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Línea de dos boyas para laguna -- Fabián Hamú


En qué circunstancias usar una línea de dos boyas y cómo debe estar conformada

Si existe una línea que me marcó un rumbo como pescador, fue la bendita línea de dos boyas. Y no es broma: estoy contando una parte muy importante de mi vida. Desde bien chico pesco pejerreyes. Tenía 13 años cuando participé en un torneo interno de un conocido club de pesca en la laguna de Gómez, en Junín, provincia de Buenos Aires (año 1976). Repartieron los botes y me tocó compartirlo con un pescador mayor. Por mi edad competiría como cadete, por lo que no había razón para dejar de intercambiar información. La laguna estuvo planchada todo el día, no corría la menor brisa y su superficie parecía un espejo.

A pesar de mis pocos años, manejaba algunos conceptos básicos. Uno de ellos era que en esa laguna planchada y con el frío intenso de julio, el pejerrey se fondeaba. Tenía claro algo: las brazoladas debían ser muy largas, aunque no sabía cuánto. Como solo contaba con líneas convencionales, las únicas que conocía para pescar a flote en laguna (en los torneos no se puede usar paternóster), y lo más profundo que pude pescar fue 1,4 m (a 80 cm del fondo, ya que en ese momento la hondura de Gómez era de 2,2 m).

En la actualidad manejo el concepto que con estas condiciones la brazolada se mide “al revés”: no desde la superficie para abajo, sino del fondo hacia la superficie. Por lo tanto, no importa la longitud real de la brazolada sino a cuántos centímetros pescamos del lecho. Se dice “está picando a 10, 15, 20 o 40 cm del fondo”, independientemente de la profundidad del ámbito. Lo que todavía no conocía a mis 13 añitos es que en una laguna con 2,2 m de profundidad, una línea convencional de tres boyas resulta completamente inservible.

No había un gran pique, pero mi compañero estaba pescando un poco más que yo. Cuando le pregunté por el largo de su brazolada, me contestó: “Pibe, ¿no ves que a 30 centímetros?”. Con lo cual subí las brazoladas a esa profundidad. A partir de allí mi desesperación aumentó, pescando aún menos que antes. De vuelta en el micro, y charlando con deportistas de mayor calidad humana que mi compañero, caí en la cuenta de lo que había pasado. Me explicaron que existía, y debía usarse en esas condiciones, la bendita línea de dos boyas. Cuando yo le pregunté a mi compañero de bote la profundidad de su brazolada, me contestó con una respuesta que a simple vista parecía verdad: la boya puntera tenía una brazolada de 30 cm, pero afuera del agua… Cuando caía a la laguna, corría sobre la madre hasta el nudo corredizo tope, y terminaba trabajando a 10 cm del fondo. La mezquindad de este hecho hizo que abandonara para siempre las competencias, pescando desde allí muy relajado y siempre entre amigos.

Con lo que me habían explicado en el micro a la vuelta, más las indicaciones del libro “Pescando Pejerreyes”, de Nello Principi (editado en 1977), aprendí a armar la línea. Esta mención me trae al recuerdo el gusto de haber compartido un par de tardes de pejerrey con Nello en el muelle de Mar de Ajo, un gran pescador completamente abierto a brindar sus enseñanzas.

 

Otras experiencias

Volviendo a la línea de dos boyas, se debe aclarar que en determinadas lagunas y condiciones (mucho frío y superficie planchada) es fundamental. No tenerla en pleno invierno, e históricamente en lagunas como Sauce Grande, Junín, Lobos, La Salada Grande de Madariaga, Monte y otras, puede marcar la diferencia entre pescar y no pescar.

A esta línea, por ejemplo, le debo la mejor pesca de mi vida. Y espero que al contarlo me crean. En la década del ‘80 la laguna de Sauce Grande (Monte Hermoso) era el hogar de los pejerreyes más grandes del mundo. Además de ser monstruosos, los había en mucha cantidad. A esta altura conocía muy bien el espejo, debido a la gran cantidad de excursiones que hice con Raúl Sánchez, de la casa de pesca Tucán, de Remedios de Escalada. Ese día, sin embargo, partí de otro boliche que quedaba en Av. Gaona y Andrés Lamas (“El Rey”, hoy desaparecido). Hacía un frío polar, y la laguna estaba completamente planchada. Una vez en zona saqué a relucir mi línea de dos boyas, con anzuelos Mustad 1687 Nº 1/0. Medí la profundidad y armé una brazolada que pescara a 10 cm del fondo. Había comprado dientudos, los fileteé y en cada anzuelo puse un costado entero como si estuviera intentando con tarariras (por otras pescas anteriores que me tenía mucha fe). Primer tiro, y a los 5 minutos una boya sale disparada para la derecha y otra para la izquierda. Clavo, y siento una resistencia terrible. Se trataba de un doblete de pejerreyes de arriba de kilo (largo). Terminé el día pescando 35 de estos misiles (entre 1 y más de 1,6 kilos) y con tortícolis de tanto darme vuelta para verlos en el piso del bote, porque yo mismo no lo podía creer. Mi eventual compañero de pesca, probando con paternóster sólo obtuvo 5, a pesar de que permanentemente le ofrecí tanto una línea de dos boyas como filet de dientudo (que por su tamaño llamaba más la atención). Además, jamás reguló la profundidad de su paternóster. En esa ocasión el pejerrey estaba a 10 cm exactos del fondo, y el uso de la línea adecuada marcó el destino de cada pesca.

