Nuestro
Pirayú (en guaraní pez amarillo)
es el típico integrante de los characiformes.
Pez de cabeza muy osificada, temibles mandíbulas,
silueta hidrodinámica por excelencia
y hermoso color dorado que varía
según la cristalinidad del agua en
la que habite.
Posee todas las aletas típicas de
su familia y una musculatura compacta y
muy desarrollada lo que le permite lograr
grandes velocidades en el nado. Su aleta
caudal está especialmente desarrollada
conjunto a su musculatura para permitirle
un nado ágil y sostenido con poco
gasto energético y a la vez un ataque
fulminante sobre sus presas y una aceleración
explosiva en muy poco espacio. Esto le permite,
también, acechar detrás de
la piedras u otros obstáculos manteniéndose
estático en la correntada, y abalanzarse
sobre el incauto pez que al no poseer esta
cualidad se ve forzado a dejarse llevar
para aventurarse por una corredera. A su
vez, el dorado tiene un metabolismo muy
activo que le demanda estar en constante
movimiento para obtener oxígeno a
través del flujo de agua que atraviesa
sus agallas.
Sus
grandes mandíbulas están dotadas
de dos hileras de numerosos dientes caniniformes.
Los dientes de la primera hilera son cilíndricos
en su base para volverse cónicos
hacia la punta y terminar en puntas muy
afiladas. La segunda hilera son dientes
en avanzado estado de desarrollo para suplantar,
ante una eventual pérdida durante
el ritual alimentario, a los dientes de
la primera hilera. Esta dentadura tan específica
esta adaptada para permitirle sujetar a
la presa luego del ataque para engullirla
empezando por su cabeza. De ahí la
importancia de que la carnada presente su
cabeza lo más cerca posible de la
punta del anzuelo.
Su
tracto digestivo está especialmente
adaptado a sus características y
su largo para poder digerir presas de gran
tamaño en poco tiempo. Prueba de
ello es el ejemplar de la foto que fue capturado
en la ciudad correntina de Itá Ibaté
y que contenía en su estómago
un ejemplar de boga de aproximadamente 1
kilo de peso.
El
dorado puede adaptarse a ambientes muy variados
como las agitadas y cristalinas aguas de
los ríos Dulce, Bermejo y Tarija,
pasando por aguas calmas como las lagunas
interiores de los esteros del Iberá
y los grandes cursos de agua como los ríos
Corriente, Paraná o Uruguay.
Los
dorados son peces poiquilotermos o sea que
no pueden regular su temperatura corporal.
Por ende aumentan o disminuyen su metabolismo
dependiendo de la temperatura ambiente.
En los meses más fríos llegan
a un apreciable letargo, restringiendo su
régimen alimentario en coincidencia
con la disminución apreciable de
cardúmenes de especies forrajeras
de las que se alimentan.
El
dorado está considerado en el mundo
dentro de los 3 peces de agua dulce más
buscados por los pescadores deportivos,
y esto se debe a su condición de
gran predador, gran nadador y sobre todo
por ofrecerle al dichoso que logró
prenderlo de su anzuelo una lucha que difícilmente
olvidará.
La dieta del dorado es exclusivamente ictívora.
El dorado no dudará en atacar cualquier
pez que se encuentre a tiro, pero persigue
con especial deleite a los cardúmenes
de sábalos y sabalitos que remontan
los ríos de la cuenca del plata,
y este es un espectáculo natural
de los más emotivos que sucedan en
nuestras tierras: los dorados atacarán
a los sabalitos de a cientos, desmembrarán
grandes sábalos de varios kilos con
rapidez asombrosa, golpearán contra
las piedras y la orilla y no faltará
el que en una de sus corridas termine varado
en el suelo con la boca llena de sabalitos
todavía moribundos y vuelva a su
hábitat acuático con poderosas
contorsiones.
