La ansiedad manifiesta
en días anteriores al evento del 12
de setiembre de 2004, fue el comienzo de una
serie de casualidades que culminó con
el placer de la victoria en el concurso.
Los tres integrantes de la “Stefy”
participábamos por primera vez de un
concurso de pesca y teníamos mucho
entusiasmo, aunque pocas expectativas.
El jueves anterior,
Lito me llamó a media mañana
a casa para ir a dejar todo en condiciones
para la salida, nafta, baldes, equipos, y
de paso, probar una nueva línea que
había fabricado en vistas al encuentro.
A partir de ese momento fue imposible conciliar
el sueño hasta el domingo a la madrugada.
El sábado,
un viento tremendo del Sur de más de
50km/h y olas más que respetables,
hacían dudar del lugar que elegirían
los organizadores como cancha.
Por suerte, el domingo amaneció muy
nublado, pero con un viento leve del SSE y
frío, muy frío.
Adrián “TITO” Fontán nos paso
a buscar y entre pucho y pucho, salimos a
la Panamericana.
La morenera de
la 202 estallaba de gente. Anticipándose
a esto, el día anterior Lito había
reservado un par de bolsas de mojarras medianas
y otra de “coludas” que nos estaban esperando
listas en un rincón. Después
de los deseos de buena suerte de esta gente
muy macanuda y de los mates y la bolsa extra
de coludas “de la suerte”, enfilamos para
la guardería.
El lugar hervía
de lanchas, pescadores y amigos. Había
más de 300 personas haciendo aprontes,
especulando sobre líneas, carnadas,
posibles ganadores y condiciones de la zona
del río asignada.
Entre mate y
mate, el capitán de la lancha fue a
la reunión de timoneles donde le asignaron
un número de concursante y una bolsa
con tres precintos para las piezas a presentar.
El reglamento establecía que deberían
ser cobradas con líneas de hasta tres
anzuelos, carnada libre, medida mínima
20 cm., y una pieza por pescador. El premio
se lo llevaría el pez más largo
y, de haber empate, se definiría por
peso.
Con el arranque
del primer motor, las caras de los concursantes
se transformaron en máscaras de absoluta
concentración.
Un primer simulacro de partida en el Luján,
con las 87 lanchas doblando a full la curva
para tomar el canal Honda, fue un espectáculo
único pero tremendamente riesgoso e
inconsciente.
El paso de nafta
de uno de los tanques de la lancha se cerró
y nos quedamos sin motor saliendo de la curva
y un amable timonel nos baño, literalmente,
al pasar a menos de dos metros de la banda.
Aquí debo agradecer a Simón
y Jorge M. que enseguida bajaron revoluciones
y ofrecieron ayuda. Por suerte la “Stefy”,
como lo vino haciendo todo el año,
arrancó al primer intento y mojados
y muertos de frío, seguimos curso por
el Urión hasta el Palo 1 del derrotero
a Martín García. Horas después,
durante el almuerzo, Jorge Araneo lo denomino
un “baño de agua bendita”.
Al reunirse allí los concursantes,
a las 9.15 hs, y por medio de una bengala,
dio comienzo -ahora si- el concurso propiamente
dicho.
Elegimos como
primer lugar, uno de los bordes (veriles)
de la Depresión, el SE, para hacer
los primeros intentos. Así que mientras
algunas lanchas ya estaban con los aparejos
en el agua, nosotros seguíamos navegando
a fondo hasta unos 500 m. antes de la boya
demarcatoria.
El equipo trabajó como un reloj. Mientras
Tito ya tenía su insólita línea
en el agua, nosotros nos ocupábamos
del ancla de capa y la ceba: aceite puro de
pescado sin diluir y una lata de caballa en
aceite en proa.
Cuando los tres tuvimos las líneas
“caminando”, logramos relajarnos
un poco y empezar a disfrutar del día.
Los primeros en acusar piques fuimos el Cap.
Fontan y Yo, aunque no pudimos concretar ninguna
captura. Lito mientras tanto, controlaba el
GPS para no salirnos de la cancha. Nos pusimos
de acuerdo para probar en todas las profundidades
de brazoladas y de distancia a la lancha.
