Mi amigo
y guía de pesca de Junín de los
Andes, Leonel Madeja, llamó a casa y
me dijo: "¡¡¡Mañana
salimos a flotar!!!" A los 5 minutos lo
pasé a buscar y alistamos la balsa, gentilmente
prestada por "Tuqui", otro guía
y amigo de la zona. La idea era flotar el río
Aluminé, desde la confluencia con el
Malleo hasta el puente de "La Rinconada",
aproximadamente 30 Km de recorrido, en 12 horas.
Los tripulantes, Leo, mi Viejo y quién
les escribe.
Al día
siguiente, a las 7 de la mañana, un
amigo nos llevó con la camioneta y
la balsa hasta la confluencia. Descargamos
todo y, puesta la balsa en el agua con todos
los bártulos pesqueriles, comida y
cervezas heladas, zarpamos río abajo
a las 8 hs. en busca de las voraces arco iris
y marrones de los pozones y correderas del
Aluminé. Allí nos estaban esperando
un grupo de llamas curiosas a la orilla del
río.
El clima se había
presentado espectacular en las primeras horas
de la mañana, pero ni bien las moscas
tocaron el agua se levantó el "clásico"
viento del oeste tornando por momentos imposibles
los lanzamientos desde la balsa.

Las cañas
utilizadas fueron una GLoomis IMX HM de 9´
para línea #6, la mía; una Orvis
"Spring Creek" de 9´ para
línea #5, la del viejo y Leo con otra
GLoomis 7.6´ hexagonal para línea
#4. El viejo y Leo intentaban con líneas
Floating, y yo con una "intermediate".
Los piques no
tardaron el llegar. El primero lo tuve yo.
Una linda arco iris, muy flaca para la época,
que rondaría el kilo de peso. Tomó
un Olive Wolly Bugger atada en anzuelo N°
5. Mi viejo intentaba con la "Olive Larva",
conocida como "gusanito verde" abajo
de los sauces, que las truchas vienen comiendo
hace un par de semanas y Leo con todo tipo
de moscas secas, entre ellas su preferida,
la "Royal Coachman".
De tanto en tanto,
cuando veíamos un buen lugar, parábamos
a intentar unos tiros y a tomar unos mates.
En una de esas paradas que hicimos, se me
prendió un terrible aparato, que no
tuve oportunidad de ver, que tomó la
mosca, pego una corrida río arriba,
sinónimo de trucha grande, y me cortó
el leader. Bronca, ira y hasta el odio me
invadió, pero entendí que esa
batalla la había ganado el pez, y que
no faltaría oportunidad de que la próxima
la ganaría yo.

Al mediodía,
parada obligada a almorzar. Picadita, cerveza
y frutas integraron el ágape bajo la
sombra de unos álamos plateados al
borde de un gran pozón. De postre unos
"puros" traídos por Leo nos
deleitaron mientras, viendo las truchas a
nuestros pies, les tiramos con toda la artillería
pesada que encontrábamos en nuestras
cajas de moscas. Leo cobró una hermosa
marrón de cerca de los 2 kilos de peso
que tomó una "Zonker" negro.
A la tarde, el
viento había aumentado su fuerza y
nos obligaba a quedarnos de a ratos al reparo
de algunos árboles a la orilla para
poder castear con tranquilidad. Pese a todo
la pesca siguió su curso y las truchas
seguían saliendo una tras otra.
Llegando al lugar
de destino convenido y dando por terminada
la jornada de pesca, a las 8 de la noche,
que en el sur sigue siendo de día,
terminamos contando alrededor de 60 truchas
de entre medio kilo y los dos kilos de peso
y un par de percas que fueron subidas a la
balsa. Todas fueron devueltas a su medio,
respetando así el reglamento de pesca.
Las grandes se hicieron desear y quedarán
para la próxima flotada.
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La pesca, nada
despreciable si tomamos en cuenta la temperatura
del agua, algo elevada, y el viento reinante
durante toda la jornada. Por momentos las
ráfagas se tornaban insoportables.
La mosca que más rindió fue
sin dudas el "gusanito verde", que
cae de los sauces llorones y que las truchas
esperan sin moverse de su lugar habitual de
reparo del sol.
A pesar viento,
durante la mañana se veía mucha
actividad en la superficie, sin embargo, la
pesca de fondo rendía tanto como la
de flote. Al mediodía, rindió
mejor el la pesca de fondo utilizando líneas
Sinking del tipo 2, dado que la trucha, escapando
del sol y del calor, se va al fondo del río,
pero aún allí, sigue alimentándose.
Por la tarde, se volvió a ver mucha
actividad en la superficie, donde aprovechamos
para tirar con moscas secas y emergentes.
Como es de costumbre,
las jornadas con el Viejo y Leo sin impecables.
La pesca en sí es lo de menos. La salida,
el paisaje, el canto de los pájaros,
las charlas y lo que uno se lleva dentro,
es lo máximo.
Hasta la
próxima flotada, Juan Manuel Farías
“Boga”.