 

Conceptos técnicos

. Esta línea es fundamental para pescar en las lagunas pampásicas más comunes, con profundidades medias que oscilen entre 1,6 y 2,5 m. En tales condiciones resulta mucho más sutil y pescadora que el paternóster y el balancín. Se debe a que al picar, el pez no tiene que arrastrar toda la línea sino una sola brazolada y una boya pequeña. Por el contrario, no resulta de utilidad en lagos y embalses de mayor profundidad, donde las líneas de una boya y varios anzuelos son las más efectivas.

  • La línea se arma con dos boyas. En concursos muchos la utilizan con tres boyas, aunque siempre con cañas de más de 4,5 m y muy buen manejo de los implementos (algo carente de sentido en el ámbito recreacional, donde el concepto de pesca es completamente distinto). También se pueden usar de tres boyas cuando la profundidad del lugar no supera 1,6 metro.
  • En mi caso siempre empleo boyas redondas chicas (15 a 18 mm), con la puntera loca y levemente mayor que la otra (18 a 20 mm). Esto sucede porque la brazolada de la boya puntera se lastra con municiones de 0,5 a 2 gramos para lanzar más lejos.
  • La boya redonda es la que mejor rinde, ya que comiendo en profundidad el pez tiende a hundir, no a arrastrar.
  • Si las boyas están levemente lastradas, y por lo tanto levemente hundidas, un pescador avezado percibe si el pez come hacia arriba por un aumento de la flotabilidad. Frente a esta situación, algunos utilizan barranquines que trabajan parados: se hunden ante el arrastre y se acuestan si el pez levanta la carnada.
  • La línea de dos boyas se emplea exclusivamente anclado, ya que su capacidad de derivar es casi nula. Si no largáramos al garete, el arrastre levantaría las brazoladas e inmediatamente perderíamos de vista a las boyas por lo pequeñas.

  • Es una línea con la que se pesca muy cerca de la embarcación (entre 3 y 15 m), porque a tanta profundidad el pez no percibe al bote como un elemento agresivo. De hecho no lo ve.
  • El color de la boya no influye en el pez lo más mínimo, por lo tanto se debe utilizar el que más se vea en ese momento.
  • La clavada debe realizarse con mucho mayor recorrido que con brazoladas cortas, y en el sentido contrario al desplazamiento de la boya. Otro detalle para inclinarse por boyas redondas chicas es su escasa resistencia al agua, que facilita aún más la clavada.
  • Para evitar enredos conviene usar una brazolada compuesta. La primera sección se realiza con nailon más grueso (0,30 al 0,35 mm), al que se le anuda un microesmerillón, que servirá también como lastre y destorcedor. Desde allí se remata con una brazolada de nailon más fino (0,25 al 0,28 mm), que tenga mayor movimiento. Además, este truco permite cambiar la última sección sin la incomodidad de armar la brazolada completa. Esto generalmente sucede frente al debilitamiento del roce con la boca del pejerrey o las melladas que producen los dientudos grandes.
  • En mi caso lastro la brazolada lo menos posible, para que la carnada tenga más movilidad.
  • Como con el frío el metabolismo de los pejerreyes se encuentra muy disminuido, conviene dejar que arrastre bien la boya para asegurar la clavada. De allí que casi siempre se saquen los peces tragados.
  • Por último, cuando se lo ubica cerca del fondo, el pejerrey tiende a estar más acardumado. Como por el frío no se mueve tanto, trate de concentrar la pesca en un sector determinado, tirando siempre hacia allí y cambiando solamente ante la certeza de la falta de pique.

