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Flotando el Aluminé -- Juan Manuel Farías "Boga"


Mi amigo y guía de pesca de Junín de los Andes, Leonel Madeja, llamó a casa y me dijo: "¡¡¡Mañana salimos a flotar!!!" A los 5 minutos lo pasé a buscar y alistamos la balsa, gentilmente prestada por "Tuqui", otro guía y amigo de la zona. La idea era flotar el río Aluminé, desde la confluencia con el Malleo hasta el puente de "La Rinconada", aproximadamente 30 Km de recorrido, en 12 horas. Los tripulantes, Leo, mi Viejo y quién les escribe.

Al día siguiente, a las 7 de la mañana, un amigo nos llevó con la camioneta y la balsa hasta la confluencia. Descargamos todo y, puesta la balsa en el agua con todos los bártulos pesqueriles, comida y cervezas heladas, zarpamos río abajo a las 8 hs. en busca de las voraces arco iris y marrones de los pozones y correderas del Aluminé. Allí nos estaban esperando un grupo de llamas curiosas a la orilla del río.

El clima se había presentado espectacular en las primeras horas de la mañana, pero ni bien las moscas tocaron el agua se levantó el "clásico" viento del oeste tornando por momentos imposibles los lanzamientos desde la balsa.

Las cañas utilizadas fueron una GLoomis IMX HM de 9´ para línea #6, la mía; una Orvis "Spring Creek" de 9´ para línea #5, la del viejo y Leo con otra GLoomis 7.6´ hexagonal para línea #4. El viejo y Leo intentaban con líneas Floating, y yo con una "intermediate".

Los piques no tardaron el llegar. El primero lo tuve yo. Una linda arco iris, muy flaca para la época, que rondaría el kilo de peso. Tomó un Olive Wolly Bugger atada en anzuelo N° 5. Mi viejo intentaba con la "Olive Larva", conocida como "gusanito verde" abajo de los sauces, que las truchas vienen comiendo hace un par de semanas y Leo con todo tipo de moscas secas, entre ellas su preferida, la "Royal Coachman".

De tanto en tanto, cuando veíamos un buen lugar, parábamos a intentar unos tiros y a tomar unos mates. En una de esas paradas que hicimos, se me prendió un terrible aparato, que no tuve oportunidad de ver, que tomó la mosca, pego una corrida río arriba, sinónimo de trucha grande, y me cortó el leader. Bronca, ira y hasta el odio me invadió, pero entendí que esa batalla la había ganado el pez, y que no faltaría oportunidad de que la próxima la ganaría yo.

Al mediodía, parada obligada a almorzar. Picadita, cerveza y frutas integraron el ágape bajo la sombra de unos álamos plateados al borde de un gran pozón. De postre unos "puros" traídos por Leo nos deleitaron mientras, viendo las truchas a nuestros pies, les tiramos con toda la artillería pesada que encontrábamos en nuestras cajas de moscas. Leo cobró una hermosa marrón de cerca de los 2 kilos de peso que tomó una "Zonker" negro.

A la tarde, el viento había aumentado su fuerza y nos obligaba a quedarnos de a ratos al reparo de algunos árboles a la orilla para poder castear con tranquilidad. Pese a todo la pesca siguió su curso y las truchas seguían saliendo una tras otra.

 

Llegando al lugar de destino convenido y dando por terminada la jornada de pesca, a las 8 de la noche, que en el sur sigue siendo de día, terminamos contando alrededor de 60 truchas de entre medio kilo y los dos kilos de peso y un par de percas que fueron subidas a la balsa. Todas fueron devueltas a su medio, respetando así el reglamento de pesca. Las grandes se hicieron desear y quedarán para la próxima flotada.

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La pesca, nada despreciable si tomamos en cuenta la temperatura del agua, algo elevada, y el viento reinante durante toda la jornada. Por momentos las ráfagas se tornaban insoportables. La mosca que más rindió fue sin dudas el "gusanito verde", que cae de los sauces llorones y que las truchas esperan sin moverse de su lugar habitual de reparo del sol.

A pesar viento, durante la mañana se veía mucha actividad en la superficie, sin embargo, la pesca de fondo rendía tanto como la de flote. Al mediodía, rindió mejor el la pesca de fondo utilizando líneas Sinking del tipo 2, dado que la trucha, escapando del sol y del calor, se va al fondo del río, pero aún allí, sigue alimentándose. Por la tarde, se volvió a ver mucha actividad en la superficie, donde aprovechamos para tirar con moscas secas y emergentes.

Como es de costumbre, las jornadas con el Viejo y Leo sin impecables. La pesca en sí es lo de menos. La salida, el paisaje, el canto de los pájaros, las charlas y lo que uno se lleva dentro, es lo máximo.

Hasta la próxima flotada, Juan Manuel Farías “Boga”.

 
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