“A las 8 paso
con un taxi, esperame abajo”. El mensaje sonó
tajante, se acabaron los planes y preparativos,
el momento había llegado. Lo que no
había puesto en el bolso ya era olvido.
Mientras esperaba
ansioso a Ricardo me di cuenta que iba entrando
en otra realidad en la que la rutina, la familia
y las obligaciones se trastocan y durante
las próximas 96 horas toda nuestra
energía y exclusivo tema de conversación
tendrían que ver con la pesca. El gran
juego estaba por comenzar.
Nuestro destino:
la ciudad de Goya para intentar la pesca del
dorado utilizando únicamente la modalidad
del fly cast. Las cañas empleadas fueron
las de grafito #8, líneas de hundimiento
tipo teeny 300/350 y moscas grandes con mucho
material, especialmente en colores oscuros.
A las 20.55 en
punto el coche cama se puso en movimiento,
cena a bordo, película ya vista y una
pequeña ayuda de mis amigos a fin de
conciliar rápidamente el sueño.
A las 6:30
llegamos a destino con la duda: ¿estará
el guía?....
Sonriente como
siempre Javier nos recibió con un cálido
abrazo correntino. Dejamos los bártulos
en la estancia, desayuno y a pescar.
El bote: un Levefort
de aluminio de mas de 5 metros de eslora empujado
por un 35 hp. que garantiza buena velocidad
y entra en lugares imposibles para embarcaciones
de mayor calado.
Luego de una
hora y media de navegación entramos
al hermoso río Isoro, los dorados no
se hicieron esperar, enseguida cobramos los
primeros entre uno y tres kilos.
El día
nublado y amenazante se transformó
en una tarde lluviosa pero cálida,
el equipo de agua nos permitió seguir
con una aceptable jornada donde contabilizamos
un total de 12 dorados (y otros tantos piques
errados).
Perdí
un ejemplar que sobrepasaba los 6 kilos, tomó
en una corredera similar a las existentes
en los ríos sureños, el pique
fue tan violento que sentí como la
caña se doblaba hasta el portareel,
pegó un violento cabezazo, asomó
medio cuerpo fuera del agua y se zambulló
en la corredera, corrió unos 25 metros
y “escupió” la mosca. Esta
vez ganó el dorado en buena ley.
Al atardecer
volvimos a Goya, ducha, ropa seca y comida
caliente, ¿qué mas se puede
pedir?. La cocinera se despachó con
unos fideos caseros cortados a cuchillo con
estofado de pollo, vino tinto, y de postre
frutillas con crema, un verdadero lujo.
El segundo día
se presentó muy nublado, el pique continuó
bueno pudiendo cobrar algunos dorados vadeando
con el agua a los tobillos.
Caminando en
un terraplén nos encontramos con una
Curiyú o boa de las vizcacheras de
unos 2 metros, sin ningún apuro se
introdujo en el agua. También avistamos
carpinchos nadando cerca de la embarcación.
El Isoro al fondo
es un río desbordado con bañados,
se asemeja mucho a los esteros. Es imposible
intentar la pesca sin la anuencia de un buen
baqueano, hay infinidad de arroyos algunos
casi sin agua.
Capturamos unos
6 dorados por caña, mas un cachorro
de surubí que, como en muchas ocasiones
fue robado del lomo, hasta que se desplomó
una fuerte tormenta, aguantamos en una tapera
sobre el río. Cuando el viento amainó
pudimos navegar el agitado Río Paraná.
La última
jornada amaneció despejada, pero paradójicamente
la pesca estuvo más difícil
que los días anteriores, el viento
sur enfrió el agua y al decir del guía
"se le puso dura la boca al dorado".
Solamente pudimos clavar 5 entre los dos.
El plato fuerte fue presenciar el ataque de
dorados o palometas a un sábalo malherido
que intentaba meterse entre los juncos sin
éxito.
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Entrada la noche,
de regreso a Goya, nos sorprendimos al encontrar
en el cauce del Paraná un ternero nadando
contra la corriente, desorientado, resoplaba
como una locomotora por el esfuerzo. Lo arreamos
con la lancha hasta verlo trepar una barranca
a duras penas.
Como dice el
poeta "se acabó, el sol nos dice
que llegó el final" … "vamos
bajando la cuesta que arriba en mi calle se
acabó la fiesta"
Esta terminó, la
próxima ya tiene fecha y esta vez vamos
con Edgardo. Con gusto les brindaremos el
informe.
Luis.