El
dorado es una especie migratoria que remonta,
con fines reproductivos, los ríos
de la cuenca que habita para desovar en
las aguas corrientes y oxigenadas del alto
Paraná misionero o el río
Uruguay. Lamentablemente, el hombre ha interpuesto
numerosas represas en sus rutas migratorias
lo que repercute en la abundancia de la
especie. Así mismo, no se pronostican
augurios positivos sobre su población
con la concreción de la Hidrovía.
Aunque se construyan canales alternativos
para el paso de los peces, estos se desorientan
al encontrar aguas calmas en donde debería
haber cauces de inmenso caudal gracias a
lo cual miles de hembras no llegan a los
lugares de desove.
LARGO |
PESO |
EDAD |
50
a 55 cm |
2.0
kg |
4
años |
60
a 65 cm |
3.5
kg |
5
años |
70
a 80 cm |
6.0
kg |
6
años |
80
a 90 cm |
8.0
kg |
8
años |
90
a 100 cm |
11.0
kg |
9
años |
100
a 110 cm |
13.0
kg |
10
años |
|
En
el delta bonaerense se denota una abundancia
inusual de juveniles de la especie, pero
asimismo su escasez en el Paraná
medio en donde siempre fue más abundante
denota la irregularidad a la que se somete
a un animal cuando modificamos el hábitat
y sobre explotamos su comercialización.
El dorado puede crecer hasta superar los
30 kilos, hoy día un doradillo de
5 kilos ya es un trofeo importante. Esta
sencilla planilla denota la magnitud del
tiempo que supone la recuperación
de un hábitat.
En
nuestro país el dorado es una fuente
de ingresos por el turismo interno y externo
más que valiosa (prueba de ello son
los concursos que se realizan a la vera
del Paraná y convocan miles de aficionados),
lo que merecería un estudio más
profundo de las poblaciones y una legislación
de cupos y vedas más estricta.
La
pesca
El dorado toma cualquier carnada proveniente
de otro pez, pero sus preferencias se inclinan
por el sabalito y la morena seguidas por
el bagre amarillo, la boguita, la mochita,
la anguila y el mojarrón.
Yo
utilicé, en aguas claras, con más
éxito el sabalito que la morena aunque
es elección de cada pescador y hay
tantas preferencias como pescadores. Recomiendo
llevar a las excursiones de pesca una red
tipo paraguaya para obtener sabalitos que
a veces no se consiguen en las moreneras.
El
otro atractivo de su pesca radica en que
su voracidad lo torna propenso a atacar
cualquier objeto similar a un pez, deleite
para pescadores de Spinning y Fly que se
dan el gusto de prender al pez más
poderoso de nuestros ríos usando
artificiales. La pesca del dorado en spinning
sobre las correderas de agua cristalina
es una de las pescas más maravillosas
que se pueden realizar en nuestro país
pudiendo en algunos casos observar a una
saeta dorada arremeter con velocidad asombrosa
al objeto destellante que es nuestra cucharita
ondulante y a realizar con ella entre sus
fauces una corrida de tanza de varios metros,
con cambios súbitos de dirección;
posterior clavada y la culminación
que quedará gravada en nuestra mente
para siempre: con la caña arqueada
en el límite de su resistencia observar
que la línea comienza a correr en
dirección a la superficie y de repente
la tranquilidad del agua estalla en mil
destellos y la figura dorada queda suspendida
sobre la superficie contorsionándose
enérgicamente para volver a caer
estrepitosamente y continuar su lucha para
liberarse del anzuelo.
Esta
nota no pretende ser un análisis
ictiológico, sino más bien
unas palabras para lograr un acercamiento
un poco más profundo al más
bello y poderoso pez de nuestras aguas.
Bruno
Saccone
Estudiante
de Ciencias Biológicas de la UBA
bsaccone@pescanautas.com.ar
Agradecemos
a Diego de La Torre, Gabriel Losada, Daniel
Alonso
y Osvaldo Garea por cedernos las fotos para
la producción de esta nota