 

Secretos de concurseros

Lucas Piedrabuena tuvo un febril periodo de concursero. Como en su época los torneos Metropolitanos se disputaban casi siempre en la laguna de Lobos, pudo profundizar extensamente sobre la pesca de pejerrey a ras del fondo. Excelente pescador y completamente apasionado, tuvo la gentileza de agregar a la nota unas puntas realmente picantes.

  • Si bien lo común es lastrar la brazolada bastante para que baje rápido, con un plomito de 0,2 gramos se alcanza la profundidad deseada sin quitarle movilidad a la carnada, lo que redunda en un mayor pique.
  • Cuando el pejerrey se encuentra cerca del fondo es raro que posea una actitud voraz o cazadora. Se alimenta en forma pasiva, prefiriendo bocados como camarones o panzones (madrecitas de agua), solos o combinados. Son carnadas trabajosas pero muy efectivas con pique difícil. Para estos encarnes delicados, los anzuelos tienen que ser finos, de paleta u ojal (Cormorán Siro Sode Nº 13 o 14, Gamakatzu 12014 Nº 12 o 13 y Mustad Kitsune Nº 1 o 1/0). Ante peces en profundidad, siempre me inclino por anzuelos más chicos que los que utilizaría comúnmente para pescar a flote.
  • Con laguna planchada prefiero boyas de tipo barranquín, que al mínimo ondular de la superficie mueven las carnadas de forma muy atractiva. Para que los barranquines trabajen parados lo común es colocarles la cantidad de plomo necesaria en la brazolada. Como no me gusta lastrar demasiado, y menos en este tipo de línea, utilizo barranquines bien chicos, de modo que con el peso de la carnada y el mínimo lastre ya trabajen parados. En su defecto, si se emplean demasiado grandes, se debe evitar lastrar cerca del anzuelo para no perder el movimiento de la carnada. Como consecuencia, las boyas no marcarán tan obviamente una tomada hacia arriba.
  • Si la laguna se riza ligeramente, los barranquines pueden moverse demasiado y tornarse contraproducentes. En este caso uso una línea de boyas yo-yo plásticas de 15 o 18 mm que trabajan ahogadas: son muy sensibles, no las afecta el movimiento de la superficie y tienen la canaleta para el nailon más grande que las de balsa o telgopor.
  • Cuando la laguna riza produciendo algo de espuma, siguen funcionando bien las yo-yo chicas de plástico, pero puede pasar que el pique se ponga más franco y erremos algunos piques. Entonces empleo boyas medianas, como palitos desparejos (tipo Criterio Nº 7) o cometas chicas (Nº 2), que no floten demasiado ofreciendo resistencia al embate de las olas y del viento. Con una boya un poco más grande el pejerrey tiene mayor resistencia en la llevada, haciéndola suave y dando tiempo a clavar siguiendo el desplazamiento en el momento justo. Debe aclararse que la línea más versátil es la de boyas yo-yo plásticas, que funciona pareja en todos los casos.
  • Pescando con esta línea conviene mantener los peces a tiro, agrupados en un sitio y en actividad. Se lo logra con el poderoso atractivo de la carnada que se desprende en las clavadas, durante las capturas, en algún lance, más las que tiramos cuando renovamos. Y cuanto más cerca del bote, mejor.
  • Cuando pesco al ras del fondo y la laguna se riza, una opción rendidora puede ser una línea de tres boyas chicas con buena separación. Las dos primeras con brazoladas al ras del fondo y la restante –para no alargar demasiado la línea corta– a no más de 50 centímetros de la superficie. Esta última nos mantendrá al tanto de una posible subida de los peces.
  • Si se pesca con yo-yo chicas, en casi todas las ocasiones desaparecen directamente ante el pique, desorientando un poco al pescador acostumbrado a ver el desplazamiento de la boya. Acá sólo sabemos que falta una, pero desconocemos si está arrastrando o paró la llevada. ¿Cuándo clavamos entonces? Hay que esperar, nunca apurar la clavada, y usar como referencia la boyita colocada en la madre, que funciona como una tramposa: cuando se desplazó un poquito, ya es tiempo.
  • En caso de no encontrarse un pique sostenido después de cambiar varios lugares y no ubicar los peces agrupados, hay una opción. Coloco el único puntero que utilizo para esta pesca, sin peso pero con mucha flotabilidad: una boya plástica tipo pera de 8 a 10 cm o una maraca de cotillón del mismo diámetro. Este elemento hará derivar la línea, buscando los pejerreyes dispersos. Sólo usar con poco viento, ya que si no la moverá demasiado rápido.

Fabián Hamú

Pescanautas agradece a Fabián Hamú, Diego Flores y a la revista Vida Salvaje
por compartir esta nota con nosotros

 
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