En un momento,
mientras mi puntero pescador “rebotaba”
alegremente por el río calmo, uno de
los cruceros de los organizadores, cortando
la calle de ceba y con ocho personas a bordo
y dos lanchas aparejadas, metiendo un ruido
infernal, cortaron motor a menos de 200 m
de nuestro lugar.
Fue ahí que Gabriel decidió
movernos hacia el canal a pesar de las dudas
de Tito y mías.
Pero éramos uno solo, un equipo bien
consolidado, así que la maniobra insumió
unos pocos minutos.
A las 10.30 hs. con 3m de profundidad y a
menos de 15 m de la lancha, la última
boya de Lito con una brazolada de 20 cm. de
profundidad, se “clavó”
de punta en un ángulo de 45º y
se hundió. Sin apuro, pero con firmeza,
realizó la clavada con su “Matriz”
entregada, el viernes a última hora.
Manteniendo la tensión, recogió
el aparejo y un lomo tímido apareció
en la superficie. El grito de ¡copo!
nos sacó de nuestra hipnosis. Cuando
Tito levantó la red después
de un primer intento fallido que nos llevo
el corazón a la boca, mirando desde
la proa, no podía creer el tamaño
del “bicho” doblado revolcándose
de furia.
Era el primer pez que subíamos a bordo
y media más de medio metro.
No puedo explicarles
lo que habría pagado para tener en
esos momentos un grabador y poder guardarme
los comentarios que siguieron a este instante:
las especulaciones, la felicidad, la certeza
de Tito de tener el más grande, el
conservadorismo de Lito que no se quería
ilusionar demasiado, en fin, Ustedes lo podrán
imaginar.
El alma se nos vino al piso cuando por la
radio Exequiel nos cuenta que tenía
uno de 56 cm. Nosotros habíamos medido
el nuestro y acusaba unos 54 cm.
“Por lo menos
no vamos a pasar papelón…”
Sacamos algunos
pejes mas, casi todos Adrián, pero
el Río se transformo en un verdadero
aceite y el pique bajo considerablemente.
A las 13 en punto, otra bengala dio por finalizado
el encuentro otorgando media hora para acercarse
a las lanchas fiscales paraa entregar las
bolsas precintadas.
Una vez realizado
esto, volvimos a la guardería donde
nos esperaba un asadito y las anécdotas
de todos los amigos.
En un rincón alejado, se llevaba a
cabo la apertura de las bolsas y la medición
y pesado de las piezas.
Por lo que nos
iban contando los pescadores, estábamos
bien posicionados, ya que de las 300 cañas,
solo unas pocas reconocían una buena
jornada. Había estado muy difícil
y con pocas piezas grandes.
Fue premonitoria la frase del Juez que cuando
abrió nuestra bolsa, exclamo, “¡este
es el pez”!. Pero todavía era temprano
para entusiasmarse. Lito no podía probar
bocado y se le atravesó un choripán
en el cuello mientras yo trataba de entretenerme
sacando fotos.
Fue cuando Exequiel
se acercó a darnos la mano a nosotros
tres y a decirnos que nos felicitaba por el
triunfo, que caímos en la cuenta de
que el premio era de Lito.
Gorras, cambio de vestuario, uñas comidas
y la palidez de nuestro amigo que siempre
tuvo un perfil bajo para estas situaciones.
El “Buenavida”
se llevó el segundo puesto (el año
pasado fue el primero) y unos muchachos de
Villa Cañas, el tercero.
El pejerrey ganador midió 55,2 cm.
y peso 1.075 kg. El segundo, 54,7 cm. y el
tercero, 51,4 cm.
Gracias a todos
los que de una u otra forma estuvieron junto
a nosotros en el Foro, en el concurso, o con
los buenos deseos. La experiencia fue más
que positiva y sus resultados superaron nuestras
expectativas.
Gracias por supuesto a Gabriel “Lito” Verde,
Adrián “Tito” Fontana (Cap. Fontán)
por este día inolvidable.

Arq.
Martín G. Chaves – “PISCUÍ”