sobre la población,
con todas las consecuencias ecológicas
que eso implica.
La
pesca
Al
no alcanzar grandes portes, los equipos
utilizados para su captura responden más
al tipo de línea que se utiliza que
a la potencia del pez, por lo cual a veces
su pesca no es tan deportiva (salvo que
se tenga la suerte de clavar uno de esos
gigantescos individuos denominados Gran
Paraná que superan holgadamente los
2 kilos de peso). La gracia de su pesca
(que de por sí es bastante sufrida
debido a las bajas temperaturas y a los
vientos invernales) radica en la delicadeza
de la clavada y a la atención que
demanda la observación de las boyas.
Es tal la emoción que causa denotar
un pique con aparejo de flote que su pesca
es una de la que más seguidores tiene.
Entre
los consejos de los grandes pescadores está
la utilización de boyas en colores
claros como el blanco o el verde limón,
que se dice “llaman” la atención
del pez. Mi teoría es que los peces
muertos afloran a la superficie y su descomposición
los torna de color pálido. Los coludos,
que son la especie forrajera más
abundante en río abierto, se alimentan
de estos peces muertos a los que “arrancan”
pequeños trozos de carne en descomposición.
El pejerrey podría entonces confundir
las boyas con peces muertos y acudir hacia
ellas con el fin de atrapar a los coludos
que se encuentren en su cercanía.
Nuevamente reitero que se trata solamente
de una teoría y que pescadores más
experimentados sacarán sus propias
opiniones, tal vez más acertadas.
Espero
que hayan disfrutado de leer estas líneas
dedicadas a unos de los más codiciados
trofeos de pesca, tanto como yo disfruté
al escribirlas y de paso hayan aprendido
algo nuevo.
Bruno
Saccone
Estudiante